jueves, 18 de diciembre de 2008

NO SE EQUIVOCÓ ANTES...SE EQUIVOCA AHORA



En Montevideo Portal, el publicista Esteban Valenti manifiesta que se equivocó y feo. Dice Valenti: “Hace dos semanas escribí que “Tenía confianza” que, finalmente, los frenteamplistas encontraríamos el camino para buscar la mejor fórmula para ganar las elecciones en octubre del 2009”. Yo creo que el publicista no se equivocó, porque efectivamente eso fue lo que sucedió: los frenteamplistas, en uso de nuestra soberanía y en un clima de unidad, iniciamos el camino para elegir la mejor fórmula (y el mejor programa) que nos permita ganar en primera vuelta las próximas elecciones. En cambio sí se equivoca ahora. Dice ahora que -luego del Congreso- “ha quedado demostrado un divorcio extremadamente peligroso entre las estructuras y la sociedad...”. No es así. En todo caso, el divorcio que quedó patente en el Congreso es el de algunos integrantes de nuestro gobierno con las estructuras del FA. Y eso por cierto que no nos alegra. Es algo que tendremos que tratar de evitar en nuestro próximo gobierno. Dice Valenti que “...ninguna de las propuestas de las “minorías” fueron tomadas en cuenta, ni en las negociaciones, ni en la plenaria...”. Y se equivoca nuevamente. Si no se hubieran aceptado las propuestas de la minoría, entre otras cosas no habría otros candidatos para competir en las internas en igualdad de condiciones, por ejemplo. Dice Valenti que “Había un derrotero trazado, acordado y negociado por tres grupos del FA y sus aparatos y no hubo nada, ni la mínima flexibilidad”. Se sigue equivocando el publicista. Hubo mucha flexibilidad, máxime si se tiene en cuenta las posiciones previas de quienes decían: “Soy yo o nada”. Pero además, parecería ser que –como siempre- la culpa la tienen los comunistas. En el pasado Congreso “Líber Seregni” se nos acusó de falta de flexibilidad para llegar a un acuerdo con el MPP y elegir a Constanza Moreira como presidenta del FA. Ahora se nos acusa de lo contrario, de haber llegado a un acuerdo con el MPP, pero parece que eso también es falta de flexibilidad. ¿Qué sería tener flexibilidad para algunos? ¿acceder a todo lo que ellos pretenden y dejar por el camino nuestras propias convicciones? ¿está mal que los grupos del FA negocien y hagan acuerdos? ¿o sólo está mal cuando esos acuerdos incluyen a los comunistas? Valenti dice también que se llegó a eso porque “se sabía perfectamente que del otro lado lo que había eran fuerzas y sentimientos auténticamente frenteamplistas y que nadie pondría en duda ni en peligro la unidad”. Ahora se equivoca aún más feo (llamémosle equivocación). El planteo de Valenti es divisionista: de un lado los auténticamente frenteamplistas y unitarios; del otro los malos (comunistas y tupamaros). En fin...patético...que se haga cargo de lo que escribe. Luego dice Valenti: “...pero lo más importante no es eso...lo más importante es que no le tienen confianza a la gente, creen que de esa manera impondrán su voluntad a los electores en junio. A puro aparato”. Se equivoca nuevamente. Tanta confianza le tenemos a la gente que no tenemos ningún problema en acceder a que otros compañeros se presenten a las internas en igualdad de condiciones. Por supuesto que no se le puede imponer nada a los electores, pero algunos (Valenti entre ellos) habrán tomado debida nota de que tampoco los grandes medios de comunicación, ni los politólogos ni las encuestas, pueden imponerle un candidato a los frenteamplistas. Luego dice Valenti: “Si aprobaron el pasaje de los cinco candidatos a las internas es porque no tenían ninguna otra posibilidad, porque no tenían potestades constitucionales para decidir otra cosa”. Se equivocó el publicista. El Congreso del FA es su máxima autoridad, y entre sus potestades está el elegir al candidato a presidente y vicepresidente. Por lo tanto, el Congreso sí podía decidir otra cosa. Quienes luego quisieran presentarse a las internas, estarían constitucionalmente facultados para hacerlo, pero sabiendo que lo harían por fuera de las instancias de la interna frenteamplista, con lo que ello implica.
Le molesta también a Valenti que se hubiera podido votar por más de un candidato (en realidad lo que le molesta es que eso haya dejado en tercer lugar a su candidato, pero no lo dice). Mi punto de vista es que eso permitió cosas positivas, como por ejemplo que los delegados pudieran votar por quien estaban mandatados a hacerlo por su Comité o grupo político, pero también por el que personalmente les resultaba más adecuado. A vía de ejemplo, en nuestro Comité fuimos con diez delegados y teníamos la decisión de votar por quién en el momento apareciera como el que tenía más votos (de esa manera colaborábamos a tomar una decisión en el Congreso). El acuerdo alcanzado por la Mesa Política, que permitía votar por más de un candidato, hizo que nuestros delegados votaran, además de por Mujica, por Astori, Carámbula y Daniel Martínez. Es decir, esa posibilidad también hubiera permitido que el candidato de Valenti obtuviera más votos (el publicista, que también es un analista político, tendrá que analizar por qué razón eso no sucedió). Dice Valenti que “...es fácil mantener la unidad y proclamarla desde las tribunas cuando no se deja ni siquiera pasar un aviso en un congreso y es absolutamente copado por la mayoría”. No se de cual Congreso habla Valenti, en el que yo estuve el único (único) sector que pudo exponer su posición sobre candidaturas ante todo el mundo fue Asamblea Uruguay. Ningún otro pudo hacerlo.
Más adelante Valenti sangra por una herida que se auto inflige: “Es posible que yo siga siendo muy ortodoxo, que siga recordando las épocas en que un solo partido tenía más del 65% de los delegados a un congreso y sacaba el 47% de los votos en las elecciones nacionales y nunca quiso imponer sus candidatos a los cargos comunes”. Se sigue equivocando. Eso no se llama ortodoxia; se llama grandeza. Pero no hay que confundir. Que se pueda tener ese tipo de actitudes, no quiere decir que necesariamente haya que tenerlas. No tiene ningún sentido que por el sólo hecho de tener la mayoría algún sector resigne cargos, para que no sea considerado una imposición. Por cierto, tampoco aceptamos la utilización de la mayoría como único argumento, pero no es este el caso.
Valenti dice que todo esto “...fue posible por el lento resecamiento de las estructuras del Frente, porque se creyó equivocadamente que con el gobierno y desde el gobierno se podía manejar la política”. Grueso error. Si algo demuestra el Congreso “Zelmar Michelini” es que las estructuras del Frente están más vivas que nunca. Numerosísimas asambleas analizando el documento -lo que dio como resultado infinidad de propuestas que lo mejoran sustancialmente y nos permiten ver el futuro gobierno con optimismo- y un clima de unidad en la toma de decisiones como hace tiempo no se veía, no es precisamente un resecamiento. Aunque le concedo razón a Valenti en la segunda parte de su afirmación. Es verdad, y esperamos que hayan tomado debida nota algunos compañeros: quien crea que desde el gobierno se puede manejar la política se equivoca. La política en el Frente Amplio se hace en los Comités de Base. Entre otras cosas, porque somos coalición y movimiento, y el movimiento no está en las estructuras de gobierno. Muchos apostaron a hacer política desde el gobierno, y ahora pagan las consecuencias. Valenti lo sabe y más adelante lo dice claramente, en la que quizá sea la única frase que comparto: “...fue posible por nuestra desidia...cuando miles y miles nos miramos el ombligo en nuestras casas. Tuvimos nuestro premio. Y si no nos despertamos a tiempo tendremos el premio mayor: una buena derrota en octubre, porque las elecciones no se ganan a publicidad y discursos, se ganan con gente movilizada, organizada y trabajando en serio. Y si no, a llorar al cuartito”. Ahí están los Comités de Base, son para eso, y allí son bienvenidos todos los frenteamplistas para trabajar por un nuevo gobierno del FA.

