jueves, 26 de diciembre de 2013

IMPUNIDAD EN EL PAIS DE LA COLA DE PAJA

Según señala un artículo de Mauricio Pérez en la revista Caras y Caretas, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) consideró, en un fallo reciente, que la ley de Caducidad tuvo “una finalidad de reconciliación” de la sociedad uruguaya, tras los hechos acaecidos durante la dictadura. Además, afirmó que el fallo de la Corte IDH en el caso Gelman vs. Uruguay es “incompatible” con ese camino de reconciliación. El referido fallo agrega también que: “No puede confundirse dicha situación con el caso particular del Uruguay, porque en nuestro país existió una opción por la indulgencia, con una finalidad de reconciliación, expresada por la mayoría de la ciudadanía en el referéndum del año 1989 –que algunos aislados analistas atribuyen a la fragilidad institucional y al miedo remanente de la dictadura– pero que, superada largamente esa etapa la misma opción se reitera en el año 2009”
Más allá de los argumentos jurídicos del fallo de la SCJ, que se podrán compartir o no (yo no los comparto), hay algo de cierto en el fondo en cuanto a la actitud del pueblo uruguayo (su mayoría) en este tema; mal que nos pese, y aunque no nos guste, vivimos en "el país de la cola de paja", un país gris, cómodo y de medias tintas, pusilánime y timorato. En el 89 se lo adjudicamos al miedo, y en el 2009 a la defección de los líderes, y tal vez sean excusas válidas, pero ese miedo y esos líderes que acomodan su cuerpo a las circunstancias y la conveniencia, forman parte de la forma de ser de los uruguayos, y la suma de lo que somos da como resultado la impunidad en la que vivimos; así somos.
EL ORIGEN DE LA IMPUNIDAD
Segmentar la historia es realizar un ejercicio arbitrario; en rigor, es imposible precisar el inicio exacto de un acontecimiento histórico, igual que es imposible precisar su exacto final; todo acontecimiento tiene su origen en un acontecimiento anterior, y éste en otro anterior, y así sucesivamente hasta el infinito, porque la historia es como la materia, y en ella nada se crea y nada se destruye, todo se transforma.
La impunidad seguramente no comenzó cuando en diciembre de 1986 se votó la nefasta ley por parte de la mayoría de blanquicolorados. Algunos ubicarán sus inicios en las negociaciones del Club Naval, y probablemente tengan cierto grado de razón. Otros dirán que los pactos se hicieron antes, y que el nacimiento de la impunidad se arregló dentro de los cuarteles y las cárceles en plena dictadura. 
Yo tiendo a pensar que la impunidad ya estaba en nosotros, en nuestra forma de ser y pensar, desde mucho tiempo antes. Aquella conocida frase de “algo habrán hecho”, que  se escuchaba cuando caían presos como moscas los dirigentes sindicales y luchadores sociales de toda especie, no eran la expresión de una parte minoritaria del pueblo uruguayo. En todo caso, esa fue también una buena parte del razonamiento en el voto amarillo del 89: el discurso oficial de los dos demonios fue un discurso que prendió en la mayoría de los uruguayos.
Al parecer, entre las décadas del 60 y 70 se abrió un hueco en la faz de la tierra, de donde salieron dos demonios provenientes del mismísimo infierno, para enfrentase en una mortal batalla y llevarse así el codiciado trofeo que significaba poseer el control absoluto del país. En el medio del combate quedaron atrapados –pobrecitos- el resto de los inocentes ciudadanos. Un discurso muy conveniente y muy apropiado para la mentalidad promedio de los uruguayos: Ahora pedimos perdón por los excesos y errores cometidos, reconocemos que nos equivocamos y a reconciliarnos todos para hacer un Uruguay mejor.
Los hechos puros y duros son contundentes. La mayoría de los parlamentarios uruguayos (mayoría elegida democráticamente por el pueblo uruguayo en elecciones más o menos limpias), votó una ley que dejaba impunes a los violadores más atroces de los derechos humanos en la historia del país.
Y más allá de la lucha enorme, sacrificada y desigual, de quienes promovimos el referéndum contra la ley de impunidad en el 89, lo cierto es que el pueblo uruguayo por mayoría decidió que la ley debía ser mantenida y que los violadores debían seguir impunes; y el mismo año, pocos meses después, el pueblo uruguayo eligió para dirigir los destinos del país a un partido político conservador y a su dirigente más a la derecha.
Se podrá achacar el resultado al miedo, a la desinformación y a un sinfín de razones más, pero esos son los resultados.
Y 20 años después, cuando el miedo ya no era una explicación valedera, la mayoría de los ciudadanos uruguayos volvieron a decir exactamente lo mismo, que querían mantener la impunidad. Eso es muy duro de aceptar, pero es la pura realidad.
Ha habido lucha, eso es innegable, y la seguirá habiendo, porque una porción de los uruguayos encuentra inadmisible la impunidad, y seguirá clamando y exigiendo por verdad y justicia.
Pero no es menos cierto que esa porción de uruguayos es una porción ínfima. Los picos más altos de esa lucha son sin duda los 20 de mayo con la marcha del silencio, que han llegado a congregar hasta 100 mil personas. Pero ese es un hecho puntual, casi un compromiso anual de quienes albergan en sus conciencias la necesidad de mantener viva la llama de ese reclamo moral y ético. Lo cierto es que el resto del año, grupos muy reducidos de familiares, abogados consecuentes y organizaciones de derechos humanos llevan a cabo medidas y movilizaciones que apenas trascienden el grupo más cerrado de militantes.
EL URUGUAY GRIS Y CONSERVADOR
El Uruguay es un país que se puede ubicar en el centro político. Un país dividido más o menos en dos mitades que no son derecha e izquierda, como algunos interesados quieren hacer creer, sino una mitad más conservadora y una mitad menos conservadora, en donde derecha e izquierda son expresiones mínimas.
Cuando comienza a terminar la noche oscura de la dictadura, en el año 84, los uruguayos eligen para gobernar al mismo partido que gobernaba antes de la dictadura, y al que más comprometido estaba con ella: al partido colorado. Es cierto que por ese entonces regía la ley de lemas, y que para obtener el gobierno bastaba con ser la minoría mayor. Pero no es menos cierto que, de haber existido por ese entonces el balotaje, la mayoría conservadora hubiera dado el triunfo en una segunda vuelta al mismo personaje. De hecho, cuando por primera vez se estrena el balotaje, en el año 2000, en la segunda vuelta la mitad más conservadora le dio el triunfo a Jorge Batlle.
El Frente Amplio obtiene el gobierno cuando logra reunir tras su propuesta a la mitad menos conservadora. Y en ello no hay tanto un mérito de la izquierda en cuanto a convencer a las mayorías, sino más bien un rebajamiento progresivo del programa de izquierda original, hasta ponerse a la altura de esa mitad menos conservadora.
No se trata de un crecimiento de la conciencia de los uruguayos en el sentido de comprender que las políticas conservadoras que se llevaron adelante a lo largo de la historia del país eran nefastas y que se hacía necesario un cambio de rumbo radical, sino de la adquisición de conciencia por parte de la izquierda de que, si no rebajaba sus aspiraciones en cuanto a los cambios estructurales que pretendía hacer, jamás lograría llegar al gobierno.
El uruguayo es un pueblo al que mayoritariamente le gusta votar, y en general sigue y apoya las indicaciones de sus dirigentes. Indudablemente prefiere la democracia a la dictadura, y tal vez por esas y otras razones en el 80 se manifestó por el NO y asombró al mundo.
Es difícil decir si el pueblo es un reflejo de sus dirigentes, o si los dirigentes son un fiel reflejo de lo que es el pueblo, pero lo cierto es que los dirigentes no se diferencian demasiado de lo que es la ciudadanía.
El Uruguay es un país en donde los gobiernos de "izquierda" reciben los elogios de los grandes medios de la derecha mundial.
Es un país en donde una izquierda que proclamaba su antiimperialismo llega al gobierno y firma un tratado en donde le protege las inversiones al imperialismo o le pide ayuda al imperialismo contra uno de sus hermanos latinoamericanos; es un país en donde una izquierda que proclamaba su lucha contra el latifundio y la oligarquía, llega al gobierno y concentra y extranjeriza la propiedad de la tierra y demás medios de producción como nunca en la historia del país.
Un país en donde algunos sectores dirigentes de la parte menos conservadora gritan a los cuatro vientos que quieren un giro a la izquierda, pero apoyan con las cuatro manos al más conservador de los candidatos posibles.
Y en el medio del mar de contradicciones de una dirigencia bipolar (dirigentes de la central sindical que un 1° de mayo almuerzan con lo más selecto de la oligarquía criolla y junto a la princesa D´Alembert y la embajadora yanqui; dirigentes de izquierda que tanto encabezan una marcha del 20 de mayo como se fotografían en primera fila en un acto de la lista de Semproni, quinta esencia del traidor a los derechos humanos; dirigentes sindicales que no ponen la fuerza de su sindicato para apoyar a la jueza Mariana Mota, o para las marchas del 20 de mayo, o para rodear el Palacio Legislativo cuando se vota la anulación de la ley de impunidad, o para convocar a una protesta por el asesinato de jóvenes por parte de la policía, pero en cambio contratan ómnibus para acompañar caravanas en apoyo a un ex ministro de economía a punto de ser procesado por abuso de funciones; partidos que son históricamente la quinta esencia del antiimperialismo, pero que votan el envío de tropas a Haití, o proponen como candidato al amigo del genocida Bush, al que pidió ayuda al imperialismo contra un hermano latinoamericano, al que llevó como ministro al ex gerente de la Texaco, voz cantante en las negociaciones con los yanquis para concretar un TLC que estaba vedado por el programa del FA; un partido que propone como candidato a quien promovió al generalato al asesino de Nibia Sabalsagaray, una de sus militantes, y una juventud de ese partido que denomina a su Convención “Nibia Sabalsagaray” y en la apertura de ese evento invita a hacer uso de la palabra a quien promovió al generalato al asesino (hoy preso) de la camarada que da nombre a esa Convención; etc. En medio de esas disparatadas contradicciones, digo, la impunidad mantenida por la ciudadanía uruguaya cada vez que ha sido convocada a pronunciarse, es una tremenda coherencia.
Esto obviamente no impedirá que muchos sigamos luchando por el fin de la impunidad, por verdad y justicia, y por una sociedad más avanzada que deje atrás la infamia del capitalismo y la explotación. Pero hay que saber en donde estamos parados. 
LA COLA DE PAJA
Al parecer, el dicho “tener cola de paja”, viene de un cuento en que un perro había cometido cierta fechoría; alguien congregó a la jauría y les pidió a todos que saltaran por encima de una hoguera; quien fuera inocente no tenía nada que temer, no así el culpable pues su culpa le había convertido su cola en paja. El culpable se descubrió cuando se negó a saltar.

