miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Y QUÉ ESPERABAN?

(Publicado esta semana en Semanario VOCES)

El abstencionismo reciente en Chile es una clara señal de las cosas que alguna izquierda vernácula todavía no quiere ver, y que tiene relación con lo que se han denominado por estas tierras “progresismos”, que no son otra cosa que socialdemocracia para países empobrecidos (técnicamente: neodesarrollismos).
Siempre ha existido un abstencionismo natural y lógico; el de aquellos ciudadanos que les importa un rábano la política (no se ocupan de la política, aunque la política se ocupe de ellos) y solo votan porque es obligatorio.
Lo nuevo, es un abstencionismo de otro carácter, el que está fundado en el desencanto hacia aquellos que habían prometido transformar la sociedad (hacer temblar las raíces de los árboles), pero que llegados al gobierno no hicieron otra cosa que continuar con las mismas políticas de siempre, embellecidas con algunos cosméticos denominados políticas sociales. El primer abstencionismo es simple desinterés, el nuevo es una actitud militante.
Las socialdemocracias europeas, mientras tuvieron recursos suficientes para proveer un “estado de bienestar”, contaron con el beneplácito de los electorados. El problema es que sus pares vernáculos, para conseguir los recursos para eso, han recurrido a lo que siempre criticaban: al inversor extranjero, han hecho Tratados de Libre Comercio con el imperialismo (o les han protegido sus inversiones), han traído el extractivismo, la megaminería y cuanta industria contaminante ha sido posible, han extranjerizado y concentrado la propiedad de la tierra, desarrollado cultivos transgénicos al máximo, etc., mostrando al desnudo lo que realmente son: el mismo perro con diferente collar.
Y esto, más que enamorar a su antiguo electorado de izquierda, lo ha hecho alejarse cada vez más, asqueado y dolido, buscando otras opciones de cambio, a través de los movimientos sociales. Difícil que alguien de izquierda se enamore de un proyecto de esa naturaleza, con dirigentes que confraternizan con embajadores yanquis y el top ten de la burguesía criolla. No es extraño que Bachelet haya obtenido apenas el 24% y que al oficialismo uruguayo le vengan ciertos sarpullidos por ello.
El drama de estos progresismos es que en el corto o mediano plazo terminan perdiendo las mayorías parlamentarias, por lo cual ni siquiera pueden aplicar sus modestos planes ya que tienen que negociarlos con la derecha, hundiéndose definitivamente en el descrédito.
¿Es viable un modelo de izquierda? El aplicado por Hugo Chávez en Venezuela es de izquierda; es un modelo que siempre va a más, y que enfrenta al poder y al imperialismo en lugar de confraternizar amigablemente con ellos, y por eso ha entusiasmado a su pueblo. Y el modelo cubano es una muestra clara de que existen otros caminos. Obvio que no son modelos a copiar, pero indican que es posible...siempre que lo que se quiera sea transformar la sociedad.
Menos de la mitad de los chilenos creen en las elecciones; un 24% cree en el progresismo. Como diría Ignacio Copani: “Y qué esperaban?...Que los aplaudan?...Que los alienten con palmaditas sobre la espalda?”

EN LA ENCRUCIJADA


Algunos sectores que se autodenominan “la izquierda” dentro del FA, definieron como estrategia introducir una serie de cambios en las bases programáticas que discutiría el Congreso; cambios que tenderían a producir un giro a la izquierda en un posible próximo gobierno, dado el notorio posicionamiento al centro del anterior y del actual.
El grupo denominado de los 8, estaba integrado por el PCU, el MPP, el FIDEL, la 5005 de Diego Cánepa, la Vertiente Artiguista, la Liga Federal (Darío Pérez), Compromiso Frenteamplista (Raúl Sendic), y el MAS.
Uno tiende a preguntarse por qué estos grupos intentaban ahora un giro a la izquierda, cuando es notorio que la mayoría de ellos participaban del gobierno y podían haber intentado ese giro mucho antes. Diego Cánepa (5005) es notoriamente un actor destacado del gobierno, y ha recorrido todo el espectro político del FA. En las internas de 2008 comenzó apoyando la candidatura de Astori, y a los pocos días pasó a integrar el comando de campaña de Carámbula; como ninguno de ellos ganó, terminó como secretario del ganador, Mujica, y estuvo a su lado durante todo el período de gobierno. Raúl Sendic (Compromiso Frenteamplista) –ex 26 de Marzo- fue el presidente de ANCAP hasta hace bien poquito, y contaba –y supongo que cuenta- con el respaldo nada menos que de Mujica y de Tabaré Vázquez (muchos hablan de su “delfín”). Enrique Rubio estuvo dirigiendo la OPP en el anterior gobierno y ha sido senador en el actual. El MPP tuvo y tiene la mayor bancada parlamentaria que ha tenido el FA, y además al presidente de la república y varios de los ministros del gobierno. El PCU ocupó el MIDES un tiempo y luego el MSP. Es decir, sectores y personalidades con incidencia en el gobierno, y que sin embargo o no se molestaron en intentar, o no lograron imprimir, un rumbo de izquierda en estos 8 años de gobierno frenteamplista. Al parecer, pensaban lograrlo con unas cuantas propuestas que hacían énfasis en el aspecto económico y en la distribución de la riqueza, presentadas días antes del Congreso.
Tienen todos sin duda algo en común: su discurso previo hacía énfasis en que lo fundamental era el programa, y que lo de las candidaturas era secundario. No obstante lo cual todos ellos primero definieron qué candidato apoyarían y recién después se dedicaron al programa.