jueves, 11 de diciembre de 2008

NO HAY OTRA: EL CONGRESO DEBE DECIDIR



En pocas horas más dará comienzo el Congreso Extraordinario “Cro.Zelmar Michelini”. Dos son los temas que se definen en este Congreso: 1) el Programa que llevaremos adelante en nuestro próximo gobierno, y 2) los candidatos comunes que ocuparán la presidencia y vicepresidencia en ese próximo proceso.
Si bien el artículo 18 establece que “Como norma general se agotarán los esfuerzos políticos para lograr acuerdo en todos los temas que no sean de simple procedimiento.”, en el caso de que ese consenso no se logre, el artículo siguiente establece las diferentes mayorías por las que pueden tomarse las resoluciones (relativa, calificada, especial, de reconsideración).
Sobre el segundo punto, el Estatuto del Frente Amplio es muy claro, y sus disposiciones están contenidas en el artículo 84: luego de una serie de votaciones (que en esta oportunidad se obviaron), el Plenario Nacional elevará al Congreso la nómina de candidatos propuestos y los fundamentos de su propuesta. El Congreso tomará resolución por 2/3 de sus miembros.
Quiere decir entonces que desde el punto de vista estatutario la cuestión es muy clara: el Plenario Nacional propone los nombres al Congreso, y es este quien decide las candidaturas, por 2/3.
Ahora bien, desde que por vía de la reforma constitucional se estableció de forma obligatoria las elecciones internas en los partidos políticos, al menos una vez sucedió que a esas internas el Frente Amplio concurrió con dos candidatos (Tabaré y Danilo), con la salvedad de que uno de ellos (Tabaré) era el candidato “oficial”, y al otro se lo “habilitaba” a presentarse. De manera que esta es una situación que podría volver a plantearse en esta ocasión. Es decir, el Congreso podría llegar a aprobar una fórmula por 2/3 de votos (no descartamos el consenso, hay que seguir buscándolo hasta el último instante), y luego podría habilitar a otros candidatos que quieran presentarse en las internas. Hasta aquí, nada es extraño, estas cosas han sucedido y no tienen que preocuparnos, están dentro de las reglas de juego que nuestra fuerza política ha definido y que la ciudadanía toda se ha dado. Pero otras propuestas que andan en la vuelta sí nos preocupan.
EL PAPEL DE LOS COMITÉS DE BASE
El propio compañero Tabaré Vázquez ha planteado reiteradas veces lo que para las fuerzas de izquierda es algo esencial: un nuevo concepto de ciudadanía. “Para nosotros la ciudadanía es también participación –ha dicho–, es protagonismo de la gente en las cosas que hacen a la vida cotidiana. La democracia misma exige una dimensión consensuada y más participativa.” Y por otra parte, estos puntos de vista (que tienen que ver con ir más allá de la democracia representativa) el Frente Amplio los ha asumido desde su propia Declaración Constitutiva del año 71, en la que destacábamos “la necesidad de actuar coordinadamente en todos los campos de la acción política sobre la base de que atribuimos al pueblo, organizado democráticamente, el papel protagónico en el proceso histórico”. No hace mucho, el compañero Chiflet recordaba al general Arturo Baliñas –para citar una opinión entre otras de gran prestigio– que dijo: “El Frente será una fuerza popular organizada. Todos tenemos presente la necesidad de que el centro de gravedad se debe desplazar de las dirigencias a las bases, sin romper la relación que debe haber entre ambos sectores”. Y a quien le da nombre a este Congreso, a Zelmar Michelini, que habló del FA como un arma de lucha “con amplia participación popular: con bases organizadas y cuerpos opinando”.
¿Por qué decimos esto? Porque algunos compañeros vienen planteando con insistencia la idea de que el Congreso defina pasar a todos los candidatos en igualdad de condiciones a las elecciones internas. Es decir, que no haya un candidato oficial elegido por el Congreso. Y esto nos parece de todo punto de vista -y con el mayor de los respetos- un verdadero disparate. En primer lugar, porque no es estatutario. El artículo 94 define las competencias del Congreso, y el mismo establece en su literal b) Designar los candidatos únicos del FA a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, a propuesta del PN. Si el congreso estableciera que los candidatos no se designan allí, sino en las internas, estaría yendo contra el Estatuto. Pero fundamentalmente, las razones de mayor peso son políticas, y –desde nuestro punto de vista- tienen que ver con el papel de los Comités de Base en la estructura del Frente Amplio. Si las negociaciones en torno a las candidaturas han sido llevadas a cabo por los sectores políticos (y está bien que así sea), y luego la elección definitiva se hace en una elección interna abierta -en la que pueden votar incluso los no frenteamplistas- ¿qué papel estarían jugando en este tema los Comités de Base? Absolutamente ninguno. Y recordemos que el Congreso es la autoridad máxima de la fuerza política, y que fundamentalmente se trata de un Congreso de Comités de Base. Lo que significa que la autoridad máxima de la fuerza política estaría resignando nada menos que su facultad de elegir a quien llevará como candidato a la presidencia y vicepresidencia de la República.
Pero imaginemos por un instante que la propuesta tiene andamiento, y que todos los candidatos pasan a las internas en igualdad de condiciones. ¿Qué hacen los Comités de Base de aquí a junio del 2009? ¿Apoyan a todos los candidatos? ¿Hoy le dicen a la vecina que vote por fulano y mañana le dicen que no, que mejor por sutano, y pasado le dice que no, que vote por perengano? ¿o por el contrario, cada comité se pronuncia por uno de los candidatos? Estaría en su derecho, ¿no? De esa manera, podríamos llegar a tener a cien comités haciendo campaña por un candidato, cien por otro, cien por otro, y así sucesivamente. Lo que seguramente llevaría al descalabro total del Frente Amplio; grupos políticos haciendo campañas por separado, cada uno por un candidato diferente, y comités de base en lo mismo, todos contra todos. Un verdadero disparate. ¿O tal vez se pretenda una tercera opción? Tal vez lo que se pretenda es que los comités de base ni apoyen a todos ni tomen partido por ninguno, es decir, que pasen a una inacción total de aquí a junio de 2009, que la miren por TV. Un absurdo total, el adiós definitivo a lo que algunos consideran el pilar fundamental de la fuerza política, como el Gral. Licandro, que refiriéndose a los comités de base decía: “hay que crecer desde la base, la base es el fundamento, por algo se dice que es la base, el basamento, el fundamento de toda edificación, bueno la edificación política aparece afirmada en los comités de base que son los diferentes y conjuntamente los pilares del edificio que estamos edificando”. O como lo decía el compañero Wladimir Turiansky: “Si el movimiento desaparece, si se debilita, si deja de ser una parte activa y fermental del FA, éste sólo será un acuerdo de partidos, unidos en torno a un lema, todo lo fuerte que se quiera, con sustento en un “sentimiento” frenteamplista construido en un pasado “que ya fue”, pero correrá los peligros de los otros partidos, los tradicionales, también apoyados en un sentimiento “que ya fue” pero despojados de la argamasa democrática que sólo se genera en la base. Entonces seremos una fuerza de izquierda por su programa, es probable, pero no por la práctica de participación democrática sustancial a ese pensamiento.” De manera que, desde nuestro punto de vista, del Congreso debemos salir con una fórmula oficial, como mandan los Estatutos, si es por consenso mejor, si no, por mayoría. Y si otros compañeros quieren ir a las internas, habilitarlos, pero sabiendo que hay una fórmula oficial del FA, por la que trabajarán de aquí en mas todos los comités de base haciendo carne en la práctica aquello de “el pueblo unido jamás será vencido”, y no como consigna pintada en el frente de un comité.

jueves, 27 de noviembre de 2008

CON EL DEBIDO RESPETO



(carta abierta al compañero presidente)

Debo ser sincero, hubiera apostado que usted no iba a vetar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. No era una simple intuición, me basaba en la experiencia. Usted había demostrado ser sensible a la opinión del pueblo. Por poner solo un ejemplo, recuerdo el del TLC. Usted estaba decidido a llegar a un acuerdo con los Estados Unidos, pero se dio cuenta que eso hubiera significado ir en contra de la opinión mayoritaria dentro de nuestra fuerza política, el Frente Amplio, y de la mayoría del pueblo uruguayo, y usted dio marcha atrás. No fue la única vez. También se dio cuenta que iba contra la opinión mayoritaria su propuesta de llevar adelante el proyecto del Nunca Más de García Pintos, y lo dejó de lado, no volvió a insistir en el tema. Cosas como estas me hacían pensar que finalmente, aunque usted no estaba de acuerdo con la Ley, la promulgaría, para así dar paso a que quienes no estuvieran de acuerdo (usted incluido) pudieran someterla a referéndum y que todo el pueblo se expresara. Pero me equivoqué. Finalmente usted, compañero presidente, hizo uso de ese instrumento absolutista que es el veto, y con ese solo acto impuso su propia opinión sobre la de todos los demás uruguayos. El miércoles pasado, un diario de nuestro país publicaba en tapa una foto tomada en la marcha en el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En la foto, una niña sostenía un cartel que decía: ES VIOLENCIA CUANDO NO TE PERMITEN OPINAR. Seguramente usted estará de acuerdo con esa frase. Y seguramente usted reconocerá que a no permitir que la población se exprese sobre si quiere o no una Ley de Salud Sexual y Reproductiva, usted de alguna manera ejerció violencia sobre todo el pueblo uruguayo. Más allá de que también es violencia contra la mujer el no dejarla decidir sobre lo que hacer con su propio cuerpo. Usted tiene sus razones para no estar de acuerdo con la ley, y nadie discute su derecho a expresarlas. Pero compañero presidente, usted debería aceptar que su opinión es tan válida como la de cualquier uruguayo. Usted comprenderá que con su actitud lo que ha hecho es barrer de un plumazo con la lucha de décadas de las fuerzas de izquierda por la legalización del aborto, pero también ha barrido de un plumazo con la opinión mayoritaria del Parlamento electo democráticamente por el pueblo uruguayo, y con la opinión del propio pueblo uruguayo que las encuestas recogen como apoyando mayoritariamente la legalización del aborto.
También verá que todas sus opiniones en contra de la ley, fueron vertidas y analizadas en el largo proceso de discusión de la misma. Usted no ha aportado, en el texto del veto, nada nuevo, nada que ya no haya sido discutido en el ámbito parlamentario. Por lo tanto, si esos argumentos fueron debatidos en el Parlamento, y a pesar de ello la ley fue aprobada por una amplia mayoría, su veto lo que está diciendo es lo siguiente: está bien, el Parlamento podrá pensar lo que quiera, pero el que tengo la razón soy yo. Disculpe la dureza compañero Tabaré, pero lo haya querido o no, lo que usted hizo fue avasallar la opinión de la mayoría de los uruguayos. Y no estoy discutiendo la potestad constitucional de hacerlo. Estoy si planteando el profundo error en el que ha incurrido. Error como presidente, error como dirigente de izquierda, error como demócrata probado. Error que además seguramente tendrá repercusiones para nuestra fuerza política en lo electoral, aunque no sería lo más importante, puesto que fundamentalmente se trata de un problema humano.
No voy a entrar a analizar sus argumentos para vetar la ley uno por uno. A esta altura de la cuestión, ya no vale la pena. Ya el veto está firme y no hay ley. Pero si quiero referirme al menos a uno de ellos. Usted aduce que la ley iría en contra del Pacto de San José de Costa Rica -convertido además en ley interna como manera de reafirmar su adhesión a la protección y vigencia de los derechos humanos-. Dice también que si bien una ley puede ser derogada por otra ley no sucede lo mismo con los tratados internacionales, los que no pueden ser derogados por una ley interna posterior. Si Uruguay quiere seguir una línea jurídico política diferente a la que establece la Convención Americana de Derechos Humanos debería denunciar la mencionada Convención (Art. 78 de la referida Convención). Yo comparto lo que usted afirma, compañero Tabaré. Pero quiero recordarle que hace pocos días estuvo sesionando en nuestro país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH) y que la misma instó al Estado uruguayo a que investigue la desaparición de María Claudia García, nuera del escritor argentino Juan Gelman, ocurrida durante la dictadura. La resolución fija un plazo de dos meses para que el Estado uruguayo cumpla con las recomendaciones del organismo de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y si ello no ocurre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos puede imponer una condena al Estado uruguayo que puede llegar hasta la expulsión de la OEA. Recordemos que en 1992 la CIDH ya había realizado un pronunciamiento en contra de la ley de impunidad votada en 1986 que amnistió a los responsables de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura en Uruguay, pero la norma se ha mantenido vigente hasta hoy. Como sabemos, en el informe 29/92 (hace ya 16 años), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró que la ley de caducidad es incompatible con el artículo XVIII (derecho de justicia) de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, y los artículos 1, 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Sin embargo, los sucesivos períodos de gobierno hasta ahora han mantenido vigente la ley. Por cierto, no podíamos esperar otra cosa de los gobiernos blancos y colorados que nos precedieron con sus mayorías parlamentarias. Ellos fueron los gestores de la impunidad y los encargados de evitar de cualquier manera que hubiera un mínimo de verdad y de justicia. Pero el reclamo también ha sido hecho a nuestro gobierno. El que usted encabeza, compañero Tabaré. Y su preocupación por los Tratados Internacionales está además reforzada por nuestro programa de gobierno: “El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país”. La única forma de adecuar la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país, en materia de derechos humanos, es anulando la ley de impunidad. No hay otra forma de hacerlo. Compañero Tabaré: cuanto me gustaría ver en usted una preocupación por cumplir con los Tratados semejante a la demostrada en el veto a la legalización del aborto, también en este caso. De cualquier manera, usted sabe que tarde o temprano los pueblos hacen lo que tienen que hacer. Más allá de su actitud, su propio Partido, el Partido Socialista, acaba de mandatar a sus legisladores a presentar la ley en el próximo período de gobierno. No me cabe duda que en el Congreso del Frente Amplio esa propuesta estará como un clamor de los Comités de Base. Así como la de anular la ley de impunidad. Más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas…¿recuerda compañero presidente¿