Vaya uno a saber cual fue la fechoría cometida por los uruguayos; es tarea para historiadores, y no puedo opinar al respecto. Lo cierto es que la jauría uruguaya no es afecta a saltar por encima de la hoguera; sea porque teme que su cola de paja se prenda fuego, o por temor a que sus pelos naturales que le quedan tan bonitos se chamusquen aunque sea un poquito y afeen su gris y pacata imagen. 

martes, 24 de diciembre de 2013

TODOS A UNA, COMO FUENTEOVEJUNA

Gracias al pedido de procesamiento del ministro de economía Fernando Lorenzo, y del presidente del BROU Fernando Caloia, nos estamos enterando de que el delito de abuso innominado de funciones es una norma que el parlamento tiene a estudio para su derogación (en el marco de la reforma del Código Penal), debido a que, por su indefinición, viola garantías constitucionales y permite interpretaciones arbitrarias.

Por cierto que no ha de ser la única norma que por su indefinición o por su amplitud viola garantías constitucionales y permite interpretaciones arbitrarias. Una de ellas, sin ir más lejos, ha sido aplicada recientemente para procesar a un grupo de militantes sociales que concurrieron a la Suprema Corte de Justicia a manifestar su apoyo a la jueza Mariana Mota el día que esta era trasladada de lo penal a lo civil, sacándole de sus manos decenas de expedientes por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura.
ASONADA
Se trata del delito de “asonada”. Dice el art.145 del Código Penal: "Los que tomaren parte en una asonada serán castigados con tres a nueve meses de prisión. Cometen asonada los que se reúnen en número que no baje de cuatro personas, para causar alboroto en el pueblo, con algún fin ilícito que no esté comprendido en los delitos precedentes o para perturbar con gritos, injurias o amenazas, una reunión pública, o la celebración de alguna fiesta, religiosa o cívica, o para exigir de los particulares alguna cosa justa o injusta".
Si yo saliera afuera con mis tres hijos y a los gritos le dijéramos al vecino que deje de tocar el tambor que no nos deja dormir, estaríamos cometiendo el delito de asonada, sin ir más lejos, porque estaríamos perturbando con gritos la celebración de alguna fiesta, para exigirle a un particular una cosa justa o injusta.
El delito de asonada permitió como decíamos procesar a Jorge Zabalaza, Irma Leites, Álvaro, Diego y Eduardo Jaume, el dirigente de ADEOM, Aníbal Varela, y la militante del gremio de docentes de Secundaria, Patricia Borda.
No hemos escuchado hasta ahora a ningún legislador de ningún partido manifestar alguna preocupación  por esta norma que permite interpretaciones arbitrarias y que viola garantías constitucionales y derechos humanos universales como el derecho a la protesta.
ABUSO INNOMINADO DE FUNCIONES
Al parecer, el “abuso innominado de funciones” es un delito que ha permitido procesar o acusar a funcionarios y políticos que desde el gobierno han abusado de su poder para hacer cosas que no se deben hacer. Desde 2001 hasta el año 2012 la Justicia uruguaya procesó a 106 jerarcas públicos por el delito de “abuso de funciones”. Casi nueve procesados por año; de ellos, fueron a prisión 56, mientras que los 50 restantes lograron evitar la cárcel. 2002 fue el año con mayor cantidad de procesados, con un total de 16 casos, mientras que en 2011 apenas se registró un solo episodio. Por el mismo ha sido acusado por ejemplo el intendente Zimer (denunciado por maniobras irregulares en el empadronamiento de vehículos), han sido condenados los ex directores del Banco Hipotecario Noachas, Jorge Sacchi, Néstor Moreira, Norberto Sanguinetti, Fernando Caride y Jorge Conde Montes de Oca, por sus acciones dolosas cometidas con el dinero del Estado. Y hasta el ex secretario de la Intendencia de Paysandú, procesado por abuso de funciones en el caso de la explotación sexual de adolescentes.
Ha sido una de las tipificaciones que sirvieron al Poder Judicial para procesar y/o condenar actos de corrupción cometidos por ejemplo por Enrique Braga, Julio Grenno, Daniel Cambón, Benito Stern, Hugo Granucci, Carlos Rodríguez Landoni, Juan Justo Amaro, Andrés Arocena, Juan Carlos Bengoa, Orestes González (estos dos también por otros delitos), entre otros. Y ahora podrían ser procesados Lorenzo y Caloia por el mismo delito.
¿TODOS DE ACUERDO?
Una declaración reciente del Nuevo Espacio, en donde se solidariza con Fernando Lorenzo, dice que “La pretensión del fiscal se basa en una norma unánimemente criticada por la doctrina, en la medida en que, por su indefinición, viola garantías constitucionales y permite interpretaciones arbitrarias. (...) Todos los académicos consultados se han pronunciado en ese sentido. Hasta ahora, nadie ha defendido la conveniencia de mantenerla”.
Sin embargo, no es cierto que "nadie ha defendido la conveniencia de mantenerla". Como bien señala el diario El Observador, “Desde que tiene mayoría parlamentaria, el Frente Amplio tuvo tres oportunidades concretas de derogar este artículo. En 2007 el expresidente y exsenador colorado, Julio María Sanguinetti, presentó un proyecto y en 2010 el nacionalista Heber Da Rosa volvió a insistir. En las dos oportunidades se trató pero no se aprobó y los senadores del Frente Amplio se mostraron contrarios. Rafael Michelini, en ese entonces líder de Nuevo Espacio, dijo: “No quisiera que por el hecho de que el artículo no es preciso les quitemos herramientas a los jueces, cuando a la vista está que se ha cometido un delito en el manejo de los dineros públicos”. 
Es decir, el propio Rafael Michelini, líder del NE, es justamente uno de los tantos que defendió la conveniencia de la norma...cuando era conveniente, claro...
Un artículo del diario El País de ese entonces informaba: “Legisladores oficialistas rechazaron la posibilidad de promover la derogación del delito de abuso de funciones, por entender que el tema debe quedar a un lado mientras hay solicitudes de procesamiento por el tema. Así lo manifestaron ayer en la Comisión de Constitución del Senado los frenteamplistas Alberto Breccia (Espacio 609) y José Korzeniak (Partido Socialista), luego que el ex presidente Julio Sanguinetti promoviera que se discutiera un proyecto de ley de su autoría, tendiente a derogar el delito de abuso de funciones, dijeron a El País fuentes parlamentarias. Los legisladores frenteamplistas plantearon que "no es pertinente" que el tema sea debatido en este momento en el Parlamento, debido a que ambas cámaras tienen a estudio dos pedidos de desafuero, ante la decisión de la Justicia de solicitar el procesamiento por ese delito del senador colorado Juan Amaro y el diputado blanco Alberto Casas, por la actuación de ambos en OSE”.
CON ESTA SI, CON ESTA NO...
El juego es claro y transparente, aunque muchos de los que lo practican sean los abanderados en la lucha contra el "doble discurso". Mientras la norma permita juzgar a otros, es válida; cuando esa norma permite juzgar a los míos, habrá que derogarla.
Nadie mostrará la más mínima preocupación, está más que claro, por derogar también el delito de asonada. Son normas bien diferentes, aunque ambas permitan cometer arbitrariedades.
Claro....una de ellas pone en una situación incómoda a los poderosos, la otra a la gente común y corriente...una puede condenar a ministros, intendentes y otras yerbas...la otra permite condenar y estigmatizar la protesta social.
Y por cierto que el camino está despejado para hacer estas cosas y muchas más, porque el coro aplaudidor es estruendoso.
No recuerdo haber sentido que ningún gremio de trabajadores haya contratado un ómnibus para llevar trabajadores a apoyar a la jueza Mota, o a dar apoyo a los militantes sociales que iban a ser condenados por el delito de asonada. Sin embargo, según informó el dirigente de la bebida Richard Read a El Observador, los trabajadores “de la bebida, de la carne, de la pesca, de metalúrgicos y  del Sunca”, contrataron dos ómnibus para participar de la marcha que se realizará el próximo jueves para apoyar al ex ministro Lorenzo. 
Todo dicho

