lunes, 22 de agosto de 2016

ETAPA DE AVANCE?


Estuve leyendo el inicio de una entrevista que le hace Brecha a Juan Castillo, dirigente comunista hoy en el Ministerio de Trabajo del gobierno frenteamplista. Aclaro que solo leí el inicio puesto que no soy suscriptor del semanario online y tampoco puedo comprarlo. Pero de todas formas quiero enfocarme en una frase que dice al comienzo mismo de la entrevista:
Estamos en una etapa de avance en la profundización de la democracia, de tránsito hacia una democracia avanzada que profundice los derechos, la equidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social. Para generar un país con esa concepción vine transitoriamente hasta que mi ministro quiera”.

DEMOCRACIA AVANZADA

Si bien el Partido Comunista desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Recurriré, para mostrar lo que quiero decir, a María Luisa Battegazzore que lo hace mejor que yo:

A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:

- el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
- el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
- la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
- una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.

Es a todas luces evidente que la clase trabajadora no es quien conduce hoy ni el FA ni el gobierno, y si bien tiene importancia en un hipotético bloque social de los cambios, en los hechos actúa como socio del gobierno (llamando incluso a los trabajadores a votarlo hipotecando su independencia de clase).

Es también evidente que el programa que “efectivamente” pone en práctica el FA en el gobierno no tiene nada de radical, y en lo que tiene que ver con la conducción económica, es el programa que aplicarían cualquiera de los partidos tradicionales matiz más matiz menos (protección de las inversiones del imperialismo, TLCs, incentivos al gran capital, extranjerización de la tierra y otros medios de producción, zonas francas, primarización de la economía, monocultivos, etc). Ni hablar de la participación efectiva y no solo formal del pueblo en las tareas de gobierno.

No existe, es más que obvio, una acción de las masas populares conscientes y movilizadas sosteniendo e impulsando el proceso y marcando rumbos (cuando hay movilizaciones en general son en contra del rumbo del gobierno). Y es que a las masas populares no les interesa en lo más mínimo movilizarse para sostener este tipo de gobiernos, por más que los vote en función de elegir el mal menor.

De más está decir que no hay una orientación subjetivamente socialista ni voluntad de trascender y superar los marcos del capitalismo. Por el contrario, el capitalismo se ha visto notablemente fortalecido con los gobiernos del FA, y nunca el capital se vio más favorecido que con estos gobiernos. Por primera vez en la historia de la izquierda uruguaya se hace la defensa cerrada, no solo de un proyecto de desarrollo capitalista, sino de una estrategia basada en la inversión extranjera y desestimando el concepto y la realidad del imperialismo.

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada como lo afirma Castillo y el PCU.
Porque lo que importa en la expresión es justamente el “rumbo”, y el rumbo que ha tomado el FA en el gobierno (con la invalorable ayuda del PCU) apunta a cualquier lado menos a una democracia avanzada.

Decía en 1970 Rodney Arismendi: “En este momento de su desarrollo, lo vemos (al FA) como un frente democrático avanzado. Entendemos por tal un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo...”
Es importante subrayar lo de “en este momento”, porque denota una visión histórica del FA. Su contenido programático y social puede variar y de hecho ha variado. Tanto ha variado que es el propio PCU quien propone como candidato a Tabaré Vázquez, el que le pidió ayuda a Bush -uno de los representantes más inmundos del imperialismo más abyecto- contra un país hermano latinoamericano, el menos indicado para oponerse a la oligarquía y al imperialismo, como es notorio.

miércoles, 10 de agosto de 2016

NI NI (NI QUIERE NI PUEDE)


(publicado esta semana en Semanario VOCES)

