martes, 13 de diciembre de 2011

¿A QUE APUNTA JULIO MARIA?



A uno le asalta la duda cuando va a escribir sobre determinados temas, y se hace la pregunta del millón: ¿Vale la pena perder tiempo en esto? Pero creemos que sí, que lo vale, porque no es bueno dejar pasar algunas cosas, porque la lucha ideológica hay que darla constantemente, aunque la lucha sea sumamente desigual, en la medida que los grandes medios de difusión llegan a grandes masas con sus mentiras y con su desinformación.
UNA AMNISTIA PARA TODO EL MUNDO
En una entrevista en canal 12, el ex presidente Julio María Sanguinetti (también ministro de Industria en el gobierno de Jorge Pacheco Areco, y ministro de Educación y Cultura durante el gobierno de Juan María Bordaberry, ocasión en la que elaboró la funesta ley de educación que entre otras cosas daba potestades al CONAE para controlar y penar las actividades de los estudiantes, padres, profesores y funcionarios), habló del caso del maestro Julio Castro, cuyos restos aparecieron recientemente.
Basado en su reiterada “teoría de los dos demonios”, explicó que cuando fue presidente incluyó el caso en la ley de caducidad porque esta era una ley de amnistía general; que se había amnistiado a los guerrilleros, a los que estaban presos a los que no habían estado presos, a los que estaban en el Uruguay, a los que estaban en el extranjero, a los que habían asesinado a sangre fría, a los que habían secuestrado, “...y del lado militar, que en aquel momento tampoco se conocían las circunstancias, salvo las muy notorias...eh...bueno...se amnistió a todo el mundo”.
De esta sencilla manera, Julio María Sanguinetti explica lo sucedido por aquellos años nefastos de nuestro país. De un lado había gente que secuestraba y asesinaba a sangre fría (algunos estuvieron presos y otros no), y del otro lado había militares que no se sabía muy bien lo que habían hecho; por lo tanto, la solución fue “una amnistía general para todo el mundo”.
No importa que Julio Castro no tuviera nada que ver con ninguna guerrilla, que fuera un maestro de una notable trayectoria, dedicado fundamentalmente al desarrollo de las escuelas rurales y un luchador incansable por los derechos humanos y la justicia social desde el semanario Marcha. No importa que la guerrilla hubiera sido completamente derrotada en el año 1972, y que el maestro Julio Castro fuera apresado por la dictadura en el año 1977 (cinco años después) y asesinado (ejecutado con un tiro en la cabeza y con las manos atadas con alambre) un 3 de agosto de ese mismo año luego de ser salvajemente torturado. Lo que importa es justificar la agachada y la complicidad con los asesinos.
Sanguinetti no es estúpido. Sanguinetti sabe que la represión de la dictadura fue contra toda la sociedad, que la guerrilla estaba derrotada antes del golpe de estado. Sanguinetti sabe perfectamente
que la sociedad uruguaya fue víctima de la peor represión conocida en toda su historia, sabe que la tortura fue sistemática y contra todos los detenidos. Sabe muy bien Sanguinetti que no había que ser guerrillero, que ni siquiera se necesitaba saber manejar una chumbera para ir a parar a las mazmorras de la dictadura. A Sanguinetti no se le escapa que alcanzaba con pertenecer o haber pertenecido a un partido de izquierda. Que para ser candidato a la tortura la violación o la muerte alcanzaba con haber militado alguna vez en alguna organización estudiantil o sindical, o simplemente haber opinado de alguna forma contra la dictadura.
Sanguinetti no ignora que la ley de amnistía para los presos políticos es una cosa totalmente diferente a la ley de caducidad, y que comparar una con otra es una inmoralidad. Que la ley de amnistía excluía a los autores de delitos graves (que en ese momento estaban detenidos y habían sido juzgados por la “justicia” militar), quienes debían ser sometidos a nuevo juicio por la Justicia Civil, y cuyo único beneficio extraordinario era la reducción de la pena en razón de las condiciones infrahumanas en las que estuvieron detenidos, y por lo cual se les computarían tres días por cada día de prisión. Y que en cambio la ley de caducidad establecía que “...ha caducado el ejercicio de la pretensión punitiva del Estado respecto de los delitos cometidos hasta el 1° de marzo de 1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en ocasión del cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el período de facto”. Esto es: impunidad pura y dura. Mientras la ley de amnistía estableció que los detenidos por crímenes graves debían ser investigados y juzgados nuevamente (por una justicia de verdad), la ley de impunidad estableció que quienes habían cometido delitos de lesa humanidad no podían ser investigados ni juzgados. En un caso hubo pretensión de verdad y justicia, en el otro se bloqueó cualquier forma de llegar a ellas.
Pero Sanguinetti suele hacer ese tipo de falseamientos. No es la primera vez -y tal vez no sea la última- que sabiendo como han sucedido las cosas, le quiere hacer creer al pueblo uruguayo que han sido de otra manera. Como cuando afirmó que en este país no había niños desaparecidos; mentira que la existencia de Macarena Gelman deja patente día a día.
PODÍAMOS...PERO NO LO HICIMOS....
Las declaraciones de Sanguinetti podían haber terminado allí, porque con eso “contestaba” la pregunta del periodista, que lo interrogaba acerca de por qué había incluido el caso de Julio Castro en la ley de caducidad. Pero al ex presidente se le ocurrió que debía agregar algo más. “También hay que aclarar, muy inequívocamente -dijo el ex mandatario colorado- que la ley de caducidad jamás impidió investigar. Lo que cerraba era era el juzgamiento, y eso es una amnistía. No cerraba la posibilidad de investigar, que siempre estuvo abierta”.
En cierto modo, es verdad lo que dice Sanguinetti; el artículo 4° de la ley de impunidad establecía que “...el Juez de la causa remitirá al Poder Ejecutivo testimonios de las denuncias presentadas hasta la fecha de promulgación de la presente ley referentes a actuaciones relativas a personas presuntamente detenidas en operaciones militares o policiales y desaparecidas así como de menores presuntamente secuestrados en similares condiciones”. Y establecía a renglón seguido que “El Poder Ejecutivo dispondrá de inmediato las investigaciones destinadas al esclarecimiento de estos hechos”.
Lo que no dice Sanguinetti, es que él mismo fue presidente no uno, sino dos períodos, y que jamás dispuso ninguna investigación para investigar ninguno de los hechos denunciados. Lo que no dice Sanguinetti, es que mientras fue el titular del Poder Ejecutivo, lo que hizo, en primer lugar, fue promover la impunidad, y que la ley infame fue votada en su primer gobierno.
Pero tampoco dice que durante sus dos mandatos, toda vez que le era presentado un caso de violación de los derechos humanos por parte de la dictadura, invariablemente lo incluía en la ley de impunidad. O dicho de otro modo: durante los dos períodos en que le tocó gobernar, se ocupó de que la impunidad de los violadores de los derechos humanos fuera total y absoluta. Y por eso incluyó en la ley de impunidad, entre otros casos, el del maestro Julio Castro.
Una pasión por la impunidad algo esquizofrénica y rayana en la complicidad, si tenemos en cuenta su actitud diferente ante casos similares. Porque este Sanguinetti que ha hablado de “no revolver las cenizas” -metáfora abyecta- o que “Un pueblo que no sabe perdonar se arriesga a repetir su pasado”, cuando se trata de el reclamo de verdad y justicia de los uruguayos, es el mismo Sanguinetti que concurre año a año a la conmemoración de la “Noche de los cristales rotos” por parte de la colectividad judía, en donde nunca aconsejó nada parecido.
Las preguntas que se nos ocurren son variadas, y no tenemos respuestas para ninguna de ellas: si la ley de impunidad permitía investigar y llegar a la verdad aunque no juzgar a los responsables; y si Sanguinetti sabía que esto era así y no dispuso la investigación de ninguno de los casos, ¿por qué dice lo que dice? ¿es un acto de contrición? ¿es tal vez un acto de reafirmación de su propia bajeza, confirmando que pudo haber hecho algo por la verdad y no lo hizo? ¿está buscando tal vez compañía en su ignominia? Porque tal vez nos esté queriendo decir: “está bien...yo podía haber investigado y no lo hice...pero no fui el único”. Y en ese caso, tendría razón -aunque no disminuiría un ápice su culpa-, ya que recién se comenzó a aplicar en serio el art.4° de la ley de impunidad -el que no solo permitía, sino que además obligaba a investigar- cuando llegó al gobierno una fuerza progresista. Porque hubo otros gobernantes en este país que tampoco movieron un dedo para hacer lugar a la verdad, mientras se morían familiares sin saber que había pasado con sus hijos, sus padres, sus nietos, hermanos. Salvo, claro, aquella Comisión para la Paz del gobierno de Jorge Batlle que, como vemos ahora, solo produjo verdades a medias o directamente mentiras como las que se les comunicó a la familia del maestro Julio Castro.
Tal vez en algún momento personajes como estos deban pasar también por los juzgados, y entonces quizás podamos saber algo más sobre lo que ha sido su nefasta y abyecta actitud durante todos estos años.

