viernes, 27 de marzo de 2015

EN EL PAÍS DE LOS DISTRAÍDOS

No hay nada más peligroso que andar por la vida distraído; y sin embargo, eso es lo que parece pasarle a muchos uruguayos. Lo llamativo de la cuestión, es que los más distraídos son quienes menos deberían estarlo. Me explico. Yo, carpintero, puedo distraerme respecto de los problemas del precio y la comercialización de las verduras, y la consecuencia será leve, tal vez pague un pesito más la lechuga. Pero si me distraigo en las cuestiones que tienen que ver con la madera o los herrajes, o me distraigo mientras trabajo en la sierra sin fin, las consecuencias pueden ser graves.
Últimamente parece que políticos y dirigentes sindicales andan bastante distraídos y no atienden debidamente los temas que deberían importarles sobremanera.
La flamante ministra de Educación y Cultura, descubre que las promesas hechas por el presidente de la república en la campaña son imposibles de cumplir, que no hay forma, que son un disparate, que decir que  “en 2020 el 100% de los jóvenes de hasta 17 años estudie” es una payasada.
El ex presidente Mujica le advierte al presidente Vázquez que “tal vez no haya tanta plata para cumplir las promesas electorales”. Le faltó agregar: “disculpame que no te avisé flaco”. O tal vez: “es que no se me ocurrió contar la guita antes de irme, apurao como estaba con Kusturica pa terminar la pelí”.
Y el presidente descubre ahora que las cuentas andan mal. El mismo Tabaré Vázquez que durante la campaña electoral decía que no le preocupaba el déficit fiscal, ahora les manifiesta a los integrantes de la SCJ que el desequilibrio de las cuentas públicas es muy preocupante. Y uno se pregunta en este caso si es una distracción (se olvidó de preguntarle a quien ya había anunciado hace más de un año como ministro de economía y que era quien manejaba la economía desde hace diez años), o si se trata lisa y llanamente del reconocimiento de una brutal mentira a la ciudadanía en la campaña electoral.
En setiembre del año pasado (un mes antes de las elecciones), Danilo Astori fue el principal orador en la última presentación del Frente Amplio “Uruguay por Más”, y allí dijo por ejemplo que “la economía que recibirá Tabaré Vázquez está en crecimiento” y también criticó a la oposición por mantener un discurso negativo y “alarmista” de la economía del país. Sin embargo ahora Vázquez se alarma. ¿Le estaba mintiendo Astori? ¿mintieron ambos? ¿O ambos estaban distraídos?
Los dirigentes del PIT-CNT, ahora se preocupan por el estilo y por la concepción que el nuevo gobierno tiene de la democracia, porque no son consultados en los temas que conciernen a los trabajadores y porque se está gobernando por decreto. Son los mismos dirigentes que llamaron a votar a este gobierno, aquellos que nos decían que no se podía “confundir independencia con prescindencia”, para justificar su toma de partido por estos gobiernos progresistas (¿no será que ante la opción entre guatemala y guatepeor la prescindencia sea una opción más honorable?). Estaban distraídos, no se dieron cuenta que al que llamaban a votar era a Tabaré Vázquez, el mismo que ya había vetado, cuando era presidente, una ley votada en el Parlamento con mayorías abrumadoras y que beneficiaba a los trabajadores, el mismo megalómano con pretensiones de monarca que había vetado la ley del aborto.
Y doblemente distraídos, descubren recién ahora el TISA, un engendro de los Estados Unidos y la Unión Europea en el marco del grupo “Verdaderos amigos de los servicios”, con un fuerte impulso de la Coalición de Industrias de Servicios de Estados Unidos. Doblemente distraídos porque en ese engendro ultraliberal capitalista que de seguir adelante dejará con la cola para arriba a la mayoría de los trabajadores de este país -y no solo a ellos, sino también a los pequeños y medianos productores-, nos metieron los gobernantes a quienes ellos festejaron los últimos cinco años, con quienes compartieron asados en el quincho de Varela junto a la embajadora yanqui.
Ahora recién lo descubren –estamos allí desde el 2013- y le van a reclamar al nuevo gobierno que lo frene. Claro, no se les ocurrió hacerlo al gobierno anterior, faltaba más, por ahí era poner palos en la rueda, hacerle el juego a la derecha, restar votos al progresismo, pecado mortal para esta dirigencia sindical.
Digamos de paso que ni siquiera los propios legisladores del oficialismo saben nada del asunto, y ponen cara de yo no fui cuando se les pregunta. Obviamente, han estado muy distraídos de elección en elección como para preocuparse de que sus compañeros en el gobierno estén vendiendo el país.

