viernes, 25 de julio de 2014

¿QUÉ DICE Y QUÉ NO DICE EL VOTO?

El voto no dice nada, no habla, es una papeleta con números, nombres y fotos.
Puede haber muchas razones por las que un ciudadano puede –digamos- votar al PI, pero cuando el integrante de la mesa receptora de votos extrae una lista con la foto de Mieres y un número al lado, le canta a su compañero de mesa en voz alta (para que los delegados escuchen): “un voto por el Partido Independiente”.
Lo mismo sucede con los votos por el Partido Nacional, o por el Partido Colorado o por el PERI, o por la Unidad Popular o por el PT o por el Frente Amplio. Quien extraiga una papeleta de la urna por algunos de esos partidos dirá: “un voto por el Partido Colorado, lista tal”, o bien “un voto por el Partido Nacional, lista cual”, etc....
No hay forma de hacer ninguna discriminación intencional. Es decir, nadie podrá extraer una lista de la urna y decir por ejemplo en voz alta para que los delegados escuchen: “un voto por el Frente Amplio por parte de un ciudadano que quiere expresar que, si bien lo está votando, tiene una serie de reclamos que expresar respecto de algunas cosas que dicho partido ha estado haciendo en el gobierno y con las cuales no está en absoluto de acuerdo; manifiesta que esta vez los vota pero que en realidad lo hace porque no votarlos sería aún peor, ya que no hacerlo significaría que perdieran las mayorías parlamentarias e incluso el gobierno”.
No, no existe esa posibilidad. No existe en la papeleta un casillero, o un espacio al dorso en donde el ciudadano pueda incluir digamos... “observaciones”. Un voto es un voto, y no se puede extraer de allí ninguna otra observación más que esa: el ciudadano X votó por el partido tal.
A través del voto, el ciudadano solo expresa una opción. Del abanico de posibles partidos y sectores el ciudadano opta por votar a tal o a cual o a no votar por ninguno. No hay forma de expresar otra cosa a través del voto.
LAS SUPUESTAS RAZONES
Si bien podemos a priori sostener que hay infinidad de razones por las que un ciudadano vota a un partido y no a otro, serán siempre meras especulaciones, y los partidos siempre sacarán una sola conclusión: hemos podido captar el voto de X cantidad de ciudadanos.
Y también podemos decir lo siguiente: a ningún partido le interesa demasiado “por qué” el ciudadano lo vota. Lo que le interesa es que lo vote. Podría decirse que le importa un rábano por qué lo vota.
Si es un partido de derecha, le importará muy poco si usted es un ciudadano de derecha convencido de lo que ese partido propone para cuando esté en el gobierno, o si usted es un ciudadano de izquierda que lo está votando para castigar al partido de izquierda al que pertenecía, o si es un ciudadano de centro que tiró una moneda al aire para elegir la lista que pondría en el sobre o si jugó al ta te ti dentro del cuarto secreto. Lo que le importa es que lo votó, porque con su voto obtendrá X cantidad de bancas en el Parlamento o tal vez el Poder Ejecutivo.
Lo mismo sucede en filas de la izquierda. Le importará muy poco si el voto proviene de un ciudadano de izquierda convencido, o de un ciudadano conservador o de derecha al que le ha ido bien con un gobierno de izquierda, o si el voto proviene de un ciudadano de izquierda muy disgustado con lo hecho por su gobierno pero que mantiene alguna esperanza, o si proviene de un ciudadano de izquierda que ya no tiene ninguna esperanza en su partido pero que está eligiendo el mal menor. Al partido de izquierda no le importará sus razones, sino que lo vote.
Y esto no es una elucubración de una mente perversa. Es posible verlo directamente del discurso de quienes pretenden obtener el voto de los desconformes, de los desilusionados. Se les dice directamente y sin tapujos: “voten por nosotros, porque si no, lo que viene es peor”. Algo así como decirnos: no me importa si me votas convencido de que soy bueno y que voy a hacer cosas buenas; me alcanza con que me votes porque los otros son peores. Lo que preciso es tu voto, para que ellos no ganen.
OTRAS OPCIONES
El voto anulado, tiene la particularidad que es usado también como forma de protesta, o como expresión de disconformidad, pero en los hechos, cuando la Corte Electoral anuncia los resultados y dice que hubieron X cantidad de votos anulados, nadie puede decir cuantos de esos votos expresan alguna forma de protesta y cuantos se anularon  por algunas de las tantas causales de anulación normales.