viernes, 18 de noviembre de 2011

LA VERDAD SÍ, Y LA JUSTICIA TAMBIÉN



En agosto de 2009, cuando José Mujica era todavía candidato a presidente, durante una visita a Santiago de Chile, dijo: "A mí no me interesa la gente presa, me interesa la verdad. Porque la verdad es la forma superior de castigo para los que son responsables de los atropellos. Ya han pasado muchos años desde los hechos y detesto tener ancianos presos".
Y hace pocos días, en Porto Alegre, el presidente mantuvo un intercambio con militantes de izquierda en el que ratificó esta idea. “Quiero que los orientales se encuentren, que no se tengan que odiar; quiero que las generaciones que vengan aprendan de nuestros propios errores, y que cometan los suyos, pero no los nuestros”, dijo el presidente. Uno de los asistentes preguntó: “¿van a seguir detenidos los delincuentes, independiente de que sean viejitos de más de setenta años?”. Y el presidente le respondió: “de mi parte no tengo fuerza para disponer lo contrario, pero yo discrepo. Si pudiera, no tendría preso a hombres de 80 años para arriba, pero yo no soy dueño del país”. Antes, Mujica había señalado que en la vida es necesario tener prioridades: “No puedo vivir angustiado, solo mirando para atrás. Mi angustia son los que van a venir. Porque el mundo del pasado no lo puedo arreglar. Si acaso puedo ayudar a que el mundo del mañana sea un poco mejor”, dijo. Su postura, es compartida también por Lucía Topolanski, y genera el rechazo de los grupos de izquierda y organizaciones de derechos humanos. Por aquello de que el que calla otorga, nos parece que debemos decir algunas cosas al respecto.
Lo primero que queremos decir, es que no nos sentimos demasiado conmovidos por los ancianos residentes en Domingo Arena. Ancianos que por cierto no se encuentran allí hacinados como lo están los presos comunes en otras cárceles. Ancianos que al parecer no se encuentran en condiciones muy delicadas de salud como uno puede ver cada vez que tienen que ir a declarar nuevamente a un juzgado (todos los días se descubren nuevos crímenes de los que son autores), y que salen de allí sonrientes y dicharacheros.
DESDE LO LEGAL
Habría que señalar además que, desde el punto de vista legal, esa excarcelación, o la prisión domiciliaria serían virtualmente imposibles, dada la legislación que se ha establecido en los últimos años, y en la que incluso participó la propia senadora Lucía Topolanski al integrar el Parlamento..
En el año 2005, se votó una ley, la Nº 17.897, cuyo nombre es “Libertad anticipada y provisional. Régimen excepcional”. Y en su artículo 9º se habla de la “Prisión domiciliaria”, y dice: “El Juez podrá disponer la prisión domiciliaria de personas procesadas o condenadas mayores de setenta años, cuando ello no involucre riesgos, considerando especialmente las circunstancias del delito cometido”. Quiere decir: es “el Juez” quien podrá disponer la prisión domiciliaria en determinados casos, y por eso dice bien Mujica cuando dice que “de mi parte no tengo fuerza para disponer lo contrario, ... yo no soy dueño del país”.
Pero además, ese mismo artículo establece excepciones para este instituto de la “Prisión
Domiciliaria”, y dice que “…no será aplicable a los procesados y condenados que hayan cometido los siguientes delitos:
1) El delito de homicidio cuando concurran las circunstancias agravantes previstas en los artículos 311 y 312 del Código Penal.
2) El delito de violación.
3) Los delitos previstos en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (Ley N°
17.510, de 27 de junio de 2002)".
Como estos ancianos de los que hablamos tienen en su haber una colección de los delitos incluidos en los tres puntos, no solo el presidente Mujica sino que tampoco ningún juez podrá mandarlos para la casa.
Pero por si esto fuera poco, se acaba de votar una ley que dice que los delitos cometidos por estos ancianos son de lesa humanidad, por lo cual, además de imprescriptibles no son excarcelables. Y esto es así porque en el 2006 se votó otra ley (la Nº18026), que tipifica los delitos de lesa humanidad en nuestro país, y que establece la improcedencia de la amnistía o similares para esos delitos: “Los crímenes y penas tipificados en los Títulos I a III de la Parte II de la presente ley, no podrán declararse extinguidos por indulto, amnistía, gracia, ni por ningún otro instituto de clemencia, soberana o similar, que en los hechos impida el juzgamiento de los sospechosos o el efectivo cumplimiento de la pena por los condenados".
De manera que, salvo que se esté pensando en derogar estas leyes para poder beneficiar a esos ancianos, que además de ancianos son los sujetos más repudiables de la historia uruguaya -de la reciente y de la no tan reciente- estos señores de avanzada edad deberán permanecer en prisión.
No es eso al parecer lo que estaría en la mente de Topolanski ni del presidente ni del MPP. Pese a la convicción que ambos tienen sobre que los militares retirados mayores de 70 años no deberían estar en la cárcel, ni el gobierno ni la fuerza política trabajan en un proyecto de ley para que eso suceda. Así lo confirmó hace unos días el secretario de Presidencia, Alberto Breccia, que dijo que el Poder Ejecutivo no trabaja en ese sentido y varios legisladores del MPP aseguraron lo mismo, pese a que los máximos referentes del sector estén a favor de la medida.
Eso desde el punto de vista legal. Pero habría que decir algunas otras cosas.
NO SON ARGUMENTOS VÁLIDOS
Veamos por ejemplo la afirmación de 2009. ¿Es la verdad “la forma superior de castigo”, como afirma Mujica? Eso es sin duda toda una novedad. Porque desde que el mundo es mundo, cuando alguien infringe un daño a otro, lo que la sociedad hace es investigar para conocer la verdad de lo sucedido, para conocer quien es el autor del daño, cuales fueron sus motivaciones, los atenuantes o los agravantes, y en función de todo eso, aplicar el correspondiente castigo. Si la forma superior de castigo fuera conocer la verdad, no se entiende para qué el resto. De ser así, ni siquiera sería necesaria la institución Justicia, y solo alcanzaría con la investigación policial. Una vez conocido el o los autores de determinado delito, se daría a conocer su identidad por todos los medios posibles, y ese sería el castigo. Pero no creemos que sea así. Creemos que quienes cometen un delito deben ser sometidos a la justicia, y la forma que la sociedad tiene de resarcir en alguna medida a los ofendidos (que en el caso de los delitos de lesa humanidad son la humanidad en su conjunto) es la aplicación de un castigo (generalmente la prisión), que además –al menos en teoría- cumple la función de rehabilitar al que cometió el delito. Mujica y su esposa pueden detestar tener ancianos presos, están en su derecho, y tal vez si quienes cometieron esos horrendos crímenes hubiesen marchado presos inmediatamente, y llegaran a ancianos luego de pasar muchos años encerrados, tal vez una buena parte de la sociedad los acompañara en su forma de pensar. Pero de hecho, luego de cometer esos delitos abominables estos señores estuvieron en libertad, hicieron sus vidas cual si nada hubiera pasado, y muchos de ellos ni siquiera perdieron sus jubilaciones (como cualquier otro mortal), y el poco tiempo que han estado encerrado lo ha sido en condiciones tales que ni siquiera puede ser considerado un castigo.
Todos podemos compartir la idea de que “los orientales se encuentren, que no se tengan que odiar”. Pero ahí sí, es necesaria la verdad para que eso suceda. No es posible que los orientales se encuentren cuando en el medio reina el ocultamiento. Para que el encuentro tenga una oportunidad, la sociedad necesita conocer la verdad sobre lo ocurrido, necesita saber donde están los desaparecidos, por qué los hicieron desaparecer, las circunstancias en que ocurrió, etc., pero fundamentalmente es necesario que quienes cometieron esas barbaridades de alguna manera muestren un mínimo de arrepentimiento y pidan perdón a la sociedad en su conjunto. Porque en todo este período, NI UNA SOLA VEZ, NI UNA SOLA, las Fuerzas Armadas de este país mostraron un mínimo de arrepentimiento; jamás, ni como colectivo ni en forma individual. Lo que hace mucho más repudiable -si esto fuera posible- su infame accionar y los crímenes cometidos durante los años más nefastos de nuestra historia.
Dice Mujica; “…el mundo del pasado no lo puedo arreglar. Si acaso puedo ayudar a que el mundo del mañana sea un poco mejor”. La cuestión es si perdonar, o aliviar la pena de quienes cometieron esos delitos aberrantes, es una forma de ayudar a un mundo mejor en el futuro. Porque si la señal que les damos a los jóvenes es que cuanto peor es el delito cometido, mayor es la posibilidad de obtener el perdón, entonces no es difícil imaginar como puede llegar a ser ese mundo del mañana.

viernes, 4 de noviembre de 2011

SOSTIENE ROSALES



El ex comandante del Ejército, Rosales, hizo declaraciones al dejar su cargo. Dijo algunas cosas que son ciertas, y otras que no lo son.
Durante su discurso en el que cedió este lunes el mando a Pedro Aguerre, acto al que concurrió el presidente José Mujica, llamó a no ser “rehenes de hechos lamentables ocurridos hace 30 años”.
Aunque Rosales parece que olvidó la época en que esas fuerzas armadas tuvieron de rehenes a miles y miles de uruguayos, es verdad que las fuerzas armadas de hoy son rehenes de los hechos lamentables ocurridos hace 30 años, aunque en verdad esos hechos lamentables siguieron ocurriendo hasta hace 27 años, ya que Roslik fue salvajemente asesinado en un cuartel en el año 84.
Pero son rehenes, claro que lo son, en el sentido de que no serán liberados de ese peso hasta que quienes ensuciaron el uniforme paguen ante la justicia y la sociedad. Recién entonces los uruguayos podremos separar la paja del trigo, los asesinos de los inocentes, los violadores de los que no lo son, los ladrones de niños de los que no lo son.
Pero Rosales dice que de evaluar las causas y las eventuales responsabilidades se deben encargar "el tiempo y la historia". Y eso, señor Rosales…eso es lo que usted quisiera (no está solo en eso, otros piensan lo mismo)…que se encargue el tiempo y la historia…en lo posible cuando ya los responsables estén bajo tierra. Pero de eso se va a encargar antes la justicia, gracias a la lucha de miles y miles de militantes que no han sejado jamás para que así sea.
Rosales dice que “todo aquello que se haya hecho apartándose de la dignidad, debe ser rechazado enfáticamente”. Y es verdad, pero además de ser rechazado enfáticamente, también debe ser juzgado y penado como corresponde, porque son crímenes brutales e inhumanos señor Rosales, no faltas de conducta.
Rosales dice que “En estos tiempos hay que mirar para un solo lugar, que es el futuro para que no sean las mujeres y los hombres, actuales integrantes de este Ejército, rehenes de hechos lamentables ocurridos hace 30 años”. Y ahí Rosales se equivoca de cabo a rabo. Porque vuelve a caer en expresiones de deseo. Lo que Rosales desea es que nadie mire hacia atrás, y por eso solo quiere que miremos hacia el futuro. Pero hay que mirar hacia atrás, inevitablemente, porque todavía falta mucho para hacer, hay mucho que aclarar, hay cuerpos que tienen que aparecer, hay militares que tienen que ir a declarar y hay militares que tienen que ir a la cárcel por lo que hicieron, y para eso hay que investigar el pasado, no el futuro. Pero además, también se equivoca –en realidad no creo que se equivoque, creo que lo hace a conciencia- cuando dice que “los actuales” integrantes de este Ejército son rehenes de los que otros hicieron. Porque en este Ejército de hoy sigue habiendo asesinos cobardes y violadores de los derechos humanos. La prueba más fehaciente es el Gral. Dalmao, general en actividad que se encuentra en prisión procesado por el asesinato de Nibia.
El señor Rosales es un atrevido y un mentiroso cuando dice que “el Ejército no puede ni debe seguir respondiendo institucionalmente por deudas que no le corresponden”. Porque el Uruguay entero sabe que fue el ejército como institución el que apoyó el golpe de estado dado por Juan María Bordaberry, y que luego se quedó con el poder para desde allí torturar, asesinar y violar mientras se instauraba una política económica expoliadora de los trabajadores.
Se equivoca Rosales cuando dice que “Tampoco puede nuestro Ejército estar sometido a una falta de valoración permanente que surge por parte de algunos sectores de la sociedad”, porque la valoración que algunos sectores de la sociedad hacen de ese ejército, está sustentada en los más aberrantes crímenes cometidos por esa institución en la historia de esa propia institución. Y para que esa valoración cambie, lo que tiene que suceder, en primer lugar, es que quienes ensuciaron el prestigio de la institución lo limpien diciendo donde están los desaparecidos. En segundo lugar, esa institución debería pedir perdón a la sociedad y mostrar claramente su arrepentimiento y su compromiso con los valores democráticos y con los derechos humanos, cosa que hasta el momento no ha sucedido.
El señor Rosales, se permite además “enviar un particular saludo a todos aquellos camaradas que juran por su honor no haber mancillado la dignidad de la fuerza y ven con desazón, angustia e impotencia propia y de sus familiares como se los agravia y condena públicamente, sin siquiera tener la garantía de poder expresarse delante de un Juez respecto a estos supuestos”. Y eso es una descomunal mentira, porque quienes ven mancillado su honor y se sienten agraviados, saben que ahora viven en una democracia plena, y que pueden concurrir a la Justicia y hacer todos los descargos y presentar todas las pruebas que los absuelvan. Y saben además que al ser interrogados no lo serán encima de una parrilla metálica, mojados y recibiendo descargas eléctricas en los testículos, que no serán sometidos al submarino para obtener datos (ni por simple diversión), y que nadie los hará desaparecer, por lo cual sus familiares no sufrirán la angustia y la impotencia de no saber de sus destinos.
Por suerte ahora estamos en democracia y este señor Rosales puede hablar. Lo que no puede hacer es faltarle el respeto al pueblo uruguayo como lo hace. Claro....hay chanchos y hay quienes les rascan el lomo.

