miércoles, 19 de julio de 2017

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)


La aseveración de Sendic: “si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda”, es falsa (como tanta cosa que ha dicho). La gente es corrupta o no lo es, y no depende de su orientación política. Hay gente en la izquierda que es absolutamente corrupta (ver cuantos petistas hay metidos hasta el cuello en los escándalos del lavajato y el mensalao), y hay gente de derechas que es muy honesta.
Por lo tanto, no pongo las manos en el fuego ni por Lula ni por nadie. Los hechos están ahí: el PT está mezclado con el PMDB, el PSDB, el PP y otros de la misma calaña, en un enorme proceso de corrupción.
Esa alianza y otras, más o menos coyunturales, que Lula se vio obligado a tejer para garantizarse una gobernabilidad que le permitiese sacar adelante su Presidencia, fue el peaje que los poderes fácticos le impusieron; y no es retórica. Los votos que Lula consiguió durante años para sus propuestas legislativas se obtuvieron a cambio de dinero. En algo así de ‘simple’ consistió el mensalao, el gran escándalo de corrupción que azotó las presidencias de Lula (2003-2010).
No es útil defender a las personas por lo que dicen sino por lo que hacen. Y lo hecho por Lula y el PT deja mucho que desear. Dicen que “el que se acuesta con niños amanece mojado”. Muchos de los corruptos comprobados que están ahora en el gobierno Temer, fueron también parte de los gobiernos del PT, son sus aliados. La dirección del PT traicionó el sueño de la clase obrera brasileña al resolver gobernar el sistema junto con la burguesía y para la burguesía.
Que A planee hacer B, no significa necesariamente que todos los B son producto de la acción de A. Lo que quiero decir es que la derecha internacional siempre estará coordinando acciones para echar abajo gobiernos progresistas o de izquierda, así como las izquierdas siempre estarán coordinando acciones para luchar contra los gobiernos de derecha (las izquierdas internacionales también coordinan sus acciones, no otra cosa es el Foro de San Pablo, por ejemplo). Pero las caídas de estos gobiernos no necesariamente son el producto de estas coordinaciones. Muchos caen por su propio peso, porque no cumplen con sus promesas, porque se muestran incapaces de transformar lo que se suponía que iban a transformar, porque se corrompen, etc.
Quien quiera adjudicar la condena de Lula a una venganza de la derecha, a un producto de la lucha de clases, debería tal vez explicar por qué el mismo juez que lo condenó metió preso a Odebrecht antes que a Lula.
El juez federal Sergio Moro condenó a Marcelo Odebrecht a más de 19 años de cárcel por corrupción pasiva, lavado de dinero y asociación para dilinquir, culpable por el pago de millones de dólares (durante el gobierno de Lula) en sobornos a funcionarios de Petrobras (empresa del estado) a cambio de obtener contratos e influencia.
Tampoco es una maniobra para evitar que Lula sea candidato, ya que no tiene ningún impedimento para serlo. Las cortinas de humo funcionan para aquellos que están dispuestos a no ver; si pretendió serlo, con los trabajadores brasileños no ha funcionado, ellos están dando batalla contra las medidas del gobierno de Temer; curiosamente (o no tanto) Lula ha estado ausente de esas luchas.
José Luis Perera

domingo, 2 de julio de 2017

PROGRESISTAS


Hay algunas constantes características de los votantes y militantes oficialistas, que pueden ubicarse en tres grandes grupos (algunos más grandes que otros).
a) los que consideran que los gobiernos progresistas de los últimos 12 años son lo mejor que le ha pasado al país en toda su historia, y que lo que queda es asegurar y profundizar los cambios que se han generado en estos años;
b) los que entienden que se han hecho cosas buenas pero que también son evidentes los desastres tanto de gestión como de política económica y hasta morales y éticos, y si bien defienden lo hecho, critican y protestan abiertamente contra lo que está mal;
c) los que llevan una procesión interna que les dice que las cosas no están para nada bien, pero que no critican abiertamente, y reclaman a quienes sí lo hacen que además hagan propuestas, que no basta con criticar sino que hay que proponer alternativas.

VEAMOS

EL GRUPO a)
No me voy a detener demasiado en el primer grupo. Su forma de ver la realidad es más bien la de un hincha de fútbol, son camiseteros y no hay forma de hacerles comprender que el país no comenzó cuando llegó el FA al gobierno. Aplauden todo lo que venga de su gobierno y de su fuerza política sin detenerse demasiado a analizar si está bien o está mal; si lo hizo el FA en el gobierno está bien, si no tienen argumentos para defenderlo aguardan pacientemente a que vengan de arriba, y aunque sean una guarangada lo repiten cual si fueran las sagradas escrituras.
Cito a mi amigo Eduardo Ancho: Socialmente y mirando con objetividad, más allá de cada una de nuestras peripecias personales, nuestro país está mal. Somos hoy más vulnerables, hemos envenenado peligrosamente el agua, el aire y la tierra, nuestra soberanía está en cuestión, jamás la extranjerización de la tierra ha llegado a los actuales niveles, un alto porcentaje de los trabajadores tiene ingresos equivalentes a un tercio de la canasta familiar. Pero una cantidad de bienes, antes vistos como lujos o ni siquiera existentes, constituyen un espejismo que confundimos con la realidad. Hay mas autos y posibilidades de llegar a más cosas, ya que a través de sutil propaganda, combinada con un tremendo descenso de precios por incremento de la productividad, el capitalismo se nutre de voraces consumidores que de cualquier forma buscan acceder a la felicidad en lugares diseñados par comprar, en los dominios del Dios MERCADO. Esta nueva religión ha encontrado adeptos por todos lados y no parece compatible con los clásicos postulados de izquierda, como la justicia social, el rechazo a la explotación y la igualdad, percibidas hoy casi como reliquias del pasado”.
Prefieren hablar de otra cosa, en especial de las cosas malas que sucedieron hace más de doce años, cuando el FA no era gobierno. NO importa si esas cosas son archisabidas, o si los episodios pasaron por la justicia como corresponde y ya se expidió; la cuestión es no hablar del presente. El mensaje es el siguiente: antes era igual o peor.
Este grupo seguirá votando e hinchando por el FA pase lo que pase, porque no están dispuestos a cuestionar ni a cuestionarse.


