sábado, 27 de febrero de 2010

PARTICIPAR ES ALGO COLECTIVO


Desde nuestro punto de vista, una concepción de izquierda acerca de la sociedad es diametralmente opuesta a la del capitalismo, y en particular a la del neoliberalismo como ideología dominante en las últimas décadas. Una concepción de izquierda no debe ver al hombre como un ser individual, aislado, separado de los demás, sino que lo debe considerar como ser social, el hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros. No existen el ciudadano abstracto (alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, o lo es todo a la vez), sino personas concretas que viven, se asocian e interactúan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales realizan sus intereses, ejercen sus derechos y sus deberes. Y la sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo de ese ser humano. Que no se decreta ni cae del cielo, sino que se logra cuando, al transformar la realidad en la que viven las personas se transforman a sí mismas. Es la participación, el protagonismo en todos los espacios, lo que permite al hombre desarrollarse humanamente. Por eso, no se trata sólo de darle un contenido social a la democracia, de resolver los problemas de la alimentación, salud, educación, etcétera, sino de ir creando espacios que permitan que las personas, al luchar por el cambio, se vayan transformando a sí mismas. No basta con valorar positivamente la participación en abstracto, no basta con mencionar permanentemente al pueblo, eso puede quedar en meras palabras si no se crean los espacios adecuados para que puedan darse lo más plenamente posible los procesos participativos, tanto en los lugares donde las personas habitan como en los lugares donde las personas trabajan o estudian.
QUE ES PARTICIPAR
Participar, en principio, significa “tomar parte”: convertirse uno mismo en parte de una organización que reúne a más de una persona. Vale decir que la participación es siempre un acto social. Nadie puede participar de manera exclusiva, privada, para sí mismo. Y en las sociedades modernas, es tan difícil participar en todo como dejar de participar. Aquel que crea no participa en absoluto, en realidad está extendiendo un cheque en blanco para que otros actúen en su nombre. Pero a su vez, es imposible participar de todos los acontecimientos que nos rodean; no existen el tiempo ni los recursos suficientes para participar en todos los acontecimientos que despiertan nuestro interés. De manera que la verdadera participación, la que se produce como una decisión voluntaria de actuar en un colectivo, requiere de un proceso previo de selección entre varias opciones. Y al mismo tiempo, esa decisión de participar en algo con alguien, está suponiendo la decisión paralela de abandonar la participación en algún otro espacio de la interminable acción colectiva que supone la sociedad moderna. Es decir, la participación es siempre, al mismo tiempo, un acto social, colectivo, y el producto de una decisión individual. De ahí la enorme complejidad del término “participar”, que incluye los innumerables motivos que pueden inhibir o estimular la participación ciudadana en circunstancias distintas, pero también las razones estrictamente personales que llevan a un individuo a la decisión de participar o no. Hay un difícil equilibrio entre las razones que animan a la gente a participar, y sus posibilidades reales de hacerlo. Aunque el entorno político sea el más estimulante posible, y aunque haya un propósito compartido por la gran mayoría de la sociedad en un momento dado, habrá siempre quienes encuentren razones más poderosas para abstenerse de participar que para hacerlo. Y aún en medio de la participación, habrá quienes aportarán más tiempo, más recursos y más esfuerzo que los demás. No todos quieren participar aunque puedan, y no todos pueden participar aunque quieran. Pero además la participación no puede darse en igualdad de condiciones para todos: igual esfuerzo de todos para obtener idénticos beneficios (o castigos) para todos. No es posible que todos participen en todo, ni que todos desempeñen exactamente el mismo papel. En cualquier organización (hasta en las más espontáneas y efímeras) la distribución de papeles es tan natural como la tendencia al conflicto. Surge naturalmente la confrontación de opiniones, de necesidades, de intereses y hasta de expectativas individuales, frente a las expectativas de un conjunto de seres humanos reunidos. Es decir, que no se puede participar para obtener, siempre, todo lo que cada individuo desea. O dicho de otra manera: los propósitos de la organización colectiva solo excepcionalmente coinciden plenamente con los objetivos particulares de sus integrantes.
LA REPRESENTACIÓN
Representación y participación forman una pareja ineludible cuando hablamos de democracia. Ambos términos se requieren inexorablemente. Por lo que decíamos más arriba, porque la participación no existe de manera perfecta para todos los individuos y para todos los casos posibles, y porque no existe forma de participación colectiva que no contenga un cierto criterio representativo. Esto no significa, ni que la participación ciudadana se agote en la elección de los representantes, ni que el voto sea la única forma plausible de darle vida a la participación democrática. Si bien un principio básico de la organización democrática que conocemos consiste en la elección libre de los representantes políticos, la participación ciudadana hace posible extender ese principio más allá de los votos. Convertirla en algo más que una sucesión de elecciones y, de paso, enlazar los procesos electorales con las decisiones políticas cotidianas.
La participación no es suficiente para entender la dinámica de la democracia, pero sin la participación, sencillamente la democracia no existiría. Lo que debe quedar claro es que la democracia requiere siempre de la participación ciudadana, con el voto y más allá del voto. Participación y representación son dos términos que se necesitan recíprocamente: participación que se vuelve representación gracias al voto, y representación que se sujeta a la voluntad popular gracias a la participación cotidiana de los ciudadanos.
VALORES DE LA PARTICIPACIÓN
La participación ciudadana apenas podría imaginarse sin una cuota, aunque mínima, de eso que llamamos conciencia social, aquellos vínculos que unen la voluntad individual de tomar parte de una tarea colectiva en el entorno en que se vive. La democracia sería imposible sin un conjunto de valores éticos compartidos por la mayoría de la sociedad. Si bien la ética es una cuestión fundamentalmente personal (cuando pienso moralmente no tengo que convencerme más que a mí) en política es imprescindible que convenza o me deje convencer por otros. Pero la participación política supone ambos procesos en forma simultánea: el convencimiento propio acerca de las razones que me llevan a participar, y el acuerdo con los demás para iniciar una empresa en común. De modo que en ella se reúnen los valores individuales que hacen plausible la iniciativa personal de participar, y los valores colectivos que hacen además posible la vida civilizada. Otro valor que conviene tener presente, es el de la tolerancia. Tolerar no significa aceptar siempre lo que los otros opinen o hagan, sino reconocer que nadie tiene el monopolio de la verdad y aprender a respetar el punto de vista ajeno. ¿Por qué se relaciona esto con la participación ciudadana? Porque la participación se construye siempre, necesariamente, a través del diálogo, de la confrontación de opiniones entre varios individuos independientes que han decidido ofrecer parte de sus recursos y de su tiempo en busca de objetivos comunes, pero que también han decidido a renunciar a una porción de sus aspiraciones originales para cuajar una acción colectiva. Sin tolerancia, la participación ciudadana sería una práctica inútil, no llevaría al diálogo ni a la reproducción de la democracia.

