domingo, 27 de diciembre de 2015

ECONOMÍA E IDEOLOGÍA

En una reciente entrevista en el semanario Búsqueda, el canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, dijo algunas cosas que merecerían figurar en lo más alto del podio de las frases del año, en su afán por justificar la pretensión del gobierno de firmar TLCs y de ingresar a la Alianza del Pacífico y otros tratados por el estilo. Por ejemplo dijo: “La asunción del presidente Macri y su equipo muestra que es un gobierno que en lo económico no pone ideología”. Como si las políticas del consenso de Washington, los dictados del FMI o del BM y las presiones de los poderosos del mundo fueran del todo carentes de ideología.
Dijo también que “sin duda se debe dejar de analizar los temas comerciales desde lo ideológico. Eso tiene que cambiar, si no, nos vamos a quedar aislados. Las nuevas tendencias comerciales en el mundo nos obligan a analizar este asunto y asumir las situación con realismo”. Y más adelante: “ Me considero un hombre de izquierda, pero miro el mundo con realismo. Mirando la realidad del mundo, y no con ideología. Es simple eso: el comercio y la ideología son dos asuntos separados".
Claro que esto no es nuevo en el discurso progresista.
En su primer gobierno, e intentando justificar su voluntad de firmar un TLC con los EEUU, Vázquez dijo que “se equivoca quien en nombre de los principios cree que el comercio es un asunto de ideología”, y luego su ministro de economía (Astori) desarrolló aún más la idea diciendo que hay que equilibrar los principios con el pragmatismo, evitando prejuicios; que los objetivos se relacionan estrechamente con los principios, y que por lo general las herramientas y los instrumentos se emparentan especialmente con el pragmatismo. Que no podemos confundir las cosas ni dejar que esquemas ideológicos o prejuicios dificulten el camino de la elección de esas herramientas.
Es un discurso que pretende presentar la economía como una ciencia incontaminada que solo utiliza herramientas para obtener determinados fines, por fuera de cualquier ideología. Mientras pontifican las bondades y excelencias de la economía de mercado, del libre comercio y los tratados y acuerdos entre bloques, olvidan hablar de la creciente desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza, de la concentración del poder económico y financiero, del aumento del trabajo zafral, del problema de los emigrantes, de las necesidades sociales sin cubrir, de la desigualdad de las mujeres frente a los hombres, de los problemas ecológicos o la pobreza y el hambre mundial, como si esas cosas nada tuvieran que ver con la economía y el comercio. El lograr el crecimiento económico se ha convertido en el objetivo principal, ocultando cómo se está consiguiendo, a quién beneficia y cuál es la calidad de ese crecimiento. Eso, claro, es ideología pura. Enmascarada bajo la apariencia de objetividad científica, la economía ha ido construyendo una teoría con la que es posible justificar, ocultar y permitir un sin fin de desigualdades sociales, explotaciones miserables y atentados a la vida de los seres humanos. Las relaciones entre economía y poder no solo alimentan crisi económicas, sino también conflictos internacionales, fracturas y deteriorios sociales.
Muy por el contrario, podría decirse que la ideología económica es la pieza clave de la ideología dominante, la que tiene la peculiaridad de presentarse con ropajes científicos, apoyándose en razones parcelarias que encubren la sinrazón global de sus mensajes e interpretaciones.
Si las acciones no se corresponden con los principios que se proclaman, tanto las personas como los gobiernos dejan de ser creíbles. Pero para el discurso progresista, es necesario presentar la economía como algo puramente pragmático, alejado de objetivos y principios. Una fuerza política que se autodefine como de izquierda y antiimperialista, que llegada al gobierno adopta como una de sus primeras medidas la firma de un tratado por el cual le protege las inversiones al imperialismo yanqui, necesariamente debe justificar su forma de actuar.