Lo mismo puede decirse de la abstención. Si bien puede utilizarse como forma de protesta, es una protesta que no trascenderá, porque lo único que se sabrá es que había X habilitados para votar y que votaron Z, pero las razones por las cuales esos Z no votaron pueden ser innumerables (por estar en el exterior, por haber fallecido y no haber sido eliminado del padrón, por estar enfermo, porque se olvidó, porque tenía mejores cosas que hacer, etc).
De manera que si hay un voto absolutamente claro, ese es el voto en blanco. Ese voto, no admite dos interpretaciones, es un sobre vacío, no contiene ninguna lista, por lo tanto, ese ciudadano lo que expresó allí es que no está de acuerdo con ninguna de las opciones del menú que se le ofrece en esa elección. No le gusta ninguno, y por eso no pone ninguna lista. Concurrió a votar porque es obligatorio, pero no se siente representado por ninguna de las opciones.
OPOSICIÓN Y GOBIERNO
Puede decirse que el voto por un partido de oposición tiene un mayor componente de esperanza. Quien vota por alguno de los partidos que no está gobernando, es porque supone que ese partido lo hará mejor que el que gobierna en ese momento; confía en sus propuestas y en las personas que está votando para que las lleven a cabo. Lo hace tal vez porque ya los vio gobernar alguna vez y quedó conforme con lo hecho, o tal vez porque simplemente tiene elementos de juicio para pensar que lo harán mejor que los actuales.
El voto por el partido de gobierno, en primer lugar avala lo hecho, premia a ese partido por todo lo hecho en los cinco años, y además pone esperanza desde luego en que lo seguirá haciendo bien en los próximos cinco.
El voto oficialista avala lo hecho y lo avala en su conjunto. Como decíamos más arriba, la papeleta no tiene un casillero de observaciones; el votante oficialista no puede con su voto decir: avalo la recuperación salarial pero rechazo el envío de tropas a Haití, o aplaudo la reforma de la salud pero estoy absolutamente en contra de la megaminería, o apruebo totalmente el matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana pero repruebo la extranjerización y concentración de la propiedad de la tierra. Eso no es posible. El voto por el oficialismo es un voto que aprueba la gestión en su totalidad.
LAS CONCLUSIONES
Finalizadas las elecciones, lo que los partidos tienen son datos numéricos objetivos, a partir de los cuales sacarán sus conclusiones.
Si obtuvieron los votos que pensaban obtener o que creían merecer, estarán conformes, y probablemente dirán: hicimos las cosas bien.
Si obtuvieron menos votos de los que esperaban, seguramente tendrán que ponerse a analizar las razones, hacerse una autocrítica, y cambiar lo que deba ser cambiado para que en las próximas elecciones no les suceda lo mismo.
Y esto último es muy pero muy importante.
Si alguien está conforme con lo que su partido ha estado haciendo durante los cinco años que van de una elección a otra, y quiere que siga haciendo lo mismo, deberá votarlo, porque ese dato numérico es lo único que obtendrá su partido de la elección para evaluar su gestión.
Si alguien está desconforme con lo que su partido ha estado haciendo durante los cinco años que van de una elección a otra, y quiere que su partido cambie, no tiene otra forma de manifestarlo que no votándolo. Porque si su partido obtiene una buena votación, concluirá que ha estado actuando bien y que por eso recibió el espaldarazo de la ciudadanía, de manera que no cambiará ni un milímetro lo que está haciendo, y hasta es posible que siga profundizando el rumbo, porque los resultados electorales le confirman que va por el buen camino.
Como dice Hoenir Sartouh en un reciente artículo: “ fingir que nada ocurre, que “vamos bien” y que los ”errores” se corregirán mágicamente si seguimos votando disciplinadamente a quienes los cometen, es ingenuo”.
Una aclaración final: estamos hablando exclusivamente del voto. Está claro que por ejemplo, alguien desconforme con la actuación de su partido puede votarlo igual, e intentar cambiarlo por otros medios, ya sea militando directamente en la estructura partidaria, en su sindicato u organización social, o manifestando su disconformidad de otras maneras posibles. Deberá evaluar, claro está, cuál de las opciones es más efectiva. 