EL GRUPO b)
Son un grupo absolutamente necesario; son los que pueden hacer pensar a los del primer grupo, puesto que critican desde adentro y son naturalmente escuchados (aunque muchísimas veces son tildados de “traidores” por los del grupo a, por atreverse a cuestionar a su partido y a su gobierno).
Tienen claro que la única forma de avanzar es la crítica y la autocrítica, la corrección inmediata del rumbo cuando la dirigencia apunta hacia otro lado, cuando se desconocen los lineamientos colectivos y se llevan adelante proyectos y ambiciones personales.
No son camiseteros, y son capaces de ver con ojos críticos para deslindar lo que está bien de lo que está rematadamente mal.
Su permanencia como militantes y/o votantes del FA estará determinada por el grado de recepción a sus demandas y por parte de la dirigencia, el gobierno y sus compañeros de ruta.
Obviamente, muchos de ellos son también partidarios de la teoría del “mal menor”, por lo que seguirán votando al FA de cualquier modo ante la eventualidad de que este pierda el gobierno. No perciben que con esa actitud hipotecan cualquier posible cambio, ya que mientras el FA siga ganando elecciones seguirá por el mismo rumbo (justamente por eso, porque le asegura ganar elecciones que es su único objetivo).

EL GRUPO c)
Es el más sufrido. Saben que esto que está haciendo su fuerza política en el gobierno no tiene absolutamente nada que ver con lo que eran sus sueños, que el rumbo era hacia el sur y el barco rumbeó directo al norte desde el principio.
Les duele en el alma lo que ven, pero su amor por el FA les impide hablar abiertamente de lo que está mal, consideran eso una traición a sus principios. Son los que proclaman que “los trapos sucios se lavan en casa”. Creen que muchos compañeros dieron su vida, fuero torturados y desaparecidos por querer llevar adelante este proyecto, y creen que abandonarlo es abandonarlos. No se dan cuenta de que dieron su vida por otro proyecto radicalmente diferente; no por esto. Sufren en silencio los desastres de su gobierno. Saben que ellos querían una reforma agraria y que su gobierno amplió los latifundios y extranjerizó la tierra; saben que estaban contra el capital financiero y tienen que sufrir la bancarización obligatoria de su gobierno; son antiimperialistas y tienen que sufrir que su gobierno le proteja las inversiones al imperio o quiera un TLC hasta con los marcianos si fuera posible.
Cuando alguien critica, reclaman propuesta. Es una especie de grito desgarrador que significa algo así como: “ya se que esto es una mierda, proponeme algo y me salgo”.
No se dan cuenta que la propuesta existe desde hace décadas, que no hay que inventarla, que está en los propios documentos fundacionales del FA, que solo hay dos caminos: o se obliga a sus dirigentes a girar 180 grados, o se abandona definitivamente el proyecto traicionado y se empieza a construir algo nuevo.

OTROS
No hay que engañarse, existen obviamente otros grupos. Están (y son legión), los que están absolutamente conformes con lo que hace este gobierno, sin tener ninguna camiseta puesta, simplemente porque se ven favorecidos con sus políticas. Cambiarán si un día este gobierno los deja de favorecer.
Están (y son legión) los votantes conservadores, que esto es lo que quieren. De los tres o cuatro partidos conservadores que existen en la oferta electoral, eligen este porque consideran que hace mejor las cosas. No quieren ni en sueños ningún cambio que signifique riesgos a su buen vivir. No les hagan olas.

miércoles, 21 de junio de 2017

ES LO QUE SOMOS (publicado esta semana en VOCES)


Me resisto a analizar el episodio de las bicicletas en términos de quien tuvo razón (ninguno la tiene).
Nuestra sociedad se parece cada día más a una selva (donde reina la ley del más fuerte). El tránsito es solo una muestra muy visible de esto. La ley de la selva, la ley del más fuerte (o la ley del revólver, ahora que algunos quieren volver a la ley de duelo para resolver problemas de honor), son lo contrario a una sociedad, la que debería estar organizada en torno a principios, valores e ideales, como pueden ser la solidaridad, la justicia, la razón, etc.
La forma de ser de una sociedad se va conformando en torno a una multiplicidad de factores de la vida cotidiana: el maltrato en el transporte, las veredas en mal estado, la despersonalización de la atención telefónica con contestadoras y musiquitas, la explotación laboral, la radio a todo volumen en el ómnibus, el pungueo diario en las calles, el abuso de los precios, la prepotencia en el tránsito, etc.
El tránsito en nuestro país es una muestra clara de lo que es nuestra sociedad. Allí se ve claramente la falta de respeto por las normas, el individualismo, la falta de solidaridad, la prepotencia, la viveza criolla, la violencia a flor de piel y hasta cierto instinto asesino. 
Las bicicletas son un vehículo más en la calle, y tienen que circular cumpliendo normas debidamente establecidas. Sin embargo, los ciclistas reconocen que casi ninguno las respeta, aunque prefieren diluir su responsabilidad apuntando a la prepotencia (indudable) de los automovilistas. Como si la cuestión se redujera a una pelea por la supervivencia en la selva del tránsito capitalino.
Así somos los uruguayos. Festejamos nuestra viveza y nuestra impunidad. Nos regocijamos de evitar un gol con la mano, y nos enojamos si no dejan impune a nuestro crack que mordió al rival. Porque nos hemos acostumbrado a la impunidad y a la viveza. Somos ese jugador y somos el político que se compra cosas para sí con la tarjeta corporativa. Somos el que quiere arreglar las diferencias a los tiros, como barrabravas en el estadio. 
Y somos también el que se afana la guita de los demás, a través de un cambio o sin él. Somos el ministro de defensa promoviendo que la población se arme para defenderse, el productor rural que fumiga sobre la gente, el milico que prepotea en la comisaría, el que se saltea la cola, el que te pasa por la derecha, el que circula por la izquierda tan campante, el que te basurea en las redes sociales, te putea y después te elimina, los que linchan a un niño por el robo de un celular, y todo eso junto.
El aumento del parque automotor es una mínima parte del problema; el problema es el aumento de la grosería, de la prepotencia, del individualismo, del “hago la mía” y los demás que se arreglen.
No somos lo que parecemos. Ni tan democráticos, ni tan derechos ni tan humanos, ni tan solidarios, ni tan igualitarios. Somos frustrados y temorosos, egoístas y discriminadores aunque no lo admitamos. Somos eso que nos devuelve el espejo de la prensa a diario; lo que hacen y dicen “los otros”.
No solo la equidad depende en gran medida de la educación; la convivencia civilizada también.