UNA ESTRATEGIA FALLIDA

Lo cierto es que la estrategia les falló (incluso hasta la de salir del Congreso con un candidato oficial). Tal vez porque confunden “acumulación” y “correlación de fuerzas” con cuentas de almacenero, en donde se suman y se restan delegados que tal vez estén afines con sus propuestas. Pero la acumulación es algo bien diferente, es sumar cabezas ganadas para determinadas concepciones, cosa que se logra dando una lucha ideológica constante y sin concesiones, y en todos los ámbitos por esas concepciones (cosa que ha brillado por su ausencia).
Ahora el problema es otro. Más allá de lo que se diga ahora (Eduardo Lorier luego del Congreso:  "quedan abiertas las posibilidades a una importante profundización de los cambios"), la estrategia fallida terminó en un programa mediocre, lleno de buenas intenciones y supuestas voluntades de aspirar a hacer cosas más o menos progresistas. Y entonces se ha transformado en una encrucijada.
Porque un programa más concreto, con cifras ciertas y plazos determinados, podría haber hecho pensar a estos grupos (equivocadamente) que podría embretar a cualquier futuro presidente, y tal vez esa haya sido la apuesta. Si no, no se entiende la lucha denodada por un giro a la izquierda y similar empeño (en forma muy paradojal) en postular al candidato más a la derecha, al que no aceptaría un giro a la izquierda y lo ha planteado reiteradamente. 
Ya hemos podido ver que eso no es posible, y que el programa jamás embreta a nadie, y que el programa puede decir frigorífico multimodal y no pasa nada, y que el programa puede decir Convención Nacional Constituyente y tampoco pasa nada, y que el programa puede decir anulación de la ley de impunidad y no pasa nada, etc...

UN GIRO POSIBLE

Pero si un programa concreto no embreta a nadie, menos lo hará un programa que no dice nada y que solo contiene buenas intenciones.
Un programa como este último, como el aprobado en el reciente Congreso, solo podría ser explotado y aprovechado al máximo por un presidente que realmente tenga intenciones de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. Esto es, por un/a presidente de izquierda, que forme un gabinete de izquierda y que conduzca al gobierno con un rumbo de izquierda, apoyado en la participación y movilización constante de sus bases militantes. De lo contrario, las buenas intenciones quedarán en nada.
Y la encrucijada para estos grupos supuestamente de izquierda, es que si con este programa aprobado, triunfa el candidato que ellos apoyan –Tabaré Vázquez-, es obvio que conformará un gabinete a su medida, y en consonancia con quienes han venido llevando la conducción económica desde hace 8 años: el FLS, desestimando la participación popular y apoyándose en los almuerzos de ADM. Por lo cual la película será la conocida, tal cual lo planteó el director de la DGI Pablo Ferreri una vez finalizado el Congreso:  "Claramente la línea de la política económica se mantiene". Tal vez con un agravante: la pérdida de la mayoría parlamentaria, lo que determinaría que un gobierno de centro, termine negociando un programa de centro con la derecha.
En definitiva, si realmente lo que se quiere es lograr un giro a la izquierda en el próximo gobierno, y aplicando lo dicho por estos mismos grupos en su momento, si lo importante es el programa y luego el candidato, deberían revisar –a la luz del programa aprobado- sus definiciones sobre candidatura.
De mantener su apoyo a la candidatura de Vázquez, estarán trabajando para que un próximo gobierno termine dando la razón a Pablo Ferreri y al Frente Liber Seregni.
La afirmación de Lorier ("quedan abiertas las posibilidades a una importante profundización de los cambios") tiene una sola oportunidad: jugarse junto a una masa de frenteamplistas de a pie que trabajan y sueñan por la oportunidad de un cambio con la candidatura de Constanza.
Sería lamentable, ingenuo e infantil (por no aplicar otros términos) que quisieran enmendar el error dando ahora una lucha por obtener la vicepresidencia, como si con ello pudieran lograr algún equilibrio en el futuro gobierno.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

EL HECHO

En una entrevista difundida por el diario El País de Madrid en enero de 2012, la conocida dirigente estudiantil chilena Camila Vallejo habría dicho: Jamás estaría dispuesta a hacer campaña por Bachelet ni a llamar a los jóvenes a votar por ella. Nadie me asegura que su programa sea representativo de las ideas que el movimiento estudiantil ha planteado. Y yo no recibo órdenes del partido. Todo pasa, finalmente, por una decisión personal. A mí nadie me va a obligar”.
No obstante ello, Camila Vallejo no solo que llamó a votar por Bachelet, sino que hizo campaña junto a ella, y acaba de ser electa diputada por el Partido Comunista chileno en la alianza denominada Nueva Mayoría.
Se me ocurre que lo dicho por Camila, y lo que efectivamente hizo, es exactamente lo contrario; esto es: dijo una cosa e hizo exactamente lo opuesto.
Sin embargo, al exponer esta cuestión en las redes, no faltaron quienes salieron a defender a la ex dirigente estudiantil (ahora diputada electa) con todo tipo de argumentos.