BIENVENIDA POLÉMICA (*)


Rodolfo Ungerfeld contesta mi nota “Discutir por lo alto” en la misma edición de Voces de la semana pasada, y comienza diciendo que tomé un par de puntos de las notas de Alfredo García, Héctor Díaz y él mismo, pero no discutí su esencia. Y es verdad. Era extremadamente difícil entrar en la esencia de tres notas de una página cada una, por lo que simplemente quise allí llamar a la reflexión sobre lo que desde mi punto de vista debía ser el tono de la polémica. Hoy si discutiré la esencia.
Ungerfeld comienza con una afirmación que uno difícilmente pueda negar. Dice que “las decisiones políticas que alejan a los partidos de la gente, y especialmente de sus votantes, hipotecan el futuro de los partidos”. Lo que no es tan fácil de aceptar, es que la decisión de la candidatura a la intendencia de Montevideo sea de ese tipo de decisiones. Puede decirse que no todos quedaron conformes (como inevitablemente sucede con cualquier tipo de decisión en una fuerza política integrada por varios grupos y partidos políticos y bases), pero no necesariamente es dramático.
Dice más adelante que no hubo voluntad de generar un espacio de participación, y da su visión de lo que es participación: elección interna, múltiple candidatura, o una misma fórmula para votar con diferente orden. Eso, estimado Rodolfo, no es participación. Participar, en principio, significa “tomar parte”, convertirse uno mismo en parte de una cosa más amplia. De modo que la participación es siempre un acto social, nadie puede participar de manera exclusiva, privada, para sí mismo. El fragmento de la carta de Sendic que transcribe Alfredo en su artículo, es claro: “cuatro tontos piensan mejor que un sabio”, (a condición de que los cuatro piensen juntos, agrego yo). Y el voto, es un acto individual. El ciudadano decide su voto de acuerdo a sus convicciones personales, si, pero hoy en día también en función de los medios masivos de comunicación, que fabrican candidatos a su antojo y a la medida de sus necesidades. Quienes tienen miedo a la participación (como señala Ungerfeld) no son los que el cree, sino los que quieren que los temas no se discutan en profundidad, en los organismos, dando y recibiendo argumentaciones, buscando los acuerdos, y quieren que las decisiones las tomen los individuos en la soledad de sus hogares, detrás de una computadora o de un televisor, lejos de la real participación.
El propio Ungerfeld sospecha que la mayoría de los votantes de Montevideo no tienen ni idea de cómo funciona la estructura del FA, y que no tenían ni idea de que cuando votaron el Plenario estaban votando a quienes decidirían la candidatura a la Intendencia. Y yo me pregunto: ¿por qué entonces esos mismos votantes tienen mejores elementos para decidir quien debe ser el candidato? ¿Quién debería saber más sobre las características personales, políticas, sobre la forma en que se relaciona con sus compañeros, sobre la capacidad negociadora, sobre la habilidad para tomar decisiones y muchas cosas más que hay que valorar sobre un candidato?
Ungerfeld dice que su problema central no es que se defina en el Plenario, sino que se defina en ese ámbito para no abrirlo a otros en que el resultado pudiera ser distinto. Yo no puedo afirmar ni una cosa ni la otra. Pero al menos cuento con antecedentes que dicen que los frenteamplistas confirman en las urnas las decisiones de la orgánica, y Ungerfeld no puede mostrar ni uno sólo en que su hubiera dado lo contrario. Por lo tanto las suyas son simples conjeturas, que yo también podría hacer. Por ejemplo: Si en segunda o tercera votación, se hubieran logrado los votos para que Martínez fuera el candidato, hoy ni Ungerfeld ni nadie estaría hablando ni de cúpulas ni reclamando elecciones internas ni nada de eso, a pesar de que lo habría decidido el mismo organismo integrado por los mismos compañeros. Conjeturas mías.