jueves, 24 de julio de 2014

INVESTIGADORAS QUE INVESTIGUEN

(Publicado en VOCES del 24/7)

La posibilidad de instalar comisiones investigadoras existe en la mayor parte de los países, y estas pueden cumplir una tarea importante para el funcionamiento del sistema democrático, sobre todo en lo que tiene que ver con el rol del Parlamento como institución controladora del Poder Ejecutivo. Más aún cuando el ejecutivo en cuestión tiene mayorías parlamentarias.
Obviamente que tienen sus costados criticables. Por ejemplo, a veces contribuyen a hacer de la política un circo, haciendo incluso que algunos parlamentarios se especialicen en eso como forma de obtener visibilidad y fama. No obstante, ninguno de sus defectos opaca las virtudes que tienen, en la medida que son una caja de resonancia en la cual la ciudadanía tiene la oportunidad de analizar y evaluar la conducta de sus gobernantes, el grado de transparencia y  honestidad con el que actúan, etc.
Es un hecho que a los gobiernos no les gusta ser analizados con lupa, de manera que no es raro ver que las bancadas oficialistas bloqueen la posibilidad de  que se investiguen los actos de sus gobiernos.
De la misma manera, se intentan por todos los medios limitar los alcances de estas comisiones. Hay que recordar por ejemplo que cuando se reglamentó el artículo 120 de la Constitución mediante la ley 16698, allí se establecía la posibilidad de que estas comisiones pudieran levantar el secreto bancario, artículo que fue vetado por el presidente Luis Alberto Lacalle.
En nuestro país la ley establece (art.10) que toda Comisión Investigadora deberá en primer lugar “ser precedida del nombramiento de una Comisión Preinvestigadora, cuya integración será determinada por el Presidente del Cuerpo de que se trate, cuidando que estén representados en lo posible, todos los partidos políticos que integran el Cuerpo”.
Si bien actualmente los partidos políticos que integran nuestro Parlamento son cuatro, lo usual por parte del Frente Amplio ha sido integrar estas preinvestigadoras con dos legisladores del oficialismo y uno de la oposición, y en general se han negado a votar luego la instalación de las investigadoras.
¿Es posible que estas comisiones funcionen y cumplan el papel que deben cumplir? Sí, claro que es posible. Una de las formas sería que los partidos políticos comprendieran que cualquier investigación sobre supuestos hechos de corrupción es buena, tanto si concluye en la confirmación de que esos hechos existen como si concluyen en lo contrario. Si concluyen en lo contrario, porque despejan las dudas sobre la honestidad de los involucrados, y eso la ciudadanía lo valora. Si se comprueba la veracidad de las denuncias, porque permite erradicar la corrupción o contenerla, y porque exhibe ante la ciudadanía una transparencia real y no declarativa.
Claro que no es esperable una comprensión partidaria de ese estilo, por lo cual sería bueno que en un próximo período –en el que probablemente haya un ejecutivo sin mayorías parlamentarias- la oposición tome las banderas y modifique la ley 16698 (por ejemplo haciendo obligatoria las comisiones investigadoras ante el planteo fundamentado de cualquier legislador), y agregando elementos que favorezcan la posibilidad de ir a fondo (por ejemplo incluyendo la posibilidad de levantar el secreto bancario).

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miércoles, 23 de julio de 2014

NO TRASLADAR LA RESPONSABILIDAD


Me vienen a convidar a arrepentirme,me vienen a convidar a que no pierda,mi vienen a convidar a indefinirme,me vienen a convidar a tanta mierda.

(Silvio Rodríguez)