LAS JUSTIFICACIONES

“Eso no es "oportunismo", es coherencia”, me dijo alguien, y se explicó: “a mi me jode que los candidatos por el FA sean Tabaré y Constanza, hoy digo que no haría campaña por ninguno de ellos, pero si el objetivo primero es salir de un Gobierno de derecha, obvio que lo voy a hacer”. Es decir, el amigo no solo que aprueba lo hecho por Camila (le llama coherencia), sino que reconoce que él mismo lo haría. Diría hoy una cosa y mañana haría exactamente lo contrario.
También se intentó justificar la actitud por el tema de las alianzas:  “Sin alianzas de clase, nunca se hubiese creado el Frente Amplio”, me dijeron. Esto es: el PCCH hizo una alianza con sectores que llevaban como candidata a Bachelet, por lo tanto, lo dicho por Camila ya no corre.
“Es orgánica y dirigente, tiene que seguir la dirección del partido”, me señalaron. O sea, yo pertenezco al partido X, pero digo lo que se me antoja; después la dirección de mi partido me dice que tengo que hacer lo contrario de lo que dije y yo tengo que hacer lo que me dice mi partido.
Alguien utilizó el contexto como justificativo: “Lo que la Camila dijo en aquel contexto fue perfecto y lo que hizo en este contexto es perfecto”. Para que se entienda: yo puedo decir hoy una cosa, en el contexto de hoy, y dentro de un año (el contexto será obviamente diferente) puedo hacer exactamente lo contrario de lo que dije. No hay problema.
Una variante del contexto, también puede ser el tiempo, y me dijeron lo siguiente: “...es una nota de hace casi 2 años y quizás no conocemos bien los motivos ni la estrategia que estén llevando a cabo en la situación actual ella y su partido..”. Esto es: se puede afirmar hoy una cosa en forma rotunda y de manera contundente, pero si al año y medio la estrategia del partido cambia...entonces hacemos todo lo contrario. No hay problema.
También las correlaciones de fuerza son, al parecer, un justificativo:  Los compromisos dependen de las correlaciones y éstas de la estrategia y de la táctica. Lo que menos importa es la presunta coherencia personal de los incoherentes que dicen lo mismo en situaciones distintas. Eso no es ser principista, es ser meramente testimonial”, me dijeron.
O también la utilidad de lo que se dice, sería una buena justificación. Me explicaron lo siguiente: “Esa declaración la hizo determinada por críticas de los ultras que querían sacarla de la Presidencia de la FECH y de hecho la sacaron, pero ella supo mantenerse en la dirección, esa declaración fue importante para eso, no le aceptaban menos; fue el punto de resolución”. En otras palabras: Camila Vallejo dijo lo que dijo porque con eso lograba mantenerse en la dirección del estudiantado; cumplido el objetivo, está libre para hacer exactamente lo contrario a lo que dijo.
También el objetivo a cumplir parece ser un buen argumento para decir una cosa y hacer la contraria. Por ejemplo, si el objetivo es sacar a la derecha del gobierno:  “las elecciones son elecciones y no quiero ver mas a Piñera, por favor”, me dijeron.
Ya dije que a alguno hasta le pareció coherente lo hecho por Camila; es decir, un día dijo que jamás haría una cosa y un año después lo hizo, y eso se llama coherencia. Pero hubo hasta quien calificó la actitud de Camila Vallejo de valiente: “me parece valiente su actitud después de haber declarado, los que declaró”. Así nomás. Un político que dice una cosa hoy, y mañana hace exactamente lo contrario, no es un chanta ni un oportunista ni un mentiroso ni un inmoral...es un valiente.

¿TODO ESTÁ PERMITIDO?

Hay muchas preguntas que me surgen. Si un político puede decir hoy una cosa y mañana hacer exactamente lo contrario ¿cuál es la parte del discurso que se puede creer?
Si el cumplimiento de un objetivo está por encima de cualquier discurso (por ejemplo, si el objetivo es sacar a la derecha del gobierno se puede hacer lo que se dijo que no se haría, o viceversa) ¿cómo sabré si lo que me dicen hoy lo cumplirán mañana?
Y me pregunto: ¿los justificativos son válidos siempre? ¿o lo son solo cuando se trata de mis dirigentes? Dicho de otra manera: un dirigente de izquierda –al parecer- puede mentir porque el objetivo primordial, y que está por encima de todo, es sacar a la derecha del gobierno. ¿Eso vale también para un dirigente de derecha cuyo objetivo es sacar a la izquierda del gobierno?
Pongamos por caso: si Pedro Bordaberry dijera hoy que de llegar a presidente no haría determinada cosa, y supongamos que gana las elecciones, y llegado al gobierno hace lo que dijo que no haría; y supongamos que se justifica diciendo que el objetivo era sacar a la izquierda del gobierno...¿está bien?
Yo he criticado de mil maneras a Tabaré Vázquez, y he dicho que jamás lo votaré. Si yo pertenezco al partido X, y mi partido hace alianza con sectores que llevan como candidato a Tabaré Vázquez...¿sería natural y lógico que yo encabezara una lista de diputados que lleve a Vázquez como candidato? ¿las alianzas políticas justifican siempre hacer lo que se dijo que no se iba a hacer? ¿quién me creería luego de eso?
¿El honor de las personas y su palabra están sujetas siempre y en cualquier circunstancia a lo que deciden los partidos? ¿Guillermo Chifflet hizo mal en dejar el parlamento por ser coherente con sus dichos y sus principios, y no traicionarlos votando el envío de tropas a Haití? ¿debió someterse a lo que su partido le indicaba?
Si el cumplimiento del discurso de un político depende del contexto, ¿cómo sabremos si lo cumplirá o no? ¿Lo justificamos siempre porque cambió el contexto?
Cuando Jorge Batlle en campaña electoral decía que no había que poner más impuestos, y luego al llegar al gobierno descargó sobre la población un brutal ajuste fiscal...¿estuvo bien porque cambió el contexto? ¿nos equivocamos al criticarlo cuando en realidad debimos haberlo felicitado por su coherencia y su valentía?
Cuando Tabaré Vázquez criticaba en campaña electoral el Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU que tenía en carpeta Jorge Batlle,  y luego al llegar al gobierno fue su primer gran medida...¿teníamos que felicitarlo por su coherencia y valentía? Cuando decía que no estaba negociando un TLC pero luego nos enteramos de que sí lo estaba haciendo (y nos invitó a subirnos al tren) y no solo que lo estaba haciendo sino que le pedía a los negociadores yanquis que le pusieran otro nombre para hacerlo potable para quienes nos oponíamos...¿no estaba mintiendo sino mostrando su coherencia?
Obama logró el voto hispano en 2008 con la promesa de resolver la situación de los 11 millones de indocumentados, cuestión que olvidó apenas se sentó en el salón oval...¿eso es coherencia también? O el cierre de Guantánamo, una de las promesas más publicitadas. La prisión especial para terroristas de la base estadounidense en Cuba sigue abierta. ¿Lo justificamos también por el paso del tiempo, por el contexto, por las alianzas, o por qué?
Si Tabaré Vázquez dijera hoy –supongamos- “jamás ingresaría a la Alianza del Pacífico”...¿le creo o no le creo? Y si mañana llegara al gobierno y llevara de las narices a su gobierno hacia esa Alianza...¿lo justificarían por el contexto diferente? ¿lo felicitarían por su coherencia y valentía?