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Y QUÉ ESPERABAN?

(Publicado esta semana en Semanario VOCES)

El abstencionismo reciente en Chile es una clara señal de las cosas que alguna izquierda vernácula todavía no quiere ver, y que tiene relación con lo que se han denominado por estas tierras “progresismos”, que no son otra cosa que socialdemocracia para países empobrecidos (técnicamente: neodesarrollismos).
Siempre ha existido un abstencionismo natural y lógico; el de aquellos ciudadanos que les importa un rábano la política (no se ocupan de la política, aunque la política se ocupe de ellos) y solo votan porque es obligatorio.
Lo nuevo, es un abstencionismo de otro carácter, el que está fundado en el desencanto hacia aquellos que habían prometido transformar la sociedad (hacer temblar las raíces de los árboles), pero que llegados al gobierno no hicieron otra cosa que continuar con las mismas políticas de siempre, embellecidas con algunos cosméticos denominados políticas sociales. El primer abstencionismo es simple desinterés, el nuevo es una actitud militante.
Las socialdemocracias europeas, mientras tuvieron recursos suficientes para proveer un “estado de bienestar”, contaron con el beneplácito de los electorados. El problema es que sus pares vernáculos, para conseguir los recursos para eso, han recurrido a lo que siempre criticaban: al inversor extranjero, han hecho Tratados de Libre Comercio con el imperialismo (o les han protegido sus inversiones), han traído el extractivismo, la megaminería y cuanta industria contaminante ha sido posible, han extranjerizado y concentrado la propiedad de la tierra, desarrollado cultivos transgénicos al máximo, etc., mostrando al desnudo lo que realmente son: el mismo perro con diferente collar.
Y esto, más que enamorar a su antiguo electorado de izquierda, lo ha hecho alejarse cada vez más, asqueado y dolido, buscando otras opciones de cambio, a través de los movimientos sociales. Difícil que alguien de izquierda se enamore de un proyecto de esa naturaleza, con dirigentes que confraternizan con embajadores yanquis y el top ten de la burguesía criolla. No es extraño que Bachelet haya obtenido apenas el 24% y que al oficialismo uruguayo le vengan ciertos sarpullidos por ello.
El drama de estos progresismos es que en el corto o mediano plazo terminan perdiendo las mayorías parlamentarias, por lo cual ni siquiera pueden aplicar sus modestos planes ya que tienen que negociarlos con la derecha, hundiéndose definitivamente en el descrédito.
¿Es viable un modelo de izquierda? El aplicado por Hugo Chávez en Venezuela es de izquierda; es un modelo que siempre va a más, y que enfrenta al poder y al imperialismo en lugar de confraternizar amigablemente con ellos, y por eso ha entusiasmado a su pueblo. Y el modelo cubano es una muestra clara de que existen otros caminos. Obvio que no son modelos a copiar, pero indican que es posible...siempre que lo que se quiera sea transformar la sociedad.
Menos de la mitad de los chilenos creen en las elecciones; un 24% cree en el progresismo. Como diría Ignacio Copani: “Y qué esperaban?...Que los aplaudan?...Que los alienten con palmaditas sobre la espalda?”

EN LA ENCRUCIJADA


Algunos sectores que se autodenominan “la izquierda” dentro del FA, definieron como estrategia introducir una serie de cambios en las bases programáticas que discutiría el Congreso; cambios que tenderían a producir un giro a la izquierda en un posible próximo gobierno, dado el notorio posicionamiento al centro del anterior y del actual.
El grupo denominado de los 8, estaba integrado por el PCU, el MPP, el FIDEL, la 5005 de Diego Cánepa, la Vertiente Artiguista, la Liga Federal (Darío Pérez), Compromiso Frenteamplista (Raúl Sendic), y el MAS.
Uno tiende a preguntarse por qué estos grupos intentaban ahora un giro a la izquierda, cuando es notorio que la mayoría de ellos participaban del gobierno y podían haber intentado ese giro mucho antes. Diego Cánepa (5005) es notoriamente un actor destacado del gobierno, y ha recorrido todo el espectro político del FA. En las internas de 2008 comenzó apoyando la candidatura de Astori, y a los pocos días pasó a integrar el comando de campaña de Carámbula; como ninguno de ellos ganó, terminó como secretario del ganador, Mujica, y estuvo a su lado durante todo el período de gobierno. Raúl Sendic (Compromiso Frenteamplista) –ex 26 de Marzo- fue el presidente de ANCAP hasta hace bien poquito, y contaba –y supongo que cuenta- con el respaldo nada menos que de Mujica y de Tabaré Vázquez (muchos hablan de su “delfín”). Enrique Rubio estuvo dirigiendo la OPP en el anterior gobierno y ha sido senador en el actual. El MPP tuvo y tiene la mayor bancada parlamentaria que ha tenido el FA, y además al presidente de la república y varios de los ministros del gobierno. El PCU ocupó el MIDES un tiempo y luego el MSP. Es decir, sectores y personalidades con incidencia en el gobierno, y que sin embargo o no se molestaron en intentar, o no lograron imprimir, un rumbo de izquierda en estos 8 años de gobierno frenteamplista. Al parecer, pensaban lograrlo con unas cuantas propuestas que hacían énfasis en el aspecto económico y en la distribución de la riqueza, presentadas días antes del Congreso.
Tienen todos sin duda algo en común: su discurso previo hacía énfasis en que lo fundamental era el programa, y que lo de las candidaturas era secundario. No obstante lo cual todos ellos primero definieron qué candidato apoyarían y recién después se dedicaron al programa.