Ungerfeld acusa al PCU de “cambiar figuritas” con el MPP. Es raro…curioso al menos. Los acuerdos que frecuentemente se dan entre diferentes sectores del FA generalmente se denominan así, acuerdos o alianzas, pero si en ellos está el PCU entonces es un cambio de figuritas o algo perverso. Pero lo más curioso aún, es que si se trata del PCU es tan malo que llegue a un acuerdo como que no llegue. En el Congreso Liber Seregni se acusó al PCU de falta de flexibilidad por no llegar a un acuerdo con el MPP frustrando de esa manera la elección de Constanza Moreira a la presidencia del FA. En el Congreso siguiente se lo acusó de llegar a un acuerdo con el MPP (intercambiar figuritas según Rodolfo) para la elección de José Mujica como candidato. Otra curiosidad: el periodista Legnani, en AM Libre, se extrañaba de que el PCU no hubiera retirado el nombre de Ana Olivera, siendo que había sido designada como ministra; pero nunca le extrañó que el PS no hubiera retirado el nombre de Daniel Martínez, siendo que había sido designado como ministro. Otras curiosidades: está muy bien visto que el PCU vote un candidato del PS, eso está muy bien considerado; en cambio es muy malo si el PCU vota a un candidato del MPP; y es peor aún (se considera casi una herejía), que el PCU vote a una comunista. Es curioso…el diario El País opina lo mismo que Ungerfeld…y propone reestructurar el FA para quitar incidencia a los comunistas.
Ungerfeld dice que las elecciones internas (que a mi no me gustaron) a el le parecieron bien porque “hubo un espacio de participación para la definición”, y eso saldó la discusión. Ese puede ser un aspecto positivo, no lo niego. Pero en contraposición a eso, tenemos que en 2004 fuimos con un solo candidato (Tabaré Vázquez) y obtuvimos un 43,11% contra un 41,19% del Partido Nacional; en estas internas fuimos con tres candidatos, y obtuvimos un 41,1% contra el 46,1% del Partido Nacional. Si saldar una discusión (en realidad poner a consideración de la gente la pretensión individual o sectorial de alguien que quiere competir) nos lleva a perder votos y a poner en peligro un gobierno popular, que querés que te diga… “Una competencia interna abre las puertas a distanciamientos, diferencias, enojos, heridas, pérdida de energías y entusiasmo militante, que perfectamente podríamos ahorrarnos”, decía Rafael Michelini en agosto de 2008, y nosotros lo compartimos en ese momento y ahora.
Dejo para el final una de las primeras afirmaciones de Rodolfo. Dice que lo que yo no veo es como fueron manoseados él y muchos más. Y es verdad, yo no veo el manoseo, tiene razón. Yo veo una fuerza política que elige una excelente candidata a la Intendencia de Montevideo (esto nadie lo discute) y que lo hace apegándose estrictamente a sus estatutos (esto tampoco nadie lo discute). De manera que yo veo el manoseo cuando se habla de cúpulas iluminadas, y de toma y daca, de métodos reaccionarios y de reparto de poderes, olvidándose de que se está hablando de compañeros que en su inmensa mayoría están dedicando tiempo de sus vidas, restándole horas a sus hijos y a sus hogares, al esparcimiento y muchas cosas más para dedicárselo a mejorar la vida de todos. La gran mayoría de esos compañeros a los que se señala despectivamente como “cúpulas” luchando por cargos y poder, ponen dinero de sus bolsillos para militar en el FA. El militante político de base (salvo deshonrosas excepciones) no discute puestos o empleos en la administración pública para sí mismo; lo que discute es un programa para la creación de empleos para todos. No discute un terrenito para tal o cual correligionario, discute y respalda un programa de construcción de viviendas para familias que las necesiten. No discute tarjetas de alimentos para sus amigos, sino la forma y los métodos para que los alimentos sean accesibles a toda la sociedad. El militante político, no piensa en lo particular; trabaja para satisfacer las necesidades a nivel general. Los militantes populares son la reserva de solidaridad de una sociedad agredida por el egoísmo y por la cultura del materialismo vulgar. Son portadores de una ética de servicio y una moral de lucha forjada en la resistencia a la dictadura y al modelo neoliberal, son los convocados para devolver su sustancia a la democracia como expresión de igualdad y participación. No se puede manosear a esa militancia