Se me ocurre que los índices de abstención que se ven en muchos países hoy en día tienen mucho que ver con este tipo de cosas. La política debería tener algún punto de contacto con la moral y la ética. De no ocurrir así, los índices de abstención, los votos en blanco y anulados, seguirán creciendo en popularidad. Y nadie debería asombrarse por eso.

viernes, 1 de noviembre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

-  DÉCIMA PARTE -

Sé lo que muchos dirán, que “la correlación de fuerzas es negativa, que no podemos hablar de socialismo, etc...”. Y no les deja de asistir razón. Sin embargo, esto no significa que los comunistas, mientras no llegan a la correlación de fuerzas deseada, tomen por el atajo del mal menor.

En todo caso, la necesidad del socialismo no está determinada por la correlación de fuerzas. Lo que determina –y que ha determinado también los sistemas socio-económicos precapitalistas anteriores- es la maduración de las condiciones materiales para la construcción de un sistema socioeconómico cada vez superior, la agudización de las contradicciones que rigen el sistema viejo. Es la agudización de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción obsoletas que destruyen o impiden el desarrollo de las fuerzas productivas. Y la obligación histórica es luchar para que llegado el momento de maduración, las condiciones subjetivas estén dadas.

A pesar de los pesares, hoy en día, el factor determinante es la falta de correspondencia entre el carácter social de la producción y del trabajo con la propiedad social sobre los medios de producción. Esta es la base que da lugar a la necesidad de luchar por el socialismo. Al menos de luchar contra el sistema, lo que ya es decir mucho, dadas las circunstancias.

LA VUELTA DE LA DERECHA, O EL MAL MENOR

Se ha instalado en filas del progresismo (y significativamente en el discurso comunista) el discurso del miedo a la vuelta de la derecha. No es que no entienda o no comparta los peligros del retroceso en varios aspectos, pero se asemeja demasiado a un chantaje: “es esto o la vuelta a la derecha”, no tenés opción.

Lenin y los bolcheviques no eligieron el “mal menor”, no “se atraparon” en la búsqueda de soluciones de gestión, no trataron como absoluta la correlación de fuerzas negativa que poco tiempo antes de la revolución de octubre fue negativa para los bolcheviques y a favor de los oportunistas en los Soviets y en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Lo dejaron absolutamente claro: “Ningún apoyo al Gobierno Provisional” como dijo Lenin en las Posiciones de Abril de 1917. Y lo digo porque nunca (nunca) se ha producido en la historia, nunca y en ningún país, se produjo un derrocamiento del régimen de explotación a través de procesos parlamentarios.

Sin ser pájaro de mal agüero, es necesario aprender de otras experiencias, como lo he venido señalando, y también de la experiencia de otros partidos comunistas a nivel mundial. Los errores más importantes que tienen un alto precio, están relacionados con el abandono de la independencia ideológica, política y organizativa del partido comunista en situaciones de cooperación, coaliciones, y hay muchos ejemplos de este tipo en el movimiento comunista. Ejemplos que llevaron a retrocesos de muchos años, a la asimilación o incluso a la disolución de partidos comunistas.

Cito nuevamente al Partido Comunista griego: “La política de alianzas es una política de importancia estratégica, determinada por la línea básica, estratégica y esto es un elemento que requiere consistencia revolucionaria. Cualquier desviación de este deber en nombre de maniobras, de réditos electorales temporales etc conduce hacia atrás, cancela todo lo que había logrado el partido comunista en el período anterior, pone en riesgo su propia existencia revolucionaria”.

Un partido revolucionario no puede tener dos caras, una cara en la acción diaria, en medio de las masas y luchando por sus reivindicaciones, haciendo conciencia antiimperialista y anticapitalista, y otra en las elecciones, como aliado de sectores comprometidos con el gran capital, o apoyando la candidatura de un declarado pro imperialista.