UNA ESTRATEGIA FALLIDA

Lo cierto es que la estrategia les falló (incluso hasta la de salir del Congreso con un candidato oficial). Tal vez porque confunden “acumulación” y “correlación de fuerzas” con cuentas de almacenero, en donde se suman y se restan delegados que tal vez estén afines con sus propuestas. Pero la acumulación es algo bien diferente, es sumar cabezas ganadas para determinadas concepciones, cosa que se logra dando una lucha ideológica constante y sin concesiones, y en todos los ámbitos por esas concepciones (cosa que ha brillado por su ausencia).
Ahora el problema es otro. Más allá de lo que se diga ahora (Eduardo Lorier luego del Congreso:  "quedan abiertas las posibilidades a una importante profundización de los cambios"), la estrategia fallida terminó en un programa mediocre, lleno de buenas intenciones y supuestas voluntades de aspirar a hacer cosas más o menos progresistas. Y entonces se ha transformado en una encrucijada.
Porque un programa más concreto, con cifras ciertas y plazos determinados, podría haber hecho pensar a estos grupos (equivocadamente) que podría embretar a cualquier futuro presidente, y tal vez esa haya sido la apuesta. Si no, no se entiende la lucha denodada por un giro a la izquierda y similar empeño (en forma muy paradojal) en postular al candidato más a la derecha, al que no aceptaría un giro a la izquierda y lo ha planteado reiteradamente. 
Ya hemos podido ver que eso no es posible, y que el programa jamás embreta a nadie, y que el programa puede decir frigorífico multimodal y no pasa nada, y que el programa puede decir Convención Nacional Constituyente y tampoco pasa nada, y que el programa puede decir anulación de la ley de impunidad y no pasa nada, etc...

UN GIRO POSIBLE

Pero si un programa concreto no embreta a nadie, menos lo hará un programa que no dice nada y que solo contiene buenas intenciones.
Un programa como este último, como el aprobado en el reciente Congreso, solo podría ser explotado y aprovechado al máximo por un presidente que realmente tenga intenciones de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. Esto es, por un/a presidente de izquierda, que forme un gabinete de izquierda y que conduzca al gobierno con un rumbo de izquierda, apoyado en la participación y movilización constante de sus bases militantes. De lo contrario, las buenas intenciones quedarán en nada.
Y la encrucijada para estos grupos supuestamente de izquierda, es que si con este programa aprobado, triunfa el candidato que ellos apoyan –Tabaré Vázquez-, es obvio que conformará un gabinete a su medida, y en consonancia con quienes han venido llevando la conducción económica desde hace 8 años: el FLS, desestimando la participación popular y apoyándose en los almuerzos de ADM. Por lo cual la película será la conocida, tal cual lo planteó el director de la DGI Pablo Ferreri una vez finalizado el Congreso:  "Claramente la línea de la política económica se mantiene". Tal vez con un agravante: la pérdida de la mayoría parlamentaria, lo que determinaría que un gobierno de centro, termine negociando un programa de centro con la derecha.
En definitiva, si realmente lo que se quiere es lograr un giro a la izquierda en el próximo gobierno, y aplicando lo dicho por estos mismos grupos en su momento, si lo importante es el programa y luego el candidato, deberían revisar –a la luz del programa aprobado- sus definiciones sobre candidatura.
De mantener su apoyo a la candidatura de Vázquez, estarán trabajando para que un próximo gobierno termine dando la razón a Pablo Ferreri y al Frente Liber Seregni.
La afirmación de Lorier ("quedan abiertas las posibilidades a una importante profundización de los cambios") tiene una sola oportunidad: jugarse junto a una masa de frenteamplistas de a pie que trabajan y sueñan por la oportunidad de un cambio con la candidatura de Constanza.
Sería lamentable, ingenuo e infantil (por no aplicar otros términos) que quisieran enmendar el error dando ahora una lucha por obtener la vicepresidencia, como si con ello pudieran lograr algún equilibrio en el futuro gobierno.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

EL HECHO

En una entrevista difundida por el diario El País de Madrid en enero de 2012, la conocida dirigente estudiantil chilena Camila Vallejo habría dicho: Jamás estaría dispuesta a hacer campaña por Bachelet ni a llamar a los jóvenes a votar por ella. Nadie me asegura que su programa sea representativo de las ideas que el movimiento estudiantil ha planteado. Y yo no recibo órdenes del partido. Todo pasa, finalmente, por una decisión personal. A mí nadie me va a obligar”.
No obstante ello, Camila Vallejo no solo que llamó a votar por Bachelet, sino que hizo campaña junto a ella, y acaba de ser electa diputada por el Partido Comunista chileno en la alianza denominada Nueva Mayoría.
Se me ocurre que lo dicho por Camila, y lo que efectivamente hizo, es exactamente lo contrario; esto es: dijo una cosa e hizo exactamente lo opuesto.
Sin embargo, al exponer esta cuestión en las redes, no faltaron quienes salieron a defender a la ex dirigente estudiantil (ahora diputada electa) con todo tipo de argumentos.

LAS JUSTIFICACIONES

“Eso no es "oportunismo", es coherencia”, me dijo alguien, y se explicó: “a mi me jode que los candidatos por el FA sean Tabaré y Constanza, hoy digo que no haría campaña por ninguno de ellos, pero si el objetivo primero es salir de un Gobierno de derecha, obvio que lo voy a hacer”. Es decir, el amigo no solo que aprueba lo hecho por Camila (le llama coherencia), sino que reconoce que él mismo lo haría. Diría hoy una cosa y mañana haría exactamente lo contrario.
También se intentó justificar la actitud por el tema de las alianzas:  “Sin alianzas de clase, nunca se hubiese creado el Frente Amplio”, me dijeron. Esto es: el PCCH hizo una alianza con sectores que llevaban como candidata a Bachelet, por lo tanto, lo dicho por Camila ya no corre.
“Es orgánica y dirigente, tiene que seguir la dirección del partido”, me señalaron. O sea, yo pertenezco al partido X, pero digo lo que se me antoja; después la dirección de mi partido me dice que tengo que hacer lo contrario de lo que dije y yo tengo que hacer lo que me dice mi partido.
Alguien utilizó el contexto como justificativo: “Lo que la Camila dijo en aquel contexto fue perfecto y lo que hizo en este contexto es perfecto”. Para que se entienda: yo puedo decir hoy una cosa, en el contexto de hoy, y dentro de un año (el contexto será obviamente diferente) puedo hacer exactamente lo contrario de lo que dije. No hay problema.
Una variante del contexto, también puede ser el tiempo, y me dijeron lo siguiente: “...es una nota de hace casi 2 años y quizás no conocemos bien los motivos ni la estrategia que estén llevando a cabo en la situación actual ella y su partido..”. Esto es: se puede afirmar hoy una cosa en forma rotunda y de manera contundente, pero si al año y medio la estrategia del partido cambia...entonces hacemos todo lo contrario. No hay problema.
También las correlaciones de fuerza son, al parecer, un justificativo:  Los compromisos dependen de las correlaciones y éstas de la estrategia y de la táctica. Lo que menos importa es la presunta coherencia personal de los incoherentes que dicen lo mismo en situaciones distintas. Eso no es ser principista, es ser meramente testimonial”, me dijeron.
O también la utilidad de lo que se dice, sería una buena justificación. Me explicaron lo siguiente: “Esa declaración la hizo determinada por críticas de los ultras que querían sacarla de la Presidencia de la FECH y de hecho la sacaron, pero ella supo mantenerse en la dirección, esa declaración fue importante para eso, no le aceptaban menos; fue el punto de resolución”. En otras palabras: Camila Vallejo dijo lo que dijo porque con eso lograba mantenerse en la dirección del estudiantado; cumplido el objetivo, está libre para hacer exactamente lo contrario a lo que dijo.
También el objetivo a cumplir parece ser un buen argumento para decir una cosa y hacer la contraria. Por ejemplo, si el objetivo es sacar a la derecha del gobierno:  “las elecciones son elecciones y no quiero ver mas a Piñera, por favor”, me dijeron.
Ya dije que a alguno hasta le pareció coherente lo hecho por Camila; es decir, un día dijo que jamás haría una cosa y un año después lo hizo, y eso se llama coherencia. Pero hubo hasta quien calificó la actitud de Camila Vallejo de valiente: “me parece valiente su actitud después de haber declarado, los que declaró”. Así nomás. Un político que dice una cosa hoy, y mañana hace exactamente lo contrario, no es un chanta ni un oportunista ni un mentiroso ni un inmoral...es un valiente.

¿TODO ESTÁ PERMITIDO?