jueves, 20 de noviembre de 2008

EL CONSENSO NO SOLAMENTE ES DESEABLE



La crisis mundial sigue avanzando. En los últimos días, también la economía japonesa se ha unido a las otras naciones industrializadas en proceso de recesión, pues los expertos prevén que el producto interno bruto (PIB) de Japón se contraiga por segundo trimestre consecutivo. Esto sería el resultado del impacto de la crisis financiera sobre las exportaciones y la inversión de capital. Por cierto, los economistas habían previsto que Japón obtendría un crecimiento reducido en el tercer trimestre, pero como les suele suceder, se equivocaron. Las bajas de las exportaciones a los países golpeados por la crisis y la debilidad de la inversión empresarial eliminaron dos motores clave del crecimiento japonés. Gran parte del mundo desarrollado ahora está en recesión, de acuerdo con funcionarios y economistas, en base a la definición más común, de dos trimestres seguidos de reducción del PIB. Y no es de esperar que vaya a producirse una mejora pronto. En este marco, es imperioso que en nuestro país estemos alertas, y que nuestro Frente Amplio asuma la actitud propia de esta circunstancia mundial. En un escenario de crisis, los pueblos –en general- lo que reclaman es “seguridad”. Y para transmitir seguridad, los partidos políticos necesariamente tienen que tener ante la opinión pública una imagen sólida, de unidad interna –que estamos lejos de transmitir por estos días-. Y de esa manera, el consenso en el Frente Amplio (en cuanto a las candidaturas) se torna en algo no solamente deseable, sino en una imperiosa necesidad.
¿QUE ES EL CONSENSO?
La palabreja ha venido resonando desde hace bastante tiempo en todos los medios de comunicación, casi exclusivamente en relación a la posibilidad de que el Frente Amplio llegue o no a ese famoso “consenso” sobre quien será su candidato(a) en las elecciones del año próximo. Por cierto, habría que decir que, de los partidos que se presentarán en la próxima elección, únicamente el Frente Amplio decide tradicionalmente su candidatura por este sistema; aún antes de la reforma constitucional que estableciera las elecciones internas obligatorias y simultáneas para todos los partidos. Los partidos tradicionales simplemente lanzan sus precandidaturas y luego resuelven sin más en las internas. De manera que se equivocan aquellos que piensan que el FA se encuentra en desventaja porque todavía no ha definido su candidato, porque ninguno de los partidos lo ha hecho. Y es más: lo más probable es que sea justamente el FA quien tenga su candidato definido antes de las internas.
Ahora bien, ¿de qué se trata el consenso? El consenso es un proceso de decisión que, por un lado, busca el acuerdo de la gran mayoría de los participantes, pero que por otro también persigue el objetivo de atenuar o, de alguna manera incorporar, las objeciones de la minoría, de forma de alcanzar la decisión más satisfactoria para todos. Se ha dicho que el verdadero consenso implica “satisfacer las necesidades de todos”. La toma de decisión por consenso intenta promover la expresión de todas las voces, pero además aumenta la probabilidad de soluciones imprevistas o creativas al tener en cuenta ideas y propuestas sin importar lo disímiles que estas sean, ya que uno de sus objetivos es minimizar la objeción de la minoría. De manera que las opiniones minoritarias deben tomarse en consideración, a diferencia de aquellas circunstancias en donde la mayoría puede tomar la decisión y obligar a la minoría a acatar la misma. Quiere decir que el consenso no es la aceptación o rechazo por algún porcentaje establecido previamente, de alguna alternativa conocida dentro de una lista, sino que es un proceso que implica, identificar y discutir las inquietudes, y las expectativas, generar nuevas posibilidades, combinar elementos de múltiples alternativas y confirmar que las personas entienden una propuesta o un argumento y lo aceptan.
Esto significa que aquellas posturas que indican que la única alternativa es la que ellos proponen, o “yo soy el único”, de ninguna manera están aportando al consenso, sino que van en sentido totalmente contrario, al desalentar el surgimiento de alternativas novedosas que puedan destrabar situaciones complicadas como la actual. Hay quienes dicen que la toma de decisión por consenso puede llevar a cierta dinámica patológica de grupo. Por ejemplo, se puede desalentar a las personas a expresar opiniones contrarias por la preocupación que puedan romper con el consenso (algo así está sucediendo en el FA). Al igual que cualquier toma de decisión grupal, la toma de decisión por consenso puede quitar poder a aquellos que no están presentes en el debate, pues no se puede esperar que aporten algo a las alternativas que se proponen. Por lo tanto, la mayoría de los sistemas de toma de decisión por consenso ponen énfasis especial en la participación. Este seguramente es uno de los puntos débiles del proceso hacia el consenso en la candidatura del FA, puesto que quienes van a decidir en el Congreso, es decir, las bases (recuérdese que es un Congreso de Comités de Base y no de sectores) prácticamente no tienen ningún papel en las negociaciones. Pero sin duda que el consenso tiene sus ventajas: a) todas las personas quedan satisfechas con la decisión, b) la decisión es más efectiva, ya que todos estarán dispuestos a cumplirla, c) la decisión es fruto de diversas perspectivas, y por tanto mejor, d) se basa en principios de participación y equilibrio en la distribución de poder, e) es una manera de construir confianza mutua, fundamentales en el funcionamiento de un colectivo.
En resumen, podríamos decir que: el consenso es un proceso de toma de decisiones en grupo, en el que se intenta incorporar las opiniones y preocupaciones de todos, para lograr soluciones con las que todos se sientan comprometidos. En vez de votar, y que la mayoría del grupo imponga su voluntad, el grupo se compromete a encontrar la solución con la que todo el mundo esté de acuerdo (o por lo menos la que todo el mundo puede aceptar). Esto asegura en teoría que las opiniones, ideas, y reservas de todos se tengan en cuenta. Puede verse que, además de ser un sistema muy democrático para tomar decisiones, es un proceso cooperativo, no competitivo; se parte del supuesto que todos quienes participan en el proceso de toma de decisiones comparten un objetivo común y no están en competencia (esta cuestión a veces no es tan clara en nuestra fuerza política, y muchos tenemos la sensación de que en realidad algunos sí están compitiendo). El objetivo común, en cambio, sí se está discutiendo en los Comités de Base, y es nada menos que el Programa. El objetivo común es el que Carlos Quijano decía en 1978: “Hace dos años fueron asesinados Michelini y Gutiérrez; otros cayeron antes, otros después, y de algunos ni siquiera nos entregaron sus cadáveres. Pienso en Miranda, pienso en Liberoff y recuerdo a quien fue mi hermano en la lucha y en la esperanza, a Julio Castro. Tanto dolor no puede haber sido en vano. No será en vano si cumplimos con nuestro deber, y nuestro deber es claro: unirnos sin retórica para hacer el Uruguay que nuestros muertos soñaron, el Uruguay por el que sufrieron prisión y tortura, el Uruguay por el que murieron”.

viernes, 14 de noviembre de 2008

DOS BIBLIAS Y UN PPS


El compañero presidente, Tabaré Vázquez ha sido claro desde siempre en cuanto a su posición respecto del aborto, y es bueno que así sea. Tiene además todo el derecho del mundo a pensar como se le ocurra, respecto de ese como de cualquier otro tema. Pero lo que también es indudable es que se equivoca de cabo a rabo y que adopta una actitud autoritaria y que no dudo en calificar como lindante con el abuso de autoridad.
Ya en marzo de 2006, nuestro vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa efectuaba declaraciones al diario El Observador, en las que afirmaba que Vázquez vetaría la ley de despenalización del aborto si esta era aprobada, y que “podría llegar a disolver las Cámaras si el veto fuese levantado por la Asamblea General”. Algo parecido afirmó hace exactamente un año en Tomás Gomensoro, en el marco de la gira pueblo a pueblo, cuando ante la pregunta de un periodista Tabaré respondía: “La ley de salud reproductiva, es una muy buena ley, que contiene elementos muy positivos, que hay que rescatar. Pero hay otros elementos que ustedes ya conocen y usted me lo pregunta sabiendo lo que me esta preguntando, que filosóficamente, biológicamente, yo no comparto por tanto si vienen incluidos los voy a vetar”. El mismo periodista le pregunta si estaría dispuesto a aceptar un referéndum para que la ciudadanía hable de este tema, y Tabaré responde: “Yo voy a dar mi palabra cuando llegue el momento, en lo que me corresponde para tranquilidad de mi conciencia, la ciudadanía sabrá lo que tiene que hacer”.
Recientemente, la Comisión Nacional de Seguimiento, Mujeres por Democracia, Equidad y Ciudadanía se habría reunido con Tabaré Vázquez y este les habría dicho que “No puedo aceptar la legislación del aborto por una cuestión de conciencia”.
Reitero, el compañero presidente se equivoca. Y se equivoca porque confunde al Poder Ejecutivo con su propia persona. Algo similar a Luis XIV aquel monarca conocido como el «rey Sol» por la brillantez de su corte, y que fuera el máximo representante del absolutismo monárquico, que resumió en la frase «el Estado soy yo». Tabaré no puede decir “yo” no comparto y por tanto “los voy a vetar”.
El artículo 168 de nuestra Constitución (esa con la que se comprometió nuestro presidente a gobernar con ella bajo el brazo) en su numeral 6º establece como una de las potestades del Presidente de la República, actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros, “Poner objeciones o hacer observaciones a los proyectos de ley que le remita el Poder Legislativo, y suspender u oponerse a su promulgación, en la forma prevista en la Sección VII”.
Es decir, es una potestad no del Dr. Tabaré Vázquez o de quien esté ejerciendo la Presidencia de la República, sino de la Institución Presidente de la República, y además actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros, que tampoco actúan de acuerdo a sus caprichos personales, sino como instituciones.
Y las instituciones no tienen que compartir “filosóficamente o biológicamente” elementos de una ley, sino que tienen que actuar políticamente. Da lo mismo que la razón esgrimida por el presidente sea una “cuestión de conciencia” o que se levantó de mal humor. Esas son cuestiones que tienen que ver con el fuero interno de cada individuo, y que por cierto que son muy respetables, pero que no tienen por qué incidir en la marcha de un país. Parece ser que al presidente no le importa demasiado lo que piensa u opina su fuerza política, la que lo llevó al sitial que ocupa, y que por amplia mayoría aprueba la ley del aborto. Por encima de eso está su conciencia. Tampoco parece importarle lo que opina la población en general, los uruguayos y uruguayas –como gusta decir el mismo-. Cuando dice que “la ciudadanía sabrá lo que tiene que hacer”, está soslayando nada menos que, si el veto se produce, ya la ciudadanía no tendrá nada que hacer, aunque quiera, porque no habrá ley a la que oponerse. Una encuesta realizada recientemente por Interconsult (y que difundiera el diario Ultimas Noticias) da cuenta de que el 60% de los uruguayos apoya la despenalización del aborto, y el 63% desaprueba un eventual veto presidencial. Puede ser que nada de eso conmueva al compañero Tabaré Vázquez, aunque si debería conmover al Presidente de la República.
Y la Constitución es aún más clara respecto de lo que decimos, cuando en el artículo 165 establece que: “Las resoluciones que originariamente hubieran sido acordadas por el Presidente de la República con el Ministro o Ministros respectivos, podrán ser revocadas por el Consejo, por mayoría absoluta de presentes”. Es decir, las resoluciones no pueden ser nunca del Dr. Tabaré Vázquez, sino que son del Poder Ejecutivo. Y también la Sección VII (que establece la forma en que puede oponerse el Ejecutivo a una Ley) es muy clara cuando en sus artículos se refiere siempre al Poder Ejecutivo, y nunca a la figura del Presidente:
Artículo 137.- Si recibido un proyecto de ley, el Poder Ejecutivo tuviera objeciones que oponer u observaciones que hacer, lo devolverá con ellas a la Asamblea General, dentro del plazo perentorio de diez días.
Artículo 138.- Cuando un proyecto de ley fuese devuelto por el Poder Ejecutivo con objeciones u observaciones, totales o parciales, se convocará a la Asamblea General y se estará a lo que decidan los tres quintos de los miembros presentes de cada una de las Cámaras, quienes podrán ajustarse a las observaciones o rechazarlas, manteniendo el proyecto sancionado.
El compañero Tabaré dijo en su momento que gobernaría con dos Biblias: la Constitución de la República y el Programa del Frente Amplio. La Constitución dice lo que he explicado más arriba. Pero también el Programa del Frente Amplio dice cosas aplicables a este caso en cuestión. Por ejemplo, allí decimos que: “Los acuerdos sociales marcarán el estilo nuevo de gobierno, es la respuesta de la política, en clave política, hacia una sociedad que necesita y debe ser escuchada. Es el compromiso con el desarrollo de una ciudadanía nueva, activa, participativa y responsable”. Y no hay dudas de que el veto a una ley votada mayoritariamente en el Parlamento y que tiene el apoyo mayoritario de la ciudadanía, no es justamente la respuesta política a una sociedad que “necesita y debe ser escuchada”. Y también decimos en nuestro Programa, emanado del Congreso Héctor Rodríguez: “Democratizar el Estado es devolver al Parlamento su carácter de foro crítico. Es necesario redefinir la democracia uruguaya como realización del paradigma representativo y de la participación popular”. ¿Cree acaso el compañero Tabaré, que con el instituto del veto está devolviendo al Parlamento su carácter de foro crítico?, ¿o tal vez realizando el paradigma representativo y de la participación popular? El compañero presidente debería analizar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva con los elementos que prometió: la Constitución y el Programa del FA, pero por si no alcanzara, tal vez deba echar mano a otro PPS: Pensar en el Pueblo Soberano.