No se puede luchar diariamente para la acumulación de fuerzas por el poder y en las elecciones arruinar este trabajo y hablar de un gobierno de gestión, de un capitalismo en serio, para satisfacer las expectativas de las masas populares para una solución “fácil” pero sin salida, en la óptica del “mal menor”.
No es un problema nuevo, y está en el orden del día de los partidos comunistas a nivel internacional. El problema principal que ha surgido y es una experiencia importante para el movimiento comunista internacional es si un partido comunista participa o no en un gobierno de gestión burguesa independientemente de si aparece con el nombre “de izquierda”, “progresista” etc.

Cito nuevamente al KKE:
“La lógica del “mal menor” conduce a los partidos comunistas a políticas peligrosas de apoyo a la socialdemocracia en el nombre de restringir el poder electoral de la “derecha”, asumiendo responsabilidades para la gestión de la política antipopular de partidos socialdemócratas. Conduce a algunos partidos comunistas a ir a remolque de los partidos burgueses en el nombre de confrontar las formaciones fascistas, ultraderechistas (léase: hay que cuidar la herramienta, el enfrentamiento es con la derecha). Esta experiencia es muy negativa.

De hecho, se perpetúa un círculo vicioso que niega o restringe la independencia ideológica y política de los partidos comunistas, que los desvía de la elaboración e implementación de una línea revolucionaria firme, que utilizará las batallas electorales como formas de lucha que no se separan de la lucha de clases en general, de la lucha por la concentración de fuerzas, por la conquista del poder”.

Ya lo señalaba, por otra parte, el mismo Lenin:
“Hay que elegir entre el mal existente y su rectificación más pequeña, porque la mayoría de los que están en general insatisfechos con el mal existente están a favor de esta “pequeña” rectificación. Después de haber logrado las pequeñas cosas se facilitará nuestra lucha para las cosas grandes. Lo repetimos. Este es el argumento básico, típico de todos los oportunistas en todo el mundo. ¿A qué conclusión conduce inevitablemente este argumento? A la conclusión de que no se necesita ningún programa revolucionario, ni partido revolucionario, ni táctica revolucionaria.” (Lenin “De nuevo acerca de un gabinete salido de la Duma”).

Muchas veces la gente, el pueblo, no entiende cuando se les dice que “el enemigo es la derecha”, que “el enfrentamiento es con la derecha”. Entre otras cosas, porque parecería que el objetivo ya no es la liberación y el socialismo, sino obtener o mantener el gobierno, y evitar que lo obtengan otros. Pero al menos para los comunistas, ese nunca fue “el objetivo”, y a lo sumo un elemento más a obtener en la lucha por el objetivo principal: la liberación, el socialismo, el comunismo.

Pero la gente tampoco lo entiende, porque se dice “antiimperialismo” y se dice “el enfrentamiento es con la derecha”, pero quien lleva adelante los tratados para protegerle las inversiones al imperialismo es el FA, y el candidato que se apoya (aunque la derecha esté de acuerdo), pero quien quiere concretar un TLC con el imperialismo es el gobierno del FA y el candidato que se apoya, no la derecha (aunque la derecha esté de acuerdo), pero quien envía las tropas a Haití es el FA y el candidato que se apoya (y también la derecha), pero quien hace maniobras conjuntas con el ejército yanqui es el FA (aunque la derecha también lo haga).

La gente no lo entiende, porque se le dice “que pague más el que tiene más” y que el enfrentamiento en ese tema es también con la derecha, pero quien pone impuestos no al que tiene más sino “al que gana más”, y desgrava al gran capital, no es la derecha sino el FA (aunque la derecha festeje). Y la gente no entiende cuando se le dice que el enfrentamiento es con la derecha, porque cuando se promete un Frigorífico Nacional, es el presidente de un gobierno del FA quien se opone (aunque la derecha aplauda y se regocije).

Porque los trabajadores cada vez entienden menos cuando se les habla del capitalismo, de la explotación del hombre por el hombre, y se le dice que la derecha representa los intereses del gran capital explotador capitalista e imperialista, pero ese mismo obrero, ese trabajador, ve con sus propios ojos y comprueba, que el gobierno que los comunistas integran y defienden es quien en realidad está trayendo a los grandes capitales trasnacionales explotadores; es ese gobierno el que está primarizando la economía, concentrando y extranjerizando los medios de producción y en definitiva, promoviendo más capitalismo, o lo que es exactamente igual: más explotación.

Y esa contradicción incuestionable, es además a esta altura inocultable. En la práctica, la experiencia acumulada por la política de los partidos y los gobiernos que participan en la gestión burguesa independientemente de si utilizan el título “izquierda”, “progresista” demuestra lo siguiente:

·         Ningún gobierno que gestiona el capitalismo, el poder de los monopolios y la propiedad privada de los medios de producción, ningún gobierno que implementa un programa que se basa en las ganancias de los capitalistas, la competitividad, la productividad y la rentabilidad de los grandes grupos empresariales, puede seguir una política a favor de la clase obrera y de los sectores populares.
·         No existe tal gobierno que pueda controlar las leyes del sistema, sus contradicciones, impedir el estallido de la crisis capitalista. Tarde o temprano las promesas de “alivio” que dieron al pueblo se desinflarán, se demostrarán palabras vanas y las expectativas para algo mejor darán su posición a la desilusión del pueblo, al retroceso del movimiento obrero.