PALABRAS PRONUNCIADAS EN LA MEDIA HORA PREVIA DE LA JUNTA DEPARTAMENTAL DE CANELONES EL 4/11/11




Sr. Presidente:
Podríamos decir que estamos contentos. Si es que se puede estar contento en un tema que involucra a compañeros torturados, muertos y desaparecidos. Pero los uruguayos hemos recuperado la dignidad como país. Volvemos a ser todos iguales ante la ley, y eso es motivo de alegría, sin duda. Hemos avanzado, y hemos despejado el camino para avances mayores, lo que no es poco. Por eso queremos decir algunas palabras en homenaje a tanta y tanta gente que ha dado una dura lucha para que esto pudiera suceder.
Cuando se produce el golpe de estado en el año 73, muchos éramos apenas adolescentes, y poco sabíamos acerca de lo que pasaba en el país. Pero igual nos vimos sumergidos en la noche más negra y más triste de nuestra historia. Y tuvimos que andar a tientas, como pudimos, y pasamos los mejores años de nuestras vidas en medio del atropello, del desprecio y del miedo.
Por cierto...otros con apenas unos años más que nosotros, sufrían aún más cruelmente, porque estaban presos, estaban siendo torturados con saña, y algunos terminaban en fosas comunes, como sabemos ahora.
Pero en algún momento comenzamos a entender -tarde o temprano se termina por entender-. Y como entendimos lo que estaba pasando, comenzamos a participar, y a ocupar espacios, y aprovechamos la menor rendija que pudiera abrirse; y creamos sindicatos a pesar de las listas negras, y gremios estudiantiles; y participamos en lo que podíamos, y le dijimos NO a esa criminal dictadura en el 80, y finalmente la derribamos y hubo elecciones en el 84.
Para quienes prácticamente estrenábamos democracia en el año 85, todo era una fiesta. Podíamos reconstruir nuestras vidas no vividas a través de la lectura de los libros que no nos habían permitido leer, escuchando a los cantores populares que no nos habían permitido escuchar, podíamos hablar a cielo abierto de lo que antes ni siquiera podíamos susurrar, y podíamos hacerlo con quien se nos diera la gana. Era la fiesta democrática en todo su esplendor.
Y dábamos por descontado que todo lo demás vendría por añadidura. Por ejemplo, la justicia. Muchos debían explicar los por qué, los como, los cuando, los donde. Teníamos derecho a saber el por qué de tanto odio descargado sobre el pueblo, el por qué tanta muerte inocente. Alguien tenía que explicar como fue que se torturó, quién daba las órdenes, donde se mató y se desapareció, donde estaban esos desaparecidos, y devolverlos al seno de sus familias. Y entiéndase bien: no reclamábamos revancha. Pedíamos justicia. Tan simple pero tan profundo y vital como eso.
Pero no fue lo que sucedió. Hay que decir que los jueces comenzaron a actuar, sí, como corresponde en un Estado de derecho, pero las citaciones fueron a parar a la caja fuerte de los militares. Y entonces comenzó la vuelta atrás, el retroceso, la agachada y la traición a los acuerdos de la CONAPRO. Y se comenzó a gestar lo que luego terminaría siendo la oprobiosa ley de impunidad.
Aquella democracia que recién terminábamos de reconquistar, nos daba un golpe bajo. A menos de un año de recuperada, nos propinaba una ley de impunidad y nos expulsaba a uno de los estandartes de la lucha por los derechos humanos: José Germán Araujo.
Pero como decía María Ester Gatti, “No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar”. Así que no nos dejamos dominar por el bajón, y salimos a juntar las firmas para que hubiera lugar a un referéndum contra esa ley infame. Otra vez había que luchar contra el miedo, contra la desinformación y la mentira, contra quienes decían que pregonábamos el odio y se proclamaban pacificadores y perdonadores. Y tuvimos que recorrer puerta por puerta, y salimos a las ferias y nos metimos entre el pueblo. Y conseguimos las firmas, y hubo referéndum.
Pero el miedo ganó en las urnas, y la desesperanza en las almas. Y ya nada volvió a ser igual, porque la democracia quedó renga. No se puede caminar bien con una espina clavada en el talón. Y la impunidad era una enorme espina incrustada en la naciente democracia.
Y allí, con las organizaciones populares malheridas (que no muertas) por la derrota, comenzó la otra fiesta, la del neoliberalismo.
Pero bueno, aún en las peores condiciones, la lucha continuó, y se dieron otras batallas. Se tuvo que salir a defender las empresas públicas para impedir su privatización, por ejemplo. Pero además, se siguió luchando por la justicia por vías diferentes. Porfiadamente se siguieron presentando casos a los juzgados y una y mil veces los gestores de la impunidad los archivaban.
El artículo cuarto de la ley de impunidad, que se suponía era el instrumento que iba a permitir investigar, fue utilizado por sucesivos gobiernos para impedir cualquier forma de verdad y justicia. Todo lo que podía terminar en aplicación de justicia, en acercamiento a la verdad, era considerado incluido en la ley de impunidad. No importa si era el rapto de una extranjera para robarle a su hijo y luego matarla. Todo lo sucedido en dictadura debía ser olvidado, fuera lo que fuera.
Pero siguieron presentándose causas. Y surgieron las marchas del 20 de mayo; cada vez con más y más pueblo; cada vez con más y más jóvenes; cada vez con más y más conciencia. Y la impunidad comenzó a mostrar fisuras. Y aquellos adolescentes que vimos surgir la dictadura, ahora conquistamos un gobierno progresista casi pisando los cincuenta. Caídos y vueltos a levantar, magullados y maltrechos, con las esperanzas remendadas por todos lados, pero íntegros e inconmovibles en nuestros deseos de justicia, llegamos.
Y hubo enormes avances. A los pocos días de instalado el gobierno del Frente Amplio, se estaba entrando a los cuarteles y excavando en busca de los desaparecidos. Y ahora el artículo 4º permitía investigar. Los casos se comenzaron a excluir de la ley de impunidad, y los jueces comenzaron a actuar, y los culpables comenzaron a ir presos, y algunos restos comenzaron a aparecer.
Pero aún había que terminar de una vez y para siempre con el oprobio de una ley legalmente inconstitucional y nula, pero además moral y éticamente infame. Para que la vida democrática fuera plena, para devolverle la independencia a la Justicia, y para cumplir con nuestras conciencias, porque para quienes nos consideramos de izquierda, la sociedad a la que aspiramos no es aquella que simplemente reparte mejor, sino aquella que no pase por alto los hechos de conciencia y la moral.
Más de una vez dijimos que, aún en el caso de que todos los desparecidos aparecieran, aún en el caso de que todos los responsables de los crímenes fueran presos, aún así, había que desterrar la maldita ley de impunidad de nuestro sistema jurídico. Simplemente por ser un mandato moral y ético.

Y por eso, y ante las vacilaciones del sistema político que no resolvía la cuestión, las organizaciones sociales se pusieron nuevamente la causa al hombro, y salieron a juntar firmas para anular la ley de impunidad. Las firmas se juntaron, hubo plebiscito, y una nueva batalla perdida, aunque un millón de voluntades se expresaron en contra de la ley.
Pero no nos dimos por vencidos. Seguimos buscando los caminos, y se dio una nueva instancia parlamentaria hace unos seis meses, que esta vez fracasó por algunas traiciones que seguramente el pueblo no olvidará.
Tuvo que surgir el fallo de la Corte Interamericana de Justicia en el caso Gelman, para que el sistema político e institucional se decidieran a poner al país a tono con los tratados internacionales que ha suscrito, y a terminar de una vez y para siempre con aquella ley oprobiosa.
El Frente Amplio fue el único partido político que se opuso firmemente y votó en contra de la ley de impunidad en el año 86, y también ha sido el único que acaba de votar por el fin de la impunidad en estos días. No obstante, hay que señalar que el sistema político en su conjunto ha estado omiso durante 25 años en la solución de este tema central en la vida política del país, porque los argumentos de hoy, eran válidos también hace 25 años. Los delitos cometidos por la bestia fascista fueron de lesa humanidad siempre, y lo único nuevo ahora es la sentencia de la Corte en el caso Gelman.
Y un dato que es importante destacar: en todo este período, NI UNA SOLA VEZ, NI UNA SOLA, las Fuerzas Armadas de este país mostraron un mínimo de arrepentimiento. Jamás, ni como colectivo ni en forma individual. Lo que hace mucho más repudiable -si esto fuera posible- su infame accionar y sus crímenes cometidos durante los años más nefastos de nuestra historia.
Era esto lo que queríamos decir.
Se nos ocurre que este asunto de los derechos humanos es algo así como una escuela de la vida, solo que uno nunca se recibe, uno nunca obtiene un diploma, sino que simplemente va aprendiendo, y va rindiendo exámenes para seguir avanzando. Y si es así, esto de la ley de impunidad era una asignatura pendiente. Y vaya que nos costó. Y vaya que dimos de veces el examen y lo perdimos. Repetimos el curso durante 25 años. Pero bueno, acabamos de aprobar esa asignatura pendiente. Y eso nos llena de orgullo. Tenemos la satisfacción del deber cumplido.
No vamos a solicitar, que nuestras palabras sean enviadas a sitio alguno.

Simplemente queremos que lo que acabamos de decir sea nuestro humilde y más sentido homenaje, en primer lugar, a las víctimas. Es por ellos esta lucha. También a sus familiares, que jamás bajaron los brazos. A todos aquellos partidos y sectores políticos que jamás desistieron en su lucha por verdad y justicia, y que no hicieron nunca un cálculo electoral a la hora de defender los derechos humanos. Nuestro homenaje y nuestro respeto a quienes siempre pusieron por encima de todo el derecho de las víctimas y de sus familiares, antes que el derecho de los torturadores y asesinos. A unos cuantos PERIODISTAS con mayúsculas, que nunca dejaron de mantener viva la llama, aunque la verdad y la justicia no fueran noticia que vendiera. A unos cuantos abogados defensores que abrazaron estas causas sabiendo que era una lucha larga, dura y difícil, y a unos cuántos jueces y fiscales que dignificaron sus títulos. Pero por sobre todo, nuestro sincero y emocionado reconocimiento a las organizaciones sociales de nuestro país, al PIT-CNT, a los estudiantes organizados en la FEUU, a los jubilados, a los cooperativistas, a las organizaciones de derechos humanos, a CRYSOL, Familiares de detenidos desaparecidos, etc, a quienes dieron la pelea a través de las redes sociales, aquí y en el exterior, a las decenas de miles -fundamentalmente jóvenes- que cada 20 de mayo marchan y seguirán marchando por la avenida 18 de julio en reclamo de verdad y justicia, y fundamentalmente a los miles y miles de militantes anónimos que no cejaron jamás en la lucha por devolver la dignidad a este bendito país.




Muchas gracias señor presidente.

TOPOLANSKI Y SUS "VIEJITOS"




La Senadora Lucía Topolanski se siente conmovida por los viejitos residentes en Domingo Arena. Viejitos que por cierto no se encuentran allí hacinados como en otras cárceles lo están los presos comunes. Viejitos que al parecer no se encuentran en condiciones tan delicadas de salud como uno puede ver cada vez que tienen que ir a declarar nuevamente a un juzgado (todos los días se descubren nuevos crímenes de los que son autores), y que salen de allí sonrientes y dicharacheros. Viejitos que si uno tuviera necesariamente que definirlos de una forma clara y precisa diría: viejitos de mierda.

Pero lo que sucede es que la Sra. Lucía Topolanski también era senadora en el año 2005, y allí votó una ley, la Nº 17.897, cuyo nombre es “Libertad anticipada y provisional. Régimen excepcional”. Y sucede que en su artículo 9º se habla de la “Prisión domiciliaria”, agregándose esto al Código del Proceso Penal, y dice: “El Juez podrá disponer la prisión domiciliaria de personas procesadas o condenadas mayores de setenta años, cuando ello no involucre riesgos, considerando especialmente las circunstancias del delito cometido”.

Y como se ve, ahí dice que es “el Juez” quien podrá disponer, y como la señora Topolanski no es juez, sino senadora, no se entiende mucho como va a hacer para mandar a sus “viejitos” para la casa.

Pero además, ese mismo artículo establece excepciones para este instituto de la “Prisión domiciliaria”, y dice que “…no será aplicable a los procesados y condenados que hayan cometido los siguientes delitos:

1) El delito de homicidio cuando concurran las circunstancias agravantes previstas en los artículos 311 y 312 del Código Penal.

2) El delito de violación.

3) Los delitos previstos en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (Ley N° 17.510, de 27 de junio de 2002)".

Como estos “viejitos” tienen en su haber una colección de los delitos incluidos en los tres puntos, no solo la señora Topolanski sino que tampoco ningún juez podrá mandarlos para la casa.