jueves, 30 de octubre de 2008

LO PRIMERO ES LO PRIMERO



Parecería ser una cuestión de sentido común. Cuando se elabora un programa de gobierno, es vital analizar el contexto geográfico e histórico en el que el mismo se aplicará. Para ello, necesariamente hay que partir de un análisis de cómo está el mundo, cuales son las principales características, las situaciones más destacadas del panorama internacional, los hechos más importantes que pueden afectar la marcha de la economía a nivel mundial, las relaciones principales entre las potencias y de éstas con los países de la periferia, los conflictos en curso, los latentes, etc. Luego, debería hacerse un análisis de la situación regional, de su economía, de los procesos de integración, de los conflictos, de la situación política en general y de aquellos aspectos que por su relevancia puedan afectar a la región y a nuestro país. Recién después de ello, deberíamos entrar al análisis de la situación de nuestro país inserto en esa realidad mundial y regional, para a partir de ahí, estar en condiciones de saber cuales son las acciones de gobierno que encajan en todo ese contexto general, o cuales serán las medidas de política económica y de política exterior que nos permitan posicionar mejor a nuestro país en ese contexto.
EL NUEVO PROGRAMA
Ese es el método que por ejemplo se sigue en los “Grandes lineamientos programáticos para el gobierno 2005-2009”, aprobados por el IV Congreso Extraordinario “Héctor Rodríguez” en el año 2003. El mismo comienza con una breve introducción en la que señala lo que habían sido las últimas décadas de gobiernos blanquicolorados, adelanta los temas que se van a tratar en el documento, y luego arranca con el primer punto: EL CONTEXTO INTERNACIONAL. El documento que baja para el próximo Congreso “Zelmar Michelini”, comienza también con una introducción -ésta es casi cinco veces más larga que la anterior- en la que hace un análisis (criticable en más de un aspecto) de lo que fueron los primeros cuatro años de gobierno frenteamplista, y de inmediato se lanza a lo que será “Una estrategia de desarrollo nacional”. Así, sin más. Recién 22 páginas después, cuando ya desarrolló todo lo que será el gobierno del FA 2010-2014, le dedica siete párrafos (una tercera parte de lo que le dedica a la introducción) al contexto internacional, como un subtítulo del capítulo denominado “PRINCIPIOS DE LA POLITICA INTERNACIONAL”. Pero aunque parezca mentira, a lo más importante de todo, a lo que va a ser el dolor de cabeza del mundo entero en los próximos años, a la crisis económica mundial, el documento le dedica –dentro de ese subtítulo que en realidad se llama “contexto general”- apenas tres renglones (en un documento de formato diario de 24 páginas), que transcribimos en forma textual: “La crisis financiera actual plantea un recrudecimiento de las contradicciones entre el capital financiero y el productivo, entre las necesidades de regulación de los Estados y el capital especulativo, entre las masas de trabajadores y la búsqueda de lucro del capital”. Eso es todo. El tema que domina los titulares de todos los diarios y medios de comunicación del mundo entero, y que modificará de raíz la política internacional de los próximos años, solo merece en el documento programático de nuestro Frente Amplio esos tres renglones.
No estamos en condiciones de predecir como será el mundo en los próximos diez años; y los manotazos de ahogado que dan los estadounidenses y europeos para salir de la crisis nos están diciendo que nadie, ni siquiera los que disponen de más información, están en conocimiento de la magnitud real del problema y su posible duración. Pero lo que si es seguro es que nos encontramos ante un cambio radical en el modelo económico, que generará transformaciones importantísimas en la política internacional, como resultado de los profundos desajustes en las economías hasta ahora dominantes.
Ningún país del planeta parece inmune a la crisis financiera internacional desatada en los Estados Unidos por las hipotecas subprime. Tampoco nuestra región, que fue protagonista de un crecimiento sostenido en los últimos tiempos, gracias a la creciente inversión extranjera y al auge de las materias primas, entre otros motivos. Crecimiento que seguramente se verá afectado como consecuencia de la contracción del crédito en todo el mundo, que ya está afectando a la economía real, por lo cual América Latina experimentará en los próximos años un descenso significativo de sus ingresos por exportaciones y de las inversiones extranjeras. Aquello que comenzó como un problema financiero afecta hoy a la economía real, y tanto Estados Unidos como Europa (más de la mitad de la economía mundial) están en recesión (disminución del consumo, desempleo, baja de salarios, disminución de la producción, etc.). Aquellos que pronosticaban que esto no sería problema ya que el mercado chino absorbería la demanda, hoy ven que las economías asiáticas disminuyen su ritmo de crecimiento, y destacados analistas sostienen que no es improbable una crisis de sobreproducción en China, debido a que allí se concentra una sobre acumulación de capital que en un momento dado se tornará insostenible. No hay que olvidar que el mercado final para sostener toda esa producción china es el mercado mundial, y una retracción de éste pondrá sin duda en evidencia esa sobre acumulación de capital.
Y eso, como decíamos en nuestro artículo de la semana pasada, de ninguna manera debe estar ausente en el análisis, a la hora de elaborar programa. Si estas cosas no se tienen en cuenta, seguiremos proponiendo en medio de una crisis del modelo capitalista, soluciones capitalistas. De alguna manera –con estos olvidos- se explica que en el documento se siga insistiendo con el regionalismo abierto, al que ahora se le cambia de nombre y se lo llama “inserciones competitivas simultáneas” o también “bilateralismo múltiple” (ver pág.23, primer columna), eufemismos que en realidad quieren decir que apoyamos de palabra el MERCOSUR pero que en realidad queremos tener las manos libres para acuerdos comerciales bilaterales como los que intentamos hacer con EEUU vía TLC o TIFA. Pero además, cuando se tiene en cuenta la situación internacional de crisis, son muchos los elementos que seguramente tienen que cambiar. Ya seguramente la estabilidad macroeconómica no será un objetivo en sí mismo, sino que tendrá que estar sujeta a los objetivos de desarrollo productivo y justicia social. Y sin duda que en ese marco de crisis el Estado deberá ser un actor de primer orden, no solo ejerciendo sus funciones de control y regulación (que deberá seguir ejerciendo), sino en la producción directa. Y seguramente habrá que cambiar la estructura productiva basada en las materias primas agrícolas, por un sistema que permita la agregación de valor y la generación de empleo genuino tendientes a evitar la influencia de los vaivenes de los precios internacionales. Y ni que hablar de una profundización de la integración regional, fundamentalmente aquella que como el ALBA, pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y se basa en la colaboración y complementación política, social y económica entre países de América Latina.