José Luis Perera

miércoles, 7 de junio de 2017

RED DE INTELECTUALES, ARTISTAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD ¡CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA POR SIEMPRE! ¿Quién acusará a los acusadores?

Respuesta al comunicado de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela

Bajo la implícita formula del “yo acuso” y unas horas antes de la reunión de la OEA en la que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”. Dicha solicitada constituye toda una declaración de principios de su posición respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades, y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país caribeño.

No ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas “vacas sagradas” del mundo académico crítico) poniendo en tela de juicio su compromiso político o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmación de la solicitada como lo que es, como una tesis errónea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela. Y como tal, la someteremos a análisis, dando cuenta de que también los acusadores pueden y deben ser acusados. También los intelectuales, además de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, deberán dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la región. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejará de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgánica, en su incapacidad pedagógica, o en sus desinteligencias a la hora de calibrar juicios certeros. 

El concepto de “guerra de cuarta generación” o de “guerra de baja intensidad”, es mucho más que una hipérbole para señalar la intensidad de una coyuntura específica. Es, más bien, la descripción de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya más dura de la corona: la porfía de una revolución venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Más aún si consideramos la vital importancia económica y geopolítica de Venezuela para la reciente administración republicana de Donald Trump. Demostrada está la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los límites de lo posible con una audaz política de integración latinoamericana, así como su control soberano sobre importantes recursos estratégicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los países centrales como el petróleo o la biodiversidad. Sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos.

Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso tránsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus análisis de situación y correlaciones de fuerza (es decir, en el análisis del grado de organización, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagónicos). Hace tiempo que Venezuela se desplazó eficazmente de un momento meramente económico-corporativo hacia un momento político, con la formación de una identidad popular común al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontación global con las clases dominantes. El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asunción de un socialismo para el siglo XXI señalan este derrotero. Ahora bien, este momento político sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemónico entre bloques sociales, comenzó a desmoronarse con la muerte de Hugo Chávez Frías y se consumó con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil. El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento político-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradójicamente, alcanzado no sólo por la radicalización endógena del chavismo, como por la reacción envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al más descarnado de los revanchismos.
       
Ahora bien, analizar este momento político-militar en ciernes, implica considerar que las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unión cívico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes, son mucho más que testimonio de la desbordada pasión caribeña. Son, en cambio, síntomas de toda una etapa que amerita categorías de análisis específicas, para entender la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático. 

Por supuesto que hay un proceso de militarización y una escalada de violencia, pero lejos de ser el resultado de factores internos, esta militarización es permanentemente inducida por la agresión imperialista en todos sus niveles (diplomático, político, económico, militar, mediático, financiero). ¿O debemos enumerar acaso los golpes de estado en Honduras, Paraguay y Brasil que anteceden la presente arremetida? De nada valen las groseras teorías de los dos demonios para analizar las causas de la violencia venezolana: ¿o qué significa entonces el “origen complejo y compartido de la violencia” señalado por la solicitada? ¿O la identificación, aparentemente simétrica, de “extremistas” de derecha y totalitarios de izquierda, que redunda al finalizar el texto en el señalamiento de un único e inaudito responsable de la violencia: ¡el estado y el gobierno bolivariano! ¡Justo quienes insisten en una estrategia de paz!¿Qué deberían haber hecho, según estos intelectuales, Fidel Castro y los revolucionarios cubanos ante la invasión de Playa Girón? ¿Sentarse a parlamentar con diplomáticos inexistentes mientras las bombas atronaban en Bahía de Cochinos? ¿Enfrentar con papeletas electorales los fusiles de los mercenarios? ¿Peticionar cautamente ante la OEA?

El más elemental de los análisis críticos ha de ser capaz de separar la paja del trigo, de distinguir la violencia fundante y la mera violencia reactiva de las clases y los gobiernos populares, y de entender, como Antonio Gramsci, que no hay resolución pacífica o democrática (en el sentido estrictamente liberal del término) a la lucha de clases. Tarde o temprano las clases dominantes, en su impotencia electoral, acudirán a golpes blandos comandados por las corporaciones judiciales o mediáticas, y cuando también estos se muestren inútiles, harán sonar nuevamente la hora de la espada.