Por si esto fuera poco, la señora Topolanski acaba de votar una ley que dice que los delitos cometidos por estos “viejitos” son de lesa humanidad. Y como son de lesa humanidad, además de imprescriptibles también son no excarcelables. Y esto es así porque la señora Topolanski también votó otra ley (la Nº18026), en el 2006, que tipifica los delitos de lesa humanidad en nuestro país, y que en su artículo 8º establece la improcedencia de la amnistía o similares para esos delitos: “Los crímenes y penas tipificados en los Títulos I a III de la Parte II de la presente ley, no podrán declararse extinguidos por indulto, amnistía, gracia, ni por ningún otro instituto de clemencia, soberana o similar, que en los hechos impida el juzgamiento de los sospechosos o el efectivo cumplimiento de la pena por los condenados".

Así que no hay modo señora senadora. Ahora que están tipificados como delitos de lesa humanidad, además de ser imprescriptibles no son excarcelables por ningún método. Salvo que usted esté pensando en derogar estas leyes también para poder beneficiar a esos “viejitos”, que además de viejitos son unos reverendos hijos de puta....

viernes, 14 de octubre de 2011

91 AÑOS JUNTO AL PUEBLO



Nuestro Partido está cumpliendo su 91 aniversario y estamos a 56 años de aquel XVI Congreso que elaborara una teoría de la revolución uruguaya y que fuera guía para la acción de los comunistas hasta hoy. Son noventa y un años de batallas por la defensa de los derechos de la clase obrera y el pueblo uruguayo. Una historia de lucha por la unidad de la clase obrera y por la unidad de la izquierda, conformando la fuerza de los cambios. Recordemos que este año estamos conmemorando 40 años de la formación del Frente Amplio, síntesis política inigualable de la unidad de las fuerzas de izquierda, y que se acaban de conmemorar los 45 años de la fundación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), creación inigualable de la clase obrera uruguaya, ejemplo de unidad en el mundo entero.
No vamos aquí a abrir juicio acerca de la justeza o no, o de la precisión de las previsiones teóricas de nuestro Partido, pero sí queremos destacar el esfuerzo por interpretar la sociedad, sus procesos, las bases económicas estructurales, el papel de las clases, sus manifestaciones políticas, culturales, ideológicas, sus relaciones dinámicas, en un esfuerzo por bucear profundamente en la realidad objetiva del país.
Si nos hubiéramos equivocado al analizar la base objetiva de la sociedad uruguaya, seguramente habríamos naufragado. Porque una teoría puede transformarse en algo inútil, petrificado, si no tiene relación con la vida misma, si no se enriquece en la práctica, si no se recrea en su relación dialéctica con los seres humanos de carne y hueso que son quienes en definitiva hacen la historia.
Nuestra teoría y nuestra práctica han demostrado sus aciertos y también sus errores (que nunca negamos, por cierto). La unidad de la clase obrera en una central única, hoy PIT-CNT, y que sigue demostrando su enorme madurez y responsabilidad en su reciente Congreso días pasados, no es un fruto exclusivo del trabajo de nuestro Partido, pero seguramente nadie podrá negar el esfuerzo denodado de los comunistas para llegar a eso.
Y lo mismo en el plano político, en la construcción difícil y trabajosa de la unidad de la izquierda, hasta la conformación del Frente Amplio en el año 71, en la resistencia contra la dictadura tanto dentro del país como en el exterior, y en la lucha para llegar al gobierno con nuestra fuerza política para, desde allí dar nuevas batallas por cambios profundos en beneficio de los más humildes.
Y como no somos conspiradores –ya lo decía Rodney Arismendi: "No somos una secta ni un grupo escogido de conspiradores; nacemos de la clase obrera y el pueblo, somos pues hombres sencillos y alegres, amamos el pan y el vino, la alegría de vivir, las mujeres y los niños, la paz y la mano cordial del amigo, la guitarra y los cantos, las estrellas y las flores;”- nuestras opiniones y nuestros puntos de vista son públicos y nuestras propuestas y nuestra visión de la realidad están a disposición de quien quiera analizarlas y discutirlas. Y nos gusta festejar rodeados de pueblo, como lo haremos mañana en la Plaza 1º de Mayo (Mártires de Chicago).
NUESTROS ANÁLISIS
Tenemos un método científico de análisis, el materialismo dialéctico, y aunque no nos consideramos propietarios de la verdad absoluta, decimos “nuestra” verdad, y la confrontamos con otras en la lucha ideológica permanente. Intentamos ver el conjunto, y no solo fragmentos de la realidad. Analizamos el contenido de la época, la crisis económica mundial, los procesos de cambios en América Latina, y por supuesto la situación de nuestro país.
Hoy vemos el desarrollo de la profunda crisis del capitalismo, la que anunciáramos tiempo atrás en una virtual soledad. EE.UU. está viviendo una de sus etapas más críticas desde la crisis del 29. Tanto, que está en cuestión su posición de país imperial, que hace sentir su poder en cada lugar del planeta. El país más poderoso, si se analizan sus números macroeconómicos, es un país en quiebra. Su deuda supera al PBI, y su déficit llega al 10%. La desocupación supera el 9,1%, lo que implica catorce millones de desocupados, pero esa cifra trepa a treinta millones, si se suman los subocupados y los que ya no buscan trabajo porque consideran que están definitivamente excluidos del mercado. Y como siempre, estos números, cuando se analizan en forma más particular, se ve claramente que las tasas que afectan a negros y latinos duplican la general. La pobreza llegó el año pasado al 15%, y afecta a cuarenta y seis millones de personas, más de diez veces la población entera de Uruguay. El 20% de los niños y el 27% de los negros y latinos son pobres. Es el número más grande desde que se llevan estadísticas.
Hay cincuenta millones de norteamericanos sin cobertura médica.
Es la economía que produce el 25% del Producto Bruto Mundial y hace dieciocho meses seguidos de caída o bajo crecimiento, la recesión más larga de su historia desde la posguerra. Con este panorama, es lógico que muchos de los que crecieron con la esperanza del sueño americano, integren la legión de los indignados.
La crisis económica que se desarrolla con especial virulencia en los países centrales está lejos de aflojar y, por el contrario, el aceleramiento y la profundización de sus peores consecuencias parece que serán los rasgos prevalecientes, en medio de una situación de incertidumbre que puede extenderse a la economía mundial. En Europa la situación se agrava día a día, y el capitalismo es un perro que se muerde la cola, ya que las soluciones –rebajas salariales, disminución y recorte de políticas sociales, aumento de la edad de jubilación, etc…- no hacen más que profundizar la crisis.
América Latina, con una situación diferente a la de décadas atrás, con gobiernos progresistas y de izquierda que han hecho esfuerzos por revertir las nefastas políticas neoliberales anteriores. En los años del neoliberalismo y la prepotencia imperialista, Cuba estaba sola y llevó a cabo una resistencia ejemplar. Pese a la derrota de la experiencia socialista del este europeo y el dominio capitalista mundial, Cuba siguió construyendo el socialismo con firmeza y un gran espíritu de sacrificio de su pueblo. Ese domino prácticamente total fue perforado luego con la llegada del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, y luego se sumaron Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Paraguay y Uruguay.
NUESTRO PAÍS
Estudiamos y analizamos continuamente también, por supuesto, la formación económico-social de nuestro país, las condiciones para un desarrollo productivo con justicia social y profundización democrática, la experiencia del primer gobierno del Frente Amplio y el comienzo de este segundo mandato popular. Y en ese marco, destacamos dos temas centrales para nuestro Partido: la redistribución de la riqueza, tema en el que estamos virtualmente estancados, y el tema de la impunidad, que por estos días deberá avanzarse en algunos aspectos de su dilucidación.
También, sin dudas, la situación de nuestro Partido, sus avances y sus problemas, porque nuestro objetivo es hacer la revolución, que en palabras de Fidel Castro es “es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Y para eso, sabemos que es necesario analizar en primer lugar que Partido tenemos y cual es el Partido que necesitamos para cumplir con estas tareas. Y para cambiar todo lo que debe ser cambiado, apostamos a ganar política e ideológicamente a la mayoría de la clase obrera y los trabajadores y a que la incidencia de la ideología de estos sectores aumente dentro de nuestro Frente Amplio.
Un informe de nuestro Comité Central de setiembre de 1984, se nos ocurre que define claramente lo que significa nuestro Partido y su conducta, y queremos rescatarlo hoy como homenaje en sus 91 años:
“Somos un Partido de arraigo obrero y nacional. Cuando se habla de partidos tradicionales en la vida nacional y de partidos populares, nadie más representativo que nuestro Partido,- que viene de los viejos movimientos socialistas del siglo pasado,-que hereda las tradiciones de un movimiento obrero que tiene ya más de 120 años, que tiene más de 60 años de vida independiente, que está arraigado en la clase obrera y el pueblo y que ha probado que la lucha por la democracia y la libertad son inseparables, que ha probado que quienes son demócratas se miden por los programas, pero se miden por la vida, por la conducta y por la capacidad de ofrendar la sangre en defensa de la libertad”.
Esta ha sido la medida de nuestra conducta y de nuestra actuación, y por eso festejamos con orgullo junto a la clase obrera y al pueblo. ¡¡¡Salud!!!