Los cambios en las orientaciones de los partidos polítcos son infrecuentes. En la mayoría de los casos, los elementos fundamentales del funcionamiento político interno -de la cultura política interna- inhiben transformaciones bruscas y profundas. Para que los partidos políticos se transformen, son necesarios los líderes, o las circunstancias (determinados acontecimientos o crisis) que lo favorezcan. Por poner algún ejemplo: las sucesivas derrotas y la aparición de un líder como Tony Blair hicieron posible la reconstrucción del Partido Laborista británico, así como las circunstancias polítcas y un Felipe González hicieron posible la reconstrucción del PSOE en España.
No parece que eso pueda estar ocurriendo en nuestro país con el Frente Amplio. Viene de obtener el gobierno por tercera vez consecutiva y con mayoría parlamentaria, el gobierno no ha tenido mayores problemas ni con la oposición ni con las disidencias internas (más para la tribuna que otra cosa), y no se ven en el horizonte dificultades políticas importantes, más allá de la crisis económica que muy posiblemente se siga agravando, y este podría ser su talón de Aquiles.
En cuanto a un liderazgo que posibilitara esas transformaciones, el novel presidente surgido de las internas, Javier Miranda, no parece tener ese perfil (el tiempo lo dirá).
El panorama para la fuerza política de gobierno sigue incambiado, y las internas no arrojaron cambios significativos, más allá de la baja contundente en la cantidad de votantes (en 2006 participaron 222.795 adherentes, en 2012 se perdieron 53 mil votos, llegando apenas a los 170 mil, y en esta última vuelve a mostrar un abrupto descenso de casi 80 mil votantes. Las correlaciones internas permanecen prácticamente incambiadas en lo que tiene que ver con el Plenario Nacional, y el FLS cuenta ahora, además del manejo exclusivo de la economía (desde el año 2005), con la presidencia del FA.
En este sentido podría decirse que las fuerzas más conservadoras (del presidente hacia abajo) siguen acaparando los puestos de dirección, pero esto tampoco es demasiado novedoso y viene sucediendo lenta pero sostenidamente desde antes de acceder al gobierno. Recordemos que en plena campaña electoral el propio Vázquez reconoció que él puede ser más conservador que Lacalle Pou, y que “el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo”.
El Frente Amplio ya no es hoy el partido de masas que era puesto que su militancia -si bien sigue siendo la más importante- se ha reducido drásticamente y aquello de coalición y movimiento ya es una simple etiqueta que no tiene sustento en la realidad. Las decisiones más importantes son tomadas por las cúpulas dirigentes y no han tenido problema alguno en desconocer las resolucines tomadas por los organismos máximos de la fuerza política (integrados mayoritariamente, en teoría, por el denominado movimiento).
Recordemos por ejemplo cuando en el primer gobierno del FA se comenzó a negociar un TLC con los EEUU a pesar de que el Congreso (órgano máximo) había definido exactamente lo contrario; o cuando el Congreso decide el retiro de las tropas de Haití pero el gobierno las sigue enviando; o cuando dos Plenarios consecutivos resuelven la anulación de la ley de impunidad y Mujica y Astori van al parlamento a decirles a sus legisladores que no lo hagan.
Esto nos lleva a otra cuestión. Como dijimos, no se ven las condiciones para que el FA tenga una transformación importante en su funcionamiento interno o en su relación con el gobierno y las organizaciones sociales. Pero lo que es claro, es que la mayoría de los sectores y dirigentes tampoco quieren ninguna transformación que les quite sus pequeñas cuotas de poder. Los sectores más pequeños y de más tradición militante seguramente desearían una mayor participación popular que les permitiera manejar mayores cuotas de poder de decisión en la estructura interna, pero para ello no requieren de ningún cambio de esa estructura. Lo que necesitan es un viraje del gobierno hacia la izquierda que entusiasme y genere mayor participación (su conservadurismo es una fuerza centrífuga que constantemente aleja a los militantes más de izquierda), y eso es impensable en un gobierno de este FA.
Y los sectores de menor incidencia a nivel de las bases por el contrario, quisieran modificaciones que quitaran protagonismo a los comités (los pocos que van quedando) y sus delegados, pero no tendrían suficiente correlación de fuerzas a la interna para siquiera planteárselo como posibilidad. Este estado de situación deja las cosas tal como están, por lo que no deberían esperarse mayores novedades.
El dilema de hierro del FA en algún momento fue continuar por el camino de parecerse cada día más a los partidos tradicionales (un partido conservador más, partido de ideas), o retornar a sus raíces de izquierda antiimperialista, antioligárquica, antilatifundista. El segundo camino, más allá de que algunos grupos lo reivindiquen como la razón de su permanencia en la coalición, es un imposible, y sostener esa teoría es una zanahoria para incautos (que los sigue habiendo).
El Frente Amplio es un NINI (ni puede ni quiere cambiar); continuará inconmovible (no nos moverán) porque su único objetivo, en la actualidad, es ganar elecciones y permanecer en el gobierno. Y eso no parece estar en cuestión más allá de lo que digan las encuestas. Siempre habrá algún susto para despertar al mamado.