He leído con atención un interesante artículo de Constanza Moreira, al que tituló “El voto perdido” (http://www.pvp.org.uy/?p=5200), y que está dirigido obviamente hacia los que la senadora considera “rebeldes, desilusionados y disconformes”. Como me considero uno de los tantos rebeldes, desilusionados y disconformes, haré algunas consideraciones sobre su contenido.
ESTA DEMOCRACIA
Constanza dice que “Cuando una democracia funciona bien, la ciudadanía siente que su voto ayuda a cambiar las cosas”, mientras que cuando esta funciona mal, “la gente difícilmente tenga la percepción de que su opinión importe y se vuelve apática (desinteresada) o refractaria (desconfiada, negativa) respecto de la política”.
Esto nos pone ante una primera cuestión: nuestra democracia...¿funciona? la ciudadanía ¿siente que su voto es útil? ¿o por el contrario percibe que su opinión poco importa y por tanto está apática, desinteresada, desconfiada respecto a la política?
Si uno tiene en cuenta el grado de participación política en las distintas instancias, y si uno mira el caso concreto del voto –en especial el caso de las elecciones internas, único en el que puede medirse el grado de interés puesto que no son obligatorias- podemos concluir que si bien la confianza en la política (o en los políticos) no está por el piso, viene en franco descenso. Estas internas fueron las que tuvieron menor participación desde que se realizan, pero el dato nada menor, es que el descenso progresivo y precipitado afecta en mayor medida justamente al conglomerado progresista: el Frente Amplio.
Por lo tanto, la primera conclusión a la que habría que llegar es que, en función de la participación a través del voto, nuestra democracia no estaría funcionando del todo bien, y que la desconfianza y la apatía hacia la influencia que pueda tener el voto afectan, en particular y severamente, a las fuerzas progresistas.
En cuanto a las causas de que esto suceda, Moreira apunta al interés que la derecha tiene en esto, pero nada dice acerca de la izquierda. Dice que “Todas las derechas del mundo, desde el principio de los tiempos, han buscando la “incompetencia política” de las masas; antes, privándolas del voto sin mas, y hoy, haciéndoles sentir que es “inútil”, y que al final, todos somos lo mismo”.
Eso, que sin duda es cierto, no es toda la verdad. También sucede que la ciudadanía siente que su participación es inútil y que al final todos son lo mismo, porque lo comprueba en los hechos puros y duros. Algunos luego de haber militado fuertemente en filas de la propia izquierda, otros simplemente leyendo los diarios. Cuando la izquierda llega al gobierno y hace las mismas cosas que criticaba a la derecha, e incluso profundiza algunas de las peores cosas de los gobiernos de derecha, la ciudadanía se desilusiona, y no es culpa de la derecha.
¿DOS BLOQUES?
Constanza habla luego de las próximas elecciones de octubre, y dice que “Por un lado compite el Frente Amplio, y por otro, los partidos tradicionales. Con todos los matices y precisiones que se quieran hacer, son dos grandes bloques: el “progresismo”, y el "conservador". Y en función de esto, agrega que “La elección debiera ser moderadamente simple: quienes participen de una visión del mundo identificada desde el “progresismo” hacia la izquierda, deberían votar al Frente Amplio. Quienes participen de una visión del mundo identificada con el “conservadurismo” deberían votar a blancos y a colorados”.
Este –para Constanza- sería “el fin de la ideología”: simplificar elecciones que debieran ser mucho más complejas. Si sos progresistas, votás Frente Amplio, y si sos conservador, votás blancos y colorados.
Más allá de que la simplificación es brutal –y para mí inesperada, proviniendo de una politóloga (tal vez la politóloga esté dando paso a la política partidaria)-, deja de lado cualquier otra opción que no sea el voto por estos grupos políticos. Lo cual tiene un grave inconveniente, si tenemos en cuenta que el abstencionismo –en las pasadas internas- superó ampliamente a todos los partidos políticos juntos. Y ni que hablar si le sumamos los votos en blancos, los anulados y los votos por el resto de los partidos que participaron en esa elección. Lo cual estaría indicando que la gran mayoría de la población es ajena a esa simplificación brutal.
IZQUIERDA Y DERECHA
Pero la prueba más contundente de que esa simplificación es brutal y además irreal, la da la propia Constanza inmediatamente después, cuando intenta definir y separar a la izquierda de la derecha.
Moreira dice que nadie debiera confundirse, que la derecha puede parecer moderna “pero se oponen con ferocidad a todo lo que es avance en materia de derechos: rechazan el voto en el exterior, obligan a que la ley de cuotas para mujeres sólo se aplique con un período, desechan el derecho internacional para quedarse con leyes “domésticas” que como la Ley de Caducidad, generan impunidades de todo tipo, reaccionan contra las pretensiones del FA de buscar alianzas con los países de América Latina, rechazan la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario”.