jueves, 6 de octubre de 2011

JUSTICIA BIZARRA



En el expediente en que se condena a Gavazzo y Arab por veintiocho homicidios muy especialmente agravados, en reiteración real, se rechaza el recurso interpuesto por la fiscal para que los delitos fueran considerados como “desaparición forzada”. La razón del recurso, era que el Tribunal presumía la muerte de las víctimas, y que la desaparición forzada es un delito de lesa humanidad, y como tal suponía un crimen de Estado y además imprescriptible.
La fiscal entendió que: “debe considerarse que con la desaparición forzada se violan una serie de derechos humanos, a la vida, la libertad, en su sentido más amplio, porque al desaparecido se le niega el ejercicio de todos y cada uno de sus derechos como persona, a la seguridad y a la integridad física y psicológica. La desaparición forzada es un delito que continúa perpetuándose mientras no aparezca la víctima, viva o muerta, dado que la privación de sus derechos fundamentales se mantiene, y como delito continuado no era posible empezar a contar el término de prescripción hasta que aparezca la persona o su cadáver”.
Como sabemos, la Corte desestimó el recurso, diciendo que la figura de la desaparición forzada no resulta aplicable, en virtud que el delito fue creado por la Ley No.18.026, de setiembre de 2006, y al no existir la norma al momento de ejecutarse los hechos, no corresponde su aplicación en forma retroactiva. La SCJ argumenta, entre otras cosas, que “el delincuente, sólo puede motivarse por el mandato normativo cuando éste está configurado como Ley en el momento de la comisión del hecho”.
ES DECIR….
Las conclusiones a que uno puede llegar, analizando la sentencia de la Corte, y siendo un lego en la materia, son realmente decepcionantes.
Veamos; tenemos a una persona desaparecida, en el marco de una dictadura feroz. En primer lugar, la Justicia tiene dos cosas a considerar: una, la que plantea la fiscal, es decir, se trata de un delito de desaparición forzada. Es algo de lo que no hay dudas; la persona existía, tenía un nombre y un apellido, una familia, un domicilio, un estado civil; de golpe desapareció, y múltiples testimonios indican que fueron militares, que se lo llevaron a un cuartel, que se lo torturó, y que nunca más se supo de él. La otra opción, es hacer una suposición, una hipótesis que no puede confirmarse (la de la muerte), ya que la única prueba posible es la aparición de los restos; esa opción culmina necesariamente en la tipificación del delito de homicidio.
Tenemos entonces, por un lado, un hecho concreto, la desaparición de una persona, y por otro lado una suposición, su muerte por homicidio. Y la Justicia uruguaya se inclina por esto último, por lo que no puede probarse. Y claro, las consecuencias no son las mismas. La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad, y por tanto, imprescriptible, en tanto que el homicidio es un delito común, con un plazo de prescripción.
Pero hay otras cosas un tanto bizarras en el razonamiento de la Justicia. La Corte dice que no se puede tipificar el delito de desaparición forzada porque el mismo fue recién creado en setiembre de 2006. Esto es, hasta agosto de 2006, alguien podría sencillamente presentarse ante un juez y decir que hizo desaparecer a una persona, y este juez no podría acusarlo de nada, salvo que tuviera la presunción de que mató a esa persona, en cuyo caso lo condenaría por homicidio sin prueba alguna, al no aparecer el cuerpo del delito.
Y no es lo único extraño. Como señalamos más arriba, la Corte también dice en la sentencia, que “el delincuente, sólo puede motivarse por el mandato normativo cuando éste está configurado como Ley en el momento de la comisión del hecho”. Esto es, al parecer si en ese entonces hubiera existido una ley que tipificara la desaparición forzada, Nino Gavazzo o Ricardo Arab o cualquier otra bestia similar, no hubieran cometido esos delitos. Sin embargo, se condena a esas mismas personas por (presuntamente) cometer el delito de homicidio que sí estaba tipificado. Es al menos paradójico. No lo condeno porque presumo que si el delito hubiera estado tipificado no lo hubiera cometido, pero lo condeno por un delito que sí estaba tipificado y que presumo que cometió (no puedo probarlo).
OTRAS CUESTIONES
Uno no es juez, está claro, pero puede suponer –haciendo uso de un poco de sentido común- que juzgar un delito no se hace mediante una tabla de doble entrada, en donde en las columnas figuran los delitos y en las filas las penas, o algo por el estilo. Uno puede suponer que los jueces analizan cual es el delito (como vimos más arriba), pero también las circunstancias en que fue cometido, las razones o móviles, los atenuantes, los agravantes, y toda una gama de consideraciones que rodean el caso.
Si mañana un señor cualquiera mata a su vecino, y pongamos que ese vecino era médico, y que lo mató porque no lo quiso atender cuando le golpeó la puerta a las tres de la mañana. Eso es sin duda un brutal asesinato, un delito común. Ahora bien, si el médico es sacado de madrugada de su casa, y es llevado a un cuartel, y allí es asesinado mediante torturas, y el móvil es la filiación política de ese médico, y el marco histórico en que ese hecho sucede es el de una dictadura en la que se violaban todos los derechos humanos, entonces no se trata de un delito común, se trata de un delito de “lesa humanidad”. Y lo es porque así está definido por el Estatuto de Roma. La definición de crimen contra la humanidad recogida en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional comprende las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque.
Y no hay duda que las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura formaron parte de un ataque generalizado y sistemático contra una población civil (en especial contra militantes de izquierda y dirigentes sindicales). Quiere decir que, aún en el caso de que la Justicia tipificara el delito de homicidio, por las circunstancias en que fue cometido lo transforman en un delito de lesa humanidad, y por tanto, imprescriptible. Lo mismo para los casos de tortura o cualquier otra violación de los derechos humanos cometida durante el período dictatorial.
EL DERECHO INTERNACIONAL
También se refiere la Corte a lo consagrado en el Pacto de San José de Costa Rica: “Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho aplicable”. Lo que no tiene en cuenta la Justicia uruguaya, es que el derecho aplicable en estos casos es el derecho internacional. El numeral 2 del artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre dice que “Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional”. Esto es, puede que el delito no esté aún tipificado en el derecho nacional (interno), pero si está tipificado en el derecho internacional, entonces el que comete el delito puede y debe ser condenado. En su resolución de 1969 sobre el castigo de quienes hayan cometido crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad (Resolución 2583 – XXIV), la Asamblea General de las Naciones Unidas consideró que la "investigación rigurosa", así como la sanción de los responsables "son un elemento importante para prevenir esos crímenes y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, y para fomentar la confianza (...) y contribuir a la paz y la seguridad internacionales". Y no hay ninguna duda que al integrar la ONU, los Estados están obligados a cumplir con sus disposiciones. La página de las Naciones Unidas, en la Dependencia de Información al Público dice lo siguiente: “Los Artículos de la Carta tienen el valor de legislación internacional positiva ya que la Carta es un tratado y por lo tanto un documento vinculante. Todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas deben cumplir de buena fe las obligaciones que han contraído a través de la Carta, incluyendo la de fomentar el respeto de los derechos humanos y la de cooperar con las Naciones Unidas y con otras naciones para alcanzar este fin”. Por cierto, el Pacto internacional sobre derechos humanos ya era ley en nuestro país desde 1969 (Ley Nº 13751) y había sido sucrito en 1967.
Paradojalmente, el país que hoy preside el Comité de Derechos Humanos de la ONU (Uruguay), no tiene en cuenta estas cuestiones dentro de su propio territorio.

viernes, 30 de septiembre de 2011

LA PARTICIPACION COMO PROBLEMA



Manejar la hipótesis de una crisis en lo que tiene que ver con la participación política de los uruguayos, no es algo muy disparatado; cualquier observador atento de la realidad puede afirmar que esto es así, sin necesidad de ser un politólogo o cientista social.
Sin embargo, no podría decirse lo mismo de la participación a nivel de las organizaciones sociales y sindicales, en donde no parecería existir tal crisis. Tal vez sean dos caras de una misma moneda, y haya un trasiego de militantes políticos hacia las organizaciones sociales. Nos parece que de cualquier manera es un tema central a analizar por las fuerzas políticas de izquierda.
LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACIÓN
Desde nuestro punto de vista, el problema de la participación es central, porque tiene que ver con una concepción de izquierda acerca de la sociedad, y que es diametralmente opuesta a la del capitalismo, y en particular a la del neoliberalismo como ideología dominante en las últimas décadas. Una concepción de izquierda que no considera al hombre como un ser individual, aislado, separado de los demás, sino como ser social, el hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros. Porque la sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo de ese ser humano, el cual se logra cuando, al transformar la realidad en la que viven, las personas se transforman a sí mismas. Es la participación, el protagonismo en todos los espacios, lo que permite al hombre desarrollarse humanamente. Por eso, no se trata sólo de darle un contenido social a la democracia, de resolver los problemas de la alimentación, salud, educación, etcétera, sino de ir creando ámbitos que permitan que las personas, al luchar por el cambio, se vayan transformando a sí mismas, creando los espacios adecuados para que puedan generarse procesos participativos, en los lugares donde las personas habitan, trabajan o estudian.
LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA
El hecho de que los uruguayos participen en un porcentaje importante en las organizaciones sociales que ellos mismos han ido creando en su actividad permanente de relacionamiento, es un buen síntoma, y por eso nos alegra y nos llena de satisfacción, aunque sigamos permanentemente luchando por que esa participación aumente cada día más.
Sin embargo, nos preocupa sobremanera la disminución del activismo político, la disminución constante y permanente de la participación en las organizaciones políticas, y la poca convocatoria que éstas vienen manifestando. Nos preocupa en las organizaciones políticas en general, pero más aún en las de izquierda y en el Frente Amplio en particular, porque como ha dicho Tabaré “no somos una montonera, pero tampoco una secta”, y porque nos planteamos, no la lucha electoral sino la acción política permanente, y eso se hace con la gente. Un ejemplo relativamente reciente, es el de la votación del proyecto interpretativo de la ley de impunidad. El día que se votaba en el Parlamento (19 de mayo), el Frente Amplio convocó a concentrarse en sus alrededores, y aunque la convocatoria fue también de otras organizaciones como el PIT-CNT (que incluso decretó un paro parcial para ese día), no fue mucha la gente que concurrió allí en esa jornada. Sin embargo, al otro día, la tradicional marcha del 20 de mayo convocada por familiares convocó a más de 100 mil personas en la Avda. 18 de Julio.
Desde nuestro punto de vista, es evidente que el fracaso de la convocatoria no se debió al tema (en este caso el de los derechos humanos), cuestión que a veces puede ser determinante, ya que la gente en general se moviliza por aquello que le interesa, puesto que el tema era el mismo un día y el siguiente, y un día convocó poco más de 2 mil personas a lo largo de la jornada, y al otro día convocó a 100 mil. Lo que al parecer ese hecho puntual estaría marcando, es la falta de confianza de la gente en el sistema político. Podría estar significando que la gente no concurrió al Parlamento porque ya sabía que no iba a obtener ningún resultado, que los dados estaban echados y que no podía tener un mínimo de esperanzas en los parlamentarios. Se podría decir que la participación en la marcha, al otro día, tampoco iba a tener un resultado concreto, pero de alguna forma era una manera de expresar lo de todos los años: la voluntad de seguir luchando por verdad y justicia, y por otro lado, expresar el rechazo y el desprecio por lo que había sucedido el día anterior en el Parlamento.
NO ES BUENO
Esto no es bueno desde ningún punto de vista, porque las soluciones y los cambios profundos solo pueden venir por el lado de la política. Nos parece interesante transcribir algunos párrafos de un reciente artículo de Emir Sader (De escépticos a cínicos), porque expresan esta idea más claramente que lo que podamos hacerlo nosotros. Dice Emir Sader: “El escepticismo parece un buen refugio en tiempos en que ya se decretó el fin de las utopías, el fin del socialismo e incluso el fin de la historia. Es más cómodo decir que no se cree en nada, que todo es igual, que nada merece la pena. El socialismo habría devenido en tiranía, la política en corrupción, los ideales en intereses. La naturaleza humana sería esencialmente mala: egoísta, violenta, propensa a la corrupción. En ese escenario sólo restaría no creer en nada, por lo que es indispensable descalificar todo, adherir al cambalache: nada es mejor, todo es igual. Ejercer el escepticismo significa tratar de afirmar que ninguna alternativa es posible, ninguna tiene credibilidad. Unas son pésimas, otras imposibles. Algunos medios, como ya fue dicho, son máquinas de destruir reputaciones. Porque si alguien es respetable, si alguna alternativa demuestra que puede conquistar apoyos y protagonizar procesos de mejoría efectiva de la realidad, el escepticismo no se justificaría”.
Y luego afirma este sociólogo y cientista político brasileño: “En realidad, el escepticismo se revela, rápidamente, en un cinismo, y tanto el uno como el otro, una justificación para la inercia, para dejar que todo continúe como está”.
Y esto que dice Sader es lo que un conglomerado de izquierda no puede dejar que pase, que el escepticismo con referencia a lo político termine convirtiéndose en una justificación para la inercia, para dejar que todo siga como está. La participación ciudadana no puede agotarse en la elección de los representantes, y el voto no puede ser la única forma de darle vida a la participación democrática. Si bien un principio básico de la organización democrática que conocemos consiste en la elección libre de los representantes políticos, la participación ciudadana hace posible extender ese principio más allá de los votos; convertirla en algo más que una sucesión de elecciones. Participación y representación son dos términos que se necesitan recíprocamente: participación que elige representantes mediante el voto, y representación que se sujeta a la voluntad popular gracias a la participación cotidiana de los ciudadanos en las organizaciones políticas a las cuales votan e invitan a votar.
Pero aún en lo que tiene que ver con la participación con el voto, hay síntomas que están indicando también una prescindencia y determinado grado de decepción, lo que se ha visto expresado en el voto en blanco en las últimas elecciones, tanto nacionales como municipales.
ANALIZAR LAS CAUSAS
Es por todos conocido que la crisis global profundizada por el neoliberalismo y los malos gobiernos, forman parte del descontento político, que a su vez ha generado en décadas pasadas un cambio en el comportamiento político y electoral de muchos países de nuestra América, manifestado entre otras cosas en un aumento de la abstención electoral y otros indicadores sociopolíticos de la descomposición de la forma tradicional de entender y hacer política en nuestros países.
Lo que resulta de alguna manera paradójico, es que esta situación se da en nuestro país cuando el proceso comienza a revertirse en el resto de América y cuando aquí comienzan a darse cambios importantes en infinidad de aspectos, aún teniendo en cuenta que no todo funciona como debiera ni vivimos en el mejor de los mundos posibles, como ya lo hemos manifestado en múltiples oportunidades.
Porque como bien señala Sader en el artículo citado, “…bastaría concentrarnos en el período reciente, en el mundo actual, para darnos cuenta de que las sociedades latinoamericanas –el continente más desigual del mundo-, o por lo menos la mayoría de ellas, avanzaron mucho en la superación de las desigualdades y de la miseria. Aun más en contraste con los países del centro del capitalismo, referencia central para los escéptico-cínicos, que giran en falso en torno de políticas que América Latina ya superó. Las poblaciones de Venezuela, Bolivia, Ecuador están viviendo mejor que antes de los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. La Argentina de los Kirchner está mejor que la de Menem. El Brasil de Lula y de Dilma está mejor que el de Fernando Henrique Cardoso”.
Vale la pena entonces detenerse a analizar por qué en nuestro país el descontento se generaliza, cuales son sus causas y las formas de revertir esa situación.

