miércoles, 30 de septiembre de 2015

VAGOS NO

(publicado hoy en semanario VOCES)

Uno debería tener el derecho de pedirles las credenciales que los habilitan a decir las cosas que dicen algunos dirigentes (políticos, sindicales, empresariales y de toda laya). Cuando Sendic habla de desterrar la holgazanería y la viveza criolla, cuando Read habla de restablecer la cultura del trabajo, o cuando Mujica dice que los uruguayos no nos matamos trabajando, quienes los escuchamos deberíamos tener la posibilidad de preguntarles con qué derecho generalizan sobre los hábitos de los uruguayos en general. Sobre todo porque, por ejemplo, uno se pone a escribir esta nota un lunes después de haber trabajado doce horas, y luego de haber trabajado todo el fin de semana.
Sus afirmaciones obviamente pueden ser verdaderas en algunos casos, pero  absolutamente falsas para la mayoría de los casos. Hay uruguayos muy laburadores y hay de los que son medio atorrantes, sin duda, al igual que holandeses, alemanes o brasileños vagos y los que no lo son. Pero a mí no me gusta (y sospecho que a muchos uruguayos tampoco) que me incluyan en la generalización de vagos y atorrantes. En particular porque hace ya muchísimos años que trabajo más de 10 o 12 horas para sobrevivir, al igual que cientos de miles de compatriotas.
“¿Somos vagos los uruguayos?”, se pregunta Voces.
Pues no. Los propios datos oficiales del INE, contrastados con la información que brinda la OCDE, muestran que los uruguayos estamos bien en relación con ese tema. En los países europeos trabajan en promedio entre 30 y 34 horas semanales, como en Portugal, España, Finlandia, Reino Unidos, Suiza y Suecia. Los últimos cinco lugares de la lista los ocupan, además de Holanda, Alemania, Noruega, Francia e Irlanda, en todos los casos con cargas horarias inferiores a las 30 horas semanales.
Los uruguayos trabajamos en promedio seis horas más que la media de los trabajadores de los países que conforman la OCDE, que alcanzan a 33,28 horas por semana. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a 2011 muestran que la carga horaria de trabajo de los uruguayos es de 39,3 horas semanales. Los mexicanos lideran la tabla con 42,8 horas semanales de promedio y los holandeses ocupan la última posición con 26,5 horas trabajadas en promedio en la semana.
De todas formas, la tendencia es a trabajar cada vez menos, en los países civilizados, puesto que los adelantos científicos y tecnológicos, cuando están al servicio del hombre, deberían servir para que la vida sea más disfrutable y para que se pueda trabajar para vivir y no vivir para trabajar.
De manera que la contracción o no al trabajo no es una característica que diferencie demasiado a los uruguayos de los trabajadores de otros países.
Si tuviera que elegir una característica propia de los orientales (del oriente del río Uruguay), es su tremendo conservadurismo político.
El Uruguay es un país que se puede ubicar en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades que no son derecha e izquierda, como algunos nos quieren hacer creer, sino una mitad más conservadora y una mitad menos conservadora, en donde derecha e izquierda son expresiones mínimas.
El Frente Amplio obtiene el gobierno en 2005 cuando logra reunir tras su propuesta a la mitad menos conservadora. Y en ello no hay tanto un mérito de la izquierda en cuanto a convencer a las mayorías, sino más bien un rebajamiento progresivo del programa de izquierda original, hasta ponerse a la altura de esa mitad menos conservadora.
No se trata de un crecimiento de la conciencia de los uruguayos en el sentido de comprender que las políticas conservadoras que se llevaron adelante a lo largo de la historia del país eran nefastas y que se hacía necesario un cambio de rumbo radical, sino de la adquisición de conciencia por parte de la izquierda de que, si no rebajaba sus aspiraciones en cuanto a los cambios que pretendía hacer, jamás lograría llegar al gobierno.