Hay muchas preguntas que me surgen. Si un político puede decir hoy una cosa y mañana hacer exactamente lo contrario ¿cuál es la parte del discurso que se puede creer?
Si el cumplimiento de un objetivo está por encima de cualquier discurso (por ejemplo, si el objetivo es sacar a la derecha del gobierno se puede hacer lo que se dijo que no se haría, o viceversa) ¿cómo sabré si lo que me dicen hoy lo cumplirán mañana?
Y me pregunto: ¿los justificativos son válidos siempre? ¿o lo son solo cuando se trata de mis dirigentes? Dicho de otra manera: un dirigente de izquierda –al parecer- puede mentir porque el objetivo primordial, y que está por encima de todo, es sacar a la derecha del gobierno. ¿Eso vale también para un dirigente de derecha cuyo objetivo es sacar a la izquierda del gobierno?
Pongamos por caso: si Pedro Bordaberry dijera hoy que de llegar a presidente no haría determinada cosa, y supongamos que gana las elecciones, y llegado al gobierno hace lo que dijo que no haría; y supongamos que se justifica diciendo que el objetivo era sacar a la izquierda del gobierno...¿está bien?
Yo he criticado de mil maneras a Tabaré Vázquez, y he dicho que jamás lo votaré. Si yo pertenezco al partido X, y mi partido hace alianza con sectores que llevan como candidato a Tabaré Vázquez...¿sería natural y lógico que yo encabezara una lista de diputados que lleve a Vázquez como candidato? ¿las alianzas políticas justifican siempre hacer lo que se dijo que no se iba a hacer? ¿quién me creería luego de eso?
¿El honor de las personas y su palabra están sujetas siempre y en cualquier circunstancia a lo que deciden los partidos? ¿Guillermo Chifflet hizo mal en dejar el parlamento por ser coherente con sus dichos y sus principios, y no traicionarlos votando el envío de tropas a Haití? ¿debió someterse a lo que su partido le indicaba?
Si el cumplimiento del discurso de un político depende del contexto, ¿cómo sabremos si lo cumplirá o no? ¿Lo justificamos siempre porque cambió el contexto?
Cuando Jorge Batlle en campaña electoral decía que no había que poner más impuestos, y luego al llegar al gobierno descargó sobre la población un brutal ajuste fiscal...¿estuvo bien porque cambió el contexto? ¿nos equivocamos al criticarlo cuando en realidad debimos haberlo felicitado por su coherencia y su valentía?
Cuando Tabaré Vázquez criticaba en campaña electoral el Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU que tenía en carpeta Jorge Batlle,  y luego al llegar al gobierno fue su primer gran medida...¿teníamos que felicitarlo por su coherencia y valentía? Cuando decía que no estaba negociando un TLC pero luego nos enteramos de que sí lo estaba haciendo (y nos invitó a subirnos al tren) y no solo que lo estaba haciendo sino que le pedía a los negociadores yanquis que le pusieran otro nombre para hacerlo potable para quienes nos oponíamos...¿no estaba mintiendo sino mostrando su coherencia?
Obama logró el voto hispano en 2008 con la promesa de resolver la situación de los 11 millones de indocumentados, cuestión que olvidó apenas se sentó en el salón oval...¿eso es coherencia también? O el cierre de Guantánamo, una de las promesas más publicitadas. La prisión especial para terroristas de la base estadounidense en Cuba sigue abierta. ¿Lo justificamos también por el paso del tiempo, por el contexto, por las alianzas, o por qué?
Si Tabaré Vázquez dijera hoy –supongamos- “jamás ingresaría a la Alianza del Pacífico”...¿le creo o no le creo? Y si mañana llegara al gobierno y llevara de las narices a su gobierno hacia esa Alianza...¿lo justificarían por el contexto diferente? ¿lo felicitarían por su coherencia y valentía?

Se me ocurre que los índices de abstención que se ven en muchos países hoy en día tienen mucho que ver con este tipo de cosas. La política debería tener algún punto de contacto con la moral y la ética. De no ocurrir así, los índices de abstención, los votos en blanco y anulados, seguirán creciendo en popularidad. Y nadie debería asombrarse por eso.

viernes, 1 de noviembre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

-  DÉCIMA PARTE -

Sé lo que muchos dirán, que “la correlación de fuerzas es negativa, que no podemos hablar de socialismo, etc...”. Y no les deja de asistir razón. Sin embargo, esto no significa que los comunistas, mientras no llegan a la correlación de fuerzas deseada, tomen por el atajo del mal menor.

En todo caso, la necesidad del socialismo no está determinada por la correlación de fuerzas. Lo que determina –y que ha determinado también los sistemas socio-económicos precapitalistas anteriores- es la maduración de las condiciones materiales para la construcción de un sistema socioeconómico cada vez superior, la agudización de las contradicciones que rigen el sistema viejo. Es la agudización de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción obsoletas que destruyen o impiden el desarrollo de las fuerzas productivas. Y la obligación histórica es luchar para que llegado el momento de maduración, las condiciones subjetivas estén dadas.

A pesar de los pesares, hoy en día, el factor determinante es la falta de correspondencia entre el carácter social de la producción y del trabajo con la propiedad social sobre los medios de producción. Esta es la base que da lugar a la necesidad de luchar por el socialismo. Al menos de luchar contra el sistema, lo que ya es decir mucho, dadas las circunstancias.

LA VUELTA DE LA DERECHA, O EL MAL MENOR

Se ha instalado en filas del progresismo (y significativamente en el discurso comunista) el discurso del miedo a la vuelta de la derecha. No es que no entienda o no comparta los peligros del retroceso en varios aspectos, pero se asemeja demasiado a un chantaje: “es esto o la vuelta a la derecha”, no tenés opción.

Lenin y los bolcheviques no eligieron el “mal menor”, no “se atraparon” en la búsqueda de soluciones de gestión, no trataron como absoluta la correlación de fuerzas negativa que poco tiempo antes de la revolución de octubre fue negativa para los bolcheviques y a favor de los oportunistas en los Soviets y en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Lo dejaron absolutamente claro: “Ningún apoyo al Gobierno Provisional” como dijo Lenin en las Posiciones de Abril de 1917. Y lo digo porque nunca (nunca) se ha producido en la historia, nunca y en ningún país, se produjo un derrocamiento del régimen de explotación a través de procesos parlamentarios.

Sin ser pájaro de mal agüero, es necesario aprender de otras experiencias, como lo he venido señalando, y también de la experiencia de otros partidos comunistas a nivel mundial. Los errores más importantes que tienen un alto precio, están relacionados con el abandono de la independencia ideológica, política y organizativa del partido comunista en situaciones de cooperación, coaliciones, y hay muchos ejemplos de este tipo en el movimiento comunista. Ejemplos que llevaron a retrocesos de muchos años, a la asimilación o incluso a la disolución de partidos comunistas.

Cito nuevamente al Partido Comunista griego: “La política de alianzas es una política de importancia estratégica, determinada por la línea básica, estratégica y esto es un elemento que requiere consistencia revolucionaria. Cualquier desviación de este deber en nombre de maniobras, de réditos electorales temporales etc conduce hacia atrás, cancela todo lo que había logrado el partido comunista en el período anterior, pone en riesgo su propia existencia revolucionaria”.

Un partido revolucionario no puede tener dos caras, una cara en la acción diaria, en medio de las masas y luchando por sus reivindicaciones, haciendo conciencia antiimperialista y anticapitalista, y otra en las elecciones, como aliado de sectores comprometidos con el gran capital, o apoyando la candidatura de un declarado pro imperialista.

No se puede luchar diariamente para la acumulación de fuerzas por el poder y en las elecciones arruinar este trabajo y hablar de un gobierno de gestión, de un capitalismo en serio, para satisfacer las expectativas de las masas populares para una solución “fácil” pero sin salida, en la óptica del “mal menor”.
No es un problema nuevo, y está en el orden del día de los partidos comunistas a nivel internacional. El problema principal que ha surgido y es una experiencia importante para el movimiento comunista internacional es si un partido comunista participa o no en un gobierno de gestión burguesa independientemente de si aparece con el nombre “de izquierda”, “progresista” etc.