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL JUEGO DE LAS MUÑECAS RUSAS




Danilo Astori escribió un artículo titulado “Ideología y estructuras”, en el portal de internet Uy-Press. En el mismo, habla de la necesidad del debate ideológico en el Frente Amplio, de algunos logros del primer gobierno del FA y del actual, de los cambios que se han ido procesando en la vida material de los uruguayos, en los indicadores sociales, en los números de la economía, en lo cultural, etc., y se pregunta si esos cambios “han sido analizados profundamente en el impacto que tienen en nuestra visión política e ideológica”. El compañero Astori cree que “Hay una tendencia peligrosa a discutir los episodios, los fragmentos, las anécdotas sobre los diferentes temas y no a encarar un debate de fondo, como corresponde a una fuerza de izquierda y transformadora de la realidad”.
Astori plantea también una especie de metáfora, de la siguiente forma: “Si por otro lado consideramos que el sistema de los cambios es un juego de muñecas rusas, en la que a partir de un núcleo duro y central se puede avanzar imponiéndole al sector subsiguiente determinadas posiciones a través de las estructuras políticas partidarias y estatales y de esa manera llegar a imponer esas concepciones a toda la sociedad y que por encima de todo ese mecanismo debe haber una figura que encabece ese proceso ¿no expresa esa visión una ideología que no es aceptada no sólo por la gran mayoría de la sociedad uruguaya, sino por la gran mayoría del pueblo frenteamplista?¿No tenemos que discutir a fondo ese tema, esa concepción?”.
Nuestro vicepresidente entiende también que así como se ha democratizado el país, se debe democratizar al FA: “No podemos dedicar nuestros máximos esfuerzos a la construcción de un país más democrático en los económico, en lo social, en lo institucional, cultural, en la educación y la salud –dice Astori- y detenernos en las puertas de nuestra propia fuerza política. Sin democratización del Frente Amplio, no es creíble ni aceptable un Proyecto Nacional impuesto a la sociedad”. “…eso necesariamente es hablar de nuestras estructuras, de cuanta gente participa, opina y decide sobre cuestiones fundamentales como el programa, las ideas, las políticas y la estrategia de la izquierda –afirma- “Cosas que hoy tienen que ver con la vida de todas las uruguayas y uruguayos”.
LAS MATRIOSKAS
El empleo de la metáfora de las matrioskas, puede ser un gran hallazgo del compañero Astori. Aunque conviene analizar como funciona y qué representa cada muñeca. Porque podemos coincidir en que las decisiones importantes que terminan afectando a toda la sociedad se gestan a partir de un núcleo duro y central, y que luego avanzan imponiéndole al sector subsiguiente las decisiones a través de las estructuras partidarias y estatales; aunque seguramente para nosotros y para el compañero Astori cada muñeca representará algo diferente. Desde nuestro punto de vista, el núcleo más duro y central, la muñeca más pequeña, es el gobierno, o más precisamente el Poder Ejecutivo, y desde ahí hacia fuera podríamos decir que las siguientes muñecas son la bancada parlamentaria, la fuerza política, las organizaciones sociales, y finalmente la sociedad en su conjunto. Y para nosotros es claro que las decisiones más importantes se toman en ese núcleo reducido del gobierno; que luego se imponen a la bancada parlamentaria y a la fuerza política, y finalmente a toda la sociedad. Hay que recordar en ese sentido, lo dicho por Jorge Notaro: “Como el modelo macroeconómico utilizado no es conocido ni se presentan alternativas para las decisiones políticas, se pierde transparencia y el MEF se convierte en un súper Ministerio cuyas decisiones condicionan el resto de la actividad gubernamental. Por ejemplo, los lineamientos que ponen topes a los aumentos de salarios o el gasto en educación, se establecen en función de las metas de reducción de la inflación y mejora del resultado fiscal. El FLS tiene un tercio de los votos del FA y sin embargo logró implementar sus propuestas con leves concesiones”.
LAS ANECDOTAS, LOS EPISODIOS…
No comprendemos muy bien a que se refiere el compañero Astori cuando habla de una tendencia a discutir los “episodios”, las “anécdotas”, y no encarar un debate de fondo. Al menos nosotros, desde hace años venimos poniendo sobre la mesa temas que consideramos centrales, y no meras anécdotas, porque siempre hemos sostenido que hay que debatir lo esencial. No creemos que pueda considerarse por ejemplo el envío de tropas a Haití un mero episodio o una anécdota, teniendo en cuenta las discusiones que provocó a la interna del Frente Amplio en su momento, que significó la renuncia a su banca de un compañero y legislador de primera línea como Guillermo Chiflett, y a la luz de los últimos acontecimientos en ese país provocados por soldados uruguayos de la Minustah. Y la pregunta es: ¿cuál muñeca rusa fue la que impuso esa decisión a la fuerza política, y a la sociedad en su conjunto? ¿qué muñeca rusa fue la que expuso a nuestro país ante el mundo a la vergüenza, con los últimos acontecimientos en Haití, que ahora la “justicia” militar condena por cualquier cosa menos por lo que es? ¿qué muñeca es la que decide mantener las tropas en Haití, cuando el Programa del FA habla de su retiro ya desde el año 2008?
No creemos que el Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU pueda ser considerado un episodio o una anécdota (no lo consideraba así el equipo económico de entonces), y analicemos cual fue la “matrioska” que impuso ese Tratado a toda la sociedad uruguaya, que nos ata por años protegiendo las inversiones del imperialismo en nuestro país. Esa es otra decisión que surgió de ese núcleo duro y central ¿o no?
El intento de firmar un TLC con los Estados Unidos, está seguramente entre los hechos más importantes y más complejos vividos por nuestra fuerza política desde que asumimos el gobierno por primera vez. No puede considerarse de manera alguna una anécdota. Y ese episodio que provocó tantos dolores de cabeza a la interna del FA, que llevó a que las organizaciones sociales conformaran una Comisión de Defensa de la Soberanía, que se veía amenazada por el primer gobierno de izquierda en nuestro país, esa propuesta de TLC, no surgió de las muñecas exteriores, sino de las muñecas más pequeñas, las que se encuentran al interior mismo, al núcleo duro y central.
Pero vengamos más acá en el tiempo, y pensemos en qué “matrioska” fue la que impuso desde ese núcleo duro, primero a la fuerza política y después a toda la sociedad, la ley de Participación Público Privada. ¿es a estas imposiciones a las que se refiere el compañero Astori como provenientes de un núcleo duro y central? ¿De cuál “matrioska” surgió la propuesta de NO VOTAR el proyecto interpretativo de la ley de impunidad? Porque de las muñecas exteriores lo que surgió fue la propuesta de terminar con la impunidad, no la de mantenerla. Impunidad que es otro juego de muñecas rusas, ya que cuando uno cree que llegó al final, surge más impunidad de adentro de la impunidad. Y podríamos seguir. ¿Son las muñecas exteriores y más periféricas las que proponen privatizar el ferrocarril? ¿A qué muñeca se le ocurrió otorgarle a multinacionales como Montes del Plata garantías de enriquecimiento que no se le ofrecen a ningún uruguayo?
Astori se pregunta: ¿no expresa esa visión una ideología que no es aceptada no sólo por la gran mayoría de la sociedad uruguaya, sino por la gran mayoría del pueblo frenteamplista?¿No tenemos que discutir a fondo ese tema, esa concepción?”. Y nosotros creemos que tiene razón, que ni la sociedad ni los frenteamplistas aceptan esa manera de imponer, que esa manera de dirigir los destinos del país está reñida con los principios de la izquierda, y que debemos sin dudas discutir a fondo esa concepción para erradicarla completamente.
DEMOCRATIZAR
Respecto a la afirmación de Astori de que “sin democratización del Frente Amplio, no es creíble ni aceptable un Proyecto Nacional impuesto a la sociedad”, lo hemos dicho otras veces y lo reiteramos: en este país no debe haber –y seguramente no lo haya en muchas otras partes del mundo- un partido político más democrático que el Frente Amplio. Un frente que contempla en su estructura orgánica la participación de partidos políticos de orígenes e ideologías absolutamente disímiles, junto a ciudadanos independientes, que es coalición y movimiento, pero que además incluye en la participación a todo el universo de votantes de su colectividad. Que contempla en sus estatutos diversas formas de elección de autoridades y combinaciones de esas formas, que prevé mecanismos de consulta interna como el plebiscito, etc. De manera que no aceptamos en absoluto que se diga que el Frente Amplio no es democrático. ¿Qué se puede mejorar? Sí, claro, siempre se puede mejorar, todas las organizaciones son factibles de ser mejoradas, incluso el Frente Amplio. También su gobierno y sus instancias decisorias.