Por eso, la pretendida mirada “más allá de la polarización”, ese vano intento de otear una realidad límpida tras las nieblas de una lucha política sin cuartel, se demuestra imposible. Se trata, nuevamente con Gramsci, de “tomar partido”, lo que no significa apoyar enceguecidamente a un proceso político o a su conducción eventual, sino de elegir el campo desde el que se enuncian las críticas y desde el que se cumplen las tareas específicas de la praxis intelectual. El intelectual “orgánico” no es un modelo de intelectual de izquierda, sino el único en sentido estricto: es decir, aquel que reflexiona en conjunto, codo a codo, sin la mediación de pedestales odiosos, con los sujetos populares organizados. No deja de resultar sugestivo que una solicitada firmada por académicos de tan alto nivel prescinda de las más elementales categorías de análisis del arsenal político crítico, dando por tierra con el intento de fundar una caracterización certera sobre el proceso bolivariano. Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras éstas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario político, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratización (y de socialización del poder) bien radical. 

Creemos encontrar en la solicitada, en cambio, una fetichización notable de la democracia en sus formatos liberales. Porque, ¿desde qué otra concepción de la democracia es posible juzgar como antidemocrático a un proceso que combate a una Asamblea Legislativa en desacato por juramentar a diputados elegidos de manera fraudulenta, y que ha intentado, sin tener atribuciones constitucionales para ello, destituir cuatro veces al Presidente Maduro, lo que sin duda constituyen intentos de golpe de Estado, pero que, sin embargo, la sostiene plenamente en funciones?¿Desde dónde se intuye una deriva antidemocrática en un proceso que aún moviliza activamente a cientos de miles de personas y que sostiene y amplía elementos democráticos cualitativos como las Comunas y los Consejos Comunales? ¿Dónde están los elementos autoritarios de un gobierno que responde a la agresión institucional y a la violencia callejera con la más protagónica de las respuestas, es decir, con una convocatoria re-constituyente que relance hacia adelante la radicalidad de un proceso largamente estancado por el asedio externo y los errores internos?

Volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes, resulta imprescindible para no caer presa de una valoración liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qué es lo democrático. Es más, creemos que ni siquiera desde una visión liberal consecuente es posible criticar al proceso bolivariano que, como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos. No hay democracia a secas, democracia pura, democracia al margen de la historia y de las determinaciones clasistas, nacionales, étnicas y sexo-genéricas de la lucha política. Hay, o habrá democracia de los trabajadores, los campesinos, los pobres, los indígenas, los afrodescendientes, los estudiantes, los migrantes, los jubilados, las mujeres. Y ésta solo se conquistará cuando los intereses de las clases populares se impongan: si será por las buenas o por las malas, por métodos consuetudinarios o violentos, por vía electoral o a través de una dolorosa guerra civil, lo decidirán como siempre, los que tienen todo que perder, pero también todo que ganar en Venezuela y en el conjunto de Nuestra América.

miércoles, 24 de mayo de 2017

SOLO ENRIEDA A LOS CHICOS (publicado esta semana en Semanario VOCES)



En términos generales, podemos decir que la noción de justicia es histórica, relativa a un modo de producción específico. La esclavitud no es injusta desde el punto de vista de una sociedad esclavista, ni la explotación sería injusta según las reglas contractuales propias de la producción mercantil generalizada. 
 El marxismo entiende al Estado como un órgano de dominación de una clase sobre otra. La división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en las repúblicas burguesas compone un sistema de engranajes para mantener esta dominación sobre el pueblo trabajador, junto a otras instituciones, como las Fuerzas Armadas, la Iglesia, entre otras. 
Ninguno de estos poderes es imparcial, sino que defienden a su clase, es decir la clase explotadora, aunque se disfracen como poderes independientes.

No obstante, dentro del propio derecho burgués es evidente que la justicia actúa de modo diferente con los pobres y los ricos.
Si un pobre comete un hurto, seguramente que usted no lo verá al poco tiempo paseando por Gorlero o viviendo en una chacra de José Ignacio. Sin embargo, un señor que fue el jefe de la banda que cometió la estafa más importante de los últimos 40 años, que en el año 2002 condenó a la pobreza a casi un millón de uruguayos, que provocó el suicidio de unas 500 personas y se quedó con unos 1.500 millones de dólares de ahorristas uruguayos, argentinos y paragüayos, apenas estuvo en la cárcel 5 años. Se llama Juan Peirano y lleva una apacible vida en Punta del Este.
Si usted es joven y pobre y comete un delito, seguramente dormirá tras las rejas por el tiempo que marca el código. Nadie lo verá por la rambla paseando a su perrito en brazos como lo hace un señor llamado Eugenio Figueredo, procesado por una causa internacional de corrupción, lavado de activos y estafa.

Alí Primera cantaba: “La policía es siempre eficiente cuando se trata de los pobres”. Y mucho antes el gaucho Martín Fierro afirmaba: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”.