jueves, 23 de octubre de 2008

EL TELÓN DE FONDO



Los frenteamplistas entramos en la recta final que nos conducirá al V Congreso Extraordinario Zelmar Michelini. En estas instancias, lo que está en el tapete es la discusión del documento base elaborado por la Comisión de Programa del Frente Amplio, y para ello, es absolutamente necesario tener algunos puntos de referencia. Sin duda que uno de los puntos de referencia más importantes es el Programa aprobado por el IV Congreso Extraordinario Héctor Rodríguez, por lo que significa ese Programa en sí mismo, en cuanto a la profundidad del mismo y a toda su riqueza, pero también para poder analizar cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda por cumplir del mismo. Y por supuesto que habrá que tener presente el Programa aprobado en el V Congreso Liber Seregni, ya que recoge lo medular del anterior y le incorpora nuevos elementos (por ejemplo el tema del ALBA), a la vez que despeja dudas en algunos puntos (por ejemplo acerca de los TLCs.). Los comunistas tenemos, además, un documento invalorable para hacer aportes y enriquecer el documento base, y es la plataforma programática aprobada en nuestro reciente 28 Congreso.
REGISTRAR LOS CAMBIOS
Sin embargo, junto al análisis de los documentos mencionados, debemos reiterar lo dicho en artículos anteriores (1): “Los análisis que tienen que ver con los pasos que el Frente Amplio debe dar de aquí en adelante, (lo que resta de gobierno, la elaboración del programa para el próximo período, los candidatos para las próximas elecciones, etc.) necesariamente deben hacerse desde una perspectiva más amplia y profunda, que integre la situación actual del capitalismo, las perspectivas mundiales y de la región y nuestra propia realidad”. Y es que el programa nunca es un programa para una situación atemporal. El programa es el conjunto de medidas que, a todos los niveles, se deberían aplicar en el país en una determinada coyuntura histórica. Sin olvidar la proyección de futuro y el carácter de proyecto de país que el programa debe tener, pero se trata de un programa que en lo sustancial se aplicará en un período de gobierno de cinco años. Y las coyunturas históricas cambian; y en los últimos años los cambios han sido notables. Ha cambiado el país, la región y el mundo. Algunos de esos cambios han sido en un sentido positivo. Recordemos que en lo económico, el ALCA tenía fijado su nacimiento para enero de 2005; hoy está muerto y enterrado, y lo que está en el horizonte es el ALBA. En lo financiero era el reino del FMI y del Banco Mundial; hoy tenemos el Banco del Sur. En lo político los avances han sido espectaculares. Recordemos que nadie en Latinoamérica convalidó el golpe de estado en Venezuela en 2002, pese a Washington, y que tiempo después todos repudiaron el ataque colombiano al territorio de Ecuador. Más allá de las contradicciones, parecería que ahora son los propios latinoamericanos los que resuelven sus problemas y en ninguna de estas crisis EEUU pudo ejercer el papel de antaño. En el plano militar, a la ingerencia del Comando Sur y la reactivación de la IV Flota, hoy surge la posibilidad de un Consejo Sudamericano de Defensa. Y en lo diplomático los cambios no son menos sorprendentes: Rafael Correa no renovará el uso de la Base militar de Manta y los yankis deberán abandonar Ecuador en 2009; Honduras y Nicaragua, que acompañaron la invasión de Irak junto a EEUU, hoy se encuentran distanciados y critican abiertamente a Washington; Bolivia y Venezuela (por diferentes razones) expulsaron a los respectivos embajadores de Estados Unidos. Es decir, existen en nuestro continente unas condiciones excepcionales que nos podrían conducir, por lo menos, a una menor dependencia respecto de Estados Unidos. Y todos estos cambios sin ninguna duda que tienen que condicionar el rumbo de nuestro programa de gobierno.
EL TELON DE FONDO
Pero lo que de ninguna manera debe estar ausente en el análisis, a la hora de elaborar programa, es la crisis mundial. Porque si algo tienen las crisis, es que muestran al desnudo la esencia de un régimen (el capitalista) explotador y depredador y hacen caer los fetichismos que ocultan esa esencia. Hoy vemos, por ejemplo, que la famosa “independencia de los bancos centrales” era una mentira que pretendía esconder la plena subordinación de esas instituciones al capital financiero. Como bien señala Atilio Borón, “No bien estalló la crisis, los bancos centrales de los capitalismos centrales arrojaron por la borda toda esa charlatanería para consumo de la periferia y, obedeciendo las órdenes de los gobiernos, acudieron de inmediato en auxilio del capital”. No se derrumbará el capitalismo con la crisis, pero si se ha derrumbado, desde ya, el paradigma neoliberal de la articulación entre el mercado, el Estado y la sociedad. Ese modelo, en el que el capital gozó de prerrogativas y privilegios sin precedentes, ese se hundirá con la crisis. Y la etapa que se abre dependerá de las políticas que adopten los gobiernos en medio de las contradicciones sociales que se avecinan. Eso es lo que estará tiñendo sin dudas la discusión de nuestro programa. Porque no hay dudas que el capitalismo intentará recuperarse de esta crisis, y la historia nos dice que intentará hacerlo de la peor manera y tratando que los costos los paguemos los países empobrecidos. No hablamos necesariamente de un cataclismo, pero sí decimos que, aunque la humanidad logre salir de esto, le llevará décadas, y a la salida el mapa social, político y económico del mundo no será el mismo. Entonces, ¿podemos estar ajenos a esta realidad a la hora de discutir el programa? ¿Da lo mismo cualquier sistema impositivo? ¿Es lo mismo sacarle a un trabajador una tajada importante de su salario cuando el país está creciendo que hacerlo cuando estamos inmersos en una crisis profunda y prolongada? Para el mundo que se viene, ¿lo central será crear “un clima de negocios”? ¿A quién beneficiarán esos negocios, a los mismos de siempre? ¿Cómo protegeremos a los trabajadores ante la crisis? Si la desregulación financiera es la fuente de la gigantesca burbuja especulativa que nos sumergió en esta crisis, ¿no será hora de proponer formas de regulación para la circulación del capital financiero? ¿Seguiremos coqueteando con nuestros vecinos pero apostando a un “regionalismo abierto”? Y por último, ¿estamos dispuestos a luchar por una salida de la crisis que nos ponga en el camino de construir una alternativa socialista, única capaz de resolver los problemas que genera el capitalismo?, ¿o seguiremos con la ambigüedad de un “realismo posibilista”, ruta segura para la profundización de la crisis y una nueva frustración? Es vital tener estas cosas en cuenta. Tener en cuenta los cambios que se han producido, y lo que estos cambios prácticamente nos están obligando a hacer, en medio de la crisis que ya está instalada. Carlos Gabetta (2) lo dice de esta forma: “…los dirigentes sudamericanos van descubriendo poco a poco que la situación ha cambiado de verdad. Que el discurso político electoral que la realidad económica y social les obligó a adoptar deben aplicarlo realmente, porque la realidad obliga. La situación mundial, la hemorragia en las entrañas del sistema capitalista, va obligando a todos, les guste o no, lo hayan entendido o no, lo hayan aceptado o no, a buscar salidas, porque el propio sistema ya no ofrece las habituales”.

(1) No tenemos derecho a equivocarnos – Contratapa de EL POPULAR del 26/9
(2) Soñar no cuesta nada – Le Monde Diplomatique / octubre 2008

miércoles, 15 de octubre de 2008

EL CONGRESO EN EL QUE YO ESTUVE



El pasado fin de semana hubo dos Congresos del Partido Comunista. En uno de ellos estuvo el diario El País, y parece que allí “…el Partido Comunista rechazó prácticamente por unanimidad la propuesta del MPP de definir la candidatura presidencial en una elección interna”. En el Congreso en el que yo estuve, nunca, en ningún momento, se puso a consideración -ni menos se puso a votación- una propuesta del MPP. Y por una razón muy sencilla: era un Congreso del Partido Comunista del Uruguay y no del MPP. Pero claro, la derecha juega. Y si es mejor para la derecha presentar las resoluciones de un sector del Frente Amplio como si fueran en contra de propuestas de otro sector, así lo harán.
Lo triste, es que ese fue el titular de muchos informativos de radios supuestamente de izquierda, que "el PCU había votado por unanimidad en contra de una propuesta del MPP". Y la razón es clara: allí en donde haya condiciones para llegar a acuerdos programáticos sembremos la semillita de la división. Pero también es claro que en lo que tiene que ver con los comunistas, nunca encontrarán campo fértil para la división, y nos consta que lo mismo pasa con los demás compañeros del FA. Todos hemos aprendido el valor de la unidad.
Al parecer, en el Congreso que estuvo El País también los comunistas arremetimos contra uno de los mejores instrumentos que tiene este país: la Ley 11029 de creación del Instituto Nacional de Colonización, ya que según el diario de la derecha nos habríamos planteado “…una "inevitable" y "efectiva" reforma agraria, anulando la ley de creación del Instituto de Colonización”. Y por si fuera poco, “…entre las propuestas aprobadas por el Partido Comunista, está el "control obrero" en entes y servicios descentralizados, como parte de la reforma del Estado”, según el diario caganchero.
En el Congreso en el que estuve, lo que nos planteamos los comunistas, como complemento inevitable de toda una serie de medidas que tienen que ver con lo productivo (con la creación de un frigorífico multimodal, con las zonas francas, con el sector financiero y muchos etcéteras más), fue la realización de una efectiva Reforma Agraria, partiendo de la base de la aplicación plena de la ley 11.029, una de las mejores leyes con que cuenta nuestro país y en la que participó en su discusión y votación nada menos que Julia Arévalo, una de las más relevantes luchadoras sociales del Uruguay, dirigente sindical, defensora de los derechos de la mujer, edila y diputada, que en 1946 llegó a ser senadora, siendo la primera mujer que en representación de la izquierda accedió a ese lugar. Comunista ella, claro.
Y en el Congreso en el que yo estuve de lo que se habló, y que aprobamos en cuanto al control obrero, fue de la “Cogestión de los entes y servicios descentralizados con participación de los trabajadores organizados en todos los ámbitos donde se realiza la toma de decisiones”.
UN CONGRESO IMPORTANTISIMO
El Congreso en el que estuve, fue calificado como el mejor de los últimos años. Estuvo teñido en todo su transcurso del fin de semana por un objetivo primordial para los comunistas: ganar el gobierno por segunda vez y en primera vuelta. No hubo análisis ni propuesta que no tuviera como norte ese objetivo. En el entendido de que hay que mantener lo conquistado, para afianzarnos, afirmarnos, y desde ahí torcer el rumbo de los cambios. Teniendo claro que los avances de nuestro gobierno no pueden verse poniendo de un lado lo bueno y del otro lo malo, sino que hay que analizarlo en sus contradicciones, como debe hacerse utilizando la dialéctica. Teniendo claro, también, que lo que importa es el rumbo, hacia donde vamos, y la necesidad de que el gobierno del FA se transforme en popular nacional y democrático, y que ello es posible si se resuelve la contradicción principal entre país productivo con justicia social y profundización democrática o más dependencia.
El Congreso en el que estuve fue fantástico en lo que tiene que ver con el nivel de elaboración programática del que es capaz el colectivo partidario. La plataforma programática aprobada no surge del cráneo de tres o cuatro en un laboratorio de ideas, sino que es una plataforma surgida desde abajo, producto de las luchas de los trabajadores, de la experiencia concreta de las organizaciones sociales, del II Congreso del Pueblo, y que se resumen políticamente en una plataforma partidaria a través de los aportes de los comunistas en sus organismos de base y en el propio Congreso. Somos conscientes de que el documento que bajó para su discusión en las instancias previas al Congreso fue criticado por lo breve. Pero fuimos de los que dijimos que el enriquecerlo dependía de nosotros, de los militantes comunistas. Y no nos equivocamos. Los documentos surgidos del Congreso recogen (y se enriquecen con) el pensamiento y la experiencia concreta de miles de comunistas insertos en las organizaciones sindicales y sociales y en los Comités de Base del Frente Amplio. Porque esa es la historia de la izquierda. La izquierda no se construye en los laboratorios, se impregna su programa de los avances y las propuestas del movimiento sindical y social, porque es ahí en donde está la izquierda; también en la intelectualidad, en los trabajadores de la ciudad y el campo, y por tanto en el Congreso del Pueblo.
Y por supuesto que la plataforma surge y se enmarca en un análisis profundo de la crisis capitalista mundial. Teniendo presente que la misma es inherente al funcionamiento del sistema en su conjunto, y que para romper con la lógica del sistema capitalista lo que hay que hacer es tomar medidas anticapitalistas.
CANDIDATURAS
Y el Congreso en el que estuve no eludió ninguno de los temas. Abordó también el tema de las candidaturas del Partido a nivel nacional y en los diferentes Departamentos. Y ya el Partido tiene sus nombres con suficiente antelación como para poder luego realizar las alianzas electorales y los acuerdos programáticos cuando llegue el momento. Y analizó el tema de la campaña electoral, en la que estará todo el Partido inmerso cuando llegue el momento. Y por cierto, abordamos el tema de las candidaturas del Frente Amplio. Y como no podía ser de otra manera, reafirmamos nuestro respeto por los Estatutos y por la estructura orgánica de nuestro Frente Amplio, y nos comprometimos a trabajar para que tanto el programa como los candidatos se definan en el próximo congreso del FA, única instancia estatutaria prevista para definir tales aspectos, buscando los consensos o las grandes mayorías para ellos. Y con respecto a los candidatos a presidente y vicepresidente nos expresamos claramente: a priori no descartamos a ningún compañero, pero daremos nuestro apoyo a aquellos que garanticen el cumplimiento del programa del FA y su carácter antiimperialista, expresado en el fortalecimiento del MERCOSUR y una más justa redistribución de la riqueza; la consolidación del papel del Estado como palanca directa del desarrollo productivo y social, con fuertes políticas de colonización y poblamiento del campo para revertir la extranjerización de la tierra; y la profundización de la democracia ampliando la participación y decisión popular. También a aquellos compañeros que nos garanticen que el relacionamiento entre el gobierno y la fuerza política será el que los frenteamplistas definimos en el congreso Héctor Rodríguez.