jueves, 8 de septiembre de 2011

CAMBIO DE FRENTE (7ª PARTE) – LAS PROPUESTAS



Decíamos que ni la estructura actual del Frente Amplio es la misma del 71, ni los cambios que se están proponiendo van en un sentido más moderno y renovador. Porque el Frente Amplio ha sufrido varios cambios en sus estatutos y en lo que es su estructura orgánica desde su fundación hasta hoy. Y porque algunas de las propuestas que se han hecho van en sentido opuesto, y buscan restablecer el estado de cosas de varios años atrás.
EN EL PRINCIPIO
El Frente Amplio nace como la alianza de grupos y partidos políticos de izquierda que actuaban en forma dispersa (más allá de algunas alianzas como el Fidel o la Unión Popular), más desprendimientos de los partidos tradicionales, sobre la base de un compromiso político y un acuerdo programático que le daba el sustento necesario. También contenía, desde el inicio, la idea de la conformación de un amplio movimiento, que superara la estrechez de funcionamiento de los partidos tradicionales y que fuera algo más que la simple suma de los partidos y grupos convocantes. Y ante la importancia que la convocatoria a ese movimiento fue adquiriendo, hubo que crear una estructura que lo contuviera. Es decir, desde el comienzo el Frente Amplio fue una coalición y un movimiento político, aunque al principio el movimiento estuvo representado en órganos de coordinación, pero no en la estructura de dirección. Y por cierto, la importancia que fue adquiriendo este segundo aspecto –el movimiento- (ya antes del golpe, pero mucho más después de recuperada la democracia), fue conformando eso que llamamos frenteamplismo, y que tiene que ver con la mística de nuestra fuerza política y que va mucho más allá de los partidos o grupos que la componen.
Pero la estructura del Frente Amplio ha ido cambiando, y a través de sus Estatutos –que fueron aprobados en 1972 pero que fueron cambiados en 1986 y en 1993 en forma importante, y que sufrieron luego otras modificaciones sucesivas (la última de ellas en el Congreso Liber Seregni del año 2007)- es posible ver como se ha ido modelando el FA de hoy.
UNA ESTRUCTURA CAMBIANTE
La forma de elección de los organismos de dirección así como su integración, ha sufrido diversas modificaciones. El Plenario Nacional, por ejemplo, estaba conformado en un principio únicamente con representantes de los diferentes partidos políticos. Recién en la reforma estatutaria de 1986 se incluyó la posibilidad de que ese organismo de dirección (también la Mesa Política) estuviera integrado además por representantes de las bases, elegidos en las distintas instancias internas de participación. En ese entonces, se estableció un porcentaje del 30% para la representación de las bases, y el restante 70% seguía correspondiendo a los partidos políticos. En la reforma del año 1993 recién se estableció el “mitad y mitad”, es decir, 50% para los sectores y 50% para las bases.
Los Plenarios Departamentales del interior estaban compuestos por delegados electos en las asambleas del 25 de agosto, pero en la última reforma estatutaria (2007) se modificó para Canelones –que pasa a diferenciarse de Montevideo y del resto del interior- que comienza a elegirse también a padrón abierto, al igual que el Plenario Nacional. Este proceso, que muestra un cambio en las formas, combina además diferentes procesos de elección, en donde por ejemplo para el Congreso los delegados se eligen en elecciones cerradas, dentro de los Comités de Base, y los delegados al Plenario Nacional se eligen en elecciones abiertas con adhesión simultánea, tanto para los delegados partidarios como para los de base. Pero también muestra una concepción propia de la izquierda, que tiene que ver con la participación, con la búsqueda deliberada de la participación activa de la militancia en la mayor cantidad posible de instancias deliberativas y de decisión. Esta concepción de la participación militante organizada, es sin duda un componente distintivo de la izquierda, y no solo ha tenido influencia en las formas organizativas sino que ha sido el factor que ha ido conformando la mística frenteamplista. El compromiso y la militancia política son elementos esenciales del Frente Amplio inicial, y constituyen la seña de identidad de una forma de hacer política diferente de la que históricamente se desarrolló en nuestro país. Como decía Seregni: “Porque atribuimos al pueblo el papel protagónico en el proceso histórico, es necesario consolidar y extender la acción de los Comités de Base”.
LAS ¿NUEVAS? PROPUESTAS
De manera que la estructura orgánica del FA no es un ente congelado en el año 71 (como algunos pretenden), sino que ha estado en permanente evolución, y siempre en el sentido de ampliar la participación militante de los frenteamplistas a lo largo de toda su estructura orgánica. Sin embargo, quienes dicen que el país y el mundo cambiaron, y que por lo tanto hay que ajustar la estructura a esos cambios, proponen reducir la representación de las bases en los organismos de dirección, es decir, en realidad proponen volver a la estructura de los 70 y 80.
Rebajar el papel de los militantes de los comités de base, sustituyéndolo por un mayor peso de las cúpulas dirigentes de los sectores políticos, no es de ninguna manera un avance, sino un retroceso en todos los sentidos. Es volver al sistema tradicional de los partidos burgueses, en donde se abrían los famosos “clubes políticos” previo a las elecciones y con el único objetivo de juntar votos, es dejar de lado justamente el aspecto que le permitió a la izquierda acumular política y socialmente en una alianza de trabajadores con estudiantes, capas medias e intelectuales, aumentando a su vez el grado de conciencia de quienes participaban en todo ese proceso.
Claro, sabemos que en el seno del FA existen nuevas estrategias de acumulación; que hay quienes sostienen que primero hay que profundizar el capitalismo para que se desarrollen las fuerzas productivas, y luego si, en todo caso, poner proa hacia el socialismo (claro que olvidan que profundizar el capitalismo es profundizar la explotación, y que eso en lugar de acumular, desacumula). Nos consta que hay otros compañeros en el FA que entienden que acumulación es recibir el apoyo (total y hasta fervoroso) de fracciones del bloque todavía en el poder, esas que se expresan por medio de los voceros del FMI y otros organismos internacionales o las calificadoras de riesgo o, en otro plano, por el Financial Times, The Economist, The Wall Street Journal y varios medios locales.
Con esas supuestas nuevas vías de acumulación, y en aras de una pragmática posibilista de adecuación al mundo y sus circunstancias, corremos el riesgo de dejar por el camino a capas y fracciones sociales históricamente constitutivas y forjadoras del bloque alternativo.
Pero nosotros (cuando decimos nosotros, decimos el FA) siempre hemos sostenido que la forma de forjar el cambio de este sistema injusto y expoliador, es creando las condiciones subjetivas para ello, es decir, con pueblo consciente, organizado, participativo y movilizado en torno a un programa transformador. La declaración constitutiva del FA dice: “…mantener la unidad y la continuidad del Frente y su carácter de fuerza popular combativa. Ello supone tanto en el gobierno como en la oposición combinar y coordinar una acción política permanente en todos los campos, que comprenda movilizaciones de masas, actividad de gobierno y de las bancadas parlamentarias y municipales, para el logro de los objetivos comunes”. La cuestión es determinar entonces si las propuestas que se hacen en torno a una reestructura del FA tienden a profundizar la participación y la acción política permanente, o si en cambio van hacia una desarticulación de las bases y a un predominio de cúpulas de los sectores políticos. Porque si el FA pierde su carácter de coalición y movimiento, si pierde su carácter antioligárquico y antiimperialista, ya no será el FA, será otra cosa.
Si ante una crisis de militancia, lo que hacemos es cerrarle las puertas a ésta reduciendo su participación en los organismos, o facilitando su no participación dándole la posibilidad de que lo haga desde la soledad de su hogar mediante una computadora, estamos extendiendo un certificado de defunción al Frente Amplio como tal.
Jaime Yaffé ha señalado con acierto que “El FA no puede ser considerado como un caso puro de partido profesional electoral”. Entre otras cosas, porque “La bancada parlamentaria no sustituyó a los ámbitos estatutarios de decisión política, a los cuales, además, aquella sometió su actuación legislativa cuando se presentaban asuntos de cierta relevancia” (*). Si las decisiones realmente importantes y trascendentes para el país, ahora dejaran de discutirse en la estructura orgánica del Frente Amplio, y pasaran a ser resorte de la bancada parlamentaria, el Frente Amplio dejará de ser lo que es, y pasará a ser un partido tradicional más, pero en el peor sentido de la expresión. Recordemos que el Compromiso Político del año 72 dice: “La resolución que disponga el mandato imperativo deberá ser adoptada en un organismo (la bancada parlamentaria no es un organismo del FA) integrado por todas las organizaciones políticas componentes del Frente Amplio, dentro de la circunscripción territorial que corresponda (la circunscripción que corresponde al ámbito parlamentario es, obviamente, todo el país)”.
Lo que nos preocupa es que los cambios terminen en una especie de gatopardismo mediante el cual se cambia la estructura de la fuerza política gobernante -y con más posibilidades de seguir haciéndolo en el futuro más próximo- para que la situación del país, en lo fundamental, continúe incambiada.

(*) Institucionalización y adaptación partidaria. El caso del Frente Amplio (Uruguay). Año 2006

viernes, 2 de septiembre de 2011

CAMBIO DE FRENTE (6a parte) La estructura



Como vimos, los cambios sucedidos en el mundo –en todo caso- han empeorado la situación de explotación de las grandes mayorías, y han puesto al planeta al borde de la catástrofe ambiental, en tanto que en nuestro país, la estructura económica es prácticamente la misma desde hace décadas. Sin embargo, oímos permanentemente decir que el mundo ha cambiado, y que el FA debe renovarse para acompasar esos cambios. Y cuando alguien escucha una afirmación de esa naturaleza, inmediatamente piensa que la estructura actual es la misma que el FA tenía en el 71, y que los cambios que se están proponiendo van en un sentido más moderno y renovador.
LAS SUCESIVAS ACTUALIZACIONES
La noticia es que ninguna de las dos cosas es cierta. Lo primero es absolutamente falso, ya que el Frente Amplio ha sufrido varios cambios en sus estatutos y en lo que es su estructura orgánica desde su fundación hasta hoy. Y lo segundo, no solo que es falso sino que es exactamente al contrario: algunas de las propuestas que se han hecho van en sentido opuesto, y buscan restablecer el estado de cosas de varios años atrás. Es más, algunos parecería que quieren volver al FA del 71, lisa y llanamente; en lo que tiene que ver con la estructura orgánica –claro-, no en lo programático.
El FA de hoy, no solo no es el mismo que el del 71, sino que se ha transformado radicalmente y en varios sentidos. Se ha transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, se ha ido modificando en sus referencias ideológicas sin dudas, pero también en su estructura orgánica, y ni que hablar en convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje). No vamos a analizar aquí el período que va desde su conformación en el 71 hasta la recuperación democrática, ya que es evidente que no fue el mismo el FA del 71 al 73, que el que tuvo que atravesar el período dictatorial en la cárcel o el exilio. Pero el FA que surge a la salida de la dictadura tampoco es el mismo.
Desde la recuperación de la democracia, hasta las elecciones de 2004, la trayectoria del Frente Amplio ha tenido la impronta de un constante crecimiento político y electoral, el que se ha basado entre otras cosas –y al contrario de lo que algunos afirman- en una renovación constante. El crecimiento electoral prácticamente ininterrumpido (salvo las elecciones del 89 y las del 2009), se debe sin dudas a la constante renovación y actualización del Frente Amplio, que es –entre otras cosas- la que le ha permitido expandir sus fronteras electorales y su llegada a cada vez más amplias capas de la población.
EN LO PROGRAMÁTICO
Si tomamos el período que va desde 1971 a 1989 (que incluye los 11 años de dictadura), veremos que los contenidos programáticos prácticamente se mantienen, y que hacen énfasis en las transformaciones “estructurales”. Sin embargo, para las elecciones de 1994 y de ahí en más, es visible una tendencia a limar los aspectos que iban hacia cambios realmente estructurales, aquellos más decididamente transformadores. Muchos sostienen que lo que se ha dado desde entonces es una “tradicionalización” del Frente Amplio (en el sentido de creación de una tradición propia), la que unida a su moderación programática ha llevado al FA a un corrimiento hacia el centro del espectro político incrementando su apoyo electoral.
En el programa del 84 hay dos cambios notorios: si bien se mantiene la propuesta de “reforma agraria”, desaparece la referencia expresa a la eliminación del latifundio, y desaparece la mención a la “nacionalización del comercio exterior”. El programa del 89 no presenta grandes cambios, pero ya no se habla del no pago de la deuda externa, sino de “evitar el pago” de los intereses de la misma, debido a su carácter ilegítimo e impagable. En el año 94, la discusión programática más profunda se dio sobre dos temas centrales: la deuda externa y la estatización de la banca. El resultado fue que se eliminó la “estatización de la banca” y se volvió a la formulación del año 84: nacionalización de la banca. Y por otro lado, no se incluyó la moratoria de la deuda externa, y se mantuvo el llamado a la constitución de “un frente de países deudores…para el no pago de los intereses”. Por cierto que se retira cualquier referencia a la reforma agraria, y se establece que “se estudiará la productividad especialmente de las tierras en manos de extranjeros no residentes y dedicadas a la ganadería extensiva”. No hay que olvidar por otra parte que ese año (94) se creó el Encuentro Progresista, que influyó notoriamente en la moderación del programa de la izquierda. El programa del Encuentro Progresista de 1999, tiene un énfasis indudable en los aspectos sociales y políticos por sobre los económicos, que eran el eje del programa del 71. Desde luego que no estamos dando una opinión sobre ese proceso, sino simplemente dejando constancia del mismo.
LA RENOVACIÒN IDEOLÓGICA
Y no hay dudas, el Frente Amplio que accedió al gobierno en 2005 no es el del 71, si bien es una fuerza política que por su integración y programa debe caracterizarse de popular. La mayoría de los militantes y votantes son trabajadores asalariados, y en el plano político, el programa sintetiza las reivindicaciones históricas del pueblo trabajador. Y eso, a pesar de que las necesarias alianzas para acceder al gobierno –como vimos- implicaron cierto desdibujamiento del mismo. No obstante, los contenidos antiimperialistas y democráticos avanzados permanecen en cuestiones esenciales.
Digamos en primer lugar que el Frente Amplio aprobó su actualización ideológica en el IV Congreso Ordinario “Tota Quinteros”, en octubre de 2001 (30 años después de su fundación), sintetizando un ciclo de debates internos que duró poco menos de dos años, y que había sido reclamado por el mismísimo Tabaré Vázquez. El título del documento aprobado decía: Compromiso por el cambio para el nuevo siglo – Pautas para el desarrollo ideológico y la elaboración programática. Decía Tabaré en el discurso de clausura de ese Congreso: “Nuestra confianza no fue defraudada: el IV Congreso asumió plenamente el derecho y la responsabilidad que significa el ejercicio de la soberanía adoptando medidas trascendentes en el plano ideológico, programático y político”. Pero mencionaba además algo sumamente valioso: “Lo resuelto es importante. Pero tan importante como lo resuelto es la forma en que lo hemos hecho: Primero: orgánicamente, en un Congreso en el que participaron, promedialmente, 1.600 delegados de todo el país, de los cuales el 52% son del Interior y según nuestros registros es el más numeroso de los Congresos que ha realizado el Frente Amplio en los últimos años. ¿Quién dijo que se acabó la ideología?, ¿quién dijo que el Frente Amplio vació su estructura militante?, ¿quién dijo que aquí se cocina todo en la cúpula? Aquí trabajan todos los militantes, todos opinan, todos son respetados”.
Pero además, es innegable que la izquierda había ya comenzado un proceso de renovación mucho antes incluso de la formación del Frente Amplio. Y ni hablar que luego de la dictadura, la izquierda comenzó a replantearse sus marcos de referencia ideológicos, proceso que se llevó a cabo a la luz del día, en el medio de la recomposición orgánica de las estructuras de los partidos y sectores integrantes del FA, y del reencuentro de militantes dispersos y desconectados durante décadas. A lo que se sumó el fenómeno de la Perestroika, la caída posterior del régimen de la Unión Soviética y los países del Este europeo. Todas estas cuestiones –a las que hay que agregar la crisis de nuestro propio Partido, que había sido la más fuerte organización política de la izquierda y la de mayor apoyo electoral en el 89- enmarcaron un proceso indudable de transformación ideológica del conjunto de la izquierda, que ya no es la misma del año 71, aunque algunos quieran mostrarla de esa manera.

jueves, 1 de septiembre de 2011

RECORDANDO A JOSÉ GERMÁN ARAÚJO (2/9/38 - 9/3/93)





Mañana cumpliría años el petiso más grande, José Germán Araújo.



