jueves, 30 de marzo de 2017

PROGRESISMO POR DECRETO


(publicado esta semana en VOCES)

Ya hemos dicho más de una vez que el progresismo esgrime la única arma que a esta altura de su recorrido puede utilizar con (cada vez menos) relativa eficacia: asustar con el cuco de la derecha. “Somos nosotros o la derecha”, dicen, y la gente tiembla pensando en tarifazos, en salarios que no alcanzan, en el país pasando al bando de los amigos de EEUU, en represión a la protesta social, etc.
Pero mientras algunos se asustan y otros asustan, esas cosas ya están instaladas desde hace rato, y por lo tanto el cuco cada vez surte menos efecto. Cambian las personas pero la ideología es la misma (la de la clase dominante), y aunque cambie el collar el perro sigue siendo el mismo. El lenguaje se modifica y los ajustes fiscales ahora son adecuaciones; las reacciones cambian, y aunque las tarifas aumentan el sindicalismo no se moviliza ni le llama tarifazos y solo dice que “le hubiera gustado que fuera diferente”; cientos de miles de trabajadores y jubilados tienen salarios que no alcanzan, pero el progresismo y su fiel central de trabajadores explican que antes era peor, y aunque los líderes de una supuesta izquierda que ya no es tal despotriquen contra el imperialismo y sus secuaces, votan y llaman a votar por sus secuaces, y su gobierno se une a lo peor de la derecha continental para derrocar a un gobierno popular como el venezolano.
Por si esto ya no alcanzara, ahora se legitima y amplía la represión (ya Mujica había decretado la prohibición de la ocupación de edificios públicos y había desalojado estudiantes por la fuerza), emitiendo señales hacia todos los puntos cardinales. Fundamentalmente hacia los inversores extranjeros (vengan a llenar sus bolsillos que aquí estamos moldeando un país a vuestro paladar, no solo no les vamos a cobrar impuestos sino que nadie los va a molestar mientras nos saquean).
Un decreto que, por si fuera poco, es casi un calco del que dictara el gobierno del derechista Macri (con la diferencia que allá la policía debe dar antes aviso a la justicia), y que la ministra comunista quiere hacer pasar como un arma para que no le pase a “la izquierda” uruguaya lo que le pasó a Allende (como si Vázquez llegara a la altura de la suela de los zapatos de Allende).
Gobernar por decreto era algo que la izquierda supo criticar encarnizadamente al nefasto ultraderechista Jorge Pacheco Areco, pero que ahora parece totalmente normal en tiempos progresistas.
En momentos en que la corrupción está en el orden del día, y en que la transparencia debería ser la regla para combatirla, el gobierno decreta la opacidad, modificando el "procedimiento administrativo y disciplinario aplicable al funcionario público", que estaba vigente desde 1991, y haciendo que la reserva pase a ser la regla y no una excepción.
En momentos en que la economía se detiene, el gobierno decreta privilegios para los ex presidentes y sus cónyugues para que tan vulnerables personas no vayan a quedar desamparadas en el futuro.
En momentos en que la economía se complica y se viene una rendición de cuentas con nuevos recortes, el gobierno decreta la criminalización de la protesta.
El cuco hace rato que llegó, disfrazado de izquierda.

                   José Luis Perera

miércoles, 8 de marzo de 2017

CORRUPCIÓN Y PARTIDOS (publicado hoy en Semanario VOCES)


Los hechos tozudos no le quieren dar la razón a Daisy Tourné cuando dijo: “todos coincidimos en que Uruguay no tiene problemas serios de corrupción en este momento, ni siquiera sospechas. Por más que existan problemas en la región no son de impacto directo y que involucren al país”.
El caso del cambio Nelson, que involucra al político colorado Francisco Sanabria y su entorno, amenaza con convertirse en uno de los casos más grandes de corrupción en el país. Y cada vez son más los puntos de contacto de Uruguay con los casos “lavajato” y con lo que se conoce como “la ruta del dinero K”.
Por lo que parece, lo que se ve hasta ahora es apenas la punta de un iceberg importante, con mucho para investigar. Entre otras cosas, implica esclarecer como logró aquel pequeño tambero de nombre Wilson Sanabria, construir una fortuna en tan solo diez años, para que la heredara el actual prófugo, su hijo Francisco.
Seguramente terminar definitivamente con la corrupción es imposible, y a lo que podemos aspirar es a prevenirla, a reducirla, y a castigarla debidamente cuando se produce.
Para eso se necesita entre otras cosas voluntad política. Los instrumentos que se crean para que exista transparencia no pueden ser un saludo a la bandera donde los políticos declaran lo que se les antoja porque nadie controlará nada a menos que pase algo, cuando ya sea tarde. El financiamiento de los partidos debe ser claro como el agua. Y el control, y también el castigo, debería ejercerse -ademas de sobre el corrupto- sobre los partidos.
El castigo debe ser ejemplar, porque la corrupción la pagamos de nuestros bolsillos y porque la impunidad de los de arriba solo genera una desconfianza generalizada en la política, y esa pérdida de credibilidad social es uno de los costos más graves.
Así como los cuadros de fútbol son sancionados cuando sus hinchas cometen desmanes, tal vez los partidos debieran ser considerados cómplices cuando uno de sus integrantes resulta implicado en actos de corrupción (la pena podría ser que perdieran el derecho a cobrar los ingresos por votos en la siguiente elección, o algo por el estilo), así de esa manera el control sería ejercido desde dentro mismo de los partidos .
El caso que nos ocupa es muy claro; al parecer, ahora todo el mundo sabía lo que hacía Sanabria, y lo sabían políticos de todos los partidos. Pero la cuestión es que nadie dijo absolutamente nada. Es posible que exista una complicidad más descarada del sistema político con sus correligionarios, a la vista de los ciudadanos y con tal desparpajo?
La responsabilidad de los partidos es más que evidente. Todos quienes integran las cúpulas partidarias se conocen entre sí y cuanto más encumbrados están más al tanto están de todo lo que hacen cada uno de ellos. El problema es que se han transformado en una especie de omertá, cuyo sentido último es protegerse entre sí, pase lo que pase.
Cuando le preguntan a Constanza Moreira sobre el asunto de Sendic y su falso título de licenciado, dijo la senadora: “Lo único que le cabe al Frente Amplio es respaldar a su vicepresidente. Está pasando una situación difícil y el Frente Amplio tiene que respaldarlo, nada más, punto”. Y luego: “...tienes que respaldarlo, es de tu familia política...Además tenés que respaldarlo porque sos un partido político y los partidos tienen que respaldar a los suyos”.
Todo dicho.

José Luis Perera 

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...