Hay una muy buena película argentina llamada Relatos Salvajes. En la misma, el actor Oscar Martínez compone a un millonario al que un día su hijo lo despierta llorando y diciéndole: “Atropellé a alguien con el coche”. A partir de ahí se desespera por evitar que ese hijo vaya a la cárcel, por más que para ello deba apelar a diversos ilícitos”.
Y el actor explica: “la ley no es igual para todo el mundo. Hay una Justicia para ricos y otra para pobres. Para empezar, una persona rica puede contratar un abogado que el de pocos recursos no. Amén de los vínculos y conexiones que tiene alguien así. Los que pueden hacer eso son una minoría”.
Y lo más interesante: “Mirá, no voy a decir dónde filmamos, por lo que te voy a contar. Nosotros rodábamos en un barrio muy caro, en una casa que sale más de US$ 10 millones. Las de por ahí ninguna bajaba de los US$ 3 o US$ 4 millones...Un señor muy amable se asomaba. Muy simpático. Un vecino lindante. Y resulta que ese vecino era un ex juez. Todos sabemos lo que cobra un juez. Con el sueldo de un juez no te podés comprar una casa de 3, 4 o 5 millones de dólares. Salvo que los haya heredado. Es imposible que con su sueldo se la haya comprado ”.

jueves, 27 de abril de 2017

SIEMPRE MENTIROSO (por Jorge Zabalza - publicado esta semana en Voces)

Libro serio, afirmaciones documentadas. Nada nuevo. Todo lo que recoge María Urruzola es público y conocido desde hace diez años, desde que el Fito Garcé publicó ‘Donde hubo fuego’ (2006). El libro es mucho más que su capítulo ‘Meter el caño’. ¿Por qué en aquél momento no hubo cacería de brujas o, más bien de brujos? ¿Por qué no hubo sensacionalismo ni amarillismo? ¿por qué no acosaron al politólogo con la misma dureza que lo hacen con la periodista? Antes de leer la primer frase algunos ya estaban peleando por un pedacito de carroña. Hay que leerlo primero y opinar después.
El libro destaca varios aspectos muy interesantes que contribuyen a una historia ‘no oficial’ de los tupamaros y, por consiguiente, despertó la irritación de los adscriptos a la historia ‘oficial’. A esta altura de mi vida, luego de dar a la revolución lo más valioso que tuve, no puedo dejarme amedrentar porque algunos viejos leones hagan muecas y muestren sus desgastados dientes amarillentos. Ya no atemorizan los ataques de los desdentados, el escudar la culpabilidad negando estúpidamente los hechos. Todo lo miden en votos: digo la verdad pierdo tantos votos, miento y mantengo los que ya tengo. Son unos sacanalgas.

EL PERFIL

Más que una biografía, el libro presenta una semblanza de la personalidad de Eleuterio Fernández Huidobro (EFH). Hay varios Ñatos en la historia del Ñato, escribió Samuel Blixen, pero María los ensambla a todos ellos para darnos la globalidad: el Ñato de todos los Ñatos. Y nos ayuda a entender que el tipo fue un gran mentiroso. Escribiendo y hablando con brillante estilo, pero nos mentía en los ‘60 y nos mintió en el 2000. Siempre mintiendo, puro verso. Mentiroso es su obituario. ¿Éste gusano fue aquella mariposa que todas y todos los tupamaros reconocíamos como segundo jefe?, ¿este mentiroso contumaz fue el que tantas y tantos seguimos ciegamente? Y...bueno, sí, esa es la triste realidad.
No podemos pedirle a nadie que sea un héroe en la tortura’, me escribió Perico desde Barcelona. Es una verdad a medias sin embargo, pues había a quienes debíamos exigir no entregarse al torturador, enfrentarlo con el coraje de Rufo y del Ché, del gauchito Marín, el Caudillo Lerena, Jessie Macchi o Frutos Berreta, de tantas y tantos. Comportarse como un héroe en la tortura fue la responsabilidad asumida por quienes convocaron a la lucha armada, en especial los primeros en llamar a dar la vida por la revolución, la punta del ovillo como dijo alguna vez el Ñato.
Ya sabíamos que se entregó sin pelea cuando Calcagno y Castiglioni asesinaron a Ivette y Luis Martirena. Ya lo sospechábamos, pero ver ahí, en las páginas escritas por María, que EFH, Mauricio Rosencof y Lucía Topolansky colaboraron con el enemigo, provoca escalofríos, espanto y horror. La cobardía de la calle Amazonas estuvo conectada con la colaboración, una realidad redondita, inocultable, contundente. Con toda seguridad hay otros viejos guerrilleros cuya colaboración quedó en la penumbra, en esos archivos que no acaban de hacerse públicos.
Callar la boca es consentir. El silencio de algunos ya es complicidad. En lo personal, no me deja nada tranquilo que Graciela Jorge, compañera de EFH durante medio siglo, haya estado a cargo del cuidado y clasificación de los archivos incautados por la Dra. Azucena Berruti. La verdad siempre es revolucionaria pero...¡cuánto cuesta llegar ella cuando los custodios están interesados en tapar la mierda!

DE GUERRILLERO A MILICO

En el tramo final de su vida el Ñato se desdijo de muchas cosas que había sostenido en los ‘60 pero, entre ellas, hay una muy sugerente. EFH ayudó a nacer la guerrilla tupamara reafirmando la tesis de que es posible tomar el poder ‘contra’ las FFAA, derrotándolas como habían hecho los barbudos cubanos. Sin remordimiento alguno pasó a la tesis contraria, al dogma de la III Internacional: sólo se puede hacer una insurrección contando ‘con’ las fuerzas armadas. En 1971 concibió su propia versión: había que apostar a convertir el ejército en el partido político del desarrollo nacional y, por consiguiente, es preciso convencer políticamente a sus oficiales. Para lograr ese objetivo, en el Batallón Florida (1972) propuso la rendición incondicional de los que continuaban luchando. Después que fracasara su tentativa el Ñato, muy criticado en la interna, dijo haberse equivocado, era una ilusión su estrategia de volcar hacia el pueblo sectores importantes de las fuerzas armadas. “Éstas están concebidas y concebidas de tal modo que la rosca dominante nunca va a perder su control”, escribió en ‘La Tregua Armada’.
Pese a todo, impulsado vaya a saber por qué secreta aspiración, terminó en el 2003 convertido en un ‘militar, irregular, pero militar al fin’, en abogado de la inocencia de los criminales del terrorismo y obstáculo a quienes pretendían llegar a la
Verdad y la Justicia. Bien podía haberse afiliado al partido comunista en lugar de instalar un foco guerrillero en el Uruguay de 1965. ¡Cuánta sangre compañera se habría ahorrado!. ¿Cómo no compartir el sentimiento de haber sido traicionados que abruma a la mayoría de las y los tupamaros irredentos?