El Uruguay es un país en donde en las últimas elecciones la abrumadora mayoría de los ciudadanos votaron por partidos conservadores, y los partidos de izquierda obtuvieron una votación mínima. A tal punto, que en la segunda vuelta se enfrentó el candidato ultraconservador Luis Lacalle Pou, que salió segundo en las generales, a Tabarè Vàzquez, el candidato del progresismo que reconoció unos días antes de las elecciones, que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que “el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo”. Cuestión que está quedando más que clara por estos días de desalojos de estudiantes y de palos policiales.

jueves, 3 de septiembre de 2015

CONSERVADURISMO AL DESNUDO

En julio de 2013 en un artículo para el Portal Rebeliòn señalé: “Para el futuro, el panorama para la izquierda no puede ser más desolador. Para lograr un viraje hacia la izquierda, necesita al menos dos cosas: un programa de izquierda y un candidato de izquierda. Ambas cosas parecen difíciles de lograr”(ninguna de esas cosas se lograron). Y agregaba: “En cuanto a candidaturas, más allá de un fuerte movimiento desde las bases por candidaturas múltiples o alternativas, es más que evidente que el ex presidente Tabaré Vázquez contará con el apoyo mayoritario de los sectores y grupos del FA… Un Vázquez que, desde que dejó su investidura, no ha hecho más que mostrar a todo el mundo que es más conservador que lo que uno podía llegar a imaginarse”.
El propio Vázquez reconoció unos días antes de las elecciones, que él puede ser más conservador que Luis Lacalle, y que “el FA es conservador, aunque no tanto como el Herrerismo”. Eso es harto evidente y el conflicto de la enseñanza viene a poner las cosas más claras  y transparentes. La declaración de esencialidad de la enseñanza, además de ilegal, es una medida más que conservadora (reaccionaria si se quiere, en la medida que ataca las libertades sindicales y el derecho de huelga), adoptada por un gobierno conservador, en una coyuntura en que la lucha de clases comienza a tensarse.Al parecer, los inversionistas comienzan a correrse hacia países como Paraguay, en donde se les dice: “vengan acá y hagan lo que quieran”,  y para competir con eso hay que terminar con las demandas de los trabajadores.
La ministra de educación, en un rapto de sinceridad muy loable, dio también una muestra cabal de hasta dónde puede llegar el conservadurismo de los integrantes de este gobierno. En unas declaraciones a la prensa expresó que “Si en vez de tener 65 tuviera 18 años tal vez estaría en la calle también manifestando”. Es decir, para María Julia Muñoz está bien luchar por un mundo mejor a los 18 años, pero lo que corresponde a los 65 es ponerle trabas a esa lucha.
En una entrevista que se le realizara a  Juan Castillo apenas nombrado Director de Trabajo, el periodista le pregunta: “Sobre su próxima función y una situación concreta: el PIT-CNT cuestionó el decreto sobre ocupación de lugares públicos que firmó el presidente José Mujica, pero el decreto existe ¿Qué hará si se ocupa un liceo?”, a lo cual Castillo respondió: “Y hay que desocupar. No voy a hacer de cuenta que la película empieza cuando yo llego. Yo entro y estas son las reglas de juego. Capaz que no las más deseadas, hay de todo, pero las reglas de juego marcan que existen decretos y leyes que marcan límites y pautas”.
Esto es, Castillo estaba dispuesto en ese momento a declarar servicios esenciales y a desocupar liceos, y su Partido no dijo una sola palabra acerca de ello. Pero ahora, cuando el movimiento sindical se puso en pie de lucha ante la situación concreta, parecen reaccionar de su letargo, luego de haber apoyado con toda el alma la elección de este gobierno conservador que además integran, y que sin duda seguirán apoyando más allá de estos decretos reaccionarios.
Acompañando este panorama conservador, El PIT-CNT, ante una medida arbitraria que atacaba directamente el derecho de huelga –derecho básico de los trabajadores organizados- apenas reaccionó con un paro parcial, y recomendó a los gremios de la enseñanza que levantaran las medidas a cambio del levantamiento de la esencialidad

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...