(*) publicado en el semanario VOCES

DISCUTIR POR LO ALTO (*)


Hay algunas cuestiones básicas en las discusiones políticas, y sobre todo, si se quiere llegar a algún resultado positivo. Entre otras cosas, es bueno reconocer el punto de vista del otro -lo que no equivale a estar de acuerdo con él-; significa simplemente que se lo acepta como un punto de vista tan válido como los otros. Esto, claro, siempre que lo que se quiera es discutir para lograr las mejores soluciones para todos, y no simplemente para sacarse las ganas de decir lo que uno tiene adentro. Desde mi punto de vista, el marco en el que pueden realizarse las polémicas dentro del Frente, entre los distintos sectores que lo integran pero también entre los distintos compañeros, es el del respeto mutuo, el de la fraternidad que se supone que debe haber entre quienes vamos en el mismo barco, con el mismo destino. En ese sentido, el artículo “NO TE VA A GUSTAR”, de Enrique Pintado, en La Republica del viernes 12 es muy elogiable, y va en el sentido de lo que vengo diciendo. En cambio me llamaron poderosamente la atención los tres artículos que, en VOCES de la semana pasada, abordaron el tema de la candidatura a la intendencia de Montevideo (me refiero a las de Alfredo García, Héctor Díaz y Rodolfo Ungerfeld). De esos artículos se puede extraer que las “cúpulas” optaron por el camino de “ignorar la opinión de la gente, dejando de lado la vía democrática para que el pueblo se exprese”. Se habla de “manoseo” a Astori, de “revolcón” a Mujica, y más adelante dice que las decisiones “se cocinan” entre unos pocos, y que el resto somos “rebaño” que acata el mando de los “iluminados”. Se habla de “componendas” y de “soberbia” de nuestros dirigentes. Se conjetura sobre “trueque de cargos y apoyos”, para luego hablar de “maniobra política…de dudosa ética”. Más adelante se dice que se lanzó al ruedo “un candidato sin mayor destaque ni trayectoria” (refiriéndose a Carlos Varela) y también de “los estrategas de la maniobra”. Se “argumenta” que “se manoseó permanentemente a los votantes” , que “se disfrazaron de panqueque y se dieron vuelta en el aire”, que hubo “toma y daca para argumentar lo inargumentable”, se habla de “equilibrios de cúpulas”, y de que “algunos le están teniendo mucho miedo a largar la manija del poder”, y que “definen en función de intereses personales o grupales” y un largo rosario de cosas similares. Como se ve, no es un buen panorama para dar comienzo a una discusión. Pero intentemos aportar algo.
MANEJAR LA INFORMACIÓN
Alfredo dice que “otra vez de nuevo, las cúpulas optaron por el camino de ignorar la opinión de la gente…” Y bien, no sabemos exactamente a qué se refiere Alfredo con “otra vez de nuevo”, pero da a entender –cualquier lector desprevenido lo interpretará así- que una vez si y otra también una dirigencia que está allá en el Olimpo decide cosas en forma totalmente antidemocrática, ignorando al pueblo frenteamplista. Pero lo que Alfredo debería saber, ya que siempre ha votado al Frente Amplio, es que eso que el llama “cúpulas”, son las autoridades legítimas del Frente Amplio, que se integran mitad por los sectores (todos) y mitad por las bases, y que son votadas en elecciones a padrón abierto con adhesión simultánea, lo que constituye un ejemplo único en el mundo. Alfredo reconoce que no lo sabía cuando votó en las internas del 2006, peo que Alfredo no supiera lo que estaba eligiendo en 2006, no invalida las decisiones que toman los órganos indicados para tomarlas. Cosa que también desconoce Rodolfo, quien dice que “autoasumir que se es representativo de algo para lo que no se fue electo, es por lo menos una falta de respeto mayúscula hacia los votantes”. Reitero: en las elecciones internas del Frente Amplio, se elige justamente el Plenario Nacional y los Plenarios Departamentales, y entre otras potestades de esos organismos, está la de elegir los candidatos (nacionales y departamentales). También esos organismos aprueban los programas a llevar adelante, cuestión que no parece importarle a nadie (nadie ha puesto el grito en el cielo porque esas “cúpulas” hayan decidido nada menos que el programa que se va a aplicar en Montevideo). Se podrá compartir o no la estructura orgánica y los Estatutos que el FA se ha dado, pero no se puede hablar de “cúpulas” y de “ignorar la opinión de la gente”, cuando lo que se hace es actuar de acuerdo a lo que los Estatutos establecen y en función de las potestades otorgadas por esos mismos Estatutos.
Más adelante, Alfredo analiza (de alguna forma hay que llamar a sus conjeturas) las reacciones de los compañeros “según como les fue en el baile”. Y dice que esta vez saltaron los socialistas porque fue vetada la candidatura de Daniel Martínez, pero que en el Congreso Zelmar Michelini los que patearon fueron los integrantes de Asamblea Uruguay por el manoseo que le hicieron a Astori, y dos años atrás el que salió a las puteadas fue Mujica, por el revolcón cuando propuso a Constanza Moreira para presidir el Frente Amplio. Y agrega una más: “los que nunca se enojaron con la situación fueron los camaradas del Partido Comunista”, y arriesga una explicación: “¿Será porque tienen casi un cuarenta por ciento de los miembros del Congreso y un gran porcentaje en los representantes de las bases?”. Sin embargo, soslaya que en todas las situaciones que describe nunca hubo un nombre puesto por el Partido Comunista en esas discusiones. Y soslaya también que en ninguno de los casos el Partido Comunista obtuvo lo que se proponía. Pero además, desconoce que los Congresos son de las bases, y que allí los sectores no tienen representación (mal puede tener el PCU un 40%). Pero Alfredo tiene otra explicación: “Todo esto sucede porque las alianzas fluctúan valiéndose siempre de unos estatutos más viejos y perimidos que los discos de pasta o las botellas de leche”. La genética frentista nuevamente no lo ayuda mucho a Alfredo, porque los Estatutos ya fueron cambiados en el año 92, y recientemente, en el Congreso Líber Seregni se volvieron a reformar, (Alfredo solo registró de ese Congreso las puteadas de Mujica). Entre otras cosas, se propuso cambiar el régimen de electividad de las bases de los plenarios departamentales del interior del país, debido a que con el estatuto pasado sólo se elegía el plenario capitalino (esto solo fue aprobado para Canelones). Y Alfredo dice que “el verso de la competencia como elemento de debilitamiento de la fuerza política se choca de frente con las elecciones internas que tuvimos por el candidato presidencial. ¿Salio debilitado el Frente Amplio?”. Ah si, yo creo que si. Para empezar, fueron las elecciones internas en las que participaron menos frenteamplistas desde que se realizan, y eso a pesar de aquellos que pregonaban que la competencia estimulaba la participación. Eso no son versos, son hechos constatables. Pero además, durante las internas, los Comités de Base se quedaron sin una tarea concreta al haber tres candidaturas (que alguien me explique como hace un Comité de Base campaña por tres candidatos diferentes), y luego hay quienes dicen que los Comités de Base están vacíos (son los mismos que hacen lo posible para que sigan así). Pero además, ¿cómo se explica que habiendo hecho el mejor gobierno de los últimos tiempos, no hayamos podido ganar en primera vuelta y hayamos perdido votos con relación a la elección anterior, logrando apenas la mayoría parlamentaria? ¿Puede asegurar Alfredo que la disputa interna nada tiene que ver con esos resultados? Si estas cosas las analizamos y la discutimos por lo alto, seguramente nos vamos a entender, aunque no nos pongamos de acuerdo.
(*) publicado en el semanario VOCES