Cito nuevamente al KKE:
“La lógica del “mal menor” conduce a los partidos comunistas a políticas peligrosas de apoyo a la socialdemocracia en el nombre de restringir el poder electoral de la “derecha”, asumiendo responsabilidades para la gestión de la política antipopular de partidos socialdemócratas. Conduce a algunos partidos comunistas a ir a remolque de los partidos burgueses en el nombre de confrontar las formaciones fascistas, ultraderechistas (léase: hay que cuidar la herramienta, el enfrentamiento es con la derecha). Esta experiencia es muy negativa.

De hecho, se perpetúa un círculo vicioso que niega o restringe la independencia ideológica y política de los partidos comunistas, que los desvía de la elaboración e implementación de una línea revolucionaria firme, que utilizará las batallas electorales como formas de lucha que no se separan de la lucha de clases en general, de la lucha por la concentración de fuerzas, por la conquista del poder”.

Ya lo señalaba, por otra parte, el mismo Lenin:
“Hay que elegir entre el mal existente y su rectificación más pequeña, porque la mayoría de los que están en general insatisfechos con el mal existente están a favor de esta “pequeña” rectificación. Después de haber logrado las pequeñas cosas se facilitará nuestra lucha para las cosas grandes. Lo repetimos. Este es el argumento básico, típico de todos los oportunistas en todo el mundo. ¿A qué conclusión conduce inevitablemente este argumento? A la conclusión de que no se necesita ningún programa revolucionario, ni partido revolucionario, ni táctica revolucionaria.” (Lenin “De nuevo acerca de un gabinete salido de la Duma”).

Muchas veces la gente, el pueblo, no entiende cuando se les dice que “el enemigo es la derecha”, que “el enfrentamiento es con la derecha”. Entre otras cosas, porque parecería que el objetivo ya no es la liberación y el socialismo, sino obtener o mantener el gobierno, y evitar que lo obtengan otros. Pero al menos para los comunistas, ese nunca fue “el objetivo”, y a lo sumo un elemento más a obtener en la lucha por el objetivo principal: la liberación, el socialismo, el comunismo.

Pero la gente tampoco lo entiende, porque se dice “antiimperialismo” y se dice “el enfrentamiento es con la derecha”, pero quien lleva adelante los tratados para protegerle las inversiones al imperialismo es el FA, y el candidato que se apoya (aunque la derecha esté de acuerdo), pero quien quiere concretar un TLC con el imperialismo es el gobierno del FA y el candidato que se apoya, no la derecha (aunque la derecha esté de acuerdo), pero quien envía las tropas a Haití es el FA y el candidato que se apoya (y también la derecha), pero quien hace maniobras conjuntas con el ejército yanqui es el FA (aunque la derecha también lo haga).

La gente no lo entiende, porque se le dice “que pague más el que tiene más” y que el enfrentamiento en ese tema es también con la derecha, pero quien pone impuestos no al que tiene más sino “al que gana más”, y desgrava al gran capital, no es la derecha sino el FA (aunque la derecha festeje). Y la gente no entiende cuando se le dice que el enfrentamiento es con la derecha, porque cuando se promete un Frigorífico Nacional, es el presidente de un gobierno del FA quien se opone (aunque la derecha aplauda y se regocije).

Porque los trabajadores cada vez entienden menos cuando se les habla del capitalismo, de la explotación del hombre por el hombre, y se le dice que la derecha representa los intereses del gran capital explotador capitalista e imperialista, pero ese mismo obrero, ese trabajador, ve con sus propios ojos y comprueba, que el gobierno que los comunistas integran y defienden es quien en realidad está trayendo a los grandes capitales trasnacionales explotadores; es ese gobierno el que está primarizando la economía, concentrando y extranjerizando los medios de producción y en definitiva, promoviendo más capitalismo, o lo que es exactamente igual: más explotación.

Y esa contradicción incuestionable, es además a esta altura inocultable. En la práctica, la experiencia acumulada por la política de los partidos y los gobiernos que participan en la gestión burguesa independientemente de si utilizan el título “izquierda”, “progresista” demuestra lo siguiente:

·         Ningún gobierno que gestiona el capitalismo, el poder de los monopolios y la propiedad privada de los medios de producción, ningún gobierno que implementa un programa que se basa en las ganancias de los capitalistas, la competitividad, la productividad y la rentabilidad de los grandes grupos empresariales, puede seguir una política a favor de la clase obrera y de los sectores populares.
·         No existe tal gobierno que pueda controlar las leyes del sistema, sus contradicciones, impedir el estallido de la crisis capitalista. Tarde o temprano las promesas de “alivio” que dieron al pueblo se desinflarán, se demostrarán palabras vanas y las expectativas para algo mejor darán su posición a la desilusión del pueblo, al retroceso del movimiento obrero.

Recordemos lo que decía el PCU en el XXVI Congreso ya citado más arriba: "El capitalismo es una formación económico social, la última basada en la explotación del hombre por el hombre...En este marco, la consolidación de la democracia, la defensa de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, no nos conducen por sí mismas, a la transformación de la base económica, y si apenas nos conformáramos con su abstracta vigencia estaríamos en pleno en el campo del liberalismo burgués, y si nos propusiéramos medidas que dejaran intactas las bases materiales del sistema nos pondría en el campo del reformismo".

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  NOVENA PARTE -
Decía en el artículo anterior, que “sólo en un marco en donde claramente los capitalistas y el estado burgués (...) sean visualizados como lo que son, se puede alimentar el desarrollo de la conciencia obrera y popular, se puede preparar y madurar el factor subjetivo para que corresponda (tanto como sea posible) con las necesidades de la lucha de clases”.

Esto dará un impulso a la lucha de los trabajadores para decidirse a tomar parte en la acción y en las condiciones más difíciles, a enfrentarse con sus adversarios de clase. Mientras los comunistas estén del mismo lado, difícilmente eso pueda ser logrado. Al contrario, si no se da esta batalla, la clase obrera, los sectores populares pobres cuyos intereses (objetivamente) están en dirección opuesta al capitalismo, aceptarán el sistema explotador como única solución.

En este sentido, basta ver la calma y la complacencia con que es aceptado en los más variados círculos el discurso conciliador del presidente Mujica, que a esta altura es un referente de la burguesía y presentado como ejemplo ante las grandes masas del mundo entero. Y es importante también lo que dice María Luisa Battegazzore a este respecto:

“Se ha hecho un lugar común oponerse al pensamiento único y proclamar la necesidad de alternativas al neoliberalismo. La realidad muestra el fracaso del proyecto neoliberal, aún desde el punto de vista burgués. La defensa de los postulados del neoliberalismo puro y duro hoy está a cargo de algunos fundamentalistas, lo que no impide que muchas de sus premisas pervivan en el discurso político”.
“El mensaje de que el capitalismo es la estación terminal del proceso histórico –noción que Perry Anderson considera el núcleo doctrinal del neoliberalismo- persiste y ha prosperado en el proyecto dominante en el “progresismo”, para el cual no existe otro horizonte, ni siquiera pensable, salvo en el terreno de la utopía, donde son colocados los proyectos emancipatorios y revolucionarios, transformados en residuos de la memoria o en mitos del pasado. Pero el mito no tiene un sentido movilizador como en Mariátegui: queda como una especie de premio consuelo moral o de compensación idealista frente a las duras imposiciones de la realidad. Como consecuencia la orientación de las organizaciones sociales y políticas se reduce a la táctica –para algunos, apenas maniobra o mera astucia- sin perspectiva estratégica y ha perdido peso un proyecto consistentemente antisistémico”.
“Por primera vez en la historia de la izquierda uruguaya se hace la defensa, sin ambages, no sólo de un proyecto de desarrollo capitalista, sino de un plan basado en la inversión extranjera y la desestimación del concepto y la realidad del imperialismo. En estas condiciones la lucha ideológica, que nunca rehuyó Arismendi, es tanto o más precisa que en sus tiempos”.

En otro tramo del artículo, Battegazzore señala:

"Luego, el Informe (habla del informe al XX Congreso del PCU en 1970) reitera algunas condiciones delimitando claramente su contenido. “En este momento de su desarrollo, lo vemos (al FA) como un frente democrático avanzado. Entendemos por tal un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo ...”
Subrayamos “en este momento”, porque denota una visión histórica del FA. Su contenido programático y social puede variar y de hecho ha variado. Por tanto, es necesario repensar su caracterización, no sea que por mirar el collar no nos demos cuenta de que nos han cambiado el perro”.