Está claro que sobre cualquiera de esos temas, encontraremos en filas del progresismo gente que piensa tal como describe Moreira. Sobre la ley de caducidad sin dudas, pero también sobre las alianzas con los países de América Latina (junto a quienes prefieren acercarse al imperialismo yanqui); si el rechazo a la despenalización del aborto es un símbolo de pertenencia a la derecha, no debería olvidar que su candidato fue el que vetó la ley que lo despenalizaba, y que trabajó junto a la derecha para anular la nueva ley mediante un referéndum; y sin dudas está poniendo en filas de la derecha a muchos sectores del FA que no ensobraron en 2009 la papeleta del SI rosado, y obviamente al 62% de la población que no aprobó el voto en el exterior.
Luego Constanza dice que la izquierda, en cambio, nunca consigue estar a la altura de sus aspiraciones, que serían “cambiar el mundo”. Por eso “elabora una ley de medios (que toda la derecha rechaza), pero recién la vota después de las elecciones” (después de las elecciones hablamos), “elabora una política de aumento de los salarios de los trabajadores, pero la limita a las metas inflacionarias, vota la cuota y presiona por más mujeres en política, pero nunca llega a poner tantas mujeres como hombres en el gabinete, defiende a los más pobres, pero le cuesta desafiar el poder de los más ricos La izquierda oscila, como todas las izquierdas, entre las exigencias de gobernar el orden, y la inquietante tarea de cambiarlo”.
Y Constanza razona: “Y bien, justamente eso es lo que desmotiva, desilusiona y fastidia a la ciudadanía de izquierda”. ¡¡¡bingo!!!
LA MADRE DEL BORREGO
¡¡Y claro!! Ahí está la madre del borrego Constanza!! Un progresismo timorato, que insinúa pero no hace, que declama pero para la tribuna, que se preocupa más en proteger los intereses del capital que del trabajo, que descarga una carga impositiva sobre el trabajo y rebaja impuestos, les otorga zonas francas y franquicias y exoneraciones de todo tipo al gran capital.
¿Por qué razón un ciudadano de izquierda debería sentir que su voto es útil si el gobierno que vota hace todo lo contrario de lo que una concepción de izquierda indica?
¿Cómo hace alguien que se hizo de izquierda viendo como unos barbudos en una isla por allá arriba en el mapa tiraban abajo los carteles de la TEXACO, símbolo del imperialismo yanqui, cómo hace para entusiasmarse, si el gobierno de izquierda que vota le pone como ministro de industria a un gerente de la TEXACO?
¿Cómo puede creer en la utilidad de su voto un ciudadano de izquierda que se hizo de izquierda sosteniendo la bandera de la reforma agraria, si el gobierno que votó extranjerizó y concentró la propiedad de la tierra como nunca en la historia de este país?
INACEPTABLE
Recomienda Constanza: “En estas elecciones, debemos dar un mensaje para todos los descontentos, los descorazonados, los desilusionados, ...El mensaje es simple: tu voto es decisivo. Y no da lo mismo lo que hagas”.
Por eso, no habría que votar ni en blanco ni anulado, porque sus consecuencias serían la pérdida de la mayoría parlamentaria por parte del FA. Tampoco serviría “el voto a los pequeños partidos que se presentan como alternativas “por izquierda”, y que en general, provienen de personas que alguna vez fueron de izquierda, y que parecen mucho más empeñados en combatir a la izquierda que en presentarse como serios adversarios de la derecha. Más allá de la justeza de lo que estas opciones proponen, lo cierto es que este voto difícilmente pueda traducirse en una “bancada parlamentaria” que ayude al FA a ser “más de izquierda”.
También concluye Constanza que “ todo “voto castigo” al FA, es un voto –indirecto- a Lacalle Pou, figura sobresaliente del bloque conservador”.
No estoy de acuerdo, y rechazo terminantemente y con desagrado la afirmación de que el voto castigo al FA sea considerado un voto indirecto a Lacalle Pou. Yo votaré en blanco en las elecciones de octubre, y si el FA pierde las elecciones, será por lo que hizo y por lo que no hizo durante estos 10 años. Si el FA, por su accionar conservador, mediocre y pro capitalista durante estos 10 años, pierde la mayoría de los votos que tenía, el único culpable es el propio FA. No se puede trasladar la responsabilidad de la debacle a los votantes.
Si el FA pierde las mayorías parlamentarias y tal vez el gobierno, será porque su presidente vetó la ley del aborto, porque firmó un tratado protegiendo las inversiones del imperialismo yanqui, porque envió tropas a Haití, porque pidió ayuda a Bush para asustar a los vecinos, porque extranjerizó y concentró la propiedad de la tierra como nunca en la historia, porque trajo la mega industria de celulosa, la megaminería, los transgénicos y todo lo demás, porque no tuvo el valor de terminar con la impunidad, porque su presidente fue al parlamento a decirle a los legisladores del FA que no votaran la ley que anulaba la ley de caducidad, por los actos de corrupción y por un sinnúmero de causas más. Será por su propia responsabilidad, y no por culpa de quienes queremos al menos conservar nuestra dignidad y decir que eso no lo aceptamos de ninguna manera, que no seremos cómplices, que con nosotros no cuenten para tanta basura.