viernes, 19 de febrero de 2010

EL PUNTO DE PARTIDA


Para nuestro Partido –lo hemos dicho muchas veces- el Frente Amplio, lejos de ser un hecho circunstancial o un simple acuerdo momentáneo de partidos, es el hecho político más importante del desarrollo del movimiento revolucionario en el país en los últimos 40 años. Porque es la síntesis de todo el proceso de unidad popular desarrollado en las décadas del 50 y del 60 y que dio sus frutos en el 70. Es el resultado de nuestro esfuerzo por la unidad de los trabajadores y el pueblo, de las luchas de obreros y estudiantes, de los intelectuales, de los trabajadores del campo, del Congreso del Pueblo, de la conjunción de fuerzas políticas que, más allá y por encima de diferencias filosóficas e ideológicas, comprendieron el imperativo histórico de transformar el país. Por eso el Frente Amplio es para nosotros la cuestión fundamental. Y por eso defendemos hasta las últimas consecuencias su funcionamiento orgánico, su carácter de coalición y movimiento, y las resoluciones que este toma en sus organismos. Los comunistas nos empeñamos por gravitar a favor de la unidad en el FA en sus posiciones políticas, por la seriedad de sus planteos, por su nivel de militancia, por su espíritu de fraternidad con todos los demás compañeros y por su permanente labor de vincular el FA al pueblo, a los ciudadanos de los barrios, de las ciudades y pueblos del interior, de los centros de trabajo y estudio, a través de los Comités de Base. Por lo tanto, cuando los comunistas hablamos de mejorar el funcionamiento del Frente Amplio, no perdemos jamás de vista que estamos hablando de la herramienta popular más importante que tiene el pueblo uruguayo en sus manos para construir su destino. Es decir, que los cambios deberán ser siempre para mejorar la herramienta que nos permitirá llegar al tipo de sociedad que apuntamos y al tipo de ser humano que queremos. Rechazamos por tanto cualquier tipo de reforma que apunte a rebajar el papel del hombre como ser comprometido con su sociedad. Nosotros compartimos la concepción humanista del Che, y por eso entendemos que la Revolución no es únicamente una transformación de las estructuras sociales y de las instituciones del régimen; es además una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores y hábitos, de sus relaciones sociales. No le tememos a los cambios, es más, creemos que el FA debe vivir un permanente proceso de oxigenación en la fraternidad y la democracia, de diálogo, colocando la causa del FA como cuestión fundamental, que de manera responsable todos debemos sostener, todos debemos desarrollar.
QUE TIPO DE CAMBIOS
Un artículo del diputado Enrique Pintado publicado en La República del viernes pasado (muy buen artículo y sobre todo en el tono que esperamos que se desarrolle esta discusión) señalaba que “La mayoría de los partidos ha escuchado los mensajes de la ciudadanía y siente que es hora de eliminar la brecha entre el funcionamiento interno de sus estructuras y las demandas de la sociedad”. Agregaba que “La gente exige más y mejores formas de participación, mejora en la calidad democrática…”, pero advertía que “profundizar este debate implica sortear al menos dos riesgos: a) que la discusión termine centrándose exclusivamente en cómo se acumula y distribuye internamente el poder, y b) que nos concentremos demasiado en el maquillaje adaptativo dejando de lado la cuestión principal que da fundamento y vida a los partidos: su identidad política”.
Y más adelante Pintado expresa lo que en su opinión es la cuestión fundamental “como la gente puede intervenir en la vida y decisiones de esos partidos sin que para ello cada ciudadano deba rendir cuenta de la cantidad de horas voluntarias o pagas que dedica a su organización. Son los ciudadanos con poca o mucha participación los que resuelven los destinos del país y quienes eligen los elencos de gobierno. Nuestro desafío es crear estructuras más flexibles y nuevos micro y macro espacios de participación, que habiliten un mayor involucramiento e identificación ciudadana con las colectividades políticas.”
Y bien, creemos que nuestro Frente Amplio tiene una estructura orgánica y un funcionamiento que contempla estos “micro y macro espacios” que plantea Pintado. Espacios muy diversos, en los cuales hay cabida para la participación de todos los frenteamplistas de acuerdo a su propia voluntad. Están los simples votantes, aquellos a los cuales les interesa simplemente votar cada cinco años, muchos de los cuales ni siquiera se consideran frenteamplistas, pero a veces resuelven votarnos. Pero hay también un nivel más comprometido, el de los adherentes, algunos de los cuales cotizan mensualmente un aporte para el FA y los que no aportan pero están registrados como adherentes porque participan en las elecciones internas como votantes (muchos se adhieren ese mismo día). Aquel que cotiza y está al día, puede acceder a cualquiera de los niveles de la estructura, desde responsabilidades en su propio Comité, hasta participar en los Congresos o ser miembro del Plenario Departamental o Nacional, a la Mesa Política, etc, sin necesidad de pertenecer o estar afiliado a ninguno de los sectores del FA, simplemente por su condición de frenteamplista.
Y la estructura del FA ha ido variando (los estatutos de 1971 fueron reformados en 1986, 1993 y 2006) en el sentido de modificar la forma de integración y de elección de los organismos de dirección, y en el sentido de ir ampliando la representación de las bases. Como dice Jaime Yaffé: “Esta evolución refleja dos fenómenos diversos y complementarios. Una es la impronta militante, deliberada búsqueda de la participación intensa del mayor número posible de miembros en la estructura orgánica. Esta concepción militante está detrás del creciente peso otorgado a las instancias de participación dentro de los organismos de dirección política...”. “El Peso de esa concepción militante de la participación y la organización ha sido una marca distintiva de la izquierda y juega no sólo como componente del modelo organizativo sino también como parte de la cultura y la mística frenteamplistas. El compromiso y la militancia política fueron elementos centrales de la prédica frenteamplista fundacional, tanto como las definiciones programáticas…” (*).
De manera que la estructura orgánica del FA no es un ente congelado en el año 71 (como algunos pretenden), sino que ha estado en permanente evolución, y siempre en el sentido de ampliar la participación militante de los frenteamplistas. Esa es una de sus señas de identidad, y por eso compartimos la preocupación por los riesgos que señala Pintado, especialmente el de “que nos concentremos demasiado en el maquillaje adaptativo dejando de lado la cuestión principal que da fundamento y vida a los partidos: su identidad política”. Porque justamente la participación militante es parte fundamental de la identidad política del Frente Amplio. Como decía el Gral. Liber Seregni: “El FA encarna una nueva concepción de la vida política…porque los militantes populares…no participaban de esa concepción que proclama la derecha, según la cual el único acto político del ciudadano debe ser el voto…¡No!...Cada militante frenteamplista es un político y así debe ser…Porque atribuimos al pueblo…el papel protagónico en el proceso histórico, es necesario consolidar y extender la acción de los Comités de Base”. El punto de partida, es no perder esa identidad. Y además, corregir algunas desviaciones que se vienen dando desde hace algún tiempo, como la de privilegiar el individualismo por sobre lo colectivo, y la necesidad de acercar el gobierno a la fuerza política, cuestiones que abordaremos en próximos artículos.