miércoles, 1 de octubre de 2008

COSAS DEL PRESENTE


La Diaria del 23 de setiembre informaba: “la Comisión de Programa del Frente Amplio no incluirá la anulación de la Ley de Caducidad en el documento programático que enviará a los comités de base y que luego será debatido en el Congreso”. El matutino decía también que accedió al documento elaborado por el grupo que trabaja en el eje Uruguay Democrático, y daba cuenta de lo que allí se dice: “Paso a paso y en la medida de lo posible, la sociedad uruguaya deberá caminar hacia un estado de verdad, donde cada actor se haga responsable de sus actos y responda ante la sociedad a través de la Justicia. Y esto hace al conjunto de los actores sociales”. Y agrega: “ideológica y moralmente alejados de la búsqueda de venganza, porque la reconstrucción de una sociedad que nos incluya a todos requiere de un debate pacífico sobre la historia reciente. Se ha intentado inculcar en la sociedad que todos sabemos lo que pasó. Por el futuro y por la solidez del proceso de transformación de la sociedad y del Estado, debemos afrontar esta responsabilidad. Sólo así podremos cerrar las heridas aún abiertas y poner a la sociedad de cara a una convivencia tolerante y solidaria”.
Más adelante, el periódico transcribe declaraciones del vicepresidente de la Comisión de Programa e integrante del Partido Socialista (PS), Eleazar De León, quien habría dicho que el tema de la anulación de la ley de caducidad no es un tema programático, sino de decisión política. Y habría agregado: “Si hay compañeros que están muy preocupados con el tema, se podrá poner, pero eso implicaría una transacción política”. Y más adelante: “Y en cuanto a la recolección de firmas, por ejemplo, no voy a ser tan injusto de decir que no cumplieron con el programa, pero se ve que consideraron que eso no era programático”.
En La Diaria del viernes 26, hay una entrevista e Fernández Huidobro, en la que afirma que: “Si me dicen que estoy obligado a firmar y luego a votar, renuncio a todo. No voy a ser candidato a nada. No soy de los que discrepan por cuestiones de principios y después se hacen los ranas. Quedo en minoría en muchos temas, pero esto es otra cosa. En temas trascendentes como este, cuando te obligan violentando tu conciencia no te queda más remedio que irte y no prestar tu cuerpo”.
En primer lugar, y con el mayor de los respetos por los compañeros que estuvieron redactando los documentos a que hace referencia La Diaria, lo que allí se dice es la mejor y la más fantástica manera de no decir absolutamente nada. ¿Qué quiere decir “ir paso a paso hacia un estado de verdad”? ¿Es así que se debería aplicar la justicia en nuestro país? ¿Hizo mal la Justicia en investigar los crímenes de la dictadura y meter presos a Bordaberry, el Goyo y tantos otros,…o tal vez debió ir paso a paso hacia un “estado de verdad”? ¿Qué significa que “cada actor se haga responsable de sus actos y responda ante la sociedad a través de la Justicia? ¿Creen los compañeros que redactaron eso que los responsables del asesinato de la hija de Gelman, o de Nibia o de tantos otros, se harán responsables y concurrirán mansamente ante la policía y dirán: “arrésteme sargento”, como en el tango? ¿Creen realmente los compañeros que todo se reduce a “un debate pacífico sobre la historia reciente”? ¿Qué por esa simple vía se cerrarán las heridas y pondremos “a la sociedad de cara a una convivencia tolerante y solidaria”? ¿No será que para lograr cerrar las heridas y construir esa sociedad tolerante y solidaria necesitamos VERDAD Y JUSTICIA, y por consiguiente anular esa ley infame?
DECISIÓN POLÍTICA O PROGRAMÁTICA
Confieso que no entiendo la distinción que hace el compañero Eleazar De León entre temas “programáticos” y temas de “decisión política”. Pero yo tenía entendido que todos los temas que figuran en el programa son temas políticos. Y entendía además que la “decisión política” de llevarlos adelante y por lo tanto incluirlos en el programa se toma en el Congreso del FA. Y confieso por otra parte que lo que escucho por primera vez de parte de un compañero del FA, es que temas como los de VERDAD y JUSTICIA pueden ser elementos de “transacción política”. Lo grave además, es que ni siquiera se trataría de una transacción política con el enemigo o con el adversario, sino una transacción interna de la fuerza política, una especie de canje de figuritas. Y respecto a que quienes salimos a recoger firmas para anular la ley de impunidad estaríamos incumpliendo con el programa (Eleazar dice que no va a ser tan injusto en afirmarlo, pero lo da a entender) ya lo he expresado otras veces (*): 1) no hay siquiera una sola mención en todo el programa de gobierno emanado del IV Congreso Extraordinario “Héctor Rodríguez” que permita extraer la conclusión de que no vamos a anular la ley de impunidad; 2) muy por el contrario, hay muchas referencias concretas en el Programa en lo que tiene que ver con los derechos humanos y con las relaciones entre el derecho interno y el internacional, que están obligando a los legisladores frenteamplistas a anular la ley de impunidad.
Respecto de las afirmaciones de Fernández Huidobro, estamos en las antípodas. Para nosotros lo que es una cuestión de principios es terminar con la impunidad. Pero queremos que el compañero lo tenga claro: 1) Nadie lo va a obligar a firmar. Si el compañero no quiere que el pueblo decida sobre una cuestión tan importante para la vida de todos los uruguayos no hay problema, es una cuestión que tendrá que decidir solo con su conciencia. 2) Pero eso sí: si el Congreso del Frente Amplio decide incluir la anulación de la ley de impunidad en el Programa (cosa que creemos que se hará, ya que habrá una avalancha de reclamos en ese sentido desde los comités), y el compañero Huidobro sale electo por su sector político y pasa a integrar el Parlamento, entonces tendrá que acatar lo resuelto por el Congreso y levantar su mano para votarlo. Eso es lo que todos los frenteamplistas pretendemos que hagan quienes asumen sus cargos: respetar las decisiones políticas adoptadas entre todos e incluidas en el Programa que sometemos a consideración de la población.
Y bien, La Diaria titula el primero de los artículos como “COSAS DEL PASADO”. Creo que no es un título acertado. En el pasado, toda la izquierda, sin excepciones luchaba por la vigencia de los derechos humanos en toda su plenitud; y en este caso concreto, el de la ley de impunidad, luchaba por su eliminación. Lo de ahora son cosas del presente.

(*)http://contratapapopular.blogspot.com/2008/06/anulacion-de-la-ley-de-impunidad-el.html

jueves, 25 de septiembre de 2008

NO TENEMOS DERECHO A EQUIVOCARNOS


Los análisis que tienen que ver con los pasos que el Frente Amplio debe dar de aquí en adelante, (lo que resta de gobierno, la elaboración del programa para el próximo período, los candidatos para las próximas elecciones, etc.) necesariamente deben hacerse desde una perspectiva más amplia y profunda, que integre la situación actual del capitalismo, las perspectivas mundiales y de la región y nuestra propia realidad.
Nuestro Partido ha venido planteando desde hace mucho tiempo –desde que la crisis asomaba en el horizonte- los problemas de la crisis capitalista y su incidencia en los países de la periferia. Hoy ya son muchos los analistas económicos y políticos que a nivel mundial sostienen que esta crisis vino para quedarse por un buen tiempo y que exhibe síntomas que la diferencian de crisis anteriores. Parecería ser que la actual no tiene las apariencias de esas crisis cíclicas que suele desatar el modo de producción capitalista y para las cuales el sistema ha encontrado formas más o menos rápidas de salida, y haciendo pagar los costos a los países menos desarrollados. Los analistas coinciden en que, aún en el caso de que se lograse evitar un desplome de características brutales, el mundo recorrerá un largo período de dificultades muy serias. Gracias a los adelantos tecnológicos y científicos del último medio siglo, el capitalismo es capaz de producir hoy en día mucho más bienes en menos tiempo y con menos trabajo humano (aumento de la producción y la productividad). Y eso, que podría servir para que el hombre mejore su calidad de vida, solo ha traído una alta concentración económica y consecuencias sociales terribles que no se van a solucionar por los mecanismos tradicionales. La crisis actual nos está señalando claramente que, para salir de esta fase decisiva que sacude al capitalismo, habrá que tomar medidas diferentes y drásticas, que vayan contra la esencia misma del sistema, antes de que el mundo se sumerja en la barbarie. Hablamos de medidas que tienen que ver con el control del capital financiero especulativo, de una redefinición del papel del Estado, de medidas concretas de redistribución y de un papel preponderante de la integración regional.
LA INVERSION EXTRANJERA
Las características salientes de este capitalismo en crisis son, por un lado la alta concentración del ingreso y de la propiedad, y por otro una gran especulación a nivel mundial. El gran capital huye de los países desarrollados escapando de los altos salarios y los controles, se refugia en la especulación financiera y se traslada a los países menos desarrollados en donde las exigencias y las regulaciones son menores o inexistentes y en donde los salarios son más bajos. Y desde luego, esas inversiones tienen una gran incidencia en el crecimiento y hacen que las cifras macroeconómicas luzcan brillantes. Eso es lo que ha sucedido con las “maquilas” en México, por ejemplo, en donde se crearon miles y miles de puestos de trabajo con salarios miserables, y luego estos capitales huyeron hacia China, en donde los salarios son más bajos. Un ejemplo tal vez más apabullante sea el de Adidas, que desde China ahora se iría a la India en busca de salarios aún más bajos. Pero estos fenómenos no sólo están provocando desastres en los países en donde se instalan, sino que por añadidura llevan la crisis a los países de origen, dado que generan desocupación y un aumento de las desigualdades. Sin ir más lejos, en Alemania se supo recientemente, por documentos oficiales, que ha venido aumentado la riqueza, en forma simultanea a un aumento de la pobreza. En la Alemania de hoy día el 13 por ciento de la población está bajo el nivel de pobreza, y otro 13 por ciento no cae en la pobreza porque cobra un subsidio del Estado. El traslado del capital productivo desde los países desarrollados (junto a otras causas) produce allí un desempleo estructural y una caída de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Y ya no producen en los países subdesarrollados en donde se instalan, beneficios sociales o aumento de salarios ni mejoras en el nivel de vida de la gente, aunque si inflan las cifras “macro”. Es lo que señala muy claramente Carlos Gabetta: “…los países subdesarrollados que hoy se benefician con el arribo de inversiones y empresas y el aumento del precio de sus materias primas, no deben confiar demasiado en que la situación vaya a prolongarse y mucho menos en que este ciclo vaya a concluir en su propio desarrollo durable” (*).
LO QUE SE VIENE
Seguramente en pocos años más ya no habrá un lugar del planeta en donde ir a buscar salarios más bajos, y la lucha entre la tasa de ganancia del capitalista y el precio del trabajo será a escala planetaria y permanente. El pasaje que se viene dando desde una economía productiva a una esencialmente especulativa nos ha sumergido en un profundo deterioro social e institucional que no hace otra cosa que favorecer a los capitales más concentrados. Por lo tanto, de lo que se trata es de modificar radicalmente las relaciones de producción capitalistas, de generar formas de distribución del ingreso y de reducir las desigualdades. Los comunistas venimos planteando en ese sentido fundamentalmente tres cuestiones centrales: 1) un papel preponderante del Estado como agente del desarrollo; regulando y controlando, pero también participando directamente en la producción; 2) un impulso vigoroso al mercado interno, en contraposición a la apuesta a la inversión extranjera directa; y 3) un énfasis en el fortalecimiento de la integración regional (MERCOSUR, UNASUR, ALBA). Y para ello las condiciones son reales e inmejorables. Para nuestra América Latina es vital, hoy por hoy, frenar la lógica de explotación del sistema, mientras se resuelven los problemas del desarrollo y el enorme atraso social. Pero se hace absolutamente necesario para que eso sea posible, una orientación económica, política y social que sea radicalmente diferente al rumbo que el capitalismo le imprimió a la región en los años de plomo y en los años del neoliberalismo rampante. Y radicalmente diferente del rumbo actual de catástrofe del capitalismo mundial. Esto pasa naturalmente por superar las dificultades que los gobiernos progresistas de la región enfrentan para llevar a cabo una verdadera integración. América Latina tiene recursos materiales y humanos, culturales y políticos inmejorables para afrontar esta peculiar circunstancia histórica de crisis mundial. En ese sentido, todo lo que nuestro Frente Amplio haga hacia un futuro gobierno, deberá tener en cuenta esas cuestiones. En lo programático no es posible dejar de lado un papel central del Estado, la limitación del mercado como árbitro, hay que hincarle el diente a la propiedad social sobre los bienes comunes como la tierra, el agua y la energía, y también sobre la educación, la salud, la cultura, y fundamentalmente no es posible dejar de lado una distribución real de la riqueza generada por la gente que nos lleve en los plazos más breves a una mayor igualdad. La decisión sobre cual es el candidato apropiado para llevar adelante ese programa, tampoco es ajena a estas cuestiones.