martes, 9 de agosto de 2016

CONTRA TODA ESPERANZA (artículo de Andres Figari)


Se conoció el resultado de las internas: ganó Miranda, uno de cada cinco votantes lo hizo en blanco y el sector más votado fue el MPP. ¿Qué conclusiones se pueden sacar? Que del total de los que todavía “creen y esperan”, una parte quiere “más de lo mismo”, otros abogan por un “giro a la izquierda”, y uno quinto no está contento con el menú que se le ofrece. 
¿Cuál es la perspectiva de la fuerza “transformadora”? “Difícil para Sagitario”; la inoperancia, el desgaste y la desmoralización de la base militante están en su futuro. Los que especulan con reformas internas que hagan posible revertir el proceso de deterioro y apuestan al “debate fraterno” para superar las diferencias, no comprenden lo que llevó a esta situación.
La razón de fondo no son las diferencias entre fulano y zutano; ni siquiera la confrontación entre los que se conforman con retoques (Astori y su combo) y los que con “más y mejor capitalismo” pretenden trascenderlo (Mujica, bolches y ainda mais). Tampoco lo son el estancamiento económico y la frustración de las expectativas al respecto; eso en todo caso, es apenas la consecuencia.
Lo verdaderamente de fondo es el fracaso de una estrategia que se apoya en la premisa de que una fuerza política de esas características puede ser viable, transformar las estructuras económicas y acumular adhesiones indefinidamente, independientemente de las condiciones históricas concretas que la hagan posible.
Es imposible entender el fin de esta etapa, el agotamiento del progresismo, las razones de esta crisis en la izquierda local y su irremediable futuro, sin considerar lo subyacente, lo que teóricamente la hizo concebible y transitoriamente viable.
La convicción de que la multiplicación de los panes y de los peces para todos es posible mediante la acumulación de capital, es tan vieja como Adam Smith y constituye el cerno de la utopía burguesa. La creencia de que el crecimiento económico es una condición necesaria pero no suficiente, para la “felicidad pública” -razón por la cual el “proletariado” debe arrebatarle el poder a la burguesía- es el aporte de Marx. Pero la idea de que en países periféricos, semicoloniales o subdesarrollados en donde el proletariado es muy pequeño, se necesita una etapa previa de desarrollo capitalista, es un invento ruso que se difundió durante la III Internacional.
Es con esa visión y desde esa época que se acepta dogmáticamente que si se apunta al Socialismo, las fuerzas políticas que aspiren a representar al Proletariado y a sus intereses históricos, deben procurar aliarse con los representantes de las clases “interesadas” en hacer crecer el capitalismo, para más adelante…derribarlo. La idea central es que el desarrollo capitalista provocará “necesariamente” el crecimiento del proletariado y, consecuentemente, su fortaleza política. Cuando las “fuerzas productivas” se hayan desarrollado, habrá llegado la hora de tomar el poder; pero mientras tanto –paradójicamente- hay que fortalecerlo. Hacer crecer el capitalismo y simultáneamente dar satisfacción a las demandas populares son las dos moscas que esa estrategia intenta atar.
Pero en la realidad las cosas no son tan simples. En los países periféricos la burguesía realmente existente no se ha interesado en el tipo de desarrollo que al proletariado le sirve. Antes de acumular mediante la industrialización local y tener un desarrollo colectivo, “nacional”, prefiere hacerlo en el exterior exportando capitales, o materias primas o asociándose con capitalistas extranjeros. ¿Conclusión? La alianza que permitiría conciliar los diferentes intereses no funciona.
En el mundo globalizado de hoy, en la Latinoamérica de hoy y en el Uruguay de hoy, no hay otro capitalismo posible que el existente. Especular con otro capitalismo, con uno que genere “trabajo de calidad”, que no se subordine al capital transnacional, que no contamine y que de paso nos acerque al Socialismo, es soñar con quimeras.
Resumiendo, apostar a perfeccionar alianzas con los que se conforman con lo dado, o con los que quieren corregir el capitalismo, es alimentar esperanzas en un futuro imposible. Señalarlo –aún siendo poco- es empezar a caminar en la dirección correcta.
ANDRÉS FIGARI NEVES 9-08-2016

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...