LAS EXPROPIACIONES

¿No es cierto que roban cada día a los asalariados? ¿Que instalar un banco es la manera legal de robar? ¿No es cierto que las corporaciones como UPM rapiñan los recursos patrios? No habrá democracia mientras sean unos pocos los que toman las decisiones económicas, los que deciden para quién se produce, adónde van a parar las riquezas producidas. Es bueno refrescar los viejos conceptos básicos en estos tiempos de la apología a la democracia desprendida de las clases sociales, elevada al Olimpo de las verdades abstractas.
¿En nombre de qué democracia condenan a los revolucionarios que expropian a los expropiadores? ¿De esos edificios jurídicos construidos por los explotadores nuestros de cada día? ¿De las formalidades de un Estado de Derecho que protege a los poquitos que expropian legalmente a los muchísimos? ¿De los principios éticos que amparan la masacre de los rebeldes por la violencia institucionalizada?
La flagrante inmoralidad de este mundo indigna, llena de bronca los espíritus, los insurrecciona y los impulsa a luchar por su emancipación desafiando a los aparatos policíaco-militares. La revolución será, en definitiva, una gigantesca y masiva expropiación a los dueños del mundo. El pueblo insurrecto expropiando a los violentos defensores de su propiedad abusiva de la tierra y del capital.
No me horroriza pues que haya quienes se adelanten a ese día glorioso de la gran expropiación. Es un acto de justicia, un derecho individual y colectivo, el del pobre que va por pan. En particular el de aquellos que se organizan para acumular las fuerzas sociales que harán la revolución. Comparto totalmente en lo ideológico la expropiación de los poderosos para financiar insurgencias. Ideas que se entendieron muy válidas en los ‘70 y en 1985, pero hoy negadas tres veces por los apóstatas del arrepentimiento.
No sé de nadie que lo haya hecho y no haya pagado en años de cárcel o de exilio su actitud irreverente hacia las leyes y las instituciones de la clase dominante. Los comprendo y no los condeno ni ética ni moralmente. No condené nunca a Ricardo Perdomo cuando, según contaba a quién quisiera escucharlo, en el año 1991 tomó su decisión de expropiar a los expropiadores en acuerdo con José Mujica.
Jorge Zabalza

QUE CUNDA EL EJEMPLO (publicado esta semana en VOCES)


Cuando la socialista Daisy Tourné anunció que dejaba la política ("En el 2014 voy a mirar la campaña por televisión, no creo que esté en ningún lado, ya estoy veterana, voy a tener 20 años de parlamentaria, 22 de maestra. Ya está, ya fui ministra, calmate muchacha y a tomar mate", dijo Tourné al programa de radio La Lata del Partido Socialista) muy pocos le creyeron. E hicieron bien. Hoy sigue apoltronada en el Parlamento como si jamás hubiese dicho lo que dijo.
Cuando Tabaré Vázquez dijo que se retiraba de la vida política activa, luego del papelón que protagonizó con el video en el colegio del Opus Dei (“Presento mis excusas y anuncio mi retiro de la actividad política pública”, dijo), absolutamente nadie le creyó. Y todos hicieron muy bien en no creerle, puesto que volvió como si nada hubiese dicho y fue electo nuevamente presidente.
El propio Pedro Bordaberry dijo en ese entonces sobre la renuncia de Vázquez: “No le creo nada. Es la tercera vez que dice lo mismo y vuelve”.
El senador y ex presidente Luis Alberto Lacalle dijo que “hay que tomarse tiempo para analizar esta noticia”, pero que en principio la reacción de Vázquez le parecía que era más una estrategia “para que lo fueran a buscar a la casa”, cosa que efectivamente -y lamentablemente- sucedió.
El caso de Bordaberry no parece ser igual. En ese sentido, el dirigente colorado es mucho más confiable y serio que los progresistas mencionados anteriormente, y seguramente dejará la política.
La pregunta que tal vez muchos se hagan es: quién pierde con esta renuncia?
Bueno, el país seguro que no. Y no porque existiera la posibilidad de que Pedro Bordaberry, un hombre de derecha, hijo de un dictador, fuera un posible presidente de la república en un futuro inmediato. Eso ni él mismo se lo creería, y tal vez sea una de las razones que lo hayan llevado a abandonar.
Desde el punto de vista político, el panorama se clarifica. Ahora la derecha más a la derecha tiene un único candidato, Luis Lacalle Pou, y seguramente hacia allí se dirigirán la mayoría de los votantes de Pedro.
El centro y la derecha más moderada es un revoltijo de partidos y candidatos, y allí la disputa es grande, puesto que en ese sector del electorado pelean los votos el FA, el PC, el PN y el PI y ahora también el Partido de la Gente (los otros no son gente?), de manera que el gran ganador con la renuncia de Bordaberry es Lacalle Pou, y el gran perdedor -por el momento- sería el Partido Colorado, por obvias razones. Y dependerá del surgimiento de nuevos líderes que puedan capitalizar a los ex votantes colorados que abandonaron el partido hace ya años.
Del punto de vista de clase, aquí no ha pasado nada. Son movimientos internos dentro de las fábricas de chacinados, y los chanchos podrán seguir eligiendo tranquilamente quién será el encargado de faenarlos.
Queda una vía abierta para que el país sí gane con esta renuncia del líder colorado a la política: si existiera un efecto contagio y armaran sus petates unos cuantos personajes que han envilecido la política del Uruguay de los últimos años.