Yo al menos coincido plenamente con Arismendi y con Battegazzore, en el sentido de resaltar que el FA es una visión histórica, y la necesidad de repensar su caracterización. Hoy en día, el FA no es ni la sombra de aquello; no es la alianza de la clase obrera con las amplias capas medias de la ciudad y el campo, y no es apto para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo. Y no puede arrastrar a nadie porque el FA mismo no se opone -ni directa ni indirectamente- ni a la oligarquía ni al imperialismo.

Pero el mismo PCU, en su XXVI Congreso (Capítulo I. Teoría de la Revolución Uruguaya. Defensa, avance y profundización de la democracia avanzada, desarrollo de la concepción, surgimiento, avatares, revisión, reafirmación en nuevas condiciones. Su vigencia y materialización en la línea del Partido) ya advertía algunas de estas cuestiones. Decía por ejemplo:

"Debemos establecer, sin lugar a dudas, que las tareas democrático avanzadas deberán ser resueltas por un gobierno de signo nacional, popular y democrático. ¿Esta afirmación significa que no podemos aspirar a que el FA impulse "un gobierno revolucionario y transformador" como lo concebía Arismendi en el 84?

Y esa pregunta era sin lugar a dudas pertinente, porque las elecciones del 84 habían demostrado que "no habían madurado, en las mayorías nacionales objetivamente interesadas en los cambios antiimperialistas y antioligárquicos, una síntesis que uniera la derrota de la dictadura, el rescate de las libertades democráticas "republicanas" por calificarlas de algún modo, a las tareas democrático avanzadas. Es decir, masas en la escala necesaria que no se conformaran con un "retorno a la época anterior a la dictadura", sino que exigieran un avance real en la ruptura con la estrategia neoliberal".
Decía el PCU entonces que "La alianza del Frente Amplio con otros sectores políticos integrantes del Encuentro Progresista, implica la proyección de un gobierno que iniciará el camino hacia una democracia avanzada, dependiendo, como se dijo, de la relación de fuerzas, las tareas que aborde y la profundidad de su resolución".

Y agregaba: "La capacidad que las fuerzas sociales y políticas más decididas demuestren para fortalecer, desde ya, las organizaciones sindicales, articular un fuerte Frente Amplio, participando organizadamente en la vida política, y la construcción de un gran Partido Comunista, ligado a las grandes masas, incidiendo en el movimiento sindical, en el FA y en el sistema de organizaciones populares, tarea de todas las horas, crearán mejores condiciones para romper, desde el gobierno, la estrategia neoliberal".

Y ahí hay claves que permiten entender por que no se han creado las mejores condiciones para romper, desde el gobierno, la estrategia neoliberal. Porque la proyección de un gobierno del FA iniciando el camino hacia una democracia avanzada dependía de una relación de fuerzas que no se ha logrado construir en favor de los sectores más avanzados, y porque las tareas y la profundidad en su resolución no están ni cerca de las necesarias para iniciar ese camino.
Y porque las fuerzas sociales y políticas más decididas (el PCU incluido) no han mostrado una capacidad para fortalecer el FA (que se encuentra cada día más debilitado en todo sentido) y no se ha construido el Partido Comunista necesario para el desarrollo de todas esas tareas. No tenemos ni por asomo un gran Partido Comunista ligado o al menos ejerciendo influencia en las grandes masas.

En “La revolución uruguaya en la hora del Frente Amplio”, Rodney Arismendi relata las peculiaridades del proceso revolucionario uruguayo analizadas en el año 55, y nos decía entre otras cosas:

“el predominio por largo período de sectores democráticos de la burguesía, la ruta particular que prácticamente separó el Uruguay del frecuente gorilismo, de la guerra civil, engendraron también en la República entroncando con sus mejores tradiciones, una mentalidad nacional-reformista, democrática, liberal avanzada, laica, civilista. Utilizada por las clases dominantes, esa ideología era un instrumento de conformismo y hasta permitía establecer esa imagen de auto satisfacción del Uruguay -presunta “Suiza de América”- en fin, el Uruguay turístico. De ahí el “como el Uruguay no hay” de las viejas consignas de las clases dominantes y del batllismo en particular”.

Da la impresión de que esa “mentalidad nacional-reformista” que otrora fuera utilizada por las clases dominantes como instrumento de conformismo, está siendo hoy utilizada (eficazmente, hasta cierto punto) por el Frente Amplio en el gobierno.

Oscar Botinelli señalaba recientemente en Brecha: “Para Arismendi el Frente Amplio no debía ser una coalición puntual pero tampoco un partido político, como sociologicamente devino ser en las últimas dos décadas y algo. Lo veía como una alianza fuerte, de largo tiempo, para procesar los cambios profundos que consideraba que el Uruguay necesitaba. Pero además como una alianza de clases, como una formación política pluriclasista: obreros, empleados, pequeños y medianos comerciantes, industriales y productores rurales, profesionales. Dicho en términos marxistas: la alianza del proletariado y la pequeña burguesía, las capas medias. A su vez veía para el Partido Comunista (y en parte para “el partido hermano”, el Socialista) la representación y guía de la clase obrera”.

Y hoy día, ni siquiera es esa formación política pluriclasista que procesará los cambios profundos, y la prueba más palmaria de ello es que la estrategia del PIT-CNT trazada en 2012 y puesta en movimiento en los primeros días de abril del 2013, es la “Concertación Nacional por el Desarrollo Productivo y Social”, como una “forma de ensanchar la base social y política para la aplicación del programa de la clase obrera y el pueblo, ubicada en el plano de la extrema amplitud, con todos los actores económicos, productivos, sociales y políticos interesados objetivamente en un programa de transformaciones profundas en la estructura de la sociedad uruguaya, el asunto central es la generación de las condiciones de fortalecer el bloque social y político de los cambios”.

Esto es, si la clase trabajadora organizada se está planteando conformar una alianza con vastos sectores para lograr generar condiciones para llevar a cabo transformaciones, es porque el FA (que ya existe) no es esa alianza. Como lo decía Marcelo Abdala en una reciente entrevista en El Popular acerca de la Concertación para el Desarrollo Productivo: “Se trata de que converjan todos los sectores laboriosos de la ciudad y el campo, buscando acuerdos programáticos, que permitan inaugurar una agenda de transformaciones profundas necesarias en la vida del país”. Agenda que se planteó el FA en 1971 y que abandonó por el camino.

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)


-  OCTAVA PARTE -
Y todo esto que veníamos diciendo anteriormente es relevante analizarlo, porque todos sabemos que sin el derrocamiento revolucionario, el poder, los medios de producción y la riqueza que producen los trabajadores permanecerán en manos de la burguesía. Y por lo tanto, no existirán (objetivamente) las condiciones para la satisfacción de las necesidades populares, se perpetuará la explotación capitalista y por lo tanto, a la larga o a la corta se acumularán problemas para el pueblo, y el Partido Comunista quedará expuesto, atrapado en el círculo vicioso de la incorporación en el sistema.

El capitalismo es un sistema históricamente anticuado y condenado a la desaparición, y ningún modo de gestión le puede dar un rostro humano. Lo que hoy tenemos en nuestro país con los gobiernos del FA, es la gestión liberal y socialdemócrata tradicional, la que en algunos lugares se presenta como “de izquierda”, “de la nueva izquierda”, “progresista” etc. y que ha provocado discusiones en el movimiento comunista internacional.

Estos gobiernos progresistas del FA, por un lado, profundizan el modelo actual capitalista extractivo y, por otro lado, enarbolan un discurso político que tiene como efecto despolitizar a la sociedad, buscando de esa manera atemperar o erradicar el conflicto social. Por esa razón se fustiga la movilización de los docentes, o se condena las conquistas del gremio de la bebida recurriendo al fantasma de la inflación.

La ley fundamental de la creación de plusvalía, de trabajo no remunerado y ganancia para los monopolios que son el corazón de la naturaleza explotadora del capitalismo, no cambia por ninguna gestión cualquiera que sea su denominación. Esta ley, independientemente de las fórmulas de la política implementada, determina el carácter explotador de la economía.

Sabemos que la agudización de la contradicción fundamental, entre el carácter social de la producción y del trabajo por un lado, que pone en movimiento a millones de obreros, trabajadores que producen la riqueza, y por otro lado la apropiación privada capitalista de los resultados de este proceso, tiene su base en el poder del capital y en su propiedad de los medios de producción.