(*) Jaime Yaffé – Crecimiento y renovación de la izquierda uruguaya (1971-2001) – Revista Uruguaya de Ciencia Política 13/2002

jueves, 11 de febrero de 2010

RESTRUCTURA DEL FRENTE AMPLIO: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?


Los reclamos de modificar la estructura orgánica del Frente Amplio no son nuevos. Hace ya mucho tiempo que se viene hablando de ello, aunque hay que decir que el tema sufre flujos y reflujos, y surgen como nuevos impulsos cada vez que alguien se ve defraudado en sus expectativas. Ahora, luego del proceso de selección del candidato a la Intendencia de Montevideo, el tema está nuevamente sobre la mesa. Nosotros no rehuimos la discusión, siempre estaremos dispuestos a analizar las formas en que podemos mejorar el funcionamiento orgánico del FA, las formas en que podamos dar cada vez más y mejor participación al frenteamplismo militante, a ese pueblo que quiere avanzar hacia mejores condiciones de vida para los uruguayos. La cuestión es que nos gusta discutir sobre la base de propuestas y no sobre discursos. En nuestro artículo de la pasada semana decíamos: “¿Por qué de un tiempo a esta parte se escucha permanentemente críticas a las decisiones tomadas por los organismos del FA (Congreso, Plenario, etc..) y nunca se escucha una propuesta que sustituya lo que los Estatutos disponen?"
LO QUE SE HA DICHO
Es muy común escuchar a algunos compañeros decir que hay que renovar la estructura porque el tiempo ha pasado, el mundo y el país han cambiado, y por lo tanto el Frente Amplio debe acompañar esos cambios. Ahora bien, es necesario hacer en primer lugar una aclaración imprescindible, porque la afirmación, tal cual se hace, da la idea de un Frente Amplio que se quedó anclado en el 71 manteniendo el mismo funcionamiento y la misma forma de pensar de hace 39 años. Y la realidad nos dice que eso no es así, que del año 71 a la actualidad, la estructura orgánica de nuestra fuerza política no ha permanecido incambiada, y permanentemente se le han hecho ajustes. Sin ir más lejos, los Estatutos, que ya habían sido modificados en 1992, fueron nuevamente renovados en el Congreso del año 2006 por amplísimas mayorías. ¿Cuáles son los cambios que han ocurrido y que justifican que el Frente Amplio cambie su estructura orgánica o su forma de actuar, y cuáles son las ideas que acompasarían esos cambios? Hasta ahora no han aparecido propuestas al respecto. Hemos leído en la prensa a compañeros que dicen: “El Frente Amplio surge entonces, con candidatos únicos y programas únicos, la realidad ha cambiado y en más de un departamentos se ha adoptado la candidatura múltiple…”. Y la pregunta que nos hacemos es ¿cuál es la realidad que ha cambiado y que justifica que ahora sí vayamos con candidaturas múltiples? Porque en nuestra Declaración Constitutiva del año 71, decíamos: “...al mismo tiempo (el FA) afrontará unido las instancias comiciales, con soluciones honestas y claras que restituyan a la ciudadanía la disposición de su destino, evitando la actual falsificación de su voluntad”. Esto era prácticamente nuestra seña de identidad: un programa, un candidato (en ese orden). Era la forma de diferenciarnos de aquellos que pasaban un rastrillo con una variedad enorme de candidatos para todos los gustos. Y eso nos ganó la confianza y el respeto del pueblo. ¿Qué fue lo que cambió, y que transforma en algo tan natural que seamos nosotros los que ahora empuñemos el rastrillo? Queremos que se entienda lo que decimos: queremos que las afirmaciones que se hacen tengan una explicación, que estén fundamentadas. Si decimos que la realidad cambió, digamos cuáles son los aspectos claves de esa realidad que se modificó. Y si proponemos un cambio, entonces ese cambio deberá estar dirigido a acompasar esa realidad que cambió. Si no, nunca vamos a entendernos.
LAS DECISIONES ORGANICAS