jueves, 17 de julio de 2014

18 DE JULIO....HABLANDO DE CONSTITUCIÓN....


Una característica histórica del sistema de partidos uruguayo fue su alta "sectorización" o fragmentación interna. Esto fue consecuencia de la legislación electoral que, hasta la reforma constitucional de 1996, habilitaba el doble voto simultáneo, con lo que en un mismo partido podían coexistir diversos sectores o plataformas programáticas (sublemas) que incluso podía ser antagonistas. No sólo habían distintos sectores, sino que estos se expresaban además en varios candidatos presidenciales simultáneos en un mismo partido; así se caracterizó este sistema durante el sigloXX.
Este sistema electoral era el que permitía esa especie de rastrillo, mediante el cual los partidos juntaban votos de todo el espectro, al presentar a la ciudadanía un ala izquierda, un ala derecha y un ala de centro, de manera que la elección de uno u otro partido tradicional tenía más que ver con preferencias familiares o cuestiones históricas en relación con las divisas que con cuestiones programáticas.
Así coexistían en perfecta armonía y acumulaban para el mismo proyecto, por ejemplo, un Oscar Gestido y un Jorge Pacheco Areco junto a un Zelmar Michelini o un Amílcar Vasconcellos en el Partido Colorado, o un Martín Echegoyen un Alberto Gallinal y un Wilson Ferreira Aldunate en el Partido Nacional.
Esto fue duramente cuestionado y combatido por la izquierda, y desde la conformación del Frente Amplio en 1971, el lema fue: “un solo programa, un solo candidato”, como forma de diferenciarse claramente de lo que era el engaño electoral que se llevaba adelante por parte de los partidos tradicionales.
Una vez retornada la democracia en 1985, progresivamente se fue intensificando el debate en materia político-electoral y se dieron pasos tendentes a darle una nueva expresión al sistema de partidos. Así, con la reforma constitucional de 1996, se instauró un sistema de elecciones internas
 que procuraba darle más organicidad al funcionamiento de los partidos, eliminando el doble voto simultáneo e instaurando las elecciones internas para definir el candidato único de cada partido y el respectivo candidato a vicepresidente.
¿CAMBIOS?
Sin embargo, la reforma constitucional no parece haber cambiado demasiado la situación descripta. Por más que los partidos ahora lleven un candidato único, el rastrillo sigue funcionando.
Los partidos tradicionales siguen presentando en sus filas un menú variado para satisfacer a su electorado, con grupos abiertamente de derecha y otros no tanto. Y la misma situación se da ahora, también, en lo que alguna vez fue la izquierda.
Una vez en el gobierno, algunos de esos conceptos que habían sido antes duramente cuestionados, comenzaron a ser relativizados por la dirigencia frenteamplista. Lo de las candidaturas únicas y las fórmulas decididas en un Congreso dejó de ser una cuestión de principios, dando lugar a las experiencias de múltiples candidaturas en algunas elecciones departamentales primero (aplicando sin ningún pudor el viejo rastrillo tradicional), y luego habilitando varias candidaturas a la presidencia para las elecciones internas (no faltaron dirigentes que llegaron a proponer que para las internas cada precandidato debía ir con su propio programa).
Y si bien el programa sigue siendo un programa único y se sigue resolviendo en la máxima instancia partidaria, en los hechos parecería que existieran dos: uno que aprueba el Congreso y otro que aplica el gobierno, y no siempre ambos coinciden. Esto sucede porque muchas veces lo expresado en el programa es tan vago y amplio que luego permite diversas y muy variadas interpretaciones. Otras veces porque las decisiones tomadas en los Congresos se desvirtúan o directamente se tuercen por parte de los dirigentes en el gobierno o por instancias partidarias de menor nivel. Además de que por cierto los gobiernos del FA toman luego decisiones sobre temas importantísimos sobre los que nunca tomó decisión alguna el Congreso ni ninguna otra instancia partidaria (el ejemplo del TISA es muy actual y contundente).
Hace pocos días un connotado dirigente del FLS criticaba al grupo de los ocho, diciendo que “lo que une a los grupos que integran el sublema es que no tienen un “planteo integral, coherente sobre la política económica”, y la respuesta proveniente de un diputado integrante de ese grupo de los ocho no pudo ser más acertada. Respecto de la política económica, el diputado enfatizó que es la “de todo el FA” y no es patrimonio del FLS. Reconoció que “existen matices en cuanto al rol del Estado y del mercado”, pero la política económica se ha “consensuado”.
Y eso es tal cual. Porque también el Frente Amplio, en esta era progresista, presenta a su electorado un abanico de posibilidades, desde las más izquierdosas a las más conservadoras. De hecho, todos los grupos integrantes de el sublema conocido como el grupo de los ocho, apoyaba la misma candidatura a la presidencia en las internas que el FLS, al mismo candidato que dijo que llevaría como ministro de economía a quien ha dirigido la política económica de los gobiernos del FA desde el inicio.
Y es que a la hora de gobernar, las diferencias no existen, y la concentración y extranjerización pasmosa de los medios de producción llevada a cabo en estos últimos diez años –por poner un solo ejemplo-, la política económica al servicio de los grandes capitales extranjeros y autóctonos, es una obra conjunta de todos los grupos del FA.