(*) Carlos Gabetta/el Dipló/setiembre 2008

jueves, 18 de septiembre de 2008

FORMULAS CANTADAS (2ª Parte)



FORMULAS CANTADAS (2ª parte)

En nuestra nota de la semana pasada analizábamos un artículo del compañero Rafael Michelini acerca de lo que el considera una “fórmula cantada”, y decíamos que una afirmación del compañero –la de que el FA necesita captar los votos del centro para ganar en primera vuelta- merecía un análisis más detenido. No pretendemos agotar ese análisis en esta nota, pero si tirar sobre la mesa algunos elementos a tener en cuenta en la discusión.
Cuando se hace un programa que sea potable para los votantes del centro, y se presenta a las elecciones una fórmula que sea atractiva para los votantes del centro, irremediablemente el resultado será un gobierno de centro (en caso de ganar las elecciones con una propuesta de ese tipo, cosa por demás dudosa). El propio Michelini lo sabe, ya que gracias a cuestiones como estas hoy estamos juntando firmas (él mismo lo está haciendo) para anular la ley de impunidad. Ese tema podría haber sido resuelto de manera muy diferente si compañeros de nuestra fuerza política no hubieran propuesto en el Congreso previo a las elecciones de 2004 la necesidad de no plantear la derogación de la ley (no se hablaba en ese momento de anulación) ya que eso nos podía hacer perder las elecciones (en definitiva, captar votos del centro). Se rebajó el programa para obtener votos del centro. Un programa de izquierda hubiera sido realmente claro y transparente en ese sentido, y hubiera planteado la derogación de la ley. Pero como vemos, rebajar el programa significó dejar de lado una reivindicación histórica de las fuerzas de izquierda. Y si la izquierda llega al gobierno para no llevar a cabo sus reivindicaciones históricas entonces no queda claro para qué lo hace, y eso es también un flanco débil ante la opinión pública. Y lo mismo sucede –quiérase o no- con los candidatos. Rafael Michelini dice en su artículo que la fórmula (Astori-Mujica) “…aumenta la capacidad de penetración de la propuesta electoral frenteamplista hacia el centro, en aquellos electores tradicionalmente más esquivos y renuentes. Y para ganar en primera vuelta, resulta imprescindible inclinar el apoyo de esos ciudadanos sin afiliación ni pertenencia política, que definen su voto en cada elección según el grado de confianza que les despierta el candidato. Son los electores que se ubican al centro del espectro político, son muchas decenas de miles y definen, nos guste o no, las elecciones nacionales”. Creemos que si, que eso es indudablemente así. Pero hay que ser conscientes de lo que significa tratar de ganar por cualquier medio algunos miles de esos votantes (es obvio que no se los puede conquistar a todos). Uno puede entender que el candidato que diga que vamos a traer inversión extranjera directa porque esa es la forma de generar puestos de trabajo y mejorar el nivel de vida de la gente pueda ser más atractivo para ese sector del electorado que otro que plantee un mayor peso del Estado y un énfasis superior en el mercado interno. Pero tengamos claro que el candidato que gane llevará adelante la propuesta que dijo y no otra. Tal vez un candidato que proponga acuerdos comerciales tipo TLC con los Estados Unidos sea más atractivo para esos votantes de centro, en contraposición con el candidato que sostenga que está bien comerciar con quien sea pero sin las ataduras de un acuerdo y menos con el imperialismo. Pero con esos planteos suceden dos cosas: por un lado, que cuando se llega al gobierno luego hay que aplicar lo que se dijo, y por otro lado, que mientras se rebaja el discurso para ganar votos por el centro se van perdiendo por la izquierda. Y eso nos lleva de la mano a analizar lo que ha sucedido con nuestro gobierno.
¿POR DONDE PERDIMOS VOTOS?
El Frente Amplio ganó las elecciones con más del 50% del electorado en octubre de 2004. Hoy las encuestas (esas que tanto gustan de esgrimir algunos compañeros) indican que la oposición suma un 43% contra el 42% del FA, que del 50% de las elecciones pasadas hoy baja 8 puntos porcentuales. Por cierto, este tipo de encuestas maneja en sus cuestionarios la fórmula tan exitosa y arrolladora para algunos compañeros. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ese 8% del electorado que perdimos por el camino, ¿es un electorado del centro? ¿lo perdimos porque hicimos un gobierno tan de izquierda que no pudo satisfacer a aquel electorado del centro que habíamos captado en el 2004? ¿no cabe la posibilidad de que sea exactamente al revés? ¿que por hacer un gobierno demasiado hacia el centro hayamos perdido los votos de izquierda? Cuando días pasados el compañero Baráibar de Asamblea Uruguay en una entrevista dice que “Hoy tendría que haber centenares de militantes que salgan a convencer a la gente en los barrios sobre la gestión del gobierno”. Y se queja de que eso no se está haciendo: “Vamos a los comités de base, a las coordinadoras, al plenario, a la mesa política, y es una larga lista de cuestionamientos, de observaciones o de desconfianza con relación a la gestión de gobierno”, ¿se está refiriendo al descontento de votantes de centro? ¿o más bien está señalando una cruda realidad: el descontento de muchos votantes de izquierda con algunos de los rumbos tomados por el gobierno, muchos de los cuales directamente abandonaron el FA y otros se fueron para sus casas? Si no analizamos correctamente estas cosas, corremos el riesgo de equivocarnos feo, y si nos equivocamos el resultado será perder las elecciones, cosa que nadie en el FA quiere.
Lo reiteramos, para nosotros lo primero es el programa. Pero fundamentalmente un programa que profundice los cambios, no un programa cuyo objetivo sea captar votos. Baráibar lo planteaba de esta manera: “Puede haber un candidato “X” que interprete muy adecuadamente determinado programa, pero que después resulta derrotado en las elecciones de 2009, y el programa que se aplica en las elecciones de 2010 a 2015 no es el programa más a la izquierda que se pretendía, sino que es el programa restaurador de la coalición blanquicolorada”. La conclusión parecería ser: rebajemos el programa para que quienes ganemos las elecciones seamos nosotros…aunque después tengamos que aplicar un programa que no es el nuestro. No hay que olvidar que el objetivo principal de una campaña política es el de determinar cómo un candidato, o un partido político, responderán mejor a las necesidades y expectativas de los potenciales votantes para lograr, primero, su adhesión; segundo, su voto el día de las elecciones y, tercero, su apoyo durante el desempeño del cargo que haya ganado mediante ellas. Es decir, no se puede hacer un planteo de centro y después hacer un gobierno de izquierda porque no se lograría el tercer objetivo. Tal vez esa pueda ser la opción para algunos compañeros frenteamplistas. No nos engañamos al respecto, y somos conscientes de que el Frente Amplio es un conglomerado de capas sociales diferentes y sectores con propuestas políticas que abarcan un espectro muy variado de objetivos. Algunas de esas propuestas sin duda que son de centro. Pero de lo que tampoco tenemos dudas es que la más amplia mayoría de nuestro Frente Amplio está decidido a girar hacia la izquierda en su propuesta de gobierno para 2010, y eso se da de bruces contra la intención de ganar votos del centro por la vía de fórmulas potables y programas light.