Y están también los que cuestionan las decisiones de los órganos de dirección. Luego del Congreso “Zelmar Michelini”, Emiliano Cotelo le hacía una entrevista a un compañero dirigente de primera línea, quien decía cosas como estas: hay “...una distancia importante entre la estructura de los órganos de dirección del Frente y lo que podríamos llamar el “pueblo frenteamplista”. Y Cotelo le pregunta algo muy obvio: "¿Qué es el “pueblo frenteamplista”?, y el compañero responde: “El pueblo frenteamplista son los que votaron al FA en 2004, un millón largo de votantes; los que manifiestan en las encuestas de opinión hoy su intención de votar al FA; los que podrían participar en una interna, fácilmente no menos de medio millón de personas, 600.000 personas tal vez. Ahí hay una distancia importante”. Es decir, este dirigente de nuestro Frente Amplio parte de la base que la estructura del FA toma decisiones que van a contrapelo de la gran masa frenteamplista. No se sabe de donde saca esa conclusión, en que se basa para afirmarlo, es solo una sospecha, pero le alcanza para proponer que hay que modificar la estructura del FA. Otras conjeturas de entonces se demostraron también falsas, sin que nadie reconociera su error. Se decía que la competencia haría aumentar la participación, y sin embargo, con tres candidatos, la participación descendió respecto de 2004 (fue la interna con menos votantes desde que se realizan). Se equivocaron también quienes dijeron que dos eran pocos. El argumento era que muchos votantes frenteamplistas no estaban de acuerdo ni con Mujica ni con Astori, y por lo tanto ese “tercer polo” permitiría que alrededor de un 15% de ese electorado tuviera a quien votar. Ese 15 terminó en un 8, y el porcentaje de votación del FA fue inferior al que las encuestas daban como intención de voto cuando se largó la tercera candidatura. De manera que no sirve discutir en base a conjeturas.
ALGUNAS CUESTIONES A TENER EN CUENTA
En el 71, destacábamos que la existencia misma del Frente Amplio era posible “...por tener al pueblo como protagonista,...”. Para nosotros eso sigue siendo válido. El cuestionamiento permanente a los organismos del FA y a sus decisiones, el tratar de que por la vía de los hechos esos organismos pasen a ser inoperantes mientras las decisiones se toman en niveles ajenos a la orgánica (cabezas de lista, comandos, etc....) van rebajando el papel de la militancia frenteamplista, y mientras nuestra fuerza política crece en votos, no creamos ciudadanía consciente y comprometida, sino simples votantes. Porque en el fondo la discusión no es sobre formas. La discusión que hay que dar es ideológica. Esa es una de las cuestiones básicas, y la que debe ser el norte de cualquier propuesta de reforma: que tipo de sociedad queremos construir y que tipo de ciudadanía estamos generando con nuestra acción. ¿Queremos una ciudadanía comprometida y participando? ¿O solo queremos generar un ámbito en donde cada tanto tiempo los frenteamplistas concurran a las urnas para elegir candidatos? José Mujica ha sido claro al respecto: “¿Qué queremos, partido de opinión o fuerza que contenga militantes? El partido es el futuro; como yo lo concibo, es el pacto intergeneracional, es los que van a venir y van a recoger la bandera. Lo otro es la agencia de publicidad, es la consultora, son los asesores”. “¿Se precisan militantes o no? Eso es lo que hay que definir. Yo sostengo que un partido históricamente no existe si no genera militancia, si no genera pasión, si no genera compromiso en cascada” (*). Compartimos plenamente lo planteado por el Pepe Mujica, ese es el camino. Pero la duda es si esto lo han entendido así todos nuestros dirigentes. Si así fuera, estamos en muy buenas condiciones para comenzar una discusión como la que está planteada. La cuestión, es como respondemos a las preguntas del título.