jueves, 30 de marzo de 2017

PROGRESISMO POR DECRETO


(publicado esta semana en VOCES)

Ya hemos dicho más de una vez que el progresismo esgrime la única arma que a esta altura de su recorrido puede utilizar con (cada vez menos) relativa eficacia: asustar con el cuco de la derecha. “Somos nosotros o la derecha”, dicen, y la gente tiembla pensando en tarifazos, en salarios que no alcanzan, en el país pasando al bando de los amigos de EEUU, en represión a la protesta social, etc.
Pero mientras algunos se asustan y otros asustan, esas cosas ya están instaladas desde hace rato, y por lo tanto el cuco cada vez surte menos efecto. Cambian las personas pero la ideología es la misma (la de la clase dominante), y aunque cambie el collar el perro sigue siendo el mismo. El lenguaje se modifica y los ajustes fiscales ahora son adecuaciones; las reacciones cambian, y aunque las tarifas aumentan el sindicalismo no se moviliza ni le llama tarifazos y solo dice que “le hubiera gustado que fuera diferente”; cientos de miles de trabajadores y jubilados tienen salarios que no alcanzan, pero el progresismo y su fiel central de trabajadores explican que antes era peor, y aunque los líderes de una supuesta izquierda que ya no es tal despotriquen contra el imperialismo y sus secuaces, votan y llaman a votar por sus secuaces, y su gobierno se une a lo peor de la derecha continental para derrocar a un gobierno popular como el venezolano.
Por si esto ya no alcanzara, ahora se legitima y amplía la represión (ya Mujica había decretado la prohibición de la ocupación de edificios públicos y había desalojado estudiantes por la fuerza), emitiendo señales hacia todos los puntos cardinales. Fundamentalmente hacia los inversores extranjeros (vengan a llenar sus bolsillos que aquí estamos moldeando un país a vuestro paladar, no solo no les vamos a cobrar impuestos sino que nadie los va a molestar mientras nos saquean).
Un decreto que, por si fuera poco, es casi un calco del que dictara el gobierno del derechista Macri (con la diferencia que allá la policía debe dar antes aviso a la justicia), y que la ministra comunista quiere hacer pasar como un arma para que no le pase a “la izquierda” uruguaya lo que le pasó a Allende (como si Vázquez llegara a la altura de la suela de los zapatos de Allende).
Gobernar por decreto era algo que la izquierda supo criticar encarnizadamente al nefasto ultraderechista Jorge Pacheco Areco, pero que ahora parece totalmente normal en tiempos progresistas.
En momentos en que la corrupción está en el orden del día, y en que la transparencia debería ser la regla para combatirla, el gobierno decreta la opacidad, modificando el "procedimiento administrativo y disciplinario aplicable al funcionario público", que estaba vigente desde 1991, y haciendo que la reserva pase a ser la regla y no una excepción.
En momentos en que la economía se detiene, el gobierno decreta privilegios para los ex presidentes y sus cónyugues para que tan vulnerables personas no vayan a quedar desamparadas en el futuro.
En momentos en que la economía se complica y se viene una rendición de cuentas con nuevos recortes, el gobierno decreta la criminalización de la protesta.
El cuco hace rato que llegó, disfrazado de izquierda.

                   José Luis Perera

miércoles, 8 de marzo de 2017

CORRUPCIÓN Y PARTIDOS (publicado hoy en Semanario VOCES)


Los hechos tozudos no le quieren dar la razón a Daisy Tourné cuando dijo: “todos coincidimos en que Uruguay no tiene problemas serios de corrupción en este momento, ni siquiera sospechas. Por más que existan problemas en la región no son de impacto directo y que involucren al país”.
El caso del cambio Nelson, que involucra al político colorado Francisco Sanabria y su entorno, amenaza con convertirse en uno de los casos más grandes de corrupción en el país. Y cada vez son más los puntos de contacto de Uruguay con los casos “lavajato” y con lo que se conoce como “la ruta del dinero K”.
Por lo que parece, lo que se ve hasta ahora es apenas la punta de un iceberg importante, con mucho para investigar. Entre otras cosas, implica esclarecer como logró aquel pequeño tambero de nombre Wilson Sanabria, construir una fortuna en tan solo diez años, para que la heredara el actual prófugo, su hijo Francisco.
Seguramente terminar definitivamente con la corrupción es imposible, y a lo que podemos aspirar es a prevenirla, a reducirla, y a castigarla debidamente cuando se produce.
Para eso se necesita entre otras cosas voluntad política. Los instrumentos que se crean para que exista transparencia no pueden ser un saludo a la bandera donde los políticos declaran lo que se les antoja porque nadie controlará nada a menos que pase algo, cuando ya sea tarde. El financiamiento de los partidos debe ser claro como el agua. Y el control, y también el castigo, debería ejercerse -ademas de sobre el corrupto- sobre los partidos.
El castigo debe ser ejemplar, porque la corrupción la pagamos de nuestros bolsillos y porque la impunidad de los de arriba solo genera una desconfianza generalizada en la política, y esa pérdida de credibilidad social es uno de los costos más graves.
Así como los cuadros de fútbol son sancionados cuando sus hinchas cometen desmanes, tal vez los partidos debieran ser considerados cómplices cuando uno de sus integrantes resulta implicado en actos de corrupción (la pena podría ser que perdieran el derecho a cobrar los ingresos por votos en la siguiente elección, o algo por el estilo), así de esa manera el control sería ejercido desde dentro mismo de los partidos .
El caso que nos ocupa es muy claro; al parecer, ahora todo el mundo sabía lo que hacía Sanabria, y lo sabían políticos de todos los partidos. Pero la cuestión es que nadie dijo absolutamente nada. Es posible que exista una complicidad más descarada del sistema político con sus correligionarios, a la vista de los ciudadanos y con tal desparpajo?
La responsabilidad de los partidos es más que evidente. Todos quienes integran las cúpulas partidarias se conocen entre sí y cuanto más encumbrados están más al tanto están de todo lo que hacen cada uno de ellos. El problema es que se han transformado en una especie de omertá, cuyo sentido último es protegerse entre sí, pase lo que pase.
Cuando le preguntan a Constanza Moreira sobre el asunto de Sendic y su falso título de licenciado, dijo la senadora: “Lo único que le cabe al Frente Amplio es respaldar a su vicepresidente. Está pasando una situación difícil y el Frente Amplio tiene que respaldarlo, nada más, punto”. Y luego: “...tienes que respaldarlo, es de tu familia política...Además tenés que respaldarlo porque sos un partido político y los partidos tienen que respaldar a los suyos”.
Todo dicho.