Por ese motivo, y porque tiene relación con los artículos que hemos venido publicando las últimas semanas, me pareció oportuno traer esta nota publicada hace no mucho por Comcosur.


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“¡AY DE LAS FUERZAS DE OPOSICIÓN QUE QUIEREN OBTENER EL GOBIERNO CEDIENDO EN ABSOLUTAMENTE TODO!”

MONTEVIDEO/URUGUAY/09.03.06/COMCOSUR AL DÍA – José Germán Araújo nació el 2 de setiembre de 1938. De hogar religioso, a los once años ingresó a la Apostólica de los Jesuitas en un prenoviciado, iniciando así la carrera sacerdotal, la cual abandonó cuatro años más tarde. Comenzó entonces su militancia política en la cristiana “Unión Cívica”, pero en los años 70 fue virando hacia posiciones de izquierda, adhiriendo al Frente Amplio en tiempos de dictadura. Vinculado a los medios de comunicación, trabajó en Canal 12 y en CX 30, radio que a la que convirtió en un bastión de la resistencia del pueblo uruguayo contra la dictadura.

Fue electo Senador de la República en 1984 por el sub lema Democracia Avanzada (Partido Comunista), y se preocupó especialmente por denunciar en forma sistemática las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Ello llevó a que -tan temprano como en diciembre de 1986- los parlamentarios del Partido Colorado y el Partido Nacional lo expulsaran del Senado con la excusa de haber instigado desórdenes en las afueras del Palacio Legislativo en momentos en que el cuerpo votaba la Ley de Impunidad.

De todas maneras, en 1990 –rota ya su alianza con el Partido Comunista- Germán volvió al Senado de la mano de la por él fundada Corriente de Unidad Frenteamplista, pero poco tiempo después enfermó de cáncer y falleció el 9 de marzo de 1993. Un mes antes de su muerte, reveló al semanario Búsqueda su preocupación por los cambios que –de la mano del hoy presidente Tabaré Vázquez- ya entonces estaba sufriendo el Frente Amplio. La nota:

JOSÉ GERMÁN ARAÚJO:
“ESTOY MUY PREOCUPADO POR EL FUTURO DEL FRENTE AMPLIO”
(Búsqueda 04.02.93)

En un cuestionamiento directo a las posiciones sustentadas por los principales dirigentes y sectores del Frente Amplio, el senador frenteamplista, José Germán Araujo, dijo que algunos están más preocupados por sus “ambiciones personales” y han terminado por enviar mensajes al FMI con el objetivo de “pedir autorización” para “poder gobernar el país”.

El líder de la Corriente de Unidad Frenteamplista (CUF) señaló además que estos dirigentes utilizan hoy un discurso igual al del PGP y el PDC y al de Julio Sanguinetti y los instó a que “en un acto de contrición” admitan entonces que “nos hemos equivocado durante toda la vida”. Araujo mantuvo una entrevista con Búsqueda en su domicilio de San José de Carrasco, en donde se recupera de un enfermedad. El senador esperaba retornar a la Cámara Alta en marzo.

“EL FRENTE CORRE EL GRAVE RIESGO DE PERDER SU ESENCIA”

—¿Cómo observa el debate ideológico que se está procesando dentro del Frente Amplio y qué opina de las posturas que se han ido perfilando en su transcurso?
—Estoy muy preocupado por el futuro del Frente Amplio porque veo que de continuar algunas líneas que vienen exponiéndose, el Frente corre el grave riesgo de perder su esencia. Yo concebí siempre al Frente Amplio como la fuerza de cambio de este país y es la última esperanza que nos va quedando. En ese sentido, nadie aguarda que un gobierno Colorado o uno del Partido Nacional pueda modificar esencialmente las cosas. Sin embargo, hay un cierto pragmatismo que está ganando a algunos compañeros del Frente y se está desestimando la posibilidad de promover un cambio profundo. Da la impresión que algunos compañeros están más preocupados por sus ambiciones personales que por los problemas colectivos.

“DA LA IMPRESIÓN DE QUE SE ESTÁN ENVIANDO MENSAJES AL FMI PARA PEDIR AUTORIZACIÓN PARA GOBERNAR EL PAÍS”

—¿A quién se está refiriendo?
—Prefiero no dar nombres pero cuando se expone públicamente queda muy claro de quiénes se trata. La liberación se consigue, no se pide. Hoy da la impresión que se están enviando mensajes al Fondo Monetario Internacional para pedir autorización a efectos de poder gobernar este país. El Frente Amplio tendría que estar negociando con otras fuerzas políticas y sociales de América Latina para ver como es posible, con dignidad, enfrentarse al FMI.
Seregni siempre dijo que hay que negociar desde posiciones de fuerza. No me parece una posición de fuerza decir “vamos a pagarla”, “la deuda externa dejó de ser inmoral”, “debemos pagarla hasta él ultimo peso”, esto es lo mismo que puede proponer un partido tradicional al que hemos criticado siempre por esa suerte de pragmatismo. Una de dos; o nos hemos equivocado y deberíamos reconocerlo diciendo que el Partido Nacional y el Partido Colorado hicieron lo que correspondía, o insistamos en lo que hemos dicho hasta ahora.

“PARA APLICAR ESTE MODELO PREFIERO MIL VECES QUE SIGAN LOS QUE ESTÁN”

—¿Pero esto está ocurriendo exclusivamente por las ambiciones personales de algunos dirigentes o es que los principales partidos del Frente Amplio abandonaron un rumbo que en su momento fue socialista e incursionaron ahora en otro mas afín a la socialdemocracia?
—Las dos cosas están presentes. Responde a ambiciones personales pero aquí hay una liviandad ideológica, eso es evidente. El hecho de que haya caído el socialismo real parece que ha cambiado la mente de muchos, creo que apresurados por el tiempo vital de esos compañeros, que se puede terminar. Algunos compañeros apostaron al socialismo real como queriendo vivir a expensas de otras sociedades. Algunos compañeros parece que dicen “este es mi tiempo y tiene que ser ahora”.
Pero digámoslo con claridad; para impulsar un programa socialdemócrata hay otros, a los que siempre hemos criticado, que tienen más experiencia que nosotros. Si no fuese el tiempo de llegar al gobierno es preferible mantener al Frente Amplio en la oposición como un componente del sistema democrático. ¡Ay de las fuerzas de oposición que quieren obtener el gobierno cediendo en absolutamente todo!. Me hace acordar a la frase bíblica: “vosotros sois la sal de la tierra, ¿si la sal se desvirtúa con qué se salará?”. Para aplicar este modelo prefiero mil veces que sigan los que han estado, antes que transformar al Frente y matar la esperanza de la gente.

“NO SE PUEDE PROMOVER UN DISCURSO ANTAGÓNICO AL QUE HEMOS TENIDO SIEMPRE”

—¿Usted coincide entonces en que en el discurso del Frente Amplio hubo un acercamiento a posiciones de centro?
—Yo dije alguna vez que no se puede hacer el mismo discurso del Partido por el Gobierno del Pueblo o del Partido Demócrata Cristiano sin comenzar por reconocer que tenían razón; hay compañeros del Frente Amplio que están repitiendo textualmente el discurso con el que discrepábamos, sin haber dicho antes “tenía razón Hugo Batalla” o “tenía razón Héctor Lescano”.
Y ahora habría que seguir diciendo tenía razón Sanguinetti y nos hemos equivocado, que mal lo hemos censurado. No se puede promover un discurso antagónico al que hemos tenido siempre. Antes de eso, por lo menos, en un acto de contrición, deberíamos decir que nos hemos equivocado a lo largo de nuestra vida. No se puede dar vuelta en una semana. ¿Ustedes pueden creer que haya una coincidencia histórica que determine que el Partido Comunista uruguayo muera la misma semana que el Partido Comunista de la Unión Soviética?

—Hay dirigentes frentistas que sostienen que la actual estructura de la coalición no sirve para gobernar. ¿Qué opina?
—Naturalmente que cualquier partido debe cambiar su estructura cuando llega al gobierno. Pero no en lo que refiere a los principios, que es lo que se está cambiando acá. Habría que repasar los discursos de hace unos años para ver cómo cambian los rumbos que se habían trazado. Hoy, cuando América Latina nos ve a los frentistas diciendo que la deuda externa hay que pagarla, ¿nos ve igual que ayer?.

“LA PREOCUPACIÓN NO ES GANAR SOLAMENTE, ES GANAR PARA QUÉ”

—La semana pasada, durante la polémica que mantuvo con el MPP, el intendente Tabaré Vázquez se constituyó en el primer dirigente del Frente Amplio que públicamente anuncio su negativa a concurrir a los organismos de dirección para dar explicaciones. ¿Qué opinión le merece este hecho?
—El principio de autoridad lo defiendo a muerte y quien asume una autoridad como Vázquez debe llevarlo adelante. Eso no quiere decir que alguien, no en el Frente sino en esta tierra, tenga derecho por un principio de autoridad a desconocer derechos ajenos. Esto ha ocurrido y yo no podría silenciar mi voz después de haberla levantado cuando no se me permitió establecer mi defensa en el Senado. Con razón o sin ella, alguien -Carlos Coitiño- sostiene que debe ser oído y tiene todo el derecho del mundo.
Lo comprendo a Tabaré Vázquez; es un vocacional de la medicina, tiene un futuro extraordinario en ese orden, el no fue llamado por su vocación política sino por ser militante y ahora le duele ver que su determinación pueda ser cuestionada por alguien. Pero tiene que aceptar que la organización política es otra cosa, que no estamos en un partido político personalista y que el Frente Amplio no podrá ser eso nunca. Pero aquí, además, Tabaré está jugando su posición: si queremos que él sea el próximo presidente de la República deberíamos admitir que se debata algunas cosas y otras no. Es un extraordinario candidato, no hay otro candidato con más carisma, pero yo eso no lo querría para el Frente Amplio.

—¿Aunque eso determine que el Frente Amplio no pudiera ganar?
—Es que para mí la preocupación no es ganar solamente, es ganar para qué. Con esos peajes no, porque no estoy subyugado con la idea de ganar. Esto no es deporte, esto es la vida de los hombres, de seres humanos.

HERIDAS DE CONSIDERACIÓN

(publicado esta semana en VOCES) Finalmente Sendic le abarató los costos políticos del berenjenal en el cual él mismo hab...