(*) Semanario Brecha, 19/12/2008

jueves, 4 de febrero de 2010

EVITAR LAS FRUSTRACIONES


La frase más recurrente es: “El problema no es Ana, ella no tiene la culpa, el problema es la forma en que se decidió”.
Otra de las frases repetidas hasta el hartazgo es: “¿por qué no se eligió al candidato que quería la mayoría de los frenteamplistas?”
El periodista Raúl Legnani, refiriéndose a la presentación de la candidatura de Ana Olivera por parte de las bases en el Plenario Departamental, escribió en La República: “Ante la propuesta, nadie, ni el propio PCU, se negó a la iniciativa, señalando, por ejemplo, que ya había sido designada para un ministerio.”
Se ha escuchado por ahí también (lo dijo por ejemplo Sonia Brescia en AM Libre) que “la decisión se tomó entre cuatro o cinco”.
VEAMOS
La decisión sobre la candidatura frenteamplista para la Intendencia de Montevideo no se tomó entre cuatro o cinco. La decisión se tomó por la casi unanimidad (sólo hubo alguna abstención) del Plenario Departamental de Montevideo, integrado por 108 frenteamplistas. Frenteamplistas que no fueron designados a dedo, sino electos en elecciones internas que sólo el Frente Amplio es capaz de realizar para elegir a sus organismos superiores, como lo son el Plenario Nacional y los Plenarios Departamentales. Hay que recordar que esos 108 compañeros (que pertenecen a todos los sectores del Frente Amplio y a las bases), representan a más de 105 mil frenteamplistas que fueron a votar en las últimas elecciones internas de noviembre de 2006 en Montevideo (fueron más de 220.000 en todo el país). Y esos 108 frenteamplistas que representan a 105 mil, son los que, de acuerdo a los Estatutos del Frente Amplio (vigentes y válidos) tienen la potestad para elegir al candidato. Esto ha sido siempre así, y lo fue ahora. De manera que la forma en que se eligió en esta oportunidad a la candidata a Intendente para Montevideo, es la forma en que estatutariamente se debe hacer, y es la forma en que se ha elegido siempre al candidato a intendente en el Frente Amplio. Aquí no se ha inventado nada. He escuchado por distintos medios decir a algunos compañeros: “yo, que soy frenteamplista de toda la vida, no puedo entender como se hizo esto”. Pues compañero, con todo respeto se lo digo: si usted es frenteamplista de toda la vida, debería saber que la forma de elegir el candidato en su fuerza política es esa y no otra. En palabras de uno de los precandidatos, el compañero Varela: "Existieron decisiones democráticamente adoptadas por el organismo correspondiente del Frente Amplio. La democracia es una relación permanente de mayorías y minorías, y quienes hemos estado muchas veces en minoría lo sabemos y hemos acatado las decisiones.”
¿CUAL ES EL PROBLEMA ENTONCES?
Si el problema no es Ana, y si la forma es la normal y la de siempre, ¿cuál es entonces el problema? Algunos dicen: “el problema es que no se eligió al candidato que la mayoría de los frenteamplistas quería”. Esa afirmación tiene al menos tres problemas. El primero es que, en realidad, la candidata elegida lo fue porque –como bien dice Constanza Moreira- “Ana Olivera consiguió lo que no consiguieron ni Martínez ni Varela: las mayorías especiales”, por lo tanto la afirmación en ese sentido es falsa. El segundo, es que si no es a esa mayoría a la que se refieren (la única real, concreta y comprobable), entonces se refieren a una mayoría hipotética. Y recordemos que afirmaciones como esa no siempre son refrendadas por la realidad. El ejemplo más reciente lo tuvimos en la elección del candidato a presidente. Muchos decían que el preferido por los frenteamplistas era fulano, pero resulta que el Congreso eligió a mengano. Entonces dijeron que el Congreso no era representativo y que las internas lo iban a demostrar. Pero resulta que las internas confirmaron lo que el Congreso había resuelto (no se han escuchado voces reconociendo que estaban equivocados...pero quien sabe). Claro, algunos esgrimen encuestas. Pero resulta que los Estatutos del FA no dicen que el Plenario elegirá al candidato de acuerdo a lo que digan las encuestas. Y suponemos que nadie estará proponiendo ese criterio para el futuro. Bueno sería que el criterio de la discusión fraternal en busca del consenso fuera sustituido por la designación del candidato por parte de una encuestadora. Y el tercer problema, es que el criterio de la mayoría hipotética tampoco se ha aplicado en otros casos, y a nadie se le ocurrió cuestionar la elección. ¿O es que el compañero Ricardo Erlich fue elegido candidato en 2005 porque contaba con la abrumadora mayoría de apoyo entre los frenteamplistas? Sospecho que muchos (me incluyo) nunca habíamos oído hablar de él. Otros dicen (también se lo escuché a Sonia Brescia) que el problema es que se utilizó un “criterio sectorial”. Y bien, el criterio sectorial se aplica en muchas otras situaciones y a nadie se le ocurre poner el grito en el cielo. Quienes sostienen esa tesis, ¿suponen que el compañero Rosadilla fue designado como Ministro de Defensa por su amplia experiencia dentro de dicho Ministerio, por poner un ejemplo? El Pepe Mujica anunció desde un principio que ese sería el criterio para adjudicar los ministerios, y yo no escuché a nadie escandalizarse por ello.
Y YO PREGUNTO
¿Lo importante es el candidato o el programa? Todo el mundo parece aceptar –al menos oficialmente- que lo más importante es el programa. Sin embargo, muchos de los que hoy se cortan las venas porque no fue elegido su candidato preferido, seguramente no conozcan ni una coma del programa, pero lo votarán sin problemas.
¿Por qué se cuestiona al Partido Comunista por no rechazar la iniciativa de proponer a Ana Olivera cuando ésta había sido designada para un ministerio, y nunca sentí que se cuestionara al Partido Socialista por la misma razón, ya que Daniel Martínez había sido designado para el Ministerio de Industria y Energía?
¿Por qué algunos compañeros se alarman ante la decisión tomada en forma estatutaria por un órgano competente del FA, integrado por las bases y todos los sectores, y nunca se les escuchó una alarma semejante ante decisiones unilaterales tomadas por algún compañero en el ejercicio del gobierno; incluso en contra del propio programa del FA?
¿Por qué de un tiempo a esta parte se escucha permanentemente críticas a las decisiones tomadas por los organismos del FA (Congreso, Plenario, etc..) y nunca se escucha una propuesta que sustituya lo que los Estatutos disponen? Salvo que uno tenga que interpretar como propuestas (en el caso concreto que nos ocupa) que el Frente elija su candidato en función de lo que marquen las encuestas, o en función de quien tenga más muros pintados, o en función de quien aparezca mejor perfilado en los grupos de facebook, o en función de quien salga primero en la prensa a postularse.
EL PROBLEMA ES…
Sinceramente creo que el problema surge cuando no se elije al candidato que yo quiero. El mismo problema se dio con la elección del candidato a presidente; los cuestionamientos fueron similares. Entonces, de lo que se trata es -a mi entender- de cómo se manejan las frustraciones -que evidentemente es un tema delicado y que hay que atender-. Pero lo que fundamentalmente hay que atender es a que no se produzcan los procesos que generan esas frustraciones, que muchas veces incluso son inducidos desde fuera y que los frenteamplistas no frenamos a tiempo. Si las candidaturas se presentan en la interna y allí se procesan como es debido, las expectativas se reducen y las frustraciones se minimizan. En estas cuestiones está en juego el valor más importante y más preciado para los frenteamplistas, la UNIDAD, y todos los esfuerzos para evitar estos desencuentros son pocos.

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...