jueves, 11 de septiembre de 2008

FORMULAS CANTADAS


El compañero Rafael Michelini tiene razón; en los próximos 90 días, los frenteamplistas tendremos que elaborar y construir nuestros acuerdos y decisiones, para que tanto el Plenario Nacional del 6 de diciembre próximo, como el Congreso fijado para los días 12 y 13, sean una verdadera fiesta de unidad y entusiasmo militante. Son instancias decisivas para determinar los contenidos de nuestro programa y los candidatos que integrarán la fórmula electoral del Frente Amplio en octubre de 2009 para llevar adelante ese programa. Hasta aquí estamos de acuerdo con lo escrito por Rafael en la contratapa de La República del sábado pasado.
Pero luego, el compañero se hace una serie de preguntas: “¿Tendremos la visión y la claridad de objetivos necesaria? ¿Existirá hoy la capacidad de liderazgo para construir un consenso estratégico que nos conduzca a una nueva victoria electoral? ¿El Partido Socialista, la Alianza, la Vertiente, el Partido Comunista y el Nuevo Espacio estaremos a la altura de las circunstancias para facilitar los acuerdos? ¿Los compañeros "Pepe" Mujica y Danilo Astori son concientes de toda la responsabilidad que tienen sobre sus hombros?”
Como vemos, ya desde las propias preguntas Michelini establece dos papeles diferentes: por un lado, al PS, a la AP, a la VA, al PC y al NE les correspondería facilitar los acuerdos, mientras que a los compañeros “Pepe” Mujica y Danilo Astori les adjudica otra responsabilidad. Es decir: Astori y Mujica son los candidatos “cantados”, y los demás grupos políticos tienen el papel de facilitar que esa fórmula se concrete.
Por otro lado, Michelini hace otra afirmación con la que volvemos a coincidir. El compañero dice que, de no alcanzar un consenso, el candidato se deberá resolver en las elecciones internas de junio de 2009, y que ese es un camino poco indicado. “Una competencia interna abre las puertas a distanciamientos, diferencias, enojos, heridas, pérdida de energías y entusiasmo militante, que perfectamente podríamos ahorrarnos” -dice Rafael-, y estamos de acuerdo. Y luego agrega que “El Frente Amplio es una construcción política basada en el consenso, que determina un gran respeto por las minorías, sin el cual no es posible entender una organización de tal magnitud. El consenso da garantías a todos. Las dio en 1971 y las brinda en 2008” y luego se pregunta: “pero ¿es posible definir nuestros candidatos por consenso?”
La conclusión a la que llega Michelini es que debería ser fácil llegar al consenso, si partimos del mismo diagnóstico y tenemos el mismo objetivo: ganar en primera vuelta con más del 50%. Y luego agrega otro elemento por el cual deberíamos alcanzar rápidamente el consenso: “Pero si además sabemos que hay dos candidatos cantados, que junto a nuestro Presidente son los dirigentes más destacados por la opinión pública de nuestro país, y que juntos, los dos, representan el poder de convocatoria electoral capaz de conseguir el objetivo principal, entonces, ese consenso debería construirse con total decisión”.
Por cierto, para el compañero Michelini los candidatos “cantados” son Astori y Mujica (en ese orden) y más adelante da sus razones para apoyar la fórmula: 1) simboliza la unidad; 2) convoca como ninguna otra; 3) mantiene los equilibrios internos; 4) asegura gobernabilidad, y 5) es la que mejor expresa la popularidad del gobierno.
VAMOS POR PARTES
1) Construir un consenso estratégico que nos conduzca a una nueva victoria electoral es una responsabilidad de todos. También de Asamblea Uruguay y del Movimiento de Participación Popular.
2) El Frente Amplio es una construcción política basada en el consenso y en el respeto de las minorías. Sin embargo, eso ni por asomo significa hacer lo que las minorías desean, sino por el contrario, que las minorías se avengan a los planteos de las mayorías como forma de permitir avanzar. Y en este caso concreto (el de las candidaturas) es por lo menos temerario afirmar que esa fórmula sea la que apoya la mayoría de los sectores del Frente Amplio. Por lo que se puede ver, hay un solo sector que ha adoptado una actitud militante a favor de dicha fórmula, y es precisamente el Nuevo Espacio.
3) Decir que hay candidatos cantados, no tiene demasiado rigor político. Se lo presenta como una especie de axioma, como algo que no tiene que ser demostrado. Habría que analizar al menos de donde surge la fórmula (quienes la “cantaron”). Hasta donde sabemos, nadie ha hecho un planteo concreto en los organismos del FA proponiendo esa fórmula, y muy por el contrario, la misma surge de la prensa y se ha mantenido en el tapete gracias a ella.
4) Cualquier fórmula a la que llegue el FA en sus instancias orgánicas será el “símbolo de la unidad” y no solo la que hasta ahora ha manejado la prensa y algunos compañeros. La unidad y sus símbolos siempre los hemos construido dentro del FA, y no es bueno que permitamos que se nos impongan desde afuera.
5) Decir que esa fórmula convoca como “ninguna otra”, puede ser verdadero o falso. Para saberlo, habrá que confrontar esa con otras que puedan surgir y analizar los criterios con los que vamos a medir el poder de convocatoria. Hasta ahora, la prensa no ha manejado otras, y por lo tanto la afirmación no tiene forma de ser comprobada.
6) No queda muy claro cuál es la razón por la que esa fórmula garantiza la gobernabilidad, definida por Michelini como “el trabajo unitario de todos los sectores, sin que nadie se sienta ajeno, ignorado o desplazado, en la conducción y en el ejercicio de la gestión”.
7) El compañero dice que “Tabaré Vázquez registra la mayor aprobación de opinión pública conocida en nuestro país, para un presidente de la República en su cuarto año de mandato”. Y luego agrega que “el reconocimiento a su gestión ronda el 60%, un guarismo superior al porcentaje de ciudadanos que votaron por él, en octubre de 2004”. Está bien, esos son hechos, pero… ¿como llega Michelini a la conclusión de que “la fórmula Astori - Mujica es la que mejor expresa esa aprobación y ese sentimiento”? Si eso fuera así, la fórmula concitaría la adhesión del 60%, y sin embargo, las últimas encuestas le dan poco más del 40. Salvo que lo que Michelini quiera decir es que Tabaré es tan popular gracias a la gestión de los compañeros Astori y Mujica, lo cual sería por lo menos discutible. Creemos que los hechos que hacen popular a nuestro gobierno y a Tabaré son aquellos que fundamentalmente han favorecido a las capas más necesitadas de nuestra población (plan de emergencia y equidad, reforma de la salud, consejos de salarios, etc.) y que la gente no identifica precisamente al compañero Astori con estas reformas sino con la más controvertida: la reforma tributaria.
Otra afirmación de Michelini –la de que el FA necesita captar los votos del centro para ganar en primera vuelta- merece un análisis más detenido que excede este espacio. Tal vez lo hagamos en la próxima.

jueves, 4 de septiembre de 2008

LA IMPUNIDAD SIGUE EN EL TAPETE


En los últimos días, y por variadas circunstancias, el tema de la anulación de la ley de caducidad ha estado en el tapete. Recordemos que estuvo sesionando en nuestro país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH) y que la misma instó al Estado uruguayo a que investigue la desaparición de María Claudia García, nuera del escritor argentino Juan Gelman, ocurrida durante la dictadura. La decisión de la CIDH, responde a una petición presentada por Gelman y su nieta y fue notificada formalmente a nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores. La resolución fija un plazo de dos meses para que el Estado uruguayo cumpla con las recomendaciones del organismo de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y si ello no ocurre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos puede imponer una condena al Estado uruguayo que puede llegar hasta la expulsión de la OEA. Recordemos que en 1992 la CIDH ya había realizado un pronunciamiento en contra de la ley votada en 1986 que amnistió a los responsables de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura en Uruguay (1972-1985), pero la norma se ha mantenido vigente hasta hoy.
Por otro lado, se han producido algunos hechos muy notorios, como la firma de la papeleta por la anulación de la ley por parte de un connotado dirigente de nuestra fuerza política como lo es sin duda el Pepe Mujica, hecho que se dio con afirmaciones suyas que generaron polémica. Asimismo hemos asistido a declaraciones públicas del ministro José Bayardi, del vicepresidente Nin Novoa y del propio Jorge Brovetto que motivaron duras reacciones de parte de las bases de Montevideo en la Mesa Política Nacional.
Creemos que es bueno que este tema se discuta y que se lo haga a la luz pública, porque no se trata de un tema interno del Frente Amplio sino de un problema de Estado, de un problema nacional, y hasta si se quiere, por su relevancia, de un problema internacional.
NUESTRA IMAGEN INTERNACIONAL
Como sabemos, en el informe 29/92 (hace ya 16 años), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) declaró que la ley de caducidad es incompatible con el artículo XVIII (derecho de justicia) de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, y los artículos 1, 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Sin embargo, los sucesivos períodos de gobierno hasta ahora se ha mantenido vigente la ley. Por cierto, no podíamos esperar otra cosa de los gobiernos blancos y colorados que nos precedieron con sus mayorías parlamentarias. Ellos fueron los gestores de la impunidad y los encargados de evitar de cualquier manera que hubiera un mínimo de verdad y de justicia. Pero la pregunta es: ¿qué podía esperar el ciudadano uruguayo común y corriente de un gobierno del Frente Amplio? Un ciudadano común, basado en los antecedentes de la izquierda uruguaya, no dudaría en afirmar que, de llegar el Frente Amplio al gobierno, eliminaría de un saque la ley de impunidad. Porque desde el mismo momento en que la ley fue creada, la izquierda uruguaya luchó por su eliminación. Y porque durante todos estos años no ha cejado en su reclamo de verdad y justicia. Reclamo que justamente impide cumplir esa ley. Porque ese mismo sentido tienen las marchas del 20 de mayo que año a año vienen sumando más y más apoyo popular. Pero si ese ciudadano además está bien informado, y conoce el Programa del Frente Amplio, no dudará ni un instante que la suerte de la ley está echada. Bastaría con que hubiese leído el párrafo del Programa que dice: “El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país”. La única forma de adecuar la legislación interna a los tratados internacionales ratificados por el país, en materia de derechos humanos, es anulando la ley de impunidad. No hay otra forma de hacerlo. El derecho internacional se ha desarrollado mucho desde aquel informe de la CIDH de 1992, y ahora es aun más claro que la ley de caducidad es incompatible con los principios internacionales a los que ha adherido Uruguay como país soberano. Recordemos lo que decía el año pasado Paolo Carozza, el encargado de supervisar los casos de Uruguay en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: “Hay casos en los que se ha establecido la violación, y en otros se deberá investigar. Pero si hay una ley que prohíbe o pone obstáculos graves para la investigación y derivación de los hechos, hay que adoptar medidas. En ese sentido, la Corte Interamericana afirmó muy claramente que cualquier obstáculo de derecho interno debe ser eliminado”.
VERDUGOS
Para el compañero Mujica, "No es posible para muchos ni olvido ni perdón, pero menos cabe cultivar la imagen de verdugos sobre quienes nos 'verduguearon' hace más de 30 años", y por ello propone que, a quienes "asuman las responsabilidades jurídicas y morales que les correspondan, sus eventuales penalidades carcelarias les deberían ser conmutadas". No lo compartimos. Un verdugo (para Wikipedia) es la persona encargada de llevar a cabo la ejecución de un reo condenado a la pena de muerte o penas corporales por la justicia civil o eclesiástica. Y ese no es el papel que asumiría ni el gobierno ni el pueblo anulando la ley de impunidad. Lo que permite la anulación de la ley es un abanico de cosas. Entre otras, cumplir con los tratados internacionales. Pero también cumplir con la Constitución, y por añadidura cumplir con un compromiso moral de la ciudadanía de nuestro país al eliminar de su ordenamiento jurídico una ley inmoral. Pero fundamentalmente, lo que significa anular la ley de impunidad es abrir un ancho cauce a la justicia. De ninguna manera se trata de “veduguear”.
En cuanto a lo manifestado por el ministro Bayardi, respetamos su posición, pero realmente no la comprendemos y nos preocupa. Bayardi reconoce que “La fuerza política del Frente Amplio ha definido una posición en su plenario nacional” (la posición es del Congreso, y lo que hizo el Plenario fue instrumentarla, aclaremos), pero agrega que “como miembro del Poder Ejecutivo- voy a seguir defendiendo los criterios que el Poder Ejecutivo ha mantenido que es el de mantener la Ley de Caducidad durante este período de gobierno”. Lo que esta forma de razonar trasunta, al parecer, es que cuando un militante político del Frente Amplio pasa a integrar el Poder Ejecutivo ya no responde más a la fuerza política que lo puso en ese lugar. Pero además parece ignorar que esta es una decisión que de ninguna manera corresponde al Poder Ejecutivo. Quien elabora las leyes, las anula, las deroga, las vota, en nuestro ordenamiento jurídico es el Parlamento y no el Poder Ejecutivo. Por lo tanto, las posiciones que pueda haber en cuanto a anular o no la ley de impunidad en el Poder Ejecutivo son posiciones personales –muy respetables todas ellas- pero nunca pueden ser una posición del Poder Ejecutivo como tal. Cuando se es partidario de sacar la ley de caducidad de nuestro ordenamiento jurídico (como dice serlo el compañero Bayardi), lo que hay que hacer es trabajar en ese sentido. Y con más razón cuando se pertenece a una fuerza política que ha decidido hacerlo y lo ha hecho en sus instancias democráticas superiores.

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

(publicado esta semana en semanario VOCES) El tema no es nuevo, y cada tanto vuelve al tapete, como tanta cuestión en este país. ...