miércoles, 24 de mayo de 2017

SOLO ENRIEDA A LOS CHICOS (publicado esta semana en Semanario VOCES)



En términos generales, podemos decir que la noción de justicia es histórica, relativa a un modo de producción específico. La esclavitud no es injusta desde el punto de vista de una sociedad esclavista, ni la explotación sería injusta según las reglas contractuales propias de la producción mercantil generalizada. 
 El marxismo entiende al Estado como un órgano de dominación de una clase sobre otra. La división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en las repúblicas burguesas compone un sistema de engranajes para mantener esta dominación sobre el pueblo trabajador, junto a otras instituciones, como las Fuerzas Armadas, la Iglesia, entre otras. 
Ninguno de estos poderes es imparcial, sino que defienden a su clase, es decir la clase explotadora, aunque se disfracen como poderes independientes.

No obstante, dentro del propio derecho burgués es evidente que la justicia actúa de modo diferente con los pobres y los ricos.
Si un pobre comete un hurto, seguramente que usted no lo verá al poco tiempo paseando por Gorlero o viviendo en una chacra de José Ignacio. Sin embargo, un señor que fue el jefe de la banda que cometió la estafa más importante de los últimos 40 años, que en el año 2002 condenó a la pobreza a casi un millón de uruguayos, que provocó el suicidio de unas 500 personas y se quedó con unos 1.500 millones de dólares de ahorristas uruguayos, argentinos y paragüayos, apenas estuvo en la cárcel 5 años. Se llama Juan Peirano y lleva una apacible vida en Punta del Este.
Si usted es joven y pobre y comete un delito, seguramente dormirá tras las rejas por el tiempo que marca el código. Nadie lo verá por la rambla paseando a su perrito en brazos como lo hace un señor llamado Eugenio Figueredo, procesado por una causa internacional de corrupción, lavado de activos y estafa.

Alí Primera cantaba: “La policía es siempre eficiente cuando se trata de los pobres”. Y mucho antes el gaucho Martín Fierro afirmaba: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”.

Hay una muy buena película argentina llamada Relatos Salvajes. En la misma, el actor Oscar Martínez compone a un millonario al que un día su hijo lo despierta llorando y diciéndole: “Atropellé a alguien con el coche”. A partir de ahí se desespera por evitar que ese hijo vaya a la cárcel, por más que para ello deba apelar a diversos ilícitos”.
Y el actor explica: “la ley no es igual para todo el mundo. Hay una Justicia para ricos y otra para pobres. Para empezar, una persona rica puede contratar un abogado que el de pocos recursos no. Amén de los vínculos y conexiones que tiene alguien así. Los que pueden hacer eso son una minoría”.
Y lo más interesante: “Mirá, no voy a decir dónde filmamos, por lo que te voy a contar. Nosotros rodábamos en un barrio muy caro, en una casa que sale más de US$ 10 millones. Las de por ahí ninguna bajaba de los US$ 3 o US$ 4 millones...Un señor muy amable se asomaba. Muy simpático. Un vecino lindante. Y resulta que ese vecino era un ex juez. Todos sabemos lo que cobra un juez. Con el sueldo de un juez no te podés comprar una casa de 3, 4 o 5 millones de dólares. Salvo que los haya heredado. Es imposible que con su sueldo se la haya comprado ”.

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