Como decía Carlos Quijano en Marcha en el año 72: ..en definitiva, cuando las modas pasan sólo quedan los principios. Hay que defenderlos más en las malas que en las buenas, sin temor a perder amistades o a sumar enemistades. La única política fecunda es la que se ajusta a principios. Ya lo enseñaba –palabras más, palabras menos- Lenin”

jueves, 17 de diciembre de 2015

Memorias y desmemorias (publicado hoy en semanario VOCES)

Sin duda el hecho más notorio en lo político, en nuestro país durante el 2015, fue el traspaso de mando. Al menos el más recordado.
Lo que registrarán las memorias será que se fue Pepe Mujica, conocido internacionalmente como “el presidente más pobre del mundo”, un pobre que ganaba alrededor de U$S 13.500 mensuales, casado con alguien que gana una cifra parecida, y que cuenta en su patrimonio tres inmuebles por valor de más de U$S 200.000, dos vehículos, tres tractores y más de 2 millones de pesos en tres cuentas bancarias (según su propia declaración jurada). Aquel que les dijo a los docentes que si querían ganar más laburaran más, mientras se reunía con Soros y los grandes magnates e inversores extranjeros. El que extranjerizó más aún la tierra, nos llenó de transgénicos y pesticidas, el que nos quería ensartar con la megaminería y con el TISA, el que hizo de su frase “educación, educación, educación” una mera fantochada, como tantas otras.
Y la gente tiene bien presente que le entregó el mando a Tabaré Vázquez, el hombre que reconoció en la campaña electoral que podía ser más conservador que su oponente Lacalle Pou (y tal vez por eso ganó). El hombre que le había mentido a un pueblo en su primera presidencia diciéndole que no estaba negociando un TLC con los EEUU, el mismo que le ocultara vergonzosamente a todo el mundo que había pedido ayuda a Bush contra los argentinos, pero que después se lo contó muy alegremente a unos estudiantes de un colegio del Opus Dei.
Nadie registrará en su memoria que en enero de este año la Comisión Internacional de Juristas (CIJ) le pedía a Tabaré Vázquez que investigara los crímenes de la dictadura. El documento titulado "Uruguay: La lucha por Verdad y Justicia en la Encrucijada" destacaba la "coincidencia" entre quienes antes fueron enemigos para que no haya avances en las investigaciones.
Nadie recordará -seguro- que en febrero se supo que de acuerdo al reporte anual de la Unión de Bancos Suizos, el número de uruguayos ultrarricos aumentó 4,2% entre 2013 y 2014. Es decir, los uruguayos que poseen un capital por encima de los treinta millones de dólares aumentaron, y además la fortuna total acumulada por estos uruguayos creció hasta completar la friolera de 18 mil millones de dólares.
Tal vez pocos recuerden que en febrero la ONU expresó su "conmoción" ante los 10 asesinatos de mujeres ocurridos en las ocho primeras semanas del año en nuestro país, y que fueron realizados en su mayoría por parejas y exparejas (Uruguay ocupa el primer lugar en América Latina en cuanto a la tasa de mujeres asesinadas por su pareja o expareja). El 25 de noviembre, cuando se conmemoraba el Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, ascendió a 30 la cifra de mujeres asesinadas.
O que en abril La Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) emitió un comunicado desde Ginebra en el que realizaba fuertes cuestionamientos al Estado uruguayo por los tratos inhumanos a los que están sometidos los adolescentes privados de libertad y le pedía al gobierno de Tabaré Vázquez que “priorice las reformas de justicia juvenil para prevenir la tortura”.
En mayo supimos que las autoridades de OSE ocultaron la aparición sistemática de organismos tóxicos en el agua potable que se distribuyó en Montevideo, brindando información falsa a la población. Más de 35 informes internos de control de calidad del agua potable hechos por OSE a finales de 2013, demuestran la presencia de diversas cianobacterias tóxicas en el agua que se distribuyó en Montevideo. Las autoridades tenían conocimiento de la situación, pero en declaraciones a la prensa garantizaron la ausencia de microorganismos en el agua.

Es de suponer que todos recordarán que este año se nos fue un grande: don Eduardo Galeano, un memorioso.