Es probable que sigan existiendo estas distracciones. Y más que probable, será seguro que seguirán existiendo, mientras la ciudadanía siga también distraída jugando con los celulares mientras pasean por los shopping, y mientras se siga tomando la política como una contienda deportiva en donde lo que importa es ganar, así sea con un penal en la hora.

jueves, 26 de marzo de 2015

LA OEA DE ALMAGRO (publicado hoy en Semanario VOCES)

Tan solo once años atrás, Estados Unidos era dueño y señor de la OEA. En 2004 hizo elegir al ex presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, pero al año siguiente tuvo que renunciar acusado en su país de corrupción. Y tras lo que enseguida ocurrió, Washington ya no pudo ignorar que en la región nada volvería a ser como antes.
En 2005, en la nueva elección, hubo tres candidatos: el ex presidente Francisco Flores, de El Salvador, a todas luces el preferido del Departamento de Estado; el canciller Ernesto Derbez, del conservador gobierno mexicano, y José Miguel Insulza, canciller de un gobierno socialista (a la chilena). Aunque Washington invirtió todos sus recursos diplomáticos, finalmente el Departamento de Estado tuvo que aceptar a Insulza.
Estados Unidos había perdido la facultad de gobernar la OEA a su gusto. Sin que todavía existiesen la Unasur ni la Celac, aquel fue un punto de viraje, aunque algunos de sus protagonistas no lo percibieran.
En el período de Insulza hubo fuertes atentados a la democracia y momentos de tirantez entre países de la región: golpes reaccionarios en Honduras y Paraguay e intentonas golpistas en Venezuela y Ecuador, así como tensiones militares entre Colombia y estos dos países; además, las ambiguas conductas norteamericanas acerca de cada uno de esos hechos. La respuesta de la OEA a tales acontecimientos resultó inoperante.
Ello obliga a preguntar cuál ha de ser el papel de la OEA en una región que ya no volverá a ser la misma. Sobre todo después de que la Unasur y la Celac ya han asumido sus propios papeles y de que ‑gracias a la segunda‑ la exclusión de Cuba ya es historia. Esta es la parte medular de la situación de la cual deberá hacerse cargo Luis Almagro.
Hay quienes a la OEA la dan por muerta, y consideran que lo mejor que se puede hacer con ella es darle cristiana sepultura. Otros, creen que es posible reformarla y mejorarla, aunque no está claro como y para qué.
¿Qué tiene y puede aportar la OEA que le falte a esas otras dos organizaciones? Solo la presencia de Estados Unidos y Canadá y, en esa medida, cumplir el papel de foro de diálogo y acuerdos entre los gobiernos del Norte y los del Sur del Continente.
Visto así, todas las demás dependencias, atribuciones y costos de la OEA están de más. Es decir, para que ella pueda darse una función propia reconocida y aceptada es preciso reducirla, reorganizarla y tal vez trasladarla a una ubicación geográfica más neutral.
Lograrlo será el papel de Almagro, si asume el cargo para desempeñarlo significativamente, como líder y organizador de esa transformación. Pero si lo acepta para repetir el modelo de sus antecesores será un fiasco nada útil para ese organismo continental
Los EEUU necesitan una OEA dócil y a su servicio. Su visión de las reformas que el organismo necesita, están establecidas por ley: “el fortalecimiento de la paz y la seguridad, la promoción y consolidación de la democracia representativa, la resolución de disputas regionales, la asistencia y observación electoral, el fomento del crecimiento económico, la cooperación para el desarrollo y la facilitación del comercio”. Además, “la reflexión sobre la migración, el combate al tráfico ilegal de drogas y el crimen trasnacional, y el apoyo al Sistema Interamericano de Derechos Humanos” (habría que saber si incluye el respeto de los derechos humanos en Guantánamo, por ejemplo).
La propuesta de Almagro y su visión estratégica son diferentes a las que establece la ley estadounidense, aunque busca conciliar con sus propuestas administrativas y financieras. En todo caso, para América Latina y el Caribe es inaceptable que las competencias y funciones de la OEA -e incluso sus reglas presupuestarias‑ las decida una ley del Congreso norteamericano. Como tampoco es admisible que cualquier reforma de ese organismo se conciba sin tener en cuenta que buena parte de dichas funciones y competencias ahora son mejor ejercidas por otras organizaciones regionales que incluso gozan de mayor legitimidad, como la Celac y la Unasur.
¿Podrá Almagro cumplir un papel a la altura de las circunstancias? No dudamos de su capacidad personal, aunque sus antecedentes no anticipan un giro a la izquierda del organismo ni por asomo. No olvidemos que fue durante la gestión de Almagro como canciller que Uruguay pidió el ingreso a la Alianza del Pacífico, instrumento de los EEUU para destruir los demás organismos de integración latinoamericanos. Ni que fue durante la gestión de Almagro que Uruguay gestionó su ingreso al TISA, que tiene como objetivo “una liberalización del comercio internacional de servicios que limite al máximo la posibilidad de que existan fronteras económicas, regulaciones proteccionistas y empresas estatales  que obstaculicen el funcionamiento del “libre” mercado que requieren las empresas transnacionales”.

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...