Y sabemos también que es justamente esta contradicción la que conduce a las crisis capitalistas, que hace que el sistema sea más y más agresivo y reaccionario. Esto es lo que demuestra la experiencia reciente de la crisis capitalista que ha afectado a Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros Estados de la Unión Europea así como los EE.UU., Japón y otros países capitalistas según la fase del ciclo en que se encuentra cada país.

Como bien ha señalado recientemente el Partido Comunista griego, “Esta contradicción no puede ser superada por ninguna fórmula de gestión del sistema, y la subestimación de la contradicción fundamental en el nombre de las “particularidades nacionales” atrapa a algunos partidos comunistas en posiciones equivocadas”.

Sabemos, como lo ha dicho y reiterado en sus informes el Comité Central del PCU, que la agresividad imperialista y la agudización de las contradicciones interimperialistas sobre el control de las materias primas, la distribución de los mercados y de las esferas de influencia, constituyen la base para el estallido de las guerras imperialistas.

Esto no tiene que ver solamente con la experiencia histórica de las épocas anteriores, (Primera y Segunda Guerra Mundial), sino que está relacionado con decenas de guerras locales y regionales, las guerras en Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia. Está relacionado con la intervención en los asuntos internos de Siria, las amenazas contra Irán, el peligro de una guerra imperialista generalizada en el Mediterráneo Oriental, en el Golfo Pérsico, o en Corea. Sin olvidar que por América Latina esa agresividad se manifiesta en situaciones como la intervención en Haití, el golpe fallido en Venezuela, los golpes en Honduras y Paraguay, etc.

La pregunta es ¿Cuál es la respuesta a esta situación desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y de los sectores populares, desde el punto de vista del progreso social? 

Y la respuesta no puede ser otra que el desarrollo de la lucha de clases. El desarrollo de la lucha ideológica, política y de masas por el derrocamiento de la barbarie capitalista. El desarrollo de la lucha de clases, en primer lugar en donde nos toca luchar, a nivel nacional, allí donde se manifiesta de manera clara y directa la contradicción entre capital y trabajo. Así como con la coordinación esencial a nivel internacional con los partidos comunistas y revolucionarios, y con las fuerzas sociales que tienen interés en luchar contra el capitalismo y contra el imperialismo.

Y la siguiente pregunta es ¿Puede el PCU hacer su parte, la que le corresponde como “Partido de la clase obrera”, cuando forma parte de un gobierno comprometido hasta la médula en ese mismo sistema?

Porque la cuestión fundamental sigue siendo la lucha por el socialismo y las exigencias que esta determina, para que esta lucha se traduzca en la práctica en la orientación del movimiento obrero, en el marco político que plantean los comunistas en la lucha contra la explotación capitalista. Porque no existe otra manera de sentar en el banquillo de los acusados al sistema de explotación, a las fuerzas del capital y sus representantes políticos.

Porque esto no puede hacerse promoviendo de modo general y vago el “desarrollo”, la “democracia”, el “progreso social” sino el desarrollo (socialista) que tiene como criterio la satisfacción de las necesidades populares sin los capitalistas y la ganancia capitalista, con la riqueza en manos de los trabajadores que la producen.

Habrá quienes sostengan otra cosa, pero se me ocurre que sólo en un marco en donde claramente los capitalistas y el estado burgués que utilizan los medios más modernos de manipulación, intimidación, represión y el oportunismo, sean visualizados como lo que son, se puede alimentar el desarrollo de la conciencia obrera y popular, se puede preparar y madurar el factor subjetivo para que corresponda (tanto como sea posible) con las necesidades de la lucha de clases.

Es lo que mencionaba anteriormente respecto de los gobiernos que en América Latina avanzan en apoyo popular: “una izquierda que apuesta a la épica revolucionaria, que se involucra activamente en los debates con los países centrales, con las oligarquías y con el imperialismo, con sus representantes políticos y mediáticos y en general con el pensamiento hegemónico en todos los planos. Y lo hace en medio de la polarización, identificando claramente al enemigo social, económico y político de las transformaciones, y promoviendo medidas que afectan directamente los intereses concretos de esos sectores, tanto nacionales como trasnacionales”.

domingo, 20 de octubre de 2013

EL PROBLEMA DE LA UNIDAD EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA (Análisis de la estrategia del Partido Comunista Uruguayo a la luz de los resultados)

                                                                                      -  SÉPTIMA PARTE -

¿QUÉ HACER?

Lo primero es analizar estas cuestiones, ver lo que que se ha avanzado –si es que se ha avanzado-, y si no se avanzó, por qué, qué es lo que hay que modificar de la estrategia y la táctica. Si hace más de medio siglo, se planteó como estrategia la unidad de la clase obrera y de las fuerzas de izquierda, para lograr determinados objetivos básicamente anticapitalistas, antilafundistas, antioligárquicos y antiimperialistas, y habiendo logrado la unidad hoy estamos parados en el mismo punto que hace medio siglo atrás (siendo generosos), algo necesita ser analizado.
Y lo que digo y propongo no es una genialidad que se me haya ocurrido a mi, puesto que eso no es algo que suela pasarme. Lo que digo y propongo ya lo decía Lenin hace bastante tiempo:

“Lo más seguro, cuando se trata de un problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este problema en forma correcta, sin perdernos en un cúmulo de detalles o en la inmensa variedad de opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema científicamente, es no olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y, desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy”. (V. I. Lenin. "SOBRE EL ESTADO". Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov el 11 de julio de 1919).

Si elaboramos una línea política cuya estrategia central era una línea de lucha antimonopolista, antilatifundista, antiimperialista, como forma de acumulación de fuerzas para crear la base para la política de alianzas del partido y su actividad en el movimiento obrero y popular con el objetivo de resolver la cuestión fundamental del poder; poder popular que crearía la base económica cuya característica básica sería la socialización de los medios de producción concentrados y la planificación central, y hoy estamos integrando un gobierno cuyo norte es el libre mercado y se asusta hasta de construir un frigorífico multimodal que no asustó al batllismo, allí hay cosas para analizar.

La realidad objetiva nos dice que no existe un sistema socioeconómico intermedio entre el capitalismo y el socialismo, y por lo tanto no existe un poder intermedio. El poder lo ejercen las clases dominantes. Si bien el Partido desarrolló la teoría de “democracia avanzada”, la misma tiene que ver con determinadas características políticas que estamos lejos de tener. Y en este punto quisiera transcribir unas reflexiones de María Luisa Battegazzore en lo que tiene que ver con la categoría “democracia avanzada” en Rodney Arismendi:

DEMOCRACIA AVANZADA

“En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...” Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo, dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica”.

Y más adelante:
“A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:
· el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
· el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
· la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
· una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo.
Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores, crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”

En ese sentido, difícilmente podamos hablar de democracia avanzada hoy en día, ni por las clases que conducen, ni por el programa que se pone efectivamente en práctica, ni por la acción de las masas sosteniendo el proceso, ni por una orientación al menos subjetivamente socialista, ni por una voluntad de superar los marcos del capitalismo. Eso está claro. Pero tampoco me atrevería a decir que estamos avanzando en democracia rumbo a una democracia avanzada.

Y no quiero dejar de darle la importancia que se merece a la mención a la transformación moral. Es bueno pensar en cuales son los valores que estamos inculcando cuando un presidente (Tabaré Vázquez) le miente a su fuerza política y a los miembros de su gobierno (cuando decía que no estaba gestionando un TLC), o cuando le oculta a su gobierno y a su fuerza política cuestiones tan relevantes como el pedido de ayuda a Bush (pero lo cuenta graciosamente en un colegio del Opus Dei), actúa abiertamente contra resoluciones de su propia fuerza política (veto de TV a dos leyes votadas por el FA, la del aborto y la del seguro que beneficiaba a los trabajadores, y Mujica y Astori concurriendo al parlamento a decirles a los legisladores que no votaran la ley de anulación de la impunidad que expresamente había mandatado el Congreso, la Mesa Política Nacional y tres Plenarios Nacionales consecutivos). 

Y es bueno plantearse estas cuestiones morales cuando está en la agenda la más que probable segunda candidatura de uno de esos siniestros personajes.

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...