Recordemos lo que decía el PCU en el XXVI Congreso ya citado más arriba: "El capitalismo es una formación económico social, la última basada en la explotación del hombre por el hombre...En este marco, la consolidación de la democracia, la defensa de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, no nos conducen por sí mismas, a la transformación de la base económica, y si apenas nos conformáramos con su abstracta vigencia estaríamos en pleno en el campo del liberalismo burgués, y si nos propusiéramos medidas que dejaran intactas las bases materiales del sistema nos pondría en el campo del reformismo".

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  NOVENA PARTE -
Decía en el artículo anterior, que “sólo en un marco en donde claramente los capitalistas y el estado burgués (...) sean visualizados como lo que son, se puede alimentar el desarrollo de la conciencia obrera y popular, se puede preparar y madurar el factor subjetivo para que corresponda (tanto como sea posible) con las necesidades de la lucha de clases”.

Esto dará un impulso a la lucha de los trabajadores para decidirse a tomar parte en la acción y en las condiciones más difíciles, a enfrentarse con sus adversarios de clase. Mientras los comunistas estén del mismo lado, difícilmente eso pueda ser logrado. Al contrario, si no se da esta batalla, la clase obrera, los sectores populares pobres cuyos intereses (objetivamente) están en dirección opuesta al capitalismo, aceptarán el sistema explotador como única solución.

En este sentido, basta ver la calma y la complacencia con que es aceptado en los más variados círculos el discurso conciliador del presidente Mujica, que a esta altura es un referente de la burguesía y presentado como ejemplo ante las grandes masas del mundo entero. Y es importante también lo que dice María Luisa Battegazzore a este respecto:

“Se ha hecho un lugar común oponerse al pensamiento único y proclamar la necesidad de alternativas al neoliberalismo. La realidad muestra el fracaso del proyecto neoliberal, aún desde el punto de vista burgués. La defensa de los postulados del neoliberalismo puro y duro hoy está a cargo de algunos fundamentalistas, lo que no impide que muchas de sus premisas pervivan en el discurso político”.
“El mensaje de que el capitalismo es la estación terminal del proceso histórico –noción que Perry Anderson considera el núcleo doctrinal del neoliberalismo- persiste y ha prosperado en el proyecto dominante en el “progresismo”, para el cual no existe otro horizonte, ni siquiera pensable, salvo en el terreno de la utopía, donde son colocados los proyectos emancipatorios y revolucionarios, transformados en residuos de la memoria o en mitos del pasado. Pero el mito no tiene un sentido movilizador como en Mariátegui: queda como una especie de premio consuelo moral o de compensación idealista frente a las duras imposiciones de la realidad. Como consecuencia la orientación de las organizaciones sociales y políticas se reduce a la táctica –para algunos, apenas maniobra o mera astucia- sin perspectiva estratégica y ha perdido peso un proyecto consistentemente antisistémico”.
“Por primera vez en la historia de la izquierda uruguaya se hace la defensa, sin ambages, no sólo de un proyecto de desarrollo capitalista, sino de un plan basado en la inversión extranjera y la desestimación del concepto y la realidad del imperialismo. En estas condiciones la lucha ideológica, que nunca rehuyó Arismendi, es tanto o más precisa que en sus tiempos”.

En otro tramo del artículo, Battegazzore señala:

"Luego, el Informe (habla del informe al XX Congreso del PCU en 1970) reitera algunas condiciones delimitando claramente su contenido. “En este momento de su desarrollo, lo vemos (al FA) como un frente democrático avanzado. Entendemos por tal un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo ...”
Subrayamos “en este momento”, porque denota una visión histórica del FA. Su contenido programático y social puede variar y de hecho ha variado. Por tanto, es necesario repensar su caracterización, no sea que por mirar el collar no nos demos cuenta de que nos han cambiado el perro”.

Yo al menos coincido plenamente con Arismendi y con Battegazzore, en el sentido de resaltar que el FA es una visión histórica, y la necesidad de repensar su caracterización. Hoy en día, el FA no es ni la sombra de aquello; no es la alianza de la clase obrera con las amplias capas medias de la ciudad y el campo, y no es apto para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo. Y no puede arrastrar a nadie porque el FA mismo no se opone -ni directa ni indirectamente- ni a la oligarquía ni al imperialismo.

Pero el mismo PCU, en su XXVI Congreso (Capítulo I. Teoría de la Revolución Uruguaya. Defensa, avance y profundización de la democracia avanzada, desarrollo de la concepción, surgimiento, avatares, revisión, reafirmación en nuevas condiciones. Su vigencia y materialización en la línea del Partido) ya advertía algunas de estas cuestiones. Decía por ejemplo:

"Debemos establecer, sin lugar a dudas, que las tareas democrático avanzadas deberán ser resueltas por un gobierno de signo nacional, popular y democrático. ¿Esta afirmación significa que no podemos aspirar a que el FA impulse "un gobierno revolucionario y transformador" como lo concebía Arismendi en el 84?

Y esa pregunta era sin lugar a dudas pertinente, porque las elecciones del 84 habían demostrado que "no habían madurado, en las mayorías nacionales objetivamente interesadas en los cambios antiimperialistas y antioligárquicos, una síntesis que uniera la derrota de la dictadura, el rescate de las libertades democráticas "republicanas" por calificarlas de algún modo, a las tareas democrático avanzadas. Es decir, masas en la escala necesaria que no se conformaran con un "retorno a la época anterior a la dictadura", sino que exigieran un avance real en la ruptura con la estrategia neoliberal".
Decía el PCU entonces que "La alianza del Frente Amplio con otros sectores políticos integrantes del Encuentro Progresista, implica la proyección de un gobierno que iniciará el camino hacia una democracia avanzada, dependiendo, como se dijo, de la relación de fuerzas, las tareas que aborde y la profundidad de su resolución".