¿PARTIDO, QUÉ PARTIDO? (por Andrés Figari)

En las postrimerías de la revolución francesa, algunos descubrieron que la tan ansiada Revolución había sido un fiasco; que sólo había servido para sustituir a unos poderosos por otros, que el pueblo llano, los que no eran propietarios, el “proletariado”, seguía tan pobre y oprimido como siempre. No tenían discrepancias con los “ideales” de la revolución (Libertad, Igualdad y Fraternidad), tampoco con sus motivos profundos (mejor distribución de la riqueza).
Así que no se conformaron y resolvieron modificar la situación de la manera que les parecía más acertada: organizarse como un “partido” que apoderándose del Estado, les permitiera imponer su gobierno. A pesar de que la conspiración fue descubierta y que la “revolución de los iguales”-como así se llamaba- no se llevó a cabo, no impidió que algunas de sus ideas básicas – vía marxismo primero y leninismo después- pasaran a formar parte de las “verdades reveladas” del pensamiento revolucionario. Entre esas verdades (o premisas) se destacaban: 1) el proletariado (clase obrera) debía organizar su propio “partido”, independientemente de los partidos de “la burguesía”; y 2) su objetivo estratégico sería la “toma” del poder del Estado (“burgués”). Era la época de la primera internacional, la de los “parias de la tierra” y de la “famélica legión”.
Al principio, como el “proletariado” no tenía derecho al voto, tampoco tenía sus propios representantes; el “partido” era ilegal y su método de lucha era necesariamente, conspirativo. Más adelante, cuando lo dejan votar, el “partido” se hace público y se organiza como los partidos “burgueses” para competir por las bancas parlamentarias, con la esperanza de alcanzar la mayoría que le permita formar su propio gobierno y mientras tanto hacer aprobar leyes que mejoren su situación económica. Es el origen de la carrera por los cargos y de la burocracia partidaria. (Segunda Internacional)
Concomitantemente a su progreso en el terreno legal y a su integración al sistema político, el “proletariado” empieza a dejar de ver el Estado como el estado de los “patrones” y pasa a sentirse integrado a la “nación”. Por otro lado, las mejoras que obtiene por el saqueo de las colonias y/o por las políticas “inclusivas” surten sus efectos; el “proletariado” sin patria deviene patriota, el nacionalismo y el racismo se consolidan y la conquista del poder político por la vía legal -el “cretinismo parlamentario”,- (Lenin dixit) se constituye en el método de lucha política por excelencia.

Dejando de lado las diferentes maneras que esta visión del “partido” fue aplicada según el momento y lugar, partía de dos premisas básicas: 1) que la “contradicción” a dirimir con la burguesía era la cuestión de la propiedad y consecuentemente, el del acceso a la riqueza y 2) que el obstáculo que se interponía era su fuerza bruta concentrada en el Estado. Se creía que si algún día el partido llegaba al gobierno el resto sería mucho más fácil. Bastaría con poner los “medios de producción” al servicio del pueblo para que la revolución del proletariado triunfara (y el mundo fuese más justo). En ningún lugar ocurrió eso; ni donde el proletariado fue gobierno por la fuerza de las armas, ni donde su “partido” resultó el más votado. Si dejamos de lado la casuística, la Historia enseñó otra cosa.
 1) Que la fuerza que se requiere para terminar con la propiedad privada de los medios de producción y consecuentemente con el poder de los propietarios, es infinitamente más grande de lo que se suponía y es mucho más difuso de lo que se pensaba. 2) Que la mayor parte del poder de los propietarios reside no tanto en el control que ejercen sobre los medios de producción, sino en el que ejercen sobre la “cabeza” del “proletariado” y gracias a ello, en la totalidad de las instituciones, Estado incluido.
Resumiendo, desde que la burguesía ejerce el poder político, la clase obrera –salvo contadas y efímeras ocasiones, no ha sido capaz de derrotarla, entre otras cosas porque aspira a lo mismo. Paralelamente a la evolución del capitalismo también ha evolucionado el “sujeto” de la revolución. El proletariado miserable y rebelde se ha convertido en clase media integrada, consumista y dócil, que si algo desea no es justamente una revolución, sino a un parte de eso que consumen los burgueses y a la que no tiene acceso. Por ese motivo, cada paso adelante, cada conquista, ha sido - políticamente hablando- un retroceder hacia el conformismo.
A esta altura es evidente que el “proletariado” subestimó el carácter de la guerra que tenía por delante y fracasó en su objetivo estratégico. No era, (o por lo menos ahora no es) cuestión de “tomar el cielo por asalto” como se pensó en algún momento, sino de algo muy diferente; se trata de una guerra de desgaste donde el que tiene mayores reservas morales gana. En todo caso y si la metáfora bélica sirve para algo, se trata de una guerra cultural donde la victoria política vendría como consecuencia de un largo asedio y después que el “proletariado” haya conseguido imponer sus propios dioses.
La conclusión que se desprende de todo esto, es que en ese caso, el “partido” debería parecerse mucho más a una iglesia que a un ejército y que su lucha (política) debería estar más cercana al proselitismo religioso que a las campañas electorales. Si este fuese el camino correcto, si se lograra derrotar las ideas de la burguesía que nos aplastan, si fuésemos capaces de imaginar un mundo que no sea una réplica del que habitamos, no sería tanto por un cambio de “método” como por una re valuación
de los objetivos.