José Luis Perera 

miércoles, 18 de enero de 2017

COMPROMISO?

Cuando uno habla del “Estado uruguayo”, está hablando de una conjunción de elementos, que incluyen la población, las instituciones y hasta la cultura de nuestro pueblo.
Por eso, cuando alguien (el vicepresidente de la república Raúl Sendic) dice que con su presencia en Italia ratifica "el respaldo" del Gobierno y del Estado a la "demanda presentada por los familiares" y su "compromiso con el conocimiento de la verdad y la búsqueda de la justicia", qué quiere decir?
Cuál es el compromiso que han tenido los gobiernos y el Estado uruguayo con “el conocimiento de la verdad y la búsqueda de la justicia” desde el retorno a la democracia?
El primer gobierno post dictadura se encargó de redactar y votar la ley de impunidad; y de ahí en más, ningún gobierno hizo nada por investigar absolutamente nada. Los juicios que se han llevado a cabo han sido por iniciativa de familiares de víctimas de la dictadura, y han tenido que sortear para ello con todas las trabas que el propio Estado les ha impuesto.
Fueron el Estado y sus instituciones quienes establecieron la impunidad y quienes se han encargado por todos los medios de que la misma no tuviera fisuras.
La impunidad en nuestro país tiene muchísimos socios; algunos conocidos, y otros en las sombras.
Algunas complicidades son notorias, y otras tan solo se sospechan, y quizá nunca se sepan, otras se diluyen en la masa.
Están los que cranearon la ley de impunidad y la llevaron adelante y la votaron en el Parlamento. Pero nunca sabremos hasta donde la misma respondía o no a pactos secretos que nadie ha revelado y tal vez nunca sepamos. El pacto del club naval seguirá siendo una enorme duda. Pero también otros pactos que quizá se hayan celebrado y sellado mucho antes, cuyos protagonistas se sospechan e incluso a veces hasta parecería que no tienen más remedio que mostrar la hilacha.
Por cierto, la mayoría del pueblo uruguayo es también cómplice de la impunidad, y da vergüenza, lamentablemente. Por dos veces fue llamado a decir sí o no a la justicia contra los crímenes más horrendos que se hayan cometido en la historia de nuestro país, y por dos veces la mayoría decidió olvidar.
El progresismo en el gobierno desde hace doce años, tuvo la posibilidad de anular la ley de impunidad, y el propio presidente Mujica y el vicepresidente Astori se encargaron de impedirlo.
Se han ocultado archivos, se han apartado a jueces como la Dra. Mariana Mota para evitar el avance de los juicios.
Todas las instituciones del Estado uruguayo se han encargado de entorpecer lo más posible el avance de la justicia, incluido el Poder Judicial a través de la SCJ, la que ratificó por mayoría que las violaciones a los derechos humanos cometidas por la última dictadura militar son delitos comunes y no de lesa humanidad, por ejemplo, y hasta llegó en su momento a declarar la constitucionalidad de la ley de impunidad.
No Sendic, ni el gobierno ni el Estado uruguayo están comprometidos con la búsqueda de verdad y justicia, todo lo contrario.
En este país, los derechos humanos más sagrados de sus ciudadanos fueron violados por el propio Estado (es lo que se ha dado en llamar “terrorismo de estado”); y la impunidad de esos gravísimos delitos ha sido garantizada por el propio Estado y por todos los gobiernos posteriores. También por la mayoría de la población.
Y usted mismo, Sendic, cuando fue consultado en el año 2003 por el semanario Brecha acerca de lo que había que hacer con la ley de impunidad, dijo que había que dejar de mirar el pasado y pensar en el futuro. De manera que no solo sabe que la cosa es así, sino que está de acuerdo, no se muestre tan contrariado porque no es creíble (para variar).
En este país, lo que hay con respecto a la búsqueda de verdad y justicia es un grupo de familiares y víctimas de la dictadura, hombres torturados, mujeres violadas, familiares que no han podido saber aún que ha sido de sus hijos, esposas, nietos, y que dan una batalla desigual para obtener justicia.
Lo que hay son abogados, jueces y fiscales con agallas que han dedicado su vida a la búsqueda de la verdad y justicia. Periodistas con cojones que investigan y logran avances en ese camino.
Lo que hay son decenas de miles que todos los 20 de mayo marchan en reclamo de verdad y justicia y mantienen prendida la llama de la memoria.
No se vistan con ropas ajenas, no sean inmorales.

NI VÍCTIMA NI INGENUO (publicado esta semana en VOCES)

La aseveración de Sendic: “si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda” , es falsa (como tanta cos...