Y agregaba: "La capacidad que las fuerzas sociales y políticas más decididas demuestren para fortalecer, desde ya, las organizaciones sindicales, articular un fuerte Frente Amplio, participando organizadamente en la vida política, y la construcción de un gran Partido Comunista, ligado a las grandes masas, incidiendo en el movimiento sindical, en el FA y en el sistema de organizaciones populares, tarea de todas las horas, crearán mejores condiciones para romper, desde el gobierno, la estrategia neoliberal".

Y ahí hay claves que permiten entender por que no se han creado las mejores condiciones para romper, desde el gobierno, la estrategia neoliberal. Porque la proyección de un gobierno del FA iniciando el camino hacia una democracia avanzada dependía de una relación de fuerzas que no se ha logrado construir en favor de los sectores más avanzados, y porque las tareas y la profundidad en su resolución no están ni cerca de las necesarias para iniciar ese camino.
Y porque las fuerzas sociales y políticas más decididas (el PCU incluido) no han mostrado una capacidad para fortalecer el FA (que se encuentra cada día más debilitado en todo sentido) y no se ha construido el Partido Comunista necesario para el desarrollo de todas esas tareas. No tenemos ni por asomo un gran Partido Comunista ligado o al menos ejerciendo influencia en las grandes masas.

En “La revolución uruguaya en la hora del Frente Amplio”, Rodney Arismendi relata las peculiaridades del proceso revolucionario uruguayo analizadas en el año 55, y nos decía entre otras cosas:

“el predominio por largo período de sectores democráticos de la burguesía, la ruta particular que prácticamente separó el Uruguay del frecuente gorilismo, de la guerra civil, engendraron también en la República entroncando con sus mejores tradiciones, una mentalidad nacional-reformista, democrática, liberal avanzada, laica, civilista. Utilizada por las clases dominantes, esa ideología era un instrumento de conformismo y hasta permitía establecer esa imagen de auto satisfacción del Uruguay -presunta “Suiza de América”- en fin, el Uruguay turístico. De ahí el “como el Uruguay no hay” de las viejas consignas de las clases dominantes y del batllismo en particular”.

Da la impresión de que esa “mentalidad nacional-reformista” que otrora fuera utilizada por las clases dominantes como instrumento de conformismo, está siendo hoy utilizada (eficazmente, hasta cierto punto) por el Frente Amplio en el gobierno.

Oscar Botinelli señalaba recientemente en Brecha: “Para Arismendi el Frente Amplio no debía ser una coalición puntual pero tampoco un partido político, como sociologicamente devino ser en las últimas dos décadas y algo. Lo veía como una alianza fuerte, de largo tiempo, para procesar los cambios profundos que consideraba que el Uruguay necesitaba. Pero además como una alianza de clases, como una formación política pluriclasista: obreros, empleados, pequeños y medianos comerciantes, industriales y productores rurales, profesionales. Dicho en términos marxistas: la alianza del proletariado y la pequeña burguesía, las capas medias. A su vez veía para el Partido Comunista (y en parte para “el partido hermano”, el Socialista) la representación y guía de la clase obrera”.

Y hoy día, ni siquiera es esa formación política pluriclasista que procesará los cambios profundos, y la prueba más palmaria de ello es que la estrategia del PIT-CNT trazada en 2012 y puesta en movimiento en los primeros días de abril del 2013, es la “Concertación Nacional por el Desarrollo Productivo y Social”, como una “forma de ensanchar la base social y política para la aplicación del programa de la clase obrera y el pueblo, ubicada en el plano de la extrema amplitud, con todos los actores económicos, productivos, sociales y políticos interesados objetivamente en un programa de transformaciones profundas en la estructura de la sociedad uruguaya, el asunto central es la generación de las condiciones de fortalecer el bloque social y político de los cambios”.

Esto es, si la clase trabajadora organizada se está planteando conformar una alianza con vastos sectores para lograr generar condiciones para llevar a cabo transformaciones, es porque el FA (que ya existe) no es esa alianza. Como lo decía Marcelo Abdala en una reciente entrevista en El Popular acerca de la Concertación para el Desarrollo Productivo: “Se trata de que converjan todos los sectores laboriosos de la ciudad y el campo, buscando acuerdos programáticos, que permitan inaugurar una agenda de transformaciones profundas necesarias en la vida del país”. Agenda que se planteó el FA en 1971 y que abandonó por el camino.

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  OCTAVA PARTE -
Y todo esto que veníamos diciendo anteriormente es relevante analizarlo, porque todos sabemos que sin el derrocamiento revolucionario, el poder, los medios de producción y la riqueza que producen los trabajadores permanecerán en manos de la burguesía. Y por lo tanto, no existirán (objetivamente) las condiciones para la satisfacción de las necesidades populares, se perpetuará la explotación capitalista y por lo tanto, a la larga o a la corta se acumularán problemas para el pueblo, y el Partido Comunista quedará expuesto, atrapado en el círculo vicioso de la incorporación en el sistema.