jueves, 3 de julio de 2014

NO HAY FIFA SIN FANATISMO

(Publicado el 03/07/2014 en Semanario VOCES)

Suárez se equivocó y feo. Cometió una falta infantil (para un profesional del fútbol que está jugando un mundial); tuvo suerte de que el árbitro no viera la mordida, lo que hubiera significado su expulsión inmediata, dejando a su equipo con un jugador menos en un partido definitorio. No corrió la misma suerte con la FIFA, (que sí vio la mordida gracias a las cámaras de TV), que actuó de oficio y lo sancionó. Una sanción que –concuerdo con la gran mayoría de la opinión pública- fue absolutamente desmedida y abusiva, pero que no significa –aquí no estoy de acuerdo con la mayoría- un ataque a la selección uruguaya. No somos ese equipo imparable al que si no se lo deja afuera por métodos espúreos inevitablemente te lo cruzarás en una final. Convengamos que si no fuera por la mano de Suárez en el partido contra Ghana, nos hubiéramos vuelto más temprano a casa del mundial de Sudáfrica, y por primera vez en la historia un equipo africano se hubiera metido entre los primeros cuatro lugares.
Las vivezas tienen eso, si nadie se da cuenta está fenómeno, todos festejamos (aunque otro termine jodido) pero si te pescan, sonaste.
Ahora bien, ¿se podía esperar otra cosa de una empresa u organización supranacional que lucra con carne humana? No, seguramente que no se podía esperar otra cosa. Porque además se trata de una organización trasnacional bancada por empresas multinacionales imperialistas y explotadoras, que pagan millonadas de dólares a los futbolistas y miserias a sus empleados.
Pero, tanto la FIFA como las empresas multinacionales que sponsorizan el fútbol, no son imperialistas y abusan de su poder desde el momento que se sanciona a Suárez. Lo son desde siempre, aunque algunos lo descubran ahora. Lo eran hace ya rato, cuando en junio de 2012 el presidente José Mujica agradeció la presencia de Blatter en nuestro país y destacó su “compromiso con esta parte de América”, por más que ahora el presidente ¿se avive? y diga que la FIFA está dirigida por “unos viejos hijos de puta” (muy diferentes a los inquilinos de Domingo Arena, que son unos pobres viejitos que deberían estar en sus casas cuidando a sus nietos).
¿Cómo luchar contra ese poder abusivo? Es complicado. Entre otras cosas, porque los actores involucrados sacan también enormes tajadas de esa torta que nadie quiere dejar de comer. El público somos solo eso, público, pero por sobre todas las cosas, consumidores, somos quienes les damos de comer a todos ellos.
Es un problema mayúsculo, porque el fútbol es un espectáculo, y el espectáculo se retroalimenta con lo que genera en el público. Es difícil enfrentar el mecanismo por el cual la sanción a un jugador genera una reacción fanática y exacerbada que provoca que el hecho se sostenga en el tiempo en todos los medios de comunicación del mundo, generando a su vez toneladas de publicidad y ventas para las multinacionales que apoyan y sustentan a quienes generaron la sanción.
Así como no existiría prostitución sin clientes, o narcotráfico sin consumidores de drogas, no existiría una FIFA todopoderosa sin un público suficientemente fanatizado como para permitirlo todo y condenarlo todo al mismo tiempo y por las mismas razones.

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...