Andrés Figari Neves
16-12-2015

jueves, 10 de diciembre de 2015

ARGENTINA, VENEZUELA Y EL TITANIC (por Andrés Figari)

Entre las tantas lecciones que dejan los resultados electorales de Argentina y de Venezuela hay una que se destaca sin lugar a dudas: la gente no vota al que frustra sus expectativas económicas o dicho más campechanamente, al que la amenaza con hacerla pasar mal.
Que esto no es ninguna novedad es cosa sabida, que “el bolsillo es la víscera más sensible”, tampoco.  Lo nuevo e interesante de esta archisabida lección, es la consecuencia que esto genera en una eventual estrategia que tenga por objetivo una verdadera transformación social, cuando el “desarrollo” entendido como crecimiento económico (más de todo para todos) es inviable.
Durante un siglo y medio, tirios y troyanos; los apologistas de la propiedad privada y del libre mercado por un lado, y los partidarios del colectivismo y la revolución social por el otro, coincidieron en dos cosas: 1) que la pobreza era el mal universal y 2) que esa “injusticia” se resolvía con más y mejor producción.  Sea porque se lo dejaba en manos del mercado, sea porque se apelaba a la planificación centralizada,  el problema era resoluble; solo era cuestión de tiempo.  Se vivía en un mundo de abundancia donde la riqueza simplemente estaba mal repartida; esa era la buena nueva, esa era la promesa, habría panes y peces para todos, simplemente había que esperar (o luchar) para conseguirlos.
Pero hete aquí que ahora, cuando todos estaban convencidos de que ese era nuestro destino; cuando  ya nadie espera otra cosa de la vida, cuando ya nada tiene sentido fuera de tener más, o consumir mejor, el planeta -esa cosa que gira alrededor del sol y que casualmente nos provee de todos los recursos que hacen posible nuestra consumo-  dice: “basta, no aguanto más”.
Y claro es una pésima noticia para aquellos que quieren postularse.  ¿Cómo se le dice a la gente que estaba equivocada? ¿Cómo se le explica que no es una cuestión de derechos sino de posibilidades? ¿Especialmente cómo se convence que renuncie a sus expectativas “al que solo tiene chiripá de bolsa”, a la vista del despilfarro obsceno de tantos? ¿Finalmente qué política hacer si esa no es la “razón” de la política?
También se puede cerrar la boca y no hacer nada. Jugar de “silenciador”, dejar que siga el mismo rumbo, hacerse cómplice y trabajar en la misma dirección de los que lucran con el desastre.  Es una escena de pesadilla; la humanidad a bordo del Titanic que ha chocado contra el iceberg y la tripulación en lugar de sonar la alarma, sugiere cambiar de camarote o probar los últimos saladitos.
10-12-2015

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...