El capitalismo es un sistema históricamente anticuado y condenado a la desaparición, y ningún modo de gestión le puede dar un rostro humano. Lo que hoy tenemos en nuestro país con los gobiernos del FA, es la gestión liberal y socialdemócrata tradicional, la que en algunos lugares se presenta como “de izquierda”, “de la nueva izquierda”, “progresista” etc. y que ha provocado discusiones en el movimiento comunista internacional.

Estos gobiernos progresistas del FA, por un lado, profundizan el modelo actual capitalista extractivo y, por otro lado, enarbolan un discurso político que tiene como efecto despolitizar a la sociedad, buscando de esa manera atemperar o erradicar el conflicto social. Por esa razón se fustiga la movilización de los docentes, o se condena las conquistas del gremio de la bebida recurriendo al fantasma de la inflación.

La ley fundamental de la creación de plusvalía, de trabajo no remunerado y ganancia para los monopolios que son el corazón de la naturaleza explotadora del capitalismo, no cambia por ninguna gestión cualquiera que sea su denominación. Esta ley, independientemente de las fórmulas de la política implementada, determina el carácter explotador de la economía.

Sabemos que la agudización de la contradicción fundamental, entre el carácter social de la producción y del trabajo por un lado, que pone en movimiento a millones de obreros, trabajadores que producen la riqueza, y por otro lado la apropiación privada capitalista de los resultados de este proceso, tiene su base en el poder del capital y en su propiedad de los medios de producción.

Y sabemos también que es justamente esta contradicción la que conduce a las crisis capitalistas, que hace que el sistema sea más y más agresivo y reaccionario. Esto es lo que demuestra la experiencia reciente de la crisis capitalista que ha afectado a Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros Estados de la Unión Europea así como los EE.UU., Japón y otros países capitalistas según la fase del ciclo en que se encuentra cada país.

Como bien ha señalado recientemente el Partido Comunista griego, “Esta contradicción no puede ser superada por ninguna fórmula de gestión del sistema, y la subestimación de la contradicción fundamental en el nombre de las “particularidades nacionales” atrapa a algunos partidos comunistas en posiciones equivocadas”.

Sabemos, como lo ha dicho y reiterado en sus informes el Comité Central del PCU, que la agresividad imperialista y la agudización de las contradicciones interimperialistas sobre el control de las materias primas, la distribución de los mercados y de las esferas de influencia, constituyen la base para el estallido de las guerras imperialistas.

Esto no tiene que ver solamente con la experiencia histórica de las épocas anteriores, (Primera y Segunda Guerra Mundial), sino que está relacionado con decenas de guerras locales y regionales, las guerras en Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia. Está relacionado con la intervención en los asuntos internos de Siria, las amenazas contra Irán, el peligro de una guerra imperialista generalizada en el Mediterráneo Oriental, en el Golfo Pérsico, o en Corea. Sin olvidar que por América Latina esa agresividad se manifiesta en situaciones como la intervención en Haití, el golpe fallido en Venezuela, los golpes en Honduras y Paraguay, etc.

La pregunta es ¿Cuál es la respuesta a esta situación desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y de los sectores populares, desde el punto de vista del progreso social? 

Y la respuesta no puede ser otra que el desarrollo de la lucha de clases. El desarrollo de la lucha ideológica, política y de masas por el derrocamiento de la barbarie capitalista. El desarrollo de la lucha de clases, en primer lugar en donde nos toca luchar, a nivel nacional, allí donde se manifiesta de manera clara y directa la contradicción entre capital y trabajo. Así como con la coordinación esencial a nivel internacional con los partidos comunistas y revolucionarios, y con las fuerzas sociales que tienen interés en luchar contra el capitalismo y contra el imperialismo.

Y la siguiente pregunta es ¿Puede el PCU hacer su parte, la que le corresponde como “Partido de la clase obrera”, cuando forma parte de un gobierno comprometido hasta la médula en ese mismo sistema?

Porque la cuestión fundamental sigue siendo la lucha por el socialismo y las exigencias que esta determina, para que esta lucha se traduzca en la práctica en la orientación del movimiento obrero, en el marco político que plantean los comunistas en la lucha contra la explotación capitalista. Porque no existe otra manera de sentar en el banquillo de los acusados al sistema de explotación, a las fuerzas del capital y sus representantes políticos.

Porque esto no puede hacerse promoviendo de modo general y vago el “desarrollo”, la “democracia”, el “progreso social” sino el desarrollo (socialista) que tiene como criterio la satisfacción de las necesidades populares sin los capitalistas y la ganancia capitalista, con la riqueza en manos de los trabajadores que la producen.

Habrá quienes sostengan otra cosa, pero se me ocurre que sólo en un marco en donde claramente los capitalistas y el estado burgués que utilizan los medios más modernos de manipulación, intimidación, represión y el oportunismo, sean visualizados como lo que son, se puede alimentar el desarrollo de la conciencia obrera y popular, se puede preparar y madurar el factor subjetivo para que corresponda (tanto como sea posible) con las necesidades de la lucha de clases.

Es lo que mencionaba anteriormente respecto de los gobiernos que en América Latina avanzan en apoyo popular: “una izquierda que apuesta a la épica revolucionaria, que se involucra activamente en los debates con los países centrales, con las oligarquías y con el imperialismo, con sus representantes políticos y mediáticos y en general con el pensamiento hegemónico en todos los planos. Y lo hace en medio de la polarización, identificando claramente al enemigo social, económico y político de las transformaciones, y promoviendo medidas que afectan directamente los intereses concretos de esos sectores, tanto nacionales como